Cuando me dijo que su Rose era diferente en todos los aspectos algo dentro de mí se quebró. La prefería a ella. Sin dudas. El momento que compartimos solo fue especial para mí. No sé si será orgullo, celos o simple rabia pero yo no me iba a arrodillar de amor en frente del Sr. Edward Cullen. Primero… tenía que hacerlo él
*Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la Historia a Adna Montiel.
La esposa (+18)
Capitulo XV: Algunas verdades
Holly me despertó en la mañana lamiendo mi cara. Me levanté y la bajé de la cama. Me bañé, lavé mi cabello y bajé a la cocina a desayunar. Renata y Ben seguían dormidos, así que hice desayuno para todos. Hoy tenía una misión que cumplir. Cuando estaba terminando ellos venían. Serví y comimos en silencio. Antes de salir al curso le avisé a Renata para que fuera a recogerme con Ben. Nos montamos y nos fuimos. A las dos horas me vinieron a buscar. Le dije a Ben que se fuera que iba a tomar un helado con Renata.
Estamos terminando mayo. La temperatura ya se daba para poder salir por ahí tranquila sin que a medio paseo bajara la temperatura y cayera nieve. Paseamos por una plaza (lo mismo de siempre. Me negaba a ir al centro comercial), pedimos unos helados y nos sentamos en una mesa.
-¿y esto?- preguntó ella de repente
-¿Qué cosa?-
-No me vas a decir que de pronto te dieron ganas de comer helado conmigo ¿o sí?-
-¿Qué tiene de malo? No es primera vez que lo hacemos-
-lo sé, pero… puedo atreverme a decir que te conozco un poco y sé que hay algo más-
-tenemos que hablar Renata-
-Sabía que este día llegaría. Dime ¿Qué quieres saber?-
-¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué Edward me mandó para acá? ¿Por qué no me trajo él? ¿Dónde está? ¿Cuándo podré verlo? ¿Por qué te viniste tu conmigo?- pregunté sin pararme a respirar
-Vine yo contigo porque Edward me tiene mucha confianza. Me mandó a cuidarte y velar que no te falte algo. La decisión del porqué te mandó para acá no la sé. Esto jamás había pasado. Él nunca había tomado en serio a ninguna chica de aquel mundo. Te aconsejo que aproveches la oportunidad que te está dando. Es muy raro cuando una misma persona se salva de la muerte dos veces. La primera fue quedar viva en aquella guerra y la segunda fue hacer una vida cuando tu destino era no poder vivirla. Todas las que están allá pagan su estadía de alguna u otra manera. Algunas lavan, otras friegan, otras pagan simplemente con su libertad, así como él te tenía a ti. Pero no imagine que de verdad le importaras. Pusiste de cabeza el mundo de muchas personas de sociedad. Ni te imaginas todo lo que puede pasar. Aun así a él no le importó. Yo te voy a pedir un favor Isabella- me pidió con el corazón en la mano –Cuando empieces a sociabilizar y sepan quién eres y de dónde vienes no vayas a hablar. No le des a ninguna persona alguna información. Sea buena o mala. Por favor no lo hagas-
-¿por qué?-
-Porque yo amo a Edward-
-¿QUE? ¿Cómo que usted ama a Edward?-
-Son detalles que no te puedo decir. Pero por favor. Júrame que me vas a dar lo único que te estoy pidiendo-
-Ya va Renata tu me vas a disculpar, pero no entiendo nada. ¿Cómo que tú amas a Edward? ¿Él lo sabe? Sin ofender pero ¿acaso no te has visto? USTED PUEDE SER SU MADRE- le grité
-Y el puede ser tu padre- en sus ojos vi todo el amor que no podía expresar con palabras. De verdad lo amaba. Con una intensidad que dolía. Sus intensos ojos azules se volvieron agua y se fue bañada en lágrimas del parque. Yo me volví a sentar en la banca y me puse a analizar la nueva información que tenía. Supe mucho más de lo que quería. Aunque habían detalles que aún no me terminaban de convencer. Había algo grande en todo esto y la verdad no quería descubrirlo. No se cuento tiempo estuve sentada en ese lugar pero cuando me levanté Ben ya estaba a mi lado. Le sonreí por cortesía y me monté en el carro, el cual nos esperaba en la esquina. Renata debió haberle avisado.
Desde ese día las cosas no fueron igual. Trato de no salir mucho del cuarto. Cuando llego del curso me dirijo directo ahí. Trataba de comer los desayunos en la calle empezando hacer uso a una tarjeta que me dio Renata el primer día que llegamos. En los almuerzos no podía salvarme teníamos que comer juntos. Y la cena bajaba tarde calculando que ya estuviera durmiendo. No volví a mirarla a los ojos. Esos hermosos ojos de un color cielo. Cansados por tantos años pero hermosos y llenos de amor. Llenos de mucho amor hacia el hombre que yo amaba. Ella en ningún momento se portó mal conmigo. Me dirigía la palabra y de vez en cuando me mandaba a hacer algún oficio. Ella hacía casi todo. Un día vino un profesor que no conocía. Renata me informó que era del estado y venía a hacer la prueba para poder entrar en el instituto. Fueron dos horas, casi tres de mucho suspenso. Traté de contestar todo detalladamente y de la manera que me enseñaron. Dependiendo los resultados de esta prueba yo podría ingresar al instituto. Según mi profesor por los conocimientos adquiridos deberían colocarme a cursar el segundo año. El profesor estadal se fue y yo seguí con mis clases particulares. Había avanzado para el segundo nivel del curso de comida gourmet eran cuatro. Me faltaban seis meses para terminar. Holly estaba muy consentida. Un día me metí en una tiendo y le compré varias cosas que me gustaron. Un día pasé por el banco para averiguar cuánto tenía en la tarjeta. No quería abusar, ni quería preguntarle a Renata.
-Buenas tardes señorita ¿en que la puedo ayudar?-
-buenas tardes, yo me dirijo hacia aquí porque me gustaría saber el capital de una cuenta-
-¿es usted la titular?-
-no lo sé-
-¿me permite el número de cuenta y su cedula por favor?- le di la tarjeta y mi cedula. Vio la cedula y arrugó la frente.
-¿es extranjera?-
-si-
-¿me permite su pasaporte por favor?- busqué entre mis cosas y se lo di. Venía preparada para evitar sorpresas (con papeles que por supuesto Edward Arregló).
-¿Dónde nació usted?-
-en el pasaporte y en la cedula lo dice- le respondí cortante. Me miró con una expresión extraña y luego se puso a buscar en el sistema. Estuvo un rato analizando frente al ordenador y luego me dijo entregándome mis cosas
-¿es usted la esposa del Sr. Cullen?-
-¿lo conoce?- pregunté ilusionada
-Todo el mundo en este país lo conoce. Igual que a su familia. Dicen que se trajo a una mujer que compró en un país árabe para hacerla su esposa legal aquí ¿es usted?-
-disculpe pero yo vine aquí a saber sobre la cuenta no para hablar de mi vida privada con usted-
-igualita a él- susurró alzando las cejas teatralmente –bien. La cuenta pertenece al Sr. Cullen. Esta tarjeta es una extensión de su cuenta principal de este banco. No tiene un capital exacto, el capital de la cuenta es el 25% de la cuenta del Sr. Cullen. Eso quiere decir que si esa cuenta baja la suya también pero como todos sabemos que siempre sube pues cada vez tendrá más.- me sonrió hipócritamente. –puede considerarse con suerte o… como quiera. Le aseguro que puede vivir tranquila, sin necesidad de trabajar y aún esa cuenta la mantendrá sin pasar hambre, frío o sed-
-¿Cuál es el capital de la tarjeta ahorita?-
-eso no puedo decírselo, solo al titular-
-ok. Muchísimas gracias-
-siempre a la orden- respondió con una amabilidad que por encima se notó que era falsa. Mientras caminaba hacia la puerta sentí muchos ojos sobre mí. No hice caso, tal vez solo era mi imaginación.
Llegué a la casa y en el escritorio de mi cuarto estaba la carta. El estado me aprobó para cursar el tercer año en el instituto, me buscó cupo en uno de los mejores de la ciudad y me dio una beca para la universidad. Tenía reservado el cupo para dentro de tres años en Le Cordon Bleu Paris d Ottawa Culinary Arts Institute (instituto de arte culinaria) El único aquí en Canadá. Uno de los mejores en el mundo. Había unas autorizaciones y muchos papeles de diligencias se que tenían que hacer y que sabía que no podía por ser menor de edad. Busqué a Ben por toda la casa hasta encontrarlo. Le mostré los papeles y le expliqué que quería que se encargara él de todo lo que debía hacer. Una tarde Renata me habló del tema
-felicidades. Ya me enteré que aprobaste. Ya me encargué de hacer las diligencias posibles- le mandé una mirada acecina a Ben
-discúlpame pero ella es tu tutora legal. No pude hacer algo más-
-gracias- le respondí a Renata por lo bajo sin mirarle a los ojos.
-Me tomé el atrevimiento de comprarte el uniforme del instituto. Aquí casi todos son religiosos. Tienes que usarlo. Se encuentra en tu habitación-
-gracias Renata, no te hubieras molestado, podía hacerlo yo-
-Bella, a penas tienes 14 años, no eres una vieja. Nosotros estamos aquí para ayudarte-
-Isabella- la corregí. Desde el momento en que me bajé del avión la niña tierna quedó atrás. Sería toda una señorita y tenían que traerme como tal.
-por cierto, hablando de la edad. Tengo entendido que la semana que viene cumples tus quince…- no la dejé terminar
-quiero que se pasé por alto. No quiero algo en lo absoluto-
-pero son tus quince- insistió. Después de dos meses sin mirarla a los ojos lo volví a hacer.
-no tengo amigos, así que no haré fiesta. No tengo padre, así que no bailaré el vals. La torta no es necesario que la compren, yo puedo preparar algo si me provoca. Repito: quiero que lo pasen por alto- me levanté de la mesa y dejé la comida por la mitad y me retiré. –Si lo olvidan sería mucho mejor- grité desde las escaleras.
A lo que empezara el instituto me quedaría allí internada y solo vendrían los fines de semana si es que no había otra opción. Dejaría a Holly en manos de Ben. Así las cosas iban a funcionar mejor.
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CHAN CHAN CHAN, Chicas enserio alguien se esperaba qe Renata estuviera enamorada de Edward, pues… WOW!
Lamento demasiado no haber actualizado cuando de los prometí ;C pero tuve problemas con el internet, pff si hubiesen visto como me pelie con la compañía porque no me funcionaba.
Ahora son las 2.47 am, mañana debo levantarme a las 8.00 am porque iré a un parque de diversiones demasiado genial! Se llama "Fantasilandia" y sé que me costara mil levantarme pero me importa un comino, debía actualizar para ustedes en cuanto me volviera la internet y pss a esta hora me comenzó a funcionar ajjaja, besitos guapas!
AISS SABEN QE? SE MERECEN OTRO CAP JEJE ASI QE AQUÍ VA! (ESTO ES POR LOS REVIEWS)
Capitulo XVI: Esta aquí
El día de mi cumpleaños pasó normal. No dijeron, hicieron ni intentaron algo en lo absoluto. Fue como otro día normal. Hice las cosas que siempre suelo hacer. Salí con Holly al parque, comí helado y después llegué a la casa a hacer mis deberes. En la noche me bañé un rato en la piscina y luego me dispuse a subir a mi habitación. En el camino algo me pareció raro. Mi cuerpo presentía que todo no estaba como debería estar. Había algo más en el ambiente. Un extraño aroma que al acercarme a mi puerta supe que provenía de ahí. Giré la perilla y me adentré, no lo pude creer. En todos los lados posibles de la habitación había ramos de lirios blancos con rosas rojas en un hermoso arreglo floral.
En el ambiente se podía oler un leve toque de flores y un olor a hombre un poco más fuerte. Miré hacia todos lados pero solo estaban las flores. Luego algo llamó mi atención, en la cama había un buqué de lirios blancos.
No supe que significaba eso ¿acaso estaban jugando conmigo? Iba a salir a buscar a Renata para pedirle una explicación cuando un sobre llamó mi atención. "BELLA" decía en la parte de afuera. ¿Acaso al bajar del avión yo no le dije a Renata que no quería que me volvieran a llamar así? ¿No entendía que era ISABELLA?
Abrí el sobre un tanto molesta y leí su contenido:
Tengo entendido que no querías regalos ni felicitaciones, pero no pude evitarlo. Hay que celebrar un año más. Espero te gusten los lirios. Son mis favoritos. Adorné tu habitación yo mismo. Quise quedarme para felicitarte en persona pero Renata dijo que dejaste muy en claro que querías absolutamente nada. Espero y hayas pasado un buen día. Felicidades por tus 15 años. Solo faltan 3 más. Tal vez nos veamos el próximo año si decides hacer algo.
Besos. Con cariño.
EDWARD CULLEN
¿QUE? ¿El había estado aquí? ¿Por qué no se quedó? Había perdido la oportunidad de verlo. ¿Tenía que pasar un año para que viniera de nuevo? Mis piernas empezaron a temblar y caí al piso. Todo a mí alrededor se volvió negro, mi olfato se desconectó de mi cuerpo y mis sentidos vitales desaparecieron. Solo sentí el vacío en el que caí. No se por cuanto tiempo estuve en esa oscuridad. Poco a poco fui empezando a llegar a la realidad de nuevo. Primero sentí frío, mientras mas segundos pasaban mi olfato se iba mejorando. Fármacos, ese era el olor que abundaba. Luego llegó mi sentido auditivo, alguien hablaba a lo lejos. Intenté abrir los ojos y una luminosa luz no me dejó. Moví los dedos de mis manos, de mis pies, traté de levantarme pero mi cabeza pesaba demasiado. Después esa voz se fue acercando.
-sabes bien que si le pasa algo yo me muero Renata- decía con voz apagada. Era Edward, Edward estaba aquí. Quise hablarle y decirle que yo estaba bien. Que solo quería verlo pero de mi garganta nada salía. No podía mover más que mis dedos.
-yo le sé perfectamente Edward-
-¿por qué no ha estado comiendo bien?- preguntó él
-un día se molestó y ya casi no se sienta en la mesa y cuando lo hace deja la comida por la mitad-
-¿por qué se molestó?- quiso saber él
-estábamos hablando y le dije algo que no le gustó-
-entonces resérvate todo ese tipo de cosas- le ordenó
-ella era la que quería saber, yo solo le respondí-se defendió. No pude creer que ella pensara que yo estaba molesta. La verdad no era así, solo me intimidaba su mirada. Ella lo amaba y en sus ojos podía ver ese amor. Eso yo no lo podía aguantar. Por eso huía.
-si tienes que pedirle disculpas hazlo. Pero necesito que ella vuelva a comer bien. Tiene que curarse- ¿yo estaba enferma? ¿De que? –necesito hablar con el medico-
-quédate con ella. Yo lo buscó- dijo ella y salió de la habitación. Así que yo estaba en un hospital. Mi corazón empezó a latir y el pitido se oyó fuertemente en toda la habitación. Sentí su mano en mi cara y luego su aliento muy cerca
-shhh. Aquí estoy Bella. Yo te voy a cuidar hasta que estés bien- prometió –no te preocupes princesa, todo se arreglará- abrí mis ojos como pude y empecé a acomodar cada cosa de mi alrededor. A los pocos segundos veía borroso, era cuestión de unos segundos más y ya no estaría desorientada. –Mírame Bella- me pidió, yo lo hice –vas a estar mejor. Te vas a curar-
-¿e-es-stas aquí?- fue lo único que me salió. Solo quería saber si de verdad estaba aquí conmigo o era un sueño.
-por supuesto que estoy aquí. ¿Como crees que podía irme y dejarte así?- dijo con voz tierna
-llévame contigo. Vámonos a la casa-
-el medico no te ha dado de alta. Tenemos que esperar-
-yo no quiero estar aquí. Vámonos por favor. No me gustan los hospitales-
-déjame ver que puedo hacer- y salió de la habitación. Al instante entró Renata.
-no estoy molesta contigo- le dije –no es tu culpa-
-discúlpame mi niña. Jamás quise que te pasara algo así- dijo acariciando mi cabello
-¿Qué es lo que tengo?- quise saber
-te desmayaste y te diste un fuerte golpe en la cabeza. A parte de eso tienes la anemia demasiado baja. Hasta tal punto que podría darte anorexia-
-¿anorexia?- pregunté sorprendida. El dejar de comer por una simple verdad lo estaba pagando muy caro. Ahora que Edward regresó no podía dejar que muriera lentamente. Tenía que luchar para mantenerlo a mi lado. Tenía que ser sana y fuerte para darle guerra a todas las que vinieran.
-todavía no la tienes, se puede prevenir. Pero tienes que comer- solo asentí y seguí mirándome las manos. Ya el cuerpo estaba empezando a responderme.
-Renata haz lo que te pedí por favor.- le dijo Edward entrando a la habitación
-¿te vas a quedar?- preguntó ella sorprendida. Pero el solo se limitó a repetir
-haz lo que te pedí-
-¿necesitan que traiga algo?-
-tráeme ropa cómoda para Bella y comida-
-no tengo hambre. Lo que quiero es vomitar- edward me vio y colocó los ojos como platos
-es normal. Me pegué en la cabeza- me defendí
-¿y ahora tu eres medico?-
-no. Pero sé que es por eso. Ayúdame a levantarme-
-nada que ver- me dijo y me trajo algo para que vomitara. Lo vi con los ojos entrecerrados y me hizo seña para que lo hiciera. No tuve de otra.
-trae las cosas personales también. La voy a bañar-
-ahorita vengo- dijo ella y se fue
-te dije que quiero irme-
-el golpe fue muy fuerte. Tienen que mantenerte en observación y si no te has dado cuenta tienes suero-
-¿te quedaras?- pregunté ilusionada
-unos días- dijo después de un largo silencio. No lo contradije. Tenía varios días para hacerlo cambiar de opinión y que se quedara. Ayudó a levantarme y me sentó en la cama mientras me orientaba. Si me levantaba de repente podía marearme.
-¿Dónde esta Holly?-
-Ben está cuidando de nuestra hija- me dijo con una sonrisa. Solo pude reírme también e ignorar lo que acababa de decir. No quería ilusionarme –es una clinica no podemos tenerla aquí-
-lo se- contesté resignada
-estas mucho más flaca- observó él
-te prometo que comeré-
-¿Qué fue lo que te dijo Renata que ya no te sientas en la mesa?-
-cosas de mujeres-
-¿no me dirás?-
-no-
-ok. Respeto su decisión señora-
-señorita- le corregí. Cerró los ojos con una sonrisa y asintió
-señorita- repitió
Renata llegó con las cosas que se le pidieron y se fue con un: "todo esta en marcha, cualquier cosa que necesites me llamas"
Edward me quitó el suero y me desvistió lentamente por un momento sentó pena, era extraño volver a esto pero luego lo utilicé a mi favor. Toqué cada parte de mi cuerpo con una delicadeza provocativa. Cuando me ayudó a caminar hasta el baño pasé mis dos manos por su cuello y no le quedó de otra que cargarme. Coloqué mi cabeza en su hombro y la alcé dejando mi cuello a su vista. Respiraba cerca del cuello de él y pude darme cuenta que su piel estaba erizada. Cuando me bajó en el baño no me pasó desapercibido su miembro. Estaba reaccionando. Inocentemente lo abracé haciendo que me caía y pegué una de mis piernas en su masculinidad.
-báñate- me dijo y salió del baño
-¿y si me caigo?-
-yo te vigilo-
-pero no te veo- regresó y se asomó. Era la ocasión perfecta. Empecé a restregar el jabón sensualmente sobre mi cuerpo, mientras se lo lucía a él. Tardé un poco más que de costumbre. Cuando lo ví tenía los ojos cerrados y la mano presionaba el puente de su nariz
-sabes que no tienes que utilizar ese mecanismo para que te desee Bella- dijo ronco
-¿Qué cosa?- pregunté inocentemente
-sabes bien lo que hiciste. Y está de más. Ya te deseo lo suficiente como para que me tortures de esta manera-
-no era mi intención torturarte- me miró a los ojos y los suyos estaban mas claros de lo normal. Parecían agua. Por un momento recordé a Renata. Solo por un leve momento.
-¿Qué quieres de mi?-
-te quiero a ti-
-no has vivido lo suficiente para decidir eso-
-¿Cómo lo sabes?-
-simplemente lo se. Por eso estas aquí-
-¿por eso me mandaste aquí?-
-si, fue una de las razones. Quiero que te desarrolles normal. Y después que hayas conocido suficientes personas me dirás si de verdad me quieres a mi- eso me asustó. El tiempo puede hacer muchas cosas. Solo asentí. Me pasó la toalla y volvió a cargarme. Me secó detenidamente y luego me vistió con un pijama. Me sentó, me colocó el suero en la vía y besó mi frente.
-ahora quiero que comas- trajo un envase con frutas y empezó a darme en la boca mientras se sentaba a mi lado
-contigo comer es agradable- confesé
-tienes que hacerlo agradable sin mi también-
-es complicado-
-pero no imposible- contraatacó
-bien- no discutí- terminé y me tendió un vaso. Lo agarré y pesaba. Abrí la tapa y me quedé mirando ¿Qué era esto?
-tres en uno. Remolacha, zanahoria y naranja. Tómatelo.-
-que asco. No me gusta la remolacha. Sabe a pura tierra-
-no es cierto. Tómatelo-
-Edward ¿Cómo pretendes que me tome esto? Será para que vomite-
-si quieres que me quede contigo tendrás que tomarte eso y sin vomitar. De ahora en adelante es lo único que tomaras, a parte de agua por supuesto-
-ok- Me estaba chantajeando lo sé pero no podía permitir que se fuera. Así que me tomé el batido. En la noche me cantó al oído hasta que quedé dormida aspirando su olor. Me desperté entrada la madrugada. El estaba recostado sobre un mueble leyendo.
-¿pasó algo?- quiso saber, preocupado
-nada, solo ya no tengo sueño-
-¿quieres comer algo?-
-¿tú has comido?-
-por supuesto- me sonrió –no te preocupes-
-me gustaría una torta-
-eso no alimenta. Toma estas fresas- me dio una bandejita de fresas. Al principio arrugué la frente por lo cítrico pero luego me gustó. Me estuvo leyendo hasta que amaneció. En algún momento debió acabarse el suero porque ya no tenía ni la vía. A las 6 am el doctor entró a la habitación y me dio de alta. Edward me acompañó al baño mientras me cepillaba para velar que no me cayera o algo así, había pasado dos días en cama. Luego Ben vino a buscarnos y nos fuimos directo a casa. ¿se quedaría?
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CHAN CHAN CHAN (otra vez) jeje ¿Les gustó? Espero qe sí! Ahora OTRO CAP! (no olvídenlo, no pidan tanto jeje!
Besos hermosas!
