Cuando me dijo que su Rose era diferente en todos los aspectos algo dentro de mí se quebró. La prefería a ella. Sin dudas. El momento que compartimos solo fue especial para mí. No sé si será orgullo, celos o simple rabia pero yo no me iba a arrodillar de amor en frente del Sr. Edward Cullen. Primero… tenía que hacerlo él
*Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la Historia a Adna Montiel.
La esposa cap. EL PRINCIPIO DEL COMIENZO
-¿Cómo que viviremos solos?- le pregunté ilusionada
-bueno… Ahora que somos pareja… pensé que…. Te gustaría que viviéramos solos-
-la idea me encanta- dije caminando hacia mi habitación con Holly en brazos –pero todavía no me has pedido que seamos pareja- concluí. El a los segundo se vino tras de mi con las maletas.
-¡hay por favor!- dijo como si fuera obvio -¿hace falta pedirlo?-
-SI- respondí con una sonrisa y dejé a Holly en la cama. Estaba durmiendo mucho
-Ok- dijo colocándose a mi lado. Me agarró las manos me miró a los ojos y me pregunto – Isabella ¿quieres ser mi novia?- yo espere un rato y luego dije sin mucha importancia
-no- y me voltee para ir a la sala de las películas
-¿que?- exclamó él
-¿No escuchaste?- pregunté sarcástica –mi respuesta fue NO- agarré una película cualquiera, la coloqué, apagué las luces y me acomodé
-¿por qué?- preguntó atónito
-tu crees que por tu linda cara y tus ojos te diré que sí y me lanzaré a tus brazos y seremos felices para siempre. Tendremos hijos con tus hermosos ojos y serán los primeros nietos Cullen. ¡AL FIN!. Pues no- sarcástica, sarcástica, sarcástica –Conquístame- respondí sin darle mucha importancia. Lo oí resoplar
-¿Quién entiende a las mujeres?- dijo por lo bajo mientras salía. La película había estado muy interesante. No recordaba el nombre ya que no había visto la carátula pero capturó mi atención en todo momento. Cuando terminó la quité y salí de la habitación. Sí, Edward no había regresado. A lo que traspasé las puestas me percaté del porqué. Había un camino de pétalos blancos por todo el pasillo. Los seguí y me llevaron hasta una de las habitaciones. Abrí la puerta y me sorprendí. Había velas rojas por doquier y en el aire había un olor a fresas exquisito. En la cama había un gran corazón hecho de pétalos rojos. De pronto él salió del baño con dos copas llenas en sus manos.
-Buenas noches señorita. ¿Le apetece un poco de champán?- me dijo ofreciéndome una de las copas. La agarré sonriendo y pregunté con una sonrisa
-¿y que celebramos?- ¿realmente pensó e hizo todo esto en dos horas? No…. Alice, me dije mentalmente.
-celebramos la vida. Celebramos que usted es joven. Celebramos que es hermosa. Y por ultimo, lo más importante: Celebramos que tiene al mejor hombre del mundo a sus pies- reí
-jajaja que modesto eres Cullen-
-Edward para usted señorita- me dijo besándome la mano. Nos acostamos en la cama mientras hablábamos. Cuando terminamos de tomar la champaña tomó mi mano delicadamente y me bajó de la cama. Empezó a quitarme la ropa lentamente
-hay sí crees que por unos pétalos y una copa ya caí rendida a tus pies. Buen intento- dije con ademán de irme pero el solo agarró mi brazo delicadamente, colocó su dedo índice en mis labios para que no dijera algo más y me llevó al baño. Estaba más hermoso aún. No había entrado a ese baño pero había un 2acuzzi lleno de agua, espuma y pétalos de rosa. También estaba iluminado por velas.
-solo quiero consentirte. No pienses mal. Después de un largo viaje lo que uno mas quiere es una buena ducha. Déjame ofrecértela- dejé que quitara mi ropa. La colocó en el mesón de los lavamanos, porque sí, el baño estaba acondicionado para dos personas. Me metí en el yacuzi y él empezó a quitarse la ropa. Me quedé callada. La verdad me gustaría volver a repetir ese viaje al cielo. Cuando terminó se metió también. Sus manos movían el agua caliente sobre mi piel y pronto empezó a hacerme unos masajes que me relajaron muchísimo mas. De vez en cuando gemía, sus manos eran expertas. Mi cuerpo estaba totalmente flojo. Quería que me siguiera tocando. A los minutos mi cuerpo no sentía sus caricias como inocentes. YO quería más. Me volteé rodeé su cintura con mis piernas y lo besé salvajemente. Cosa que él respondió al instante. Gemí en su boca y conseguí lo que quise. Su miembro se despertó. Me reí bajito y él sonrió de lado. Me alzó, quedamos fuera del agua. Cargó mi peso y me posiciono encima de su miembro que ya me esperaba listo.
-¿Qué esperas?- le dije con ansias y se hundió en mí. Pegué un gritito. Era un tanto extraña la posición sentía que en algún momento me iba a caer. Al parecer el comprendió mi susto y volvió al agua. Empezó un rico vaivén mientras me besaba. Yo tenía mis manos en su espalda. Estaba segura que dejaría las marcas de mis uñas. ¡Pero vamos! ¡ERA MIO!... ¿Verdad?
Cada vez el placer aumentaba más. Él con su boca se apoderaba de mis labios, mi cuello, mis orejas, mis pechos y sus manos de mis piernas, muslos, cintura y glúteos. Me hacía sentir totalmente suya. Totalmente mujer. –- ED-ED-EDWARD – Gemía
-vente conmigo bella- me pidió
-aquí viene- le avisé a punto de la locura. Aumentó más el ritmo y me dejé correr, tres segundos después se vino él también. Me besó tiernamente y me volvió a bañar. Salimos y me puso una bata de paño color azul. Era un poco pequeña.
-la compré corta para poder ver tu sexy cuerpo- me dijo como si pudiera leer mi mente
-pervertido- le dije mientras caminaba moviendo mis caderas mas de lo normal, a propósito. Verdaderamente me gustaba que me hiciera sentir así.
-¿quieres cenar algo?- me preguntó
-¿eres chef?- pregunté con burla
-¿crees que eres la única que sabe cocinar?- me miró divertido. Bajamos en bata de paño ambos y yo miraba la tele mientras él cocinaba no sé que. Al rato lo trajo y era muy rico. A veces me dio en la boca y otras veces yo a él. Trajo jugo tres en uno
-iiiuuuu- dije con cara de asco –tuviste que dañar la cena- le dije
-nada de eso señorita. No se le olvide que usted es una niña y hay que cuidarla. Ya basta de licor-
-soy niña cuando te conviene-
-solo eres mujer para complacerme- dijo y no supe si agarrarlo de mala manera o alegrarme por eso –eres mi pequeña mujercita- y me dio un beso que se llevó la poca rabia que estaba empezado a crecer.
-¿de quien es la habitación donde estábamos?-
-Mía-
-¿Cómo tuya? ¿La casa no era alquilada?- según la lengua de Renata la casa ahora me pertenecía pero no podía quedarme con la duda
-Compré la casa hace siete años. Cuando empecé con todo lo de Dubai. Era simplemente una propiedad más. No estaba habitada normalmente. Solo cuando Alice venía. Hasta que le regalaron su casa y se mudó para allá. Cuando decidí dejarte vivir una vida normal sabía que a los 18 años te independizarías y no quería que estuvieras pasando trabajo, así que la puse a tu nombre. Para que cuando eso pasara Renata y Ben tuvieran que recoger las cosas, preguntar su nuevo destino de trabajo y tú tendrías un techo seguro. Por lo menos eso quería darte. A parte que se lo prometí a tus padres.-
-Gracias- le dije acariciándole la mejilla. Él cerró los ojos instantáneamente
-mas que una palabra, es amor- me dijo mirando mis ojos. A veces los suyos se volvían extraños. Cada vez que estaba sentimental se colocaban más claros. Pfff es normal Bella, me dije. Los tiene verdes. Eso suele ocurrir.
-¿y porqué fuimos a tu habitación y no a la mía?-
-¿Qué tiene de malo mi habitación?-
-nada, es una simple pregunta-
-quiero que sea NUESTRA habitación a partir de ahora. Quiero que conserves la tuya para cuando quieras algunos minutos a solas o un tiempo de chica. No sé, todavía eres muy joven, tal vez en algún momento quieras privacidad. Pues tendrás tu habitación para poder escapar de la realidad-
-gracias de nuevo- dije y lo besé. Él estaba pensando en todo. Realmente quería hacerlo bien. –Si quiero- dije de repente
-¿si quieres que?-
-ser tu novia-
-ya va. Yo te pregunté y tú te negaste. Ahora estas respondiendo a una pregunta que yo no he realizado. ¿y si ya no quiero?-
-¿quieres ser mi novio Edward?- le pedí
-¡BELLA!- gritó
-¡EDWARD!- grité igual que él -¿Qué pasa?-
-las mujeres no le piden eso a los hombres- dijo como si fuera obvio
-antes no, ahora EN MI TIEMPO, si-
-¿me estas diciendo viejo?-
-aja. En estos tiempos eso sí se hace- afirmé
-como sea. No seré tu novio- abrí mi boca en O
-¿te me estas negando?- le pregunté impresionada. Estaba jugando el mismo juego que yo
-aja-
-Bien. Veremos quien puede más entonces-
-Ok- dijo con su sonrisa torcida. Terminamos de comer y nos fuimos a dormir. (En "NUESTRA" habitación) este era el principio del comienzo.
A la mañana siguiente mi despertador sonó. Me levanté y me metía a bañar, me vestí con el uniforme del instituto y bajé. Cuando entré a la cocina había un exquisito olor a café en el aire, Edward estaba en la cocina con una taza de café en las manos, tostando unos panes
-Buen día- me dijo con esa sonrisa torcida
-Buen día- le dije devolviéndole la sonrisa y sentándome cerca. Colocó un plato frente a mí y me sirvió los panes, huevos revueltos, colocó una bandeja de jamón y otra de queso frente a mí.
-¿Café?- Preguntó colocando una taza en la mesa.
-No tomo café negro. Gracias- el me miró con incógnita
-mi madre solía decir que el café negro solo lo tomaban los mayores. Así que crecí con la idea de que el café lo toman los…- no pude terminar la frase al darme cuenta de lo que iba a decir
-Los viejos- completó él
-Exacto- dije con duda. ¿Se molestaría? Pero no, solo echó a reírse
-Ok. No tomas café, lo anotaré para la próxima-
-que sea con leche por favor- le dije mordiendo mi pan. El alzó una ceja –ya que quieres servirme café que sea con leche por favor- repetí
-Como usted mande señorita- y lo hizo. Apagó la cocina, me dio un beso en la frente y subió. Terminé, lavé los platos y subí a mi habitación. Saqué mi bolso y fui a la habitación que compartíamos. Ya se había bañado, estaba con el cuello de la camisa blanca hacia arriba haciéndose el nudo de la corbata
-Yo no se hacer eso- le dije señalando sus manos. Me miró con ternura y se sentó a mi lado en la cama
-Yo te enseñaré- se la quitó desató todo el nudo y empezó a explicarme. A la primera no capté bien por donde es que había que pasarlo pero a la tercera lo supe de memoria, aunque no lo hacía muy bonito. Él solo río y dijo que con la práctica lo perfeccionaría. Terminó de vestirse y se veía estupendo. Todo un empresario. Por un momento sentí una puntada de dolor. Él era un hombre ya formado, empresario, mayor y yo era una niña que a penas estaba empezando a vivir la vida. Él fácilmente podría ser mi padre. No, por supuesto que no. Era mi pareja. Yo era su mujer.
-No lo soy- dijo Edward de repente. Ya íbamos en el carro. Él me llevaba al instituto
-¿que?-
-No soy tu padre, Bella-
-¿Como…?-
-Se te nota en la cara la confusión. Podré hacerte el desayuno, podré llevarte a tus clases, recogerte, mantenerte, pero no soy tu padre. Eres mi novia, eres mi esposa, eres mi mujer-
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Holaaa nenas hermosas! Aquí con nuevo cap C: espero qe esten biien
Nenas estoy muy apurada asi qe les dejo el cap ;)
Disfrutenlo!
