¿DUDA O NOTICIA?

A lo que Edward llegó se acostó a mi lado. Me acarició y empezó a hablar

-Discúlpame. No debí meter a alguien más a la casa. Mas bien la idea era vivir juntos y solos-

-Solo tenías buenas intenciones. Que ella no sea una buena persona no es tu culpa-

-de verdad discúlpame. Debí pensar en ti. ¿Sabes que te amo verdad?-

-por supuesto. Y yo te amo a ti también-

-Que lindo se escucha eso- dijo con una sonrisa y se lanzó encima de mí. Empezó a besarme con ternura y sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo. Una vez más empecé a temblar por sus caricias. Era extremadamente placentero estar en sus brazos. Me quitó la ropa poco a poco y besó cada parte de mi cuerpo. Lo ví y lucía hermoso. Parecía de televisión. Sus manos expertas una vez más me hicieron sentir cómoda, me relajé y disfruté del placer que me estaba dando. Su cuerpo era increíble me sentía en la gloria.

En un momento tomé el control y empecé a cabalgarlo. De todas las maneras que se me ocurrieron. Sus gemidos eran ásperos y su respiración gruesa. Sentí cuando estaba llegando porque volvió a tomar el control y me hizo llegar con él. Caímos sudados en la cama e inmediatamente una sonrisa se posó en mis labios. Me acosté en su pecho y disfruté de su aroma natural. Cuando descansamos nos metimos juntos al baño y volvimos a amarnos.

Al día siguiente me levanté y el no estaba. Me aseé y bajé. En la nevera había una nota pegada. Había salido a terminar un negocio. Abrí la nevera y nuevamente la realidad me golpeó. Carecíamos de comida. Subí, agarré un bolso. Metí el monedero y mi teléfono. Y bajé dispuesta a salir para hacer compras. Tendría que agarrar un taxi. A lo que iba a abrir para salir el timbre sonó. Cuando la puerta dejó mi mirada hacia la calle pude ver a Renata ahí parada.

-¿Renata?- inquirí atónita

-Hola Isabella-

-¿Qué haces por aquí?-

-según mis cálculos ya debería estar empezando a faltar la comida ¿no?-

-sí. Iba saliendo a eso- le informé

-no hace falta- hizo señas a un taxi que estaba en la calle. –ya me ocupé de eso-

-¿por qué? Que yo sepa ya no trabajas para nosotros-

-el hecho de que no trabaje para ustedes no significa que dejaré a mi sobrino desprotegido-

-Sobrino, cierto. Disculpa. No quería sonar grosera. Lo que pasa es que es un poco extraño esto-

-lo sé, y si Edward llega a preguntar le dices que tú hiciste la compra-

-¿y eso por….?-

-como tú dijiste: es un poco extraño- El taxista llevó las bolsas hasta la puerta y luego se fueron. Aun extrañada llevé todo a la cocina y las acomodé en sus respectivos lugares.

Pero sentí que faltó algo. Toda la comida era muy sana. Parecía comida de viejo. Así que al terminar salí a la calle tomé un taxi y fui al supermercado mas cercano. Agarré cereales, chocolates, mezclas para hacer tortas, waffles, sirop de fresa y chocolate. Nachos. Compré más quesos. En eso me entro una llamada de Edward

-¿mi amor donde andas que no estas en la casa?- fue su saludo

-si, mi amor buenas tardes. Estoy bien. Desperté y te extrañé. Pasé una buena mañana, gracias- dije sarcástica pero juguetona. Él rió. –y estoy en el supermercado terminando de hacer la compra-

-sí ya vi que trajiste cosas. Ya voy a buscarte. No termines rápido para escoger algo entre los dos-

Cuando llegó metimos jugos, frutas, leche condensada, pan árabe. (Con el cual dijo que me haría algo buenísimo. Seguro sería shawarma.) Cotufas y otras cositas

-Promete que no volverás a venir sola.- me dijo –deberíamos hacer esto juntos. Es divertido- me besó

-lo prometo- dije y le sonreí. Pagó y nos encaminamos en el carro. De la nada salieron tres personas con cámaras y empezaron a tomarnos fotos.

-ignóralos- me dijo Edward al oído y así hice. Metimos la comida y nos fuimos a casa. –tendrás que aprender a manejar. No me gusta que vallas por ahí en taxi. No se sabe en el carro de quien se monta uno-

-¿y qué hago con aprender a manejar si no tengo carro?-

-error. El carro que está parado en el garaje es tuyo. Soy yo el que no tiene carro.

Aunque claro, si no te gusta podemos comprarte otro.-

-ese es lindo, no te preocupes. Ya es mucho lo que has hecho por mí-

-ni lo pienses. Comparado con lo que tú haces por mí es nada-

-sabes que no es así-

-claro que si Bella. Lo que yo te doy es solo material. Tú me das amor-

-tu también me das amor- le recordé y me le acerqué peligrosamente. Él entendió mi juego y me siguió. Mi cuerpo no se cansaba del roce de sus manos. Era un inmenso placer el que sentía cada vez que ese hombre me hacía suya.

Siempre recuerdo el primer día que lo ví y la impresión que recibí. Sin dudas el hombre mas guapo del mundo. Si mi madre estuviera viva tal vez se preocuparía por la diferencia de edades pero a la vez se alegraría porque Edward me está haciendo vivir.

Ni cuenta me di como pasaron los meses. En el instituto cada vez me iba mejor. Edward me ayudaba a estudiar y era una de las mejores estudiantes. Alice seguía siendo mi mejor amiga. A veces íbamos al club y me quedaba a dormir en su casa. Renata cada quince días se aparecía con un mercado frente a la casa y Edward seguía regañándome por "ir sola", algún día le diría que era ella quien lo compraba. Aprendí a manejar pero me daba miedo salir sola. Así que siempre iba con alguien a mi lado.

-Bella esta noche iremos al club. Será divertidísimo. Irá un grupo de música que está empezando en la industria. Hay un chico muy guapo. No te imaginas. Lo vi en estos días. Es muy blanco y su cabello rubio es espectacular y cuando yo….- la voz de alice se hizo lejana al momento que decidí no escucharla. Todavía no puedo creer cuanta capacidad tiene para hablar tanto y tan rápido. Me perdí en mis propios pensamientos y cuando me di cuenta Alice estaba gritándome.

-¿Qué es lo que pasa Alice?- me levanté del mueble sintiéndome desorientada ya que no sabía en que momento me había acostado

-¿Qué pasa?- inquirió molesta –te quedaste dormida Isabella- reprochó –te quedaste dormida mientras yo hablaba-

-pues disculpa, es que tú hablas demasiado-

-puedes decirme que pare ¡pero no quedarte dormida Isabella por favor!-

-hay Alice ya- la corté

-párate y ve a arreglarte que solo faltas tú- me dijo y cuando la vi estaba espectacular.

Su cuerpo vestía unos tacones punta de aguja los cuales hacían resaltar más su ajustado pantalón de cuero el cual quedaba perfecto con la camisa blanca holgada que era lo suficientemente sencilla para lucir perfectamente el collar que ella tenía puesto. Su cabello el cual había crecido con los meses lo llevaba atado de una coleta en la parte alta de su cabeza. Hace un mes se había teñido la melena de un rubio medio. Y fue en ese preciso momento en que la detalle. Sin dudas era hermosa, sin embargo algo llamó mi atención. Su nariz era increíblemente perfecta. Su cabello natural era negro azabache.

Era bajita y muy flaquita. Tenía demasiada energía. Era extraño que no se pareciera casi a Edward.

-¿Qué haces viéndome? alístate- reprochó

-Alice no tengo ganas de salir- le dije con voz de enferma para que no se molestara

-¿qué? Pero si esperamos justamente este día porque tú podías-

-lo sé Alice y te lo compensaré, pero de verdad que ahorita me siento mal-

-muy bien. Me voy. Pero cualquier cosa me llamas ¿bien? Sino llamaré a Edward para que venga a buscarte-

-¡No! Si pasa algo yo te llamo. Lo prometo-

-Ok. Buenas noches Bella- me dijo emocionada, me dio un beso en la frente y salió. A lo que la puerta se cerró yo volví a caer rendida en el mueble. La cama estaba demasiado lejos.

-Mi amor- escuché a lo lejos

-Amor- repitieron

-Bella- me llamaron

-Isabella- volvieron a llamar pero esta vez con preocupación. Sentí que me movieron y desperté. Ahí estaba Edward, con cara de preocupación. -¿Qué pasó?- preguntó sin aliento, temiendo de la respuesta

-¿con que?- dije desorientada sentándome en el muble

-Alice me llamó. Me dijo que no contestabas el teléfono de la casa- miré a todos lados. No estaba muy lejos.

-tenía el sueño pesado. Pero estoy bien- aseguré

-¿segura?-

-por supuesto mi amor- le dije y me dio un beso en la frente

-ve a asearte que te preparo algo de comer- dijo camino a la cocina. Cuando iba camino al baño vi la hora en un reloj que estaba en una pared. Eran las 10 de la mañana. Yo todavía estaba dormida. Últimamente me sentía muy cansada. Sabía que algo no estaba bien, no me sentía igual. Tal vez era la vida de "casada". Después de estos meses aprendí a llevar bien el ritmo, Alice me decía que ya era una mujer. Me ocupaba de comprar las cosas que hacían falta en la casa, contraté tres señoras que limpian, planchan y lavan. Solo cocinan cuando yo no estoy. Aprendí a distribuir el tiempo para mis estudios del instituto, mis estudios de cocina, atender a Edward y ser una adolescente normal.

-Huele rico- dije entrando a la cocina.

-Un delicioso desayuno para mi mujer- me dijo Edward dándome un beso en la boca y tomándome por la cintura en un gran y calido abrazo

-¿desayunaras conmigo?- pregunté

-por supuesto mi amor- no sentamos y empezamos a comer. Era realmente delicioso el tiempo que compartíamos juntos me sentía la mujer mas afortunada del mundo. Y en un segundo volví a recordar a mis padres, si estuvieran aquí.

-¿Por qué lloras mi amor?- preguntó Edward limpiando una silenciosa lágrima

-solo recordaba a mis padres- le respondí plantando una sonrisa en mi cara para que no viera el dolor que sentía

-Últimamente estás muy sentimental- dijo mirándome fijamente –Pronto estarás en tus días. Tal vez sea eso- dijo y mi primera reacción fue comer como si hubiera dicho nada.

Tenía dos meses que no veía período, con este serían tres.

CHICASSS! Adna activó su facebook, le envié un mensaje y aquí estamos! No es genial? Creo que ha pasado mucho tiempo y quizás hemos perdido muchas lectoras pero... ¿Aún queda alguna por aquí? Digan que si!

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