¡Hooooola! Ya estoy aquí otra vez con la segunda viñeta sobre la Amortentia de Ron y no podía ser otro olor que la piel de nuestra querida Hermione.

Como siempre, antes de dejaros leer tranquilamente la viñeta, quiero darle las gracias a las personitas que me han dejado un review en la anterior: kisses-rain, damcastillo, adrisstbdt, Aeerdna, ravenclaw2201, Ana, LadyDobleD, Erypheis y Lui Nott. ¡Muchísimas gracias por vuestros comentarios!

Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer, pertenece a J.K. Rowling.


Capítulo 2: La piel de Hermione

Llegaba tarde. Lavender se había enroscado como una serpiente de cascabel alrededor de su cuerpo y no había alejado las ventosas que tenía por labios durante los últimos tres cuartos de hora. Se le había pasado por completo que tenía entrenamiento de quidditch y Harry iba a matarle.

Ron salió disparado del retrato de la Dama Gorda y empezó a bajar las escaleras de dos en dos. Iba tan acelerado y mirando al suelo que cuando un traqueteo sacudió las escaleras se tuvo que agarrar a la barandilla de piedra para no caerse rodando. Genial, las escaleras decidían moverse de lugar justo cuando él llegaba tarde. ¿Por qué le tenían que pasar a él estas cosas?

Cuando levantó la mirada, se dio cuenta de que las cosas siempre pueden empeorar.

Unos escalones más abajo, estaba Hermione, agarrándose a la barandilla, girando la cabeza y mirando hacia atrás, probablemente lamentándose de haber vuelto antes de la biblioteca. Le evitaba. Lo sabía. Comía a distintas horas que él y pasaba la mayor parte del día en la biblioteca solo para no tener que estar en el mismo cuarto que él. Solo coincidían en clase y, aun así, se sentaba siempre tan lejos de él que casi le dolía más que cuando estaban en habitaciones distintas.

Se quedó mirándola como un tonto. Porque eso es lo que era. Un tonto sin remedio y un celoso. Y ahora lo sabía. Cuando la tenía tan cerca que podía oler su piel, quería tocarla con tantas ganas que le quemaban las puntas de los dedos. Porque Hermione olía a jabón y a frescura y todo se nublaba a su alrededor cuando ella estaba así de cerca. Porque no podía evitar preguntarse qué pasaría si rozaba la curva de su cuello con la punta de su nariz. Porque no podía evitar comparar y darse cuenta de que daba igual todos los besos que le diese Lavender, porque no conseguiría hacerle sentir ni una millonésima parte de lo que conseguía Hermione estando a metro y medio de él.

Puede que en un principio hubiese disfrutado viendo lo molesta que ella estaba por salir con Lavender, porque pensaba que nunca se sentiría la mitad de dolida de lo que él se había sentido al enterarse de lo suyo con Krum. Pero resulta que un día se dio cuenta de algo. Estaban en clase de Pociones y, como siempre, se descubrió mirando de reojo a Hermione. Y lo que vio no le gustó nada. Su cara era pura concentración y atención pero, de pronto, sus ojos se cruzaron con los suyos y el chispazo que produjo su conexión dibujó tal expresión de dolor en su cara que quiso arrastrarse hasta sus pies para pedirle perdón. Solo fue un momento, menos de cinco segundos, porque ella cerró sus ojos y, por una fracción de segundo, pareció que estaba a punto de echarse a llorar. Al abrirlos volvía a tener la misma expresión de siempre. Y se sintió miserable, y la idea de vengarse ya no parecía tan divertida.

Las escaleras parecían moverse más lentamente de lo habitual y Ron se preguntó si sería una señal, la oportunidad para hablar con ella sin que Lavender llegase a interrumpirles. Pero parecía que era un gryffindor de pacotilla porque su voz parecía haberse escondido en algún rincón de su garganta. Lo intentó. Abrió la boca varias veces pero era incapaz de vocalizar una sola sílaba.

Hermione arrastró sus ojos desde la nada hacia él y se quedó mirándole con aquella expresión con la que llevaba mirándole desde hacía semanas. Bajó un escalón, y sintió que se le aceleraba el corazón. Ella no se movió. Solo se quedó mirándole. Su olor era aun más perceptible ahora. ¿Por qué su piel tenía, toda ella, que oler tan bien? Recordó la sensación que le producía su olor cuando solían estar cerca, cuando por algún golpe de suerte tenía una excusa para tocarla, y la sensación que le produjo el recuerdo fue tan nítida que se erizó por completo.

Entonces Hermione giró la cabeza de nuevo y trató de ocultar su cara con su espesa melena. Pero lo vio. Esa expresión otra vez. Su rostro se contrajo por completo y fue como si toda la luz de su cara desapareciese. Tenía el ceño fruncido. Pero no era, definitivamente, como cuando se enfadaba porque el día anterior a la entrega de un trabajo le pedía ayuda y le decía que no era capaz de hacer milagros, sino algo parecido a como cuando habían visto la ejecución de Buckbeak. Porque luego le vio apretar los labios y, acto seguido, se le cerraron los ojos. Podía percibir la tensión y tristeza en todos los músculos de su cara.

Quería moverse. Quería andar la distancia que los separaba y abrazarla fuerte fuerte fuerte. Pero no lo hizo. Porque si no tenía valor para abrir la boca y decirle hola, menos tenía para rodearla con sus brazos.

Otro pequeño traqueteo les avisó de que las escaleras habían vuelto a situarse entre dos pisos, vete a saber cuáles, del castillo. Antes de que pudiese reaccionar, Hermione bajó los tres escalones que la separaban del suelo y echó a andar a paso ligero para desaparecer pasillo arriba. La vio alejarse de él con tanta prisa que, si eso era posible, se sintió aun peor. Ni siquiera sabían dónde estaban. Pero eso a ella parecía darle igual.

—Mierda —murmuró Ron mientras se llevaba las manos a la cabeza y las echaba hacia atrás hundiendo los dedos en su pelo hasta llegar a su nuca—. Joder...

Tardó varios minutos en situarse y, en vez de llegar tarde al entrenamiento, llegó endemoniadamente tarde. Harry le echó una buena bronca pero, mientras le escuchaba, solo podía pensar en el olor que había dejado Hermione en las escaleras, en lo mucho que odiaba esa situación y en que ojalá todos los problemas de su vida se redujesen a llegar tarde a un entrenamiento de quidditch.


¡Y hasta aquí puedo leer! 995 palabras, rozando el límite pero sin pasarlo, perfecto. Bueno, ¿qué os parecido la escena? ¿Os ha gustado? ¿Imaginabais cuál iba a ser el olor? ¿Creéis que le pega? ¿Cuál pensáis que es el tercer olor de la Amortentia de Ron? Todo esto y cualquier otra cosa que queráis comentar, hacédmelo saber en un review.

A la tercera escena solo le quedan un par de retoques, así que las musas trabajarán mucho más rápido cuantos más reviews haya (¡son su sueldo!). Además, es probable que estén inspiradas para hacerme escribir un par de minihistorietas Romione más. ¡Depende! ¿De qué depende? De según cómo se mire, todo depende lalalala.

Sea como sea, ¡nos vemos prontito!

Un beso y un achuchón,

Basileya.