No sean flojas y lean mis pequeñas notas de autor :*

Sé que no tengo perdón. Que me tarde mucho y que a lo mejor se cansaron de esperarme… si dejan de leerme lo entiendo. ¡Pero tengo buenas excusas! Quiero decir, ¡Buenas razones! Hace dos semanas regrese a la universidad, a quinto semestre lo que significa más tareas, mas lecturas y menos tiempo para FanFiction, tengo también las Gritonas que son capítulos larguísimos y otros dos proyectos, así que les pido comprensión y paciencia. Jamás dejaría la historia incompleta, solo tardare un poco más en terminarla.

Y por eso les dejo un capítulo más largo, casi 4mil palabras no esta tan mal verdad ¿eh?

Capitulo 3. Open your eyes

I want so much to open your eyes

(Deseo tanto que abras tus ojos)
'Cause I need you to look into mine

(Por que necesito que veas dentro de los mios)
Tell me that you'll open your eyes

(Dime que abrirás tus ojos)

Opene your ayes - Snow Patrol

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—Buenos días, Bella— reconocería esa voz donde fuera, incluso aunque me sintiera media muerta. Simplemente no funcionaba en las mañanas. Era un total misterio y milagro que no reprobara las materias que tenía a primera hora. Mi cerebro empezaba a funcionar como dos horas después de que despertara.

Creo que le gruñí un buenos días, no estaba segura. Tenía la cara pegada contra mi casillero y abrí un ojo para poder verlo.

Edward hoy llevaba lentes, el cabello como siempre en desorden, jeans oscuros, converse negros y una playera roja que decía "Muggle," creo que eso hizo que me enamorara más de él.

¿Mencione que estaba obsesionada con Harry Potter?

— ¿Aún sigues dormida?— preguntó con una sonrisa, yo solo asentí y volví a cerrar mi ojo.

—¡Beeeella!— gemí, era la voz de Alice y era demasiado temprano como para lidiar con ella. —Oh por Dios estoy tan emocionada, ¿recuerdas que te dije la ardilla que se metió a mi habitación? Pues ayer en la noche por fin pude hablar con ella y la pude convencer de que saliera al mundo y enfrentara sus miedos, por lo que pude entender tiene una familia que mantener y una esposa ardilla un poco exigente así que le prometí dejarle algunos maníes y nueces por el jardín para facilitar su vida si él prometía no meterse a mi cuarto, ni morder mi ropa interior y dejarme dormir por las noches… así que si tienes en tu casa comida para ardillas te agradecería que me dieras un poco. Oh, buenos días Edward, no te había visto.

—Buenos días, Alice. — Edward la veía asustado. Alice se le quedo viendo con una sonrisa.

— ¿Te sientes bien? Tu aura parece un poco preocupada y tensa… es como si quisieras algo que según tú no puedes tener, pero no te agobies tengo algo que te servirá de mucho, mira— de la nada saco un piedra que parecía hecha de cajeta. —Es jade rojo es estimulante te ayuda a liberar presión y además te ayuda a liberar la tensión de un modo constructivo. Que tengas un día lleno de paz.

Y se fue dando brinquitos mientras Edward murmuraba.

—Una locura… jamás lo hubiera pensado.

Me reí.

—En efecto mi estimado Edward, la chica está loca. Si ves algunos maníes y nueces, avísame.

Edward me dio una enorme sonrisa.

—Que tengas una agradable mañana, Bella.

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Iba para mi segunda clase sintiéndome más como humana, pero luego recordé que tenía clase de cálculo y me dieron ganas de regresar a ser un zombi. Gimiendo tomé mi asiento junto al buen Jasper Withlock, un individuo muy interesante, era raro, callado y extremadamente tímido, solo lo había visto hablar largamente con Edward y eso porque eran primos o algo así.

A mí me caía muy bien, porque a pesar de que no hablara y no ser muy social era un chico al que le importaba muy poco lo que los demás pensaran. Tenía una imagen desalineada y un poco extraña, pero a mí me parecía que el chico tenía estilo. Además siempre me explicaba matemáticas, tenía años sentándome con él en las clases relacionadas con números, tenía un lugar especial en mi corazón porque siempre traducía el chino que oía de los maestros a unas matemáticas de niños de ocho años.

Simplemente tienes que amar a las personas que te hacen más fácil las matemáticas.

—Buen día joven Withlock— dije exageradamente ya que había salido de mi estupor zombi y tenía ganas de ponerme boba.

—Buenos días, Bella. — me contestó con una sonrisa.

—Y cuéntame, ¿Qué harás hoy en la tarde? ¿Algo interesante?— la verdad la vida de Jasper me importaba lo mismo que la economía china, pero sabía que de vez en cuando pasaba las tardes haciendo algo con Edward, como jugar videojuegos en la casa de uno de ellos o algo igual de aburrido. Así que le preguntaba para saber dónde estaría Edward esa tarde, no era como si pudiera aparecer "casualmente" donde pudieran estar… porque o estaban en casa de Jasper o Edward.

—Compre unos DVD's y Edward ira a mi casa a verlos.

Geeeee-niii-al, Edward estaría con los Withlock esta tarde.

— ¡Por el amor de Dios! ¡¿Podría callarse? Me sacan de quicio con su estúpida plática y lo aburrida que es la vida de esta imitación de Shaggy rubio. Y tú Bella, deberías dejar de intentar vivir tú vida social a través de los demás, digo podrías escoger a alguien más interesante para dejar de ser tan patética, alguien como yo o mis amigas. — nos dijo una odiosa voz desde el asiento de enfrente.

Jasper junto las cejas y bajo la cabeza avergonzado y yo levanté una ceja. Mi buen humor se había esfumado gracias a Jessica.

Normalmente cuando Jessica, la puta de la escuela, me decía algo así o simplemente me hablaba, la ignoraba, le hacía señas obscenas o le cantaba "Puuuuuta, eres una puuuuuuta y tú vagina es del tamaño del Gran Cañón, puuuuuuuta" la letra no rimaba muy bien y no era mi mejor canción, pero era la verdad y me hacía sentir muy orgullosa haber compuesto algo tan genial. Pero no tenía por qué hablarle así a Jasper, un chico dulce que jamás molestaba a nadie y nunca hablaba.

—Jessica, te agradecería mucho si no me hablaras tan cerca, puedo contagiarme de gonorrea con solo tu aliento. Además querida, ni Jasper ni yo tenemos la culpa de que Mike no te coja como se debe y que por eso tengas que abrirle las piernas al resto del equipo de fut bol.

Escuche una silla arrastrarse y luego la voz de Rosalie.

—No deberías hablarle así a Jasper, podría ser tu jefe en unos años.

Fingí ahogar un grito.

—Jasper. ¿Por qué no me dijiste que pensabas convertirte en proxeneta? Nada vende mejor que el sexo ¿eh?

Jasper, Rose y yo nos reímos a carcajadas mientras Jessica nos veía furiosa. Después entró el hombre que nos torturaba con integrales y demás cosas del demonio.

—Gracias— me susurró Jasper con una sonrisita.

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Me había puesto de mal humor de nuevo. Había olvidado una estúpida tarea de la estúpida materia de Historia Universal solo veinte minutos antes de la clase, así que iba corriendo como idiota a la biblioteca.

— ¡Quítate niño!— le grite a un chico de primer año que tapaba la entrada. Conocía muy bien el lugar, había pasado mucho tiempo aquí cuando era puberta, así que fui corriendo a la sección de historia, saque el libro más gordo que vi y me puse a buscar cualquier cosa de la revolución rusa.

No llevaba ni tres líneas escritas cuando alguien me llamó, levanté la vista y me encontré con Eric York.

— ¿Qué quieres?

—Oye, que bueno que te encuentro, ¿podrías ayudarme rápido con una duda que tengo de biología?

—No.

—Pero…

— ¡Shh! Vete, estoy ocupada.

Seguí escribiendo. Dos minutos después Rosalie jalo la silla a mi lado. Voltee a verla justo cuando abría la boca, le di mi mejor bitch face y gruñí.

—No me hables, no me molestes, estoy estresada. Si me interrumpes me convierto en Gollum y te arrancó el dedo a mordidas ¿captas?

Rosalie levantó las cejas, saco su iPod y se puso a escuchar música. Tres minutos después, sentí a Alice a mi lado, pero Rose hablo primero que yo.

—Llovizna de las montañas, esta histérica tiene el chakras desequilibrado, mejor déjala en paz y vete lejos antes de que destruya tu aura a mordidas.

Alice me miró con los ojos bien abiertos.

—Gracias Rosalie, el universo compensara tu buena obra.

Las ignoré y seguí escribiendo, ya me faltaba poco.

Las causas económicas de la Revolución rusa se atribuyen en gran medida a la mala gestión del zar, sumada a la I Guerra Mundial. Más de quince millones de hombres se unieron al ejército, que dejó un número insuficiente de trabajadores en las fábricas y las granjas. El resultado fue una escasez generalizada de alimentos y materias primas…

— ¡Bella! ¿Estás haciendo lo de historia? ¿Podría ver tu ensayo? Yo todavía no lo hago y quiero saber que pusiste de Hitler matando rusos.

Mike Imbécil Newton. Un imbécil de mi curso que se creía el envidado del cielo, siempre mandando a todos y actuando como si fuera mejor que todos y además siempre me molestaba. No lo soportaba. Justo lo que necesitaba, que un idiota viniera a molestarme cuando ya estaba de mal humor. Mi ojo comenzó a temblar y mis manos clamaban sangre, haría que deseara no haberme hablado. Y de un solo golpe deje salir mi perra interna.

— ¿Me viste Google escrito por algún lado? Por una vez en tu vida usa tu microscópico cerebro, agarra con tus manitas un maldito libro ¡y lee! Tal vez te quite lo idiota y dejes de chingarme la vida, ¡¿no ves que estoy ocupada? Además, ¿Qué te hizo pensar que me importan tus problemas? Por mi puedes poner que Hitler entro a Rusia montado en un unicornio, destruyendo todo a su paso y me valdría un reverendo cacahuate. Ahora desaparece de mi vista si no quieres que clave un lápiz ¡en tu maldito ojo!

Mike se me quedo viendo con los ojos bien abiertos y pude sentir la mirada de Rose y otros cuantos.

—Wow Swan, de verdad te urge una buena cogida.

—Y a ti te urge un pito diez centímetros más largo.

Mike entornó los ojos, me enseño el dedo y se dio la vuelta.

—¡Adiós salchichita!— dije solo para molestarlo más. Pude sentir la risa silenciosa de Rose, ella sabía de lo que hablaba, después de todo fue ella con quien me quede encerrada en un casillero de los vestidores de los hombres y vimos desnudo a Mike y a sus gloriosos diez centímetros de hombría.

De pronto lo sentí, gire la cabeza y vi a Edward que me veía pensativo y me sentí avergonzada de que me viera actuando como un simio salvaje. Estúpido Newton, todo era su culpa.

Diez minutos después di un suspiro de alivio, mi mano gritaba de dolor pero estaba feliz y satisfecha de haber terminado de escribir todo sobre zares, bolcheviques y plebeyos matando a la monarquía… o algo así. No sé porque algunas veces nos obligaban a escribir a mano cuando existían las computadoras. Sería un milagro si el maestro lograba entender mis jeroglíficos.

— ¿Ya se te salieron los demonios, Swan?— me pregunto Rosalie mientras hacía algo con su celular.

—Así es querida, los demonios rusos me han dejado en paz.

— ¿Edward, podrías ayudarme con lo de biología?— escuche a Eric preguntar, de inmediato voltee a verlos. Edward se veía claramente estresado y frustrado, tenía la cara un poco ruborizado y veía a Eric un poco molesto.

—Am, estoy un poco ocupado.

—Vamos, no seas así, es cosa de nada.

—Está bien, ¿Qué necesitas?

Bufé, odiaba que la gente se aprovechara de Edward, era demasiado amable para negarse. Pude ver que volteaba a verme y se puso rojo cuando se dio cuenta que lo estaba viendo.

— ¿Te das cuenta? Así se porta la gente normal, Edward es un santo al ayudar al idiota de Eric, no le grito como tú lo hiciste, y no me veas así que aunque no lo haya visto estoy segura que lo hiciste. Deberías juntarte más con Edward para ver si se te pega un poco de comportamiento civilizado y no ser una salvaje contra la sociedad

Entorne los ojos.

—La sociedad, y principalmente la de esta escuela puede besarme el culo, me importa más la vida del árbol que crece en mi patio trasero.

—Tan adorable como siempre.

No tenía que decirme que debía ser más como Edward, siempre ayudando a quien le pedía ayuda, sin importar lo que estuviera haciendo o lo estrado que estuviera, no como yo que escupía fuego cada vez que alguien me irritaba en lo más mínimo. ¿Esta era la manera en que Dios me estaba diciendo que debía cambiar, o solo castigo divino?

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—¿Ya te vas?

Levanté la cara para sonreírle a Edward, y volví a mi mochila a sacar todas las tonterías para aventar a mi casillero y sacando lo que pudiera ocupar el fin de semana.

—Sí, ya por fin viernes.

— ¿Puedo acompañarte a tu auto?

—Claro— cerré mi casillero y camine junto a él, imaginando que éramos novios y que simplemente salíamos de la escuela para tener un fin de semana maravilloso. —Me pareció muy amable de tu parte ayudar a Eric después de que yo le gritara que no me molestara.

De algo tenía que hacer plática ¿no? Aunque fuera estúpido e hiciera verme mal, al parecer. Edward frunció el ceño y se puso un poco rojo.

—No fue amable de mi parte, fue tonto. Me gustaría ser como tú y tener el valor de decirles a todos que me dejen en paz.

Primero me quede callada, no sabiendo si lo que me decía era un insulto o halago, pero luego decidí que por mi bien mental y emocional lo tomaría como un cumplido para sentirme feliz todo el fin de semana. Le sonreí.

—Es fácil hacerlo una vez que te das cuentas que odias a todos.

Llegamos a mi camioneta, él empezó a patear las llantas y metió las manos a su bolsillo, se veía tan adorable que me daban ganas de golpearlo con la llave que tenía bajo el asiento, dejarlo inconsciente y secuestrarlo.

—Bueno, ahora si ya sé que preguntarte de Alice, y si no es mucha molestia me preguntaba si podrías contestarme algunas cosas.

Oh.

Eso. Alice. Claro.

—Claro.

Y así pase quince minutos contestando lo mejor que pude. Cosas que le gustaban, comida, música, pasatiempos, animales, carreras universitarias. Era como si Edward hubiera memorizado una lista por que inmediatamente después de que terminaba de contestar algo, preguntaba otra cosa. Y claro, después de todo eso tenía el ánimo por los suelos y sentía el corazón como un trozo de carne molida. Ser una buena amiga, a veces, era muy difícil.

—Gracias Bella, que tengas un bonito fin de semana.

Si, muy bonito. Pasaré dos días enteros pensando en todos mis defectos y enlistando todas las razones por las que alguien tan perfecto como tú jamás querría alguien tan patética como yo.

—Gracias Edward, tú también.

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Viernes por la noche ¿y qué estaba haciendo yo? Acostada en mi cama, viendo el techo y pensando idioteces. O imaginando a Jasper y Edward jugando en la casa de uno de ellos. O imaginando como sería mi vida si llegara a casarme con Daniel Radcliffe o cualquier otro británico guapo y rico, no me iba a poner muy exigente…

Tenía mi laptop a un lado mío, había pasado diez minutos riéndome de Alice cuando me conto que había pasado toda la tarde frente al único supermercado de Forks pidiéndole a todo el que entrara que tarareara un poco para ella. Lo que fuera necesario para encontrar a su futuro esposo y papá de sus hijos, fue la excusa que me dio. Lo que me puso a pensar si yo también tendría un alma gemela, tal vez estaba al otro lado del mundo, en un país de Europa oriental o Australia y moriríamos sin llegar a conocernos, o tal vez ya estaba con otra persona… o tal vez se llamaba Edward Cullen y no se había dado cuenta que pertenecíamos el uno para el otro y que iba contra la naturaleza que se fijara en la loca de Alice.

Todo eso de las almas gemelas me estaba deprimiendo, así que necesitaba una cantidad obscenamente grosera de comida nada saludable para ahogar mis penas y aflicciones.

Necesitaba ir a la tienda.

De inmediato.

Tome las llaves de mi auto, y luego me vi en el espejo, solo traía puesta una blusa que tenía desde como los doce años y pantaletas, así que solo me puse unos jeans y converse y salí de mi cuarto rogando que no oliera como un chico de quince años después de un partido de futbol. En las escaleras me tope a Jacob.

—Hey Jake, ¿huelo mal?— y levante el brazo para que pudiera oler mi axila. Él levanto una ceja.

— ¿Qué gano yo con oler tus axilas?

—El diez por ciento de la comida chatarra que estoy por comprar.

De inmediato se puso a olfatearme.

—Nada mal, todo tranquilo, puedes salir sin ofender a nadie con tu olor corporal.

—Bien, regreso después. ¡No me esperes despierto!

Me deprimía saber que estaba en mi casa sola junto con Jake. Mi padre tenía turno de noche y mi mamá se fue el fin de semana a Seattle con unas amigas donde trabajaba en el jardín de niños. Jake tenía planes para el sábado, una fiesta en La Push y yo comería mi peso en comida chatarra todo el fin de semana y esperar no morir de un coma diabético.

Además del supermercado, el pueblo tenía una pequeña tienda de autoservicio donde vendían lo más básico de comida rápida y era para quienes no necesitaban comprar tantas cosas. Estacione mi auto y entre con decisión a la tienda de comprar cualquier cosa que se me pusiera enfrente.

Veinte minutos y veinticinco dólares después salí con mis bolsas llenas de frituras, galletas, palomitas, cheetos, doritos, refrescos, pastelitos, nachos y otras delicias. Y me pare en seco cuando vi quien estaba sentado a la orilla de la calle con una lata de refresco y una bolsa gigante de papas fritas.

Edward Cullen.

Caminé muy despacio, no sabía si ir directo a mi camioneta y hacer como si no lo hubiera visto o acercarme, saludarlo y… no sé, hacer lo que fuera para tener un poco de tiempo con él. Al final, nada de mis ingeniosos planes sirvieron porque Edward se volteó y me vio con mis bolsas llenas de futuros infartos, caries y altos niveles de colesterol.

— ¡Bella!— se veía sorprendido pero contento. — ¿Qué haces aquí?

Buscando hipogrifos para ir volando a Narnia ¿Qué cojones iba estar haciendo en una tienda, un viernes por la noche?

—Comprando una muerte prematura— por alguna razón, no podía ser grosera con él, ni contestarle de forma sarcástica. Simplemente convertía mi frio y duro corazón en un pedazo de cálido malvavisco.

El sonrió y me señalo sus pies donde tenía más latas de refresco, bolsas de papas y unos cuantos paquetes de galletas.

—Estaba por terminarme este refresco y regresar por una malteada o algo así.

Saque de mi bolsa una cajita de leche con chocolate Hershey y se la di, después me senté a su lado.

— ¿Y tú qué haces aquí, aparte de comer en la calle?

Se encogió de hombros.

—Pensando, últimamente algunas cosas no han salido como yo quería y estoy intentado buscar una manera de arreglar todo.

—Algunas cosas son mejor cuando no se planean.

Me dio una gran sonrisa.

—Sí, pero en esta ocasión las cosas definitivamente no están como deben y créeme, la situación no mejoro.

— ¿No es nada grave, verdad? Puedes contar conmigo para lo que sea.

¿Se dan cuenta? Un cálido malvavisco. Si alguien que no fuera Alice o Rosalie me contaran los problemas de su vida, probablemente solo les diría que dejaran de llorar e hicieran algo en vez de quejarse, y aquí estaba yo con Edward, ofreciéndome para algo que no sabía lo que era.

Su sonrisa creció.

—No es nada grave, pero gracias por ser tan considerada.

Bufé, jamás nadie en la vida, me había dicho considerada. Edward se me quedo viendo con una pequeña sonrisa.

—Se que piensas que no eres una persona amable y que eres un poco… ruda con las personas, pero yo no lo veo así. Eres una chica autentica, de opinión fuerte que muy en el fondo es una de las personas más amables y maravillosas que conozco.

Y ese comentario me haría sentir como si caminara por nubes todo el mes.

— ¿De qué me hablas Edward? ¿No sabes que mato perritos por las noches y asusto niños por diversión?— le dije con una sonrisa y él rió.

Palmeó el lugar junto a él y me pidió con una sonrisa que le hiciera compañía un rato, como si pudiera negarle algo.

Pasamos horas hablando, sentados a la orilla de la calle, él nunca comento el hecho que traía ropa que tenía varios años de uso y tal vez no olía muy bien, no dijo nada cuando devore mi comida como si no hubiera probado bocado en semanas y jamás me hizo sentir como una bruja sin corazón y sentimientos como la mayoría me hacía sentir después de hablar durante un rato.

Me contó de su vida, me contó que le gustaba ir de voluntario en el hospital donde trabajaba su papá, que le gustaba ir con los niños enfermos y tratar de alegrarlos un rato, que no le gustaba mucho salir y que prefería quedarse en su casa haciendo cualquier otra cosa, que sentía que solo tenía dos buenos amigos, Emmett y Jasper y que le gustaría tener su casa llena de animales. Yo le conté que no tenía idea de qué hacer con mi vida, que me gustaba ser una antisocial y que de vez en cuando me gustaba hablar con el árbol que tenía en el patio trasero.

Siempre tuve miedo de acercarme a Edward, nunca hice el intento de tener hablar más de quince minutos con él, porque sabía que terminaría mucho más enamorada de él y por lo tanto con más dolor al saber que jamás estaría con él. Pero esa noche las paredes cayeron, y llegue a un punto sin retorno, yo ya tenía una idea de Edward en mi cabeza, sabía que no era perfecto, pero después de pasar casi cinco horas en la calle con él, congelándome el culo por el simple gusto de estar junto a él, pude conocer un poco más del chico que me volvía loco, y a mis ojos se volvió perfecto. Un chico tímido, un poco torpe pero absolutamente adorable que siempre buscaba tiempo para los demás. Un chico que jamás me hizo sentir fuera de lugar y siempre tenía una sonrisa para mi aunque yo saludara al mundo con una cara de estar oliendo mierda.

Y fue en ese momento en que lo supe, no importaba que Edward quisiera saber la vida de mi mejor amiga para tal vez poder enamorarla y casarse y tener un montón de bebés, no importaba que después de terminar la preparatoria tal vez no lo volvería a ver por el resto de mi vida y que él tal vez esta noche solo me hablo para no estar solo, supe que jamás amaría a alguien como amaba a Edward. Tal vez si estaba destinada a que el amor de mi vida no correspondiera lo que sentía.

No importaba, porque este momento era lo que importaba. Yo sentada con él chico que amaba a las cuatro de la mañana, sentada a la orilla de la calle, tomando refresco, papas fritas, galletas y leche con chocolate. Compartiendo recuerdos y planes de vida, conociendo pedazos de nosotros que tal vez no compartiríamos con alguien más. Cuando comenzó a amanecer nos despedimos con una sonrisa y el cuerpo lleno de azúcar.

Y con un nudo en la garganta, el corazón apretado le rogué a Dios que si no podía tenerlo, enviara a mi vida a alguien como él que pudiera amarme de la misma forma en que yo amaba a Edward.

Las chicas como yo solo nos queda eso, pedir a Dios y esperar sentadas a que te escuché y haga tu vida menos solitaria.

¿Y qué les pareció? ¿Aman a esta BitchBella? ¿Se sienten identificadas? Yo por lo menos estoy dispuesta a arrancar dedos cuando me molestan demasiado.

¿Su parte favorita? ¿Frase favorita? ¿Les gusto?

Y muchas gracias a todas las que agregan a favoritos y alertas a esta historia ¡y ni hablar de todas aquellas asombrosas chicas que hacen tiempo para dejar review! No puedo creer que solo dos capítulos tuvieran tan buena respuesta! Me hacen sentir muy bien, gracias, no tengo palabras.

Reviews… por que pongo mucho de mí en esta Bella…