Recuento de la historia del mundo maravilloso que creo Charlaine Harris desde el punto de vista de Eric; va perfectamente con el desarrollo de los libros, muchos de los diálogos sé han sacado directamente de ellos.

Disclaimer: Todos los personajes y la Saga Sookie Stackhouse no me pertenecen; pertenecen solo y únicamente a Charlaine Harris.

Esta es un fic original de la genial DeeDeeINFJ.

CAPITULO 5: Orgía

Una de las cosas más urgentes de las que tenía que encargarse cuando regresara a Shreveport era de la ménade cerca de Bon Temps. Si ella era como Phryne, podría encontrar satisfactorio el ganado y el vino. Ambos eran bastante fáciles de obtener.

Un claro jueves por la noche, se encontró en una camioneta prestada cerca de Renard Parish con Pam e Indira sentadas a su lado y con un remolque de ganado enganchado detrás de ellos.

"Los animales apestan," Pam se quejó cuando estacionaron a un costado de la carretera.

Eric la ignoró. "De acuerdo a Bill, aquí es donde se detuvo la noche que Sookie fue atacada. Tenemos que llevar al toro al bosque y atarlo. Ella sabrá que es de mí parte."

Dejó la camioneta, desaseguró las puertas del remolque y las dejó abiertas de par en par. El toro lo miró con fastidio, pero obedeció al menor tirón de la cuerda. Había sido hace cientos de años, pero recordó cómo manejar al animal. Pam estaba a su lado con la nariz arrugada.

"¿Donde está Indira?" le preguntó.

"Ella tiene miedo de dejar la camioneta." Pam rió entre dientes. "Creo que tendrás que encargarte de esto tu solo."

"Eso parece. ¿Tienes el vino?" Ella levantó la botella, y él asintió. "Vamos."

El toro se resistió al llegar a los límites del bosque, pero Eric le dio un firme tirón a la cuerda y lo siguió de mala gana. Aún más a regañadientes que el toro iba Pam, que rápidamente se quedó atrás. Eric le echaba ocasionalmente una mirada divertido viendo como ella se abría paso entre las ramas y espinas. Podía oler a la ménade mientras se adentraban en los arboles; se detuvo en un claro donde su olor era insoportable.

"Aquí."

"Gracias a Dios", Pam se quejó.

El hecho de que Pam pisara algunos de los excrementos del toro en el camino de vuelta a la camioneta sólo hizo el entretenimiento de la excursión nocturna más dulce.

Viernes por la noche; el correo incluía una nota en tinta oscura que olía a sangre - del toro, asumió: "Inténtalo de nuevo, Sheriff". Pasó esa noche y la siguiente en su oficina, elaborando otra oferta que podría hacerle a la ménade. ¿Un toro más grande? ¿Dos toros? ¿Vino de un año diferente?

Cuando Pam entró sin tocar, la miró prometiendo muerte con los ojos, luego así de rápido también la perdono cuando le tendió el teléfono y dijo "Sookie."

"Aquí estoy ", dijo. Se recostó en su silla y lanzó un lápiz al aire.

"Yo también estoy aquí", respondió ella.

Sonrió. "Sookie, mi pequeña chupadora de balas."

"Eric, mi gran gilipollas."

De modo que Bill le había dicho que no era necesario succionar esa bala. Su voz era dura, pero también había cierto cariño que no podía disimular.

"¿Querías algo, cariño mío?" preguntó amablemente.

"No soy tu cariño y lo sabes. Además..." Aquí su voz perdió su certeza y sintió que ella estaba llegando a la razón de su llamada. "Bill me ha dicho que vendrás por aquí mañana por la noche, ¿Es así?"

¿Podría ser que ella deseara verle? No, decidió. Por su tono combativo hasta ahora, parecía evidente que ella no se entregaría a él todavía. Pero lo haría y él podía ser muy paciente.

"Sí," dijo, sonriendo a pesar de sí mismo, "para dar tumbos por el bosque en busca de la ménade. Ha encontrado nuestra ofrenda de vino añejo y un toro joven, inadecuadas."

Hubo una pausa. "¿Le llevaste un toro vivo?"

"Si, lo hicimos. Pam, Indira y yo"

"¿Fue divertido?" preguntó.

Parecía estar intentando tener una pequeña charla con él, algo que nunca había hecho antes. No era gran cosa, pero le encantó. "Si, hacía siglos que no manejaba ganado. Pam es una chica de ciudad. E Indira le temía demasiado al toro como para ser de ayuda. Pero si gustas, la próxima vez que tenga que transportar animales te llamaré y puedes acompañarnos."

"Gracias" respondió . "Sería encantador." Y entonces la pequeña charla terminó. "La razón por la que te llamé es que necesito que me acompañes a una fiesta mañana por la noche."

Podría haber jurado que su muerto corazón se le atascó en la garganta. "¿Bill no es mas tu amante?" preguntó con cuidado. "¿Las diferencias que surgieron en Dallas son permanentes?"

"Lo que debería haber dicho es que necesito un guardaespaldas mañana por la noche." Negocios, nada de placer. "Bill esta en Dallas. Verás, es una larga historia, pero el caso es que necesito ir a una fiesta mañana por la noche que en realidad es un poco…" Interrumpió su discurso y comenzó a divagar. "Bueno, es... una especie de ¿Orgía? Y necesito a alguien conmigo por si acaso... Sólo por si acaso."

"Eso es fascinante. Desde que estaré por el vecindario, ¿Pensaste que quizá podría hacer de tu escolta?" Él sonrió a pesar de su decepción. "¿Para una orgía?"

"Tú puedes parecer casi humano", dijo, no contestando exactamente a su pregunta.

"¿Es una orgía humana? ¿Una en la que no se permiten vampiros?" La trama continuaba complicándose.

"Es una orgía humana en la que nadie sabe que va a ir un vampiro."

"Entonces", aclaró, " ¿Cuánto más humano parezca, menos miedo daré?" ¿Podría ser que te asustara menos a ti también?

"Sí. Necesito leer sus mentes. Pillar sus cerebros. Y si los llego a coger pensando de una cosa en particular y busco en sus mentes, entonces podremos marcharnos de allí."

Una vez más, tiró y cogió el lápiz. "¿Así que quieres que vaya a una orgía humana, donde no seré bienvenido y quieres que nos marchemos antes de que empiece a divertirme?"

"Sí, y... " Hizo una pausa y continuó con una voz débil, "¿Crees que podrías pretender ser gay?"

Supo en ese momento que cualquier cosa que ella pudiera pedirle, lo haría. El pensamiento fue impactante, inadecuado... peligroso. Cuanto más trataba de decirse a sí mismo que esta mujer no significa nada para él, más se daba cuenta de que ella sin ni siquiera saberlo estaba haciéndose con él. Pam regresó a la oficina, devolviéndolo al presente.

"¿A qué hora quieres que esté allí?" preguntó con fuerza.

"Um... ¿Nueve y media? ¿Así te pongo al día?"

"Nueve y media en tu casa," acordó.

Sin más palabras, le tendió el teléfono a Pam.

Desde el momento en que accedió a hacer esto, decidió no hacerlo a medias. Y sin duda se divertiría con esto. Cuando llegó a casa de Sookie, vestía el disfraz de lycra rosa que llevó puesto como broma el Día de San Valentín unos años antes. Nunca pensó volvérselo a poner , mucho menos para una orgía. Comprobó su abrigo para asegurarse de que no dejaba nada al descubierto hasta el momento adecuado.

Ella no respondió a su llamada. Oyó una voz masculina que procedía de algún lugar dentro de la casa, así que se auto-invitó a entrar. ¿No se suponía que Bill estaba en Dallas? "¿Sookie?"Preguntó con cautela. No hubo respuesta, así que se apresuró hacia el sonido de la voz deteniendose cuando se dio cuenta que la propia voz de Bill desde el contestador automático.

"... Velásquez manda saludos, y Barry el botones, también. No he olvidado la noche del viernes. Nunca la olvidaré."

Sookie estaba sentada en su cama en una bata de baño, cepillando su largo cabello. A juzgar por su sonrisa y el rubor cubriendo sus mejillas, ella tampoco olvidaría el viernes por la noche. Sintió su deseo y provocó la misma respuesta en él.

"Entonces, ¿Qué pasó el viernes por la noche?" Le preguntó.

Ella dejó escapar un grito de espanto y el cepillo cayó al suelo. Se recuperó rápidamente, saltando de la cama y acercándose a él con las manos apretadas. "¡Eres suficientemente mayor para saber que no se entra en casa de alguien sin llamar a la puerta y que te la abran!" regañó. "Además, ¿Cuándo te he invitado a entrar?"

"Cuando me pasé el mes pasado para ver a Bill", le recordó. "Yo llamé, tú no respondiste y me pareció oír voces, así que entre. Incluso te llamé por tu nombre."

"Puede que susurraras mi nombre, pero actuaste mal ¡Y lo sabes!"

Sabía que no era así, pero no quería discutir con ella - sin embargo se veía atractiva toda sonrojada y con fuego en sus ojos. Pudo sentir que no estaba enojada, pero si asustada y avergonzada. "¿Qué te vas a poner para la fiesta?" preguntó a la ligera. "Si esto es una orgía ¿Qué puede ponerse una chica buena como tú?"

Todas las ganas de pelea desaparecieron al instante, y pudo ver y sentir lo mucho que temía esta noche. "No tengo ni idea", respondió. "Sé que debo parecer la típica chica que va a una orgía, pero nunca he estado en una y no tengo ni idea de por dónde empezar, aunque si tengo una idea muy clara de cómo se supone que debo terminar."

"Yo si he estado en orgías."

Una sonrisa se asomó por la esquina de su boca de una manera particularmente fascinante e hizo rodar sus ojos. "¿Por qué no me sorprende? ¿Qué solías ponerte?"

"La última vez me puse una piel de animal, pero esta vez he optado por esto". Abrió su abrigo y lo arrojó a un lado; cuadro los hombros y disfrutó plenamente de la expresión de su cara cuando reparó en su disfraz.

"Wow", dijo al fin. "Wow. Eso sí que es un atuendo."

"No creí que fuese a ser convincente como una reina, así que decidí que esto enviaba una señal más mixta, de que casi todo es posible." Batió sus pestañas y movió las cejas, emocionado por el hecho de que su usual deseo por ella era correspondido en este momento.

Se veía casi tan rosa como el lycra mientras sus ojos se lanzaban por la habitación nerviosamente. "Oh, sí."

Miró su bata de nuevo y se dio cuenta de que no estaba vestida todavía. "¿Quieres que busque en tus cajones para ver si hay algo que te puedas poner?" Abrió el primer cajón que tuvo a mano, cerrando los ojos mientras su esencia impregnada en la ropa lo golpeaba.

"¡No, no! " exclamó ella. "¡Encontraré algo!"

Observó con genuino interés como hurgaba en los distintos cajones de la cómoda, examinando y rechazando varias prendas.

"Tal vez esto", murmuró para sí mientras se probaba por encima de la bata un par de shorts. Se metió en el cuarto de baño y salió unos minutos después vistiendo unos shorts tejanos tan ajustados que bien podrían haber sido lycra. "¿Qué te parece?" preguntó, girando para él.

Lo que él pensaba era que quería follársela, pero eso era muy poco original. "Como un capullo abrazando a la mariposa", dijo con aprobación.

"Más bien como Daisy Dukes", musitó, yendo una vez más entre los cajones. No sabía lo que eso significaba, por lo que no dijo nada.

Cuando terminó, se puso de pie delante de él en los shorts y un top de tirantes blanco ceñido que mostraba un sexy sujetador azul debajo. Se veía como los humanos locales suelen decir "con ganas de guerra". Ella encajaría bien, sin duda, con la compañía de la 'fiesta' de esta noche.

Se acercó a su lado en el espejo y se miraron el uno al otro.

"¡Hey, tenemos el mismo color de cabello!", dijo.

"Así es, compañera", bromeó." Pero… ¿Eres rubia por todas partes? "

Ella levantó una ceja. "¿Desearías saberlo?"

"Sí". Maldita sea, como lo deseaba.

"Bueno" dijo con malicia " Tendrás que seguir imaginando."

"Eso hago". Imaginar, añadió en sus pensamientos. "Rubia por todas partes."

Ella echó un vistazo rápido al cuello de su camiseta sin mangas. "Podría decir lo mismo por el pelo de tu pecho", dijo ella.

Él le levantó el brazo, pero estaba totalmente liso y sin vello debajo. "Mujeres tontas", suspiró, "afeitarse el vello corporal." Piernas y axilas no estaban tan mal, pero otras áreas... ¿Por qué las mujeres imaginaron que los hombres querían tener sexo con niñas sin pelo? La idea le superaba.

"Debemos irnos" dijo ella abruptamente.

Él se acercó a su tocador y observó los pequeños frascos. "¿Es que no vas a usar perfume?" Mientras ella no miraba, levantó cada una de las botellas, las destapó y olió el perfume de su interior. Hubo un llamado "Obsesión" que ni siquiera se molestó en oler. "¡Oh, ponte este!" Le tiró la botella y medio segundo después se dio cuenta de que ella no estaba prestando atención, pero su mano salió volando y la atrapó. La miró sorprendido. "Has tomado más sangre de vampiro de lo que había pensado, señorita Sookie."

Ignoró su comentario y miró la botella. "Obsesión. Oh, está bien."

Lujuria nubló su visión cuando la vio poner el perfume entre sus senos y detrás de las rodillas. Le encantaba la piel de detrás de las rodillas de una mujer. Amaba los pechos aún más. Lamió sus labios.

"¿Cuál es nuestra agenda, Sookie?"

"Lo que haremos", explicó, tapando el frasco de perfume "será ir a esa estúpida fiesta y hacer lo menos posible en ese sentido mientras recopilo información de las mentes de la gente de allí."

"¿Acerca de...?"

"Acerca del asesinato de Lafayette Reynolds, el cocinero del bar Merlotte."

Mientras Sookie doblaba algunos de los artículos que ella había sacado de sus cajones, Eric cogió su abrigo y lo puso sobre su brazo. "¿Y por qué estamos haciendo esto?"

"Porque Lafayette me caía bien. Y para despejar el nombre de Andy Bellefleur de los sospechosos del asesinato."

El nombre Bellefleur tiro de algo en su memoria. "¿Bill sabe que estás tratando de salvar a un Bellefleur?" preguntó con cuidado.

Levantó la vista de la camiseta que estaba doblando. "¿Por qué lo preguntas?"

"Sabes que Bill odia a los Bellefleurs."

Sintió su respuesta antes de que la dijera. "No. No, no sabía eso." Cerró todos los cajones de la cómoda y se sentó en una silla junto a la cama. Realmente podía escuchar el esfuerzo de los delgados shorts. "¿Por qué?"

"Eso tendrás que preguntárselo a Bill, Sookie," dijo. No lo sabía y no le importaba. Examinó su cara y preguntó... "¿Y esta es la única razón por la que vamos? ¿No será esto una excusa inteligente para salir conmigo?"

Una vez más sintió el deseo quemando dentro de ella, pero dijo: "No soy tan lista, Eric."

Sonrió. "Creo que te engañas a ti misma, Sookie. "

Ella cogió un suéter y salieron de la casa en silencio. Se detuvo en los escalones del porche. "Escucha, Eric."

Se volvió, observándola mientras esperó a que continuara. Sintió su miedo con más fuerza que cualquier cosa que había sentido de ella hasta ahora. Chocó contra él casi como una onda física y se preguntó cómo un cuerpo relativamente pequeño como el suyo podría contenerlo.

Cuando por fin volvió a hablar, su voz era suave. "No dejes que nada me pase ¿Está bien? No tengo ninguna intención de intimar con ninguna de esas personas. Supongo que tengo miedo de que pase algo, que alguien vaya demasiado lejos. Ni siquiera por el esclarecimiento del asesinato de Lafayette estaría dispuesta a tener sexo con ninguno de ellos."

"¿Confías en mí?" Si al fin había puesto su confianza en él, esta era una situación muy inusual para hacerlo, sabiendo cuanto deseaba que pusiera esa confianza en él.

"Sí".

Sintió su seguridad y le hizo feliz. "Eso es... una locura, Sookie."

Ella sacudió su cabeza. "No lo creo."

Se puso su abrigo y ella hizo lo mismo con su suéter, luego le abrió la puerta del coche. Ya se había abrochado el cinturón de seguridad cuando él subió "¿Dónde vamos?" preguntó.

Memorizó las instrucciones que le dio y pisó el acelerador, sonriendo levemente cuando vio que ella se aferraba al pomo de la puerta hasta que sus nudillos se pusieron blancos.

"Explícame cómo la muerte de tu amigo se relaciona con esta orgía "dijo.

Cuanto más le contaba de la historia, más convencido estaba de que la ménade estaba involucrada. Tal vez el tributo que ella quería era venganza. Doblaron una curva especialmente marcada y los neumáticos chirriaron.

"Recuerda, soy mortal", dijo Sookie, sus nudillos más blancos aún que antes.

"Pienso en eso a menudo." La fragilidad de su cuerpo, las arrugas que con el tiempo habrían de caracterizar su rostro cada vez más con cada año que pasaba. Su muerte. Una sensación de calma y satisfacción se apoderó de él, a pesar de estos pensamientos y se dio cuenta que provenían de Sookie. "Estas contenta", observó.

"Así es. "

"Estarás a salvo" Si hubiera pensado que podría haber sido bien recibido, se habría estirado para tomarle la mano. Su confianza en él podía ser ilógica, pero estaba en buenas manos. Nunca permitiría que algo le sucediera - esta noche o cualquier otra noche.

"Gracias. Sé que así será."

Su destino era una cabaña al final de un camino de grava lleno de baches. Eric aparcó al lado de varios otros coches y apagó el motor. Miró a Sookie, quien se encontraba tomando unas cuantas respiraciones largas, calmándose. Cuando estuvo lista, asintió y salieron del coche rodeando el capó para encarar al otro. Eric se quitó el abrigo para mostrar el traje de lycra en toda su gloria, pero Sookie empujó las manos en los bolsillos de su suéter y se estremeció.

Oyó dos voces masculinas desde el interior de la cabaña. Uno señaló que nunca pensó que podría follarse a Sookie Stackhouse y desde que su compañero parecía ser marica, esta noche podría ser la noche. El otro respondió con un elocuente, "¡Si, joder!"

"¿Podría ser bisexual?" preguntó él, manteniendo su tono ligero. No sabía si ella oía los comentarios o no.

"Está bien" dijo encogiéndose de hombros. Su mirada chasqueó en una de las ventanas abiertas de la cabaña. "Nos observan."

"Entonces actuaré de forma amistosa ", dijo él.

Decidido a demostrar que merecía su confianza, la besó suavemente primero, ni siquiera tocándola con las manos. Fue ella quien se acercó, deslizando los brazos alrededor de su cuello y ofreciendo su lengua tocando sus labios. Apoyó las manos en su cintura y la atrajo aún más cerca. Ella dio un suave gemido de placer - verdadero placer, porque lo sentía y solo hizo aumentar el suyo- junto con su erección que estaba luchando contra la apretada lycra. Ella besó su labio inferior una última vez, luego retrocedió un poco, manteniendo los ojos con cuidado sobre los suyos.

"¿Listo para entrar?" Le preguntó.

"En realidad no, pero supongo que tenemos que hacerlo," se las arregló para decir. Sonrió. "Al menos aparentó estar del humor adecuado." Al menos tenía su abrigo doblado sobre su abrazo; eso le ayudaría a disimular un poco.

Cruzaron el camino de entrada y Eric abrió la chirriante puerta de malla mientras Sookie llamaba.

"¿Quién es?" preguntó una voz femenina.

"Soy Sookie. Y un amigo."

"¡Oh, qué bien! ¡Adelante!"

Mientras se abría la puerta, el hedor del interior le abofeteó asaltando sus sentidos. Alcohol barato, sexo barato, sudor. Se inclinó un poco hacia Sookie, con la esperanza de que su dulce aroma se quedara con él unos momentos más después de entrar a la cabaña.

Cuando todos los invitados lo vieron, sus rostros no tenían precio. Sorpresa se convirtió en una sorpresa aún mayor cuando se dieron cuenta de que era un vampiro, luego sus ojos se pusieron vidriosos y se entreabrieron los labios cuando los golpeó la lujuria. Los ojos viajaron de arriba a abajo por su cuerpo, aunque no le incomodaba. Estaba acostumbrado a ser observado de esa manera.

"Hey, Sookie, ¿Quién es tu amigo?" la hembra, aparentemente la anfitriona de esta patética reunión, preguntó.

"Este es a Eric. ¿Espero que no les importe que haya traído a un amigo?"

La anfitriona estaba mirando el bulto en sus pantalones de lycra mientras respondía: "Oh, cuantos más mejor. Eric, ¿Puedo ofrecerte algo de beber?"

"¿Sangre?"

"Sí, creo que tengo algo de O por aquí. A veces nosotros… fingimos."

No son los únicos que pueden fingir, pensó, igualando su repugnante flirteo con una mirada ardiente. "Ya no hace falta fingir", dijo con voz ronca.

Sookie parecía dispuesta a explorar un poco, así que él siguió a la anfitriona hasta la nevera, dando una caricia sugerente en el hombro a un hombre en el camino. Habló distraídamente con la dueña de la casa, entretanto mantenía los ojos en Sookie. Al parecer había encontrado un par de caras amistosas porque se quedó con ellos y parecían estar hablando. Como si presintiera que Eric dejaba de prestarle atención, la anfitriona pasó los dedos por su pecho y él respondió con un gruñido seductor.

Uno de los hombres junto a Sookie intentaba desabrocharle los shorts y Eric se abrió paso hacia ella sin problemas. Se le acercó por detrás, envolvió sus brazos alrededor de su cintura para separarla del otro hombre y ella se inclinó hacia él, su alivio inundándole como si fuera el suyo propio. Luego empezó a contonearse y no pudo evitar emitir un gemido. Aún apretada contra él, ella se giró y una vez más pasó sus brazos alrededor de su cuello. Estaba ofreciendo sus labios para otro beso y él nunca rechazaba una buena oferta. Podía decir que ella no estaba "con" él porque no estaba respondiendo a su beso en la forma en que lo hizo afuera. Su lengua se reunió con la suya de manera ausente y no sintió placer o deseo emanar de ella. Estaba escuchando las mentes de la gente a su alrededor. De repente, su cuerpo se puso rígido y sintió su miedo de nuevo. Rompiendo el beso suavemente , movió sus labios cerca de su oreja.

"Sookie… Sookie, relájate. Te tengo."

El placer súbito de los dedos de ella acariciándole la nuca fue arruinado por otra persona - la anfitriona, al parecer - tratando de darle un beso por la espalda. Se lo concedió, interpretando su papel como nadie allí. Mientras trataba de besarle, ella también comenzó a acariciar Sookie.

Sookie estaba rígida e incómoda entre sus brazos, pero no dio señales todavía de querer ser rescatada, por lo que distrajo a la anfitriona devolviendo sus torpes besos.

Después de unos minutos de esto, Sookie reclamó su boca otra vez y susurró: "Tengo que salir de aquí." Estaba molesta y desesperada.

"Acompáñame " La levantó fácilmente sobre su hombro como si se tratase de una alfombra, luego se volvió hacia la anfitriona. "Iremos fuera un minuto." Se inclinó hacia delante y le dio el último beso que disfrutaría de Eric Northman.

"¿Puedo ir, también?"

Le guiñó un ojo y le dijo suavemente, "Danos un momento. Sookie aún se siente un poco tímida"

Un repulsivo hombre dijo entre los pechos de otra mujer, "Caliéntala bien. Todos queremos ver a nuestra Sookie bien caliente."

En otra ocasión, hubiera pateado la cara del bastardo. En su lugar le hizo un guiño y dijo: "Estará muy caliente."

"Malditamente caliente", dijo otra voz masculina detrás de él mientras cargaba a Sookie a la seguridad del exterior.

Su suéter y su abrigo estaban todavía dentro y ella se estremeció cuando la tumbo sobre el frío capó de su coche. Descanso algo de su peso sobre su cuerpo, difícilmente capaz de pensar en nada aparte del hecho de que la deseaba. Como la primera noche que la había vio en Fangtasia, parecía ajena a la asquerosa humanidad. Ella era fina y pura como la sangre de hadas; era cálida y hermosa.

"Eso fue..." Parecía ahogarse con las lágrimas que luchaba por contener. Sus ojos estaban fijos en él, más serios y honestos que cualquier otro par que hubiera visto nunca. "Puedes llamarme paleta ingenua si quieres, no te culparé, después de todo, fue idea mía. Pero ¿Sabes lo que pienso? Creo que esto es horrible." Lo es. "¿De verdad les gusta esto a los hombres? Es más ¿Les gusta a las mujeres? ¿Es divertido tener sexo con alguien que ni siquiera te gusta? "

Sus sentimientos eran un revoltijo de confusión, soledad y la necesidad de verdadero afecto. Ciertamente podría ayudar con eso.

"¿Yo te gusto, Sookie?"

"Eric," dijo suavemente, "¿Recuerdas por qué estamos aquí?"

"Nos vigilan." Y yo te deseo. Te deseo más de lo que alguna vez he deseado a nadie.

"Aunque nos vigilen, ¿Lo recuerdas?"

A través de la bruma de lujuria, se dio cuenta de que el miedo estaba inundándola nuevamente, y ese miedo se debía en parte a él. Retiró un poco de su peso de ella.

"Sí, lo recuerdo", dijo.

"Entonces tenemos que irnos."

"¿Tienes alguna evidencia? " preguntó. "¿Has descubierto lo que querías averiguar?"

"No tengo más pruebas de las que tenía antes de esta noche", admitió. "Al menos ninguna que se sostenga ante un tribunal." Ella lo sorprendió poniendo sus brazos alrededor de él, su deseo por ella era tal que dolía. "Pero sé quién lo hizo", continuó. "Fueron Mike, Tom y tal vez Cleo".

Esos nombres no significaban nada para él. No sabía nada de ellos. Lo que sí sabía era que tenía a Sookie debajo de él, su cuerpo suave y acogedor, su sangre diciéndole que quería sentirse amada.

"Interesante", murmuró ausentemente. Se preguntó si estaría dispuesta a aceptar amor si viniera de él. Jugueteó en su oreja con la lengua, sintiéndose esperanzado cuando se dio cuenta que su corazón le latía más rápido. Una vez más su deseo y placer alimentó el suyo.

"No" protestó. "Lo odio. No me gusta nada de esto." Le empujó y él se detuvo en sus caricias, aunque no se movió. "Eric, escúchame. He hecho todo lo que podía por Lafayette y Andy Bellefleur, aunque es casi nada. Tendrá que seguir él solo a partir de aquí de los pequeños detalles que conseguí. Es policía. Podrá encontrar pruebas para un tribunal. No soy tan altruista como para ir más allá con esto."

Su boca decía una cosa y su sangre le dijo otra. "Sookie." Se quedó mirándola, disponiéndola a reconocer y aceptar lo que él sabía que sentía. "Entrégate a mí."

"No... No."

"Te protegeré de Bill", le aseguró.

"¡Tú eres el que va a necesitar protección!"

De alguna manera retrocedió ante su buena disposición para amenazarlo y se preguntó que opinaría Bill de todo esto. "¿Crees que Bill es más fuerte que yo?"

"No estoy teniendo esta conversación." Ella se mordió el labio inferior, luego continuó. "Eric, agradezco tu ofrecimiento para ayudarme y también tu buena predisposición para acompañarme a un lugar tan horrible como éste."

La miró seriamente, conmovido por su gratitud, sin embargo, innecesaria. "Créeme, Sookie," le dijo, "esta pequeña reunión de escoria no es nada... nada comparado con algunos lugares en los que he estado. "

"Vale, pero es horrible para mí. Ahora me doy cuenta de que tendría que haber sabido que esto podría… aumentar tus expectativas, pero sabes que no he venido aquí esta noche a tener sexo con nadie. Bill es mi novio."

Su declaración fue seguida por la voz menos bienvenida en el mundo en ese momento: la del novio.

"Me alegra oírlo, de lo contrario, esta escena me haría dudar".

Eric se enderezó en toda su estatura y Sookie saltó del coche con casi velocidad vampírica. Le molestó que pudiera olvidarse tan rápido de él, yendo a abrazar a Bill como si su anterior acompañante – el cual se había vestido de ridícula lycra, quien la había mantenido a salvo durante esta noche– no significara nada.

"Sookie, estamos llegando al punto en el que no podré dejarte ir sola a ninguna parte", dijo Bill, estrechándola entre sus brazos.

"He cometido un gran error", dijo en voz baja, Eric quería preguntarle qué error había cometido, exactamente. Encontró a los asesinos de su amigo. Estaba a salvo y sin daños. Y no había traicionado a su amante.

"Hueles a Eric", se quejó Bill.

Eric lucho con una sonrisa, pero el impulso murió rápidamente cuando oyó el chasquido de ramas en los arbustos, acompañado por la aparición de un hombre apuntando con un arma a Bill.

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