Disclaimer: Desde las profundidades del un lago lleno de inferís, hemos osado revivir al último descendiente de la más antigua y pura familia mágica, un hombre que murió corrigiendo sus errores, porque un Black no debe morir…

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El último vástago de los Black

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The Darkness Princess & Lady Muerte


*º*º*º

(N/as: Contiene spoiler HP6 xD)

Conflictos.

Regulus se encontraba en la Biblioteca al lado de Dumbledore y Remus, los cuales estaban hablando sobre los últimos acontecimientos y aunque él trataba de concentrarse en eso -después de todo sólo deseaba destruir a ese-, no podía dejar de pensar en Hermione, en cómo había discutido con ella y para colmo ese Potter se la había llevado y ahora no podían planear lo que dirían.

Poco después escucharon un ruido proveniente de la sala, se quedaron en silencio hasta que vieron entrar al trío dorado.

—Tenemos visitas, la estábamos esperando señorita Granger —manifestó Albus acomodándose sus gafas.

—Lo sé —señaló incomoda por tener todas las miradas sobre ella, pero en principal la mirada penetrante y fría de Regulus que parecía seguir de mal humor, dejó caer sus hombros e ingresó en la habitación al lado de sus dos amigos.

Regulus enarcó su ceja al notar como los guaruras de Granger lo escrutaban, en principal ese nuevo chico pelirrojo que lo fulminaba con su mirada celeste.

«Lo que me faltaba, otro tipo… ¿acaso ella no podía venir sola? Ni que le fuera a pasar algo, ¿no será qué ella no desea quedarse sola conmigo?».

«Vamos, ahora piensas en eso de nuevo. Admite que te sientes mal con ella por su pelea.» Acusó una vocecilla dentro de su mente.

«No yo no… es que no me gusta sentir toda su tristeza y melancolía, no me deja concentrar.»

«No finjas, estas molesto porque ella se fue sin que tu pudieras arreglar las cosas y por ese beso.»

«Cállate.»

—Es mejor que vaya a dar esa ronda por Hogsmeade, espero que no nos encontremos con algún evento desagradable o mortifagos —comentó Remus, incorporándose saludando con un abrazo a Ron—. Es un gusto verte.

—Si, lo mismo digo… mamá quiere que cenes en la casa uno de estos días —agregó dando el mensaje.

—Eso haré —se despidió dejándolos en un ambiente tenso.

—Señor Weasley, veo que ya está al tanto de la situación de Regulus Black.

—En realidad no del todo —respondió separando su vista del vástago para colocarla en su amiga, ya que sólo habían tenido la oportunidad de decirle eso, debido al poco tiempo con lo que contaron después de la comida.

—Dumbledore ¿podemos comenzar? —preguntó fastidiado Regulus.

—Oh sí, claro. Señorita Granger —le indicó que pasara totalmente a la habitación.

Hermione se giró y los miró con pena pero sentía el fastidio y la incomodidad de Regulus, era claro que él no los quería ahí, por ahora era mejor llevar las cosas por la paz, Además que Ronald no sabía del todo lo que estaba pasando y Harry apenas lo estaba procesando.

—Chicos, los veré después —pronunció costosamente.

—No lo puedo creer, ¿quieres qué salgamos? —gruñó Ronald, ofendido por la exclusión.

—Es que…

—Esto no les incumbe —replicó con recelo Regulus.

—Pero ¿cómo…? ¿Quién te crees qué eres? —interpeló avanzando hacia él.

—Ron, vamos —lo jaló Harry, tampoco estaba muy contento con eso, pero después de ver la mirada de Dumbledore prefirió salir.

—Pero ¿qué se cree? —bramó soltándose del agarre de su amigo— Hermione, ella ¿cómo se metió en este lio?

—Al parecer estuvo aquí cuando sucedieron los hechos —clamó desviando ligeramente sus pupilas, no deseaba mentirle a su amigo, pero tampoco quería decirle todo lo que sabía, era mejor que Hermione se lo dijera.

—Mmm ¿por eso lo de la audiencia? —dijo más para él que para su amigo.

—Supongo —pronunció dejando caer sus hombros, caminando hacia la sala.

—Pero eso no le da derecho a ese de tratarnos así —gruñó molesto—. Además ¿qué tal si es una trampa de… tu-sabes-de-quién? —acusó desconfiado.

Harry se mantuvo en silencio mientras Ron se dejaba caer pesadamente en el mullido sillón frente a la chimenea, ansioso de escuchar la respuesta de su amigo.

—No lo sé, pero yo hable con él… y me dejó en claro que no pretende volver a unirse a él, aunque no se si confiar —confesó meditabundo.

—Claro que no confiaremos en él, yo no se cómo Hermione se presta ahora para este asunto. Debería dejar que se lo lleven a Azkaban —refunfuñó ciertamente celoso del tiempo y la importancia que le brindaba la castaña ahora a ese.

—Ron no sé si sea lo mejor, después de todo aunque no confíe en él sí creo que es un humano, por otra parte Dumbledore confía en él —aseveró depositando su confianza en el anciano—. Además Azkaban no se si sea lo mejor para él y mucho menos para Hermione… así que aunque no nos agrade debes apoyarla.

—¡Lo que me faltaba! —se incorporó caminando de un lado al otro del salón—Ahora hasta tenemos que apoyar a ese… una cosa era Sirius y otra su hermano, no confió en él y ojala que cuando esto se aclare, no lo volvamos a ver.

Harry frunció su ceño, ligeramente mareado por el andar de su amigo, comprendía lo que le pasaba y eso que no sabía todo. «Si así está reaccionando con esto, ¿qué pasaría si supiera que Hermione lo revivió? No sé cómo tomara el hecho de que la chica que le gusta este enamorada de Sirius

—Harry, Harry… ¿me estas escuchando? —reclamó su atención, parándose frente a él.

—Si Ron, lo mejor es que te calmes —aconsejó sabiendo de antemano que no iba a hacerle caso.

*º*º*º

Regulus se hundió en su asiento, totalmente malhumorado, ya que se había tenido que guardar para más tarde las ganas que tenía de echarle en cara que hubiera traído a ese otro. Ahora tenían que concentrarse en «salvarse el pellejo» y aunque no le gustaba esa expresión eso era lo que iban a hacer.

Hermione se sentó a una distancia prudente de él, se encontraba más que nerviosa, no podía controlar su sentir y combatir al mismo tiempo el recelo que emanaba él a través de su vinculo, pero había algo más debajo de eso, algo que él no quería que ella supiera, Trató de concentrarse, si él había podido colarse a su mente, ella también podría, después de todo ella soñaba lo que él, aunque podía no funcionar así. Estaba a punto de averiguarlo, pero el carraspeó de Dumbledore logró obtener su atención.

—Señorita Granger, me gustaría que me diera el libro —pidió dejando su taza de té a un lado. No era difícil para alguien de su edad, saber que existía una tensión entre los dos jóvenes que tenía frente a él.

Mione movió sus manos torpemente, desabrochando el broche de su bolsa, Regulus ladeó su rostro, atisbando con su mirada las acciones de su «salvadora», si es que así se le podía llamar. Ella estaba temblando y su vínculo le indicaba que estaba muy tensa, la observó caminar cabizbaja sin atreverse a enfrentar la mirada de Albus, no podía creer que ella era la misma chica que lo había salvado y la que a veces solía manejarse con tanta seguridad y terquedad.

—Ya veo —Dumbledore lo tomó entre sus manos, su rostro se ensombreció con sólo tocarlo—, muchos magos lo han tenido y lo han utilizado para fines oscuros, me encargare de él, mucha sangre se ha derramado y agradezca señorita Granger el haber salido con vida de esta experiencia —enunció fúnebre dejándolo sobre sus rodillas con su mano ennegrecida sobre su pasta. Esa visión no era muy agradable para ninguno de los dos chicos.

Hermione se encogió en el mullido sillón, compungida ante las palabras del director, se abrazó a si misma, sintiendo como sus ojos le picaban. Regulus no pudo evitar sentirse atraído ante esa imagen de desprotección que ella proyectaba, no entendía porqué pero deseaba brindarle su apoyo, aunque por otra parte seguía en contra de esa minoría de él que sucumbía ante su sentimentalismo.

—Es mejor que comencemos… —anunció, separando su vista de su alumna para posarla en el vástago de los Black.

*º*º*º

Ronald no lograba calmarse, estaba tan ansioso de saber lo que ocurría dentro de la Biblioteca, que sino salían pronto él entraría a averiguarlo, maldecía el no haber llevado consigo un par de Orejas extensibles.

—¿De qué tanto están hablando? —resopló, cansado de esperar.

—No lo sé —contestó Harry observando crispar las llamas de la chimenea, estar en esa casa lo deprimía, recordaba las veces que había estado ahí con su padrino.

En ese momento Remus entró al lugar, encontrando a los chicos y no precisamente animados.

—¿Qué les pasa? —preguntó atisbando sus mirada entre uno y otro.

—Es que cómo pueden estar ahí encerrados tanto tiempo. Remus ¿qué sabemos de ese? —masculló agitado.

—Ron tranquilízate —pidió, colocando una mano sobre el hombro del pelirrojo.

—Eso es lo que yo le he estado diciendo —señaló con tono cansino.

—Siento como si me estuvieran ocultando las cosas —exhaló dejándose caer en el sillón.

La mirada de Remus voló hacia Harry, ¿cómo cuestionándose cuánto sabía sobre él asunto? Notando como él asentía ligeramente, regresó sus pupilas hacia Ronald, respirando profundamente.

—Ron, todos tenemos que acostumbrarnos a Regulus, se que no es fácil, pero él sólo es un chico como ustedes… simplemente que anteriormente escogió un camino que le costó la vida y ahora tiene la oportunidad de resarcir sus acciones.

Ronald se rebulló en su asiento incomodó. — ¿Y estamos seguros de qué va a ser eso? ¿Digo esta en el Cuartel no creen qué podría estarle pasando información a esa loca mujer de Bellatrix Black?

Harry había tenido la oportunidad de platicar con Regulus y sabía cuáles eran sus intenciones, lo que lo llevaba a pensar que no lo haría, pero era mejor escuchar la opinión de Remus.

—No lo creo, él esta llenó de resentimiento hacia Voldemort, lo único que desea es acabar con él —comentó descartando aquella posibilidad.

—Mmmm no confió en él, no se cómo Hermione si lo hace —repuso celoso.

Remus se limitó a guardar silencio, puesto que eso era algo que él no tenía que responder. —Será mejor que hables con ella —aconsejó incorporándose.

*º*º*º

Regulus comenzó a explicar a detalle cómo se harían las cosas, aunque Hermione lo interrumpía a cada momento, poco convencida de que eso funcionara, Dumbledore se mantenía neutral, aunque contribuía con la idea del vástago.

Finalmente terminaron, después de que Hermione pudiera responder ciertas preguntas.

—Los veré mañana a las nueve —anunció el anciano, levantándose del sillón—. Tranquilícese señorita Granger, confiemos en que todo saldrá bien —después de eso salió dejándolos solos.

—Dumbledore tiene razón, si sigues así no podrás responder con claridad, además debido a nuestra conexión me pasas tu sentimiento de ansiedad —espetó incorporándose caminando con las manos en los bolsillos de su pantalón hasta donde ella se encontraba.

—Lo siento, es que no se cómo puedes estar tan tranquilo —refirió clavando su mirada en las profundas pupilas de él.

—Es porque se que llegado el momento lo harás bien —musitó sinceramente.

Hermione se congeló ante las palabras de Regulus, lo miró frente a ella, tan seguro de sí, incluso eso emanaba. — ¿P-por qué dices eso?

—Porque finalmente eres capaz de manejar magia muy poderosa y oscura, así que pienso que la audiencia no tiene porque asustarte —continuó firme, notando el semblante sorprendido de la chica.

—No creí qué pensarás eso.

Regulus retiró un mechón negro de su cara que le evitaba verla con claridad. —Bueno el problema no es que yo lo piense, es que no recuperes tu confianza —acotó notando la ligera sonrisa que ahora flotaba en los labios de Hermione, y una vez más se sintió atraído.

—Gracias, se lo que tengo que hacer, después de todo de eso depende nuestra libertad, pero pase lo que pase no voy a dejar que te toquen —aseguró sintiendo un retorcijón de emoción en su estómago, mientras sus mejillas se teñían de rojo.

Regulus sonrió de lado al notar su sonrojo, complacido en saber que sus palabras le afectaban de tal manera, al menos esa reacción se la provocaba él, no tenía nada que ver con lo que ella sentía por su hermano. —Hermione… respecto a lo de esta tarde, cuando yo dije lo de Sirius… —pausó incomodó.

—Regulus… no.

—Hermione —llamó Ronald entrando a la habitación, interrumpiendo la conversación, ella se giró observándolo con desconcierto, mientras que Black lo fulminaba con su mirada, detestaba a ese chico y ni siquiera sabía porqué pero una buena razón sería por interrumpirlo.

—¿Por qué no tocas antes de entrar? —reclamó, caminando delante de Hermione.

—No te hable a ti para empezar, por qué no vuelves de donde viniste y nos dejas en paz —prorrumpió desafiante—. Hermione no tendría que estar en esa audiencia si no fuera por ti.

—Ron no —pidió Mione, mirándolo con dureza.

—Déjalo, no sabe nada —dijo con desprecio Regulus.

—¿Qué no se? —interpeló llegando hasta él con los puños preparados para darle un buen golpe.

—¡Ronald basta! —reprendió Hermione, colocándose entre los dos, logrando que se separaran— Es mejor que salgamos —tomó del brazo al pelirrojo jalándolo hacia la salida.

Regulus miró la escena con impotencia, también se había quedado con ganas de poner en su lugar a ese tipo más por impedirle decirle a Hermione lo que quería, con frustración abandonó la Biblioteca, estaba a punto de subir la escalinata cuando escuchó los gritos del Ron provenientes de la sala, se acercó observando la escena desde la puerta entreabierta.

—Ronald no tenías derecho a decirle eso —exclamó, cruzándose de brazos frente a él.

—¿Por qué lo defiendes tanto? ¿Y qué es lo que no se? —inquirió molesto por la importancia que le daba a ese.

Hermione lo miraba conflictuada, no comprendía su actitud tan posesiva ¿y celosa? Soltó sus brazos dejándolos caer al lado de su cuerpo, buscó ayuda en Harry, quién se había mantenido callado al igual que Remus. La verdad es que no deseaba decirle la verdad así de alterado como estaba, podría hacer una locura y ella ya sentía mucha culpabilidad como para cargar con otra.

—Ron cálmate —se acercó Lupin para tranquilizarlo, sabiendo que su ex-alumna no la estaba pasando muy bien.

—No, quiero respuestas, ¿qué es lo que pasa aquí? ¿Quién trajo a ese zombie o lo que sea? ¿Por qué tú tienes que ir a esa audiencia? —lanzó las preguntas aturdiendola más.

Por un momento Regulus deseó entrar y romperle la cara a ese, pero sólo cerró sus puños, expectante de lo que ella haría.

—Él no es un zombie, él es tan humano como todos los que estamos aquí —repuso en un impulso—. Yo lo…

Nymphadora había salido a visitar a su madre, regresaba a la casa, no más animada que antes, pero al menos ver a su madre le ayudada a seguir motivada, porque vivir con Remus se había vuelto un tormento de dolor, no solía ser fácil saber que él colocaba una barrera entre ellos.

Entró silenciosamente, algo extraño en ella, quien solía tropezar con cualquier cosa, llevaba consigo algunas bolsas que contenían la cena, pero al entrar al vestíbulo, percibió la tensión y las voces que provenían de algún rincón de la casa, siguió caminando tropezándose con Regulus, husmeando.

«¿Qué le pasa? A veces es tan extraño, ¿quién creería que él pudiera hacer eso? pero ahí ocurre algo.» Se acercó alertando al Regulus por el sonido que hacían sus zapatos al tener contacto con el viejo piso.

«Maldito… ¿por qué no se calla? Pareciera que tienen derecho a reclamarle de esa manera a Hermione.» Sus pensamientos fueron interrumpidos al percibir unos pasos, se giró encontrándose con la mirada azulada de Tonks, repentinamente se sintió abochornado al saberse descubierto en esa situación. Se enderezó perdiendo el hilo de la conversación que se llevaba en la sala.

—Yo… —desvió la vista de su sobrina, no sabía si quiera cómo justificarse.

Nym dejó escapar una risilla divertida al verlo así, era curioso cómo se ponía cuando no tenía esa mascara de frialdad y despreció, era como ver simplemente al chico de 18 años.

Arcturus alzó sus pupilas encontrándose con la sonrisa de Nym, confundido enarcó su ceja.

—Parece que algo está sucediendo allá dentro ¿no? Mmm creo que los humos se están calentando… ¿por qué no les decimos que es hora de cenar, si?

Black regresó su atención a la habitación indeciso sobre qué hacer.

—Sólo ayúdame con esto —le dio unas cuantas bolsas, que él recibió mecánicamente, ni siquiera le había dado el tiempo de decir algo.

Nym curvó sus labios divertida e ingresó a la sala. —Oigan no sé lo que sucede aquí, pero pueden continuarlo después de que cenemos. Ahora todos al comedor —anunció recibiendo una mirada agradecida de parte Hermione.

—Pero…

—Ron ya déjalo —sugirió Harry con seriedad.

—Déjame ayudarte —se ofreció Remus a cargar el resto de las bolsas, saliendo de la sala encontrándose con Regulus—, es mejor que lleves eso al comedor.

—Hablaremos cuando estés más calmado y no seas un troll obstinado —concluyó Hermione, saliendo de la habitación enfilada hacia las escaleras, notando al Black por primera vez cuando estaba por tocar el primer escalón—. Regulus… —susurró confundida.

El vástago se desaturdió y con un gran esfuerzo separó su vista de ella, avanzando hacia el comedor, pero al parecer ella parecía estar clavada al suelo ya que seguía sin dar paso alguno. —¿No vendrás a cenar? —cuestionó sin girarse a verla.

Hermione reaccionó al escuchar su aterciopelada voz, abrió los ojos ampliamente, no esperaba oír esas palabras y menos de él, más cuando suponía había percibido toda su discusión con Ronald.

—No tengo hambre, gracias —con eso corrió hacia el segundo piso.

Regulus entrecerró sus ojos y respiró profundamente, continuando su camino hacia el comedor.

En tanto Harry junto con Ron salían de la sala, dirigiéndose al mismo lugar.

—Debes calmarte, no conseguirás nada si sigues hablándole de esa manera —indicó Harry, sintiéndose mal por su amiga, pero Ronald también era su amigo y ahora parecía estar entre la espada y la pared.

—De todas formas no creo conseguir nada —resopló dejando caer sus hombros, entraron al comedor, donde Tonks ya había colocado los platos. De inmediato Ronald se detuvo al ver al que consideraba una aberración—. No pienso comer con él aquí.

—Ron, es hora de cenar, aquí no hay rencillas contra nadie —arremetió Tonks, molesta por esos comentarios.

—Déjalo, a mí tampoco me interesa compartir la mesa con… —se detuvo disfrutando de la expresión de Weasley, el color rojo se le había subido hasta las orejas— le pediré a Kreacher que me prepare algo y lo suba a mi habitación —con eso se retiró a la cocina, donde encontró al amargado elfo.

—Kreacher prepárame algo para cenar y súbelo a mi habitación —ordenó girándose para salir de ahí.

—Si, si amo, Kreacher le preparara la comida que le gusta —chilló el elfo.

Regulus caminó hacia el recibidor, dejó salir una exhalación profunda, no sabía porqué toleraba la actitud de ese después de todo estaba en su casa y tenía todo el derecho de exigir que se largara, pero no estaba para arreglar problemas domésticos tenía que concentrarse en sus dilemas.

Subió la escalera con rapidez, llegando por fin al corredor de las habitaciones, estaba apenas tenuemente iluminado, con cada pisada que daba se levantaba una estela de polvo proveniente de la mullida alfombra, a lo lejos percibió como apenas una línea de luz salía por debajo de una puerta al final del pasillo, era claro que esa era la habitación que ocupaba Hermione, un impulso lo recorrió, podía caminar hasta ahí y entrar incluso sin tocar… todos estaban cenando, ¿qué se lo impedía entonces?

Se detuvo frente a su cuarto y tragó con dificultad, ¿por qué demonios lo atacaba la ansiedad? Incluso podía sentir que su cuerpo sudaba.

—Estoy mal… —meneó la cabeza negativamente abriendo abruptamente su puerta, para después internarse en esa oscuridad que poco a poco fue desapareciendo, gracias a los candelabros que acababan de encenderse, eso de seguro lo había añadido Kreacher. Se recargó en la puerta, aspirando trémulamente, golpeando suavemente su cabeza contra ésta una y otra vez.

—No, debo poder mantenerme lejos de ella… ¿qué rayos me pasa? —avanzó hasta su cama, tumbándose sobre el blando colchón, golpeó con su puño la cama aún llenó de molestia por aquel encuentro con Ronald.

Cerró sus ojos regulando su respiración en espera de que el coraje disminuyera, estaba relajándose sabía que Kreacher llegaría pronto con su pedido, se llevó las manos al rostro, estaba por abrir sus ojos pero cuando lo hizo se encontró con algo que no esperaba, nuevamente su mente parecía estar fuera de su cuerpo, se tensó inmediatamente, incluso su corazón se forzaba a latir con mayor velocidad…

Desesperado trató de reconocer el lugar, podía escuchar el sonido del agua… estaba totalmente desorientado, era demasiado para él… de pronto su oído se agudizó había un sollozo, si eso era pero ¿de dónde provenía?

De repente cayó en cuenta que se encontraba en la regadera todo comenzaba a ser más claro, podía ver el mosaico negro, ese liquido caer por su rostro.

*º*º*º

Hermione no deseaba saber ya nada de lo que estaba ocurriendo en el comedor, era imposible controlar a Ron cuando se ponía tan terco y necio. Se metió a la ducha deseando sólo poder tranquilizarse para el día de mañana, pero no era tan fácil cargaba con una responsabilidad demasiado grande y por otra parte tenía miedo, no quería fallar.

Unas cuantas lágrimas cayeron pos sus mejillas confundiéndose con el agua de la ducha.

«Esto no estaría pasando si él no hubiese muerto.» Recargó su frente en el mosaico sintiendo el frío que emanaba contrastado con la temperatura del agua lo que le provocó un escalofrío, que por supuesto percibió el vástago de los Black, podía sentir todos los pensamientos encontrados que corrían por la mente de Hermione y eso sólo estaba logrando marearlo de sobremanera.

—¿Por qué no puedo dejar de pensar en Regulus? ¡Por Gryffindor! Él no es un niño, sabe defenderse, sólo espero que no se este matando con Ron —resopló preocupada—. No pensé que lo fuera a tomar así… no sé cómo tomara el resto.

Cerró por un momento los ojos permitiéndole a Regulus estabilizarse un poco, pero como si fuera un relámpago a la mente de ambos por el vínculo que los unía, volvieron esas crueles palabras:

«Tampoco quiero sentir como me miras y te arrepientes de haberme revivido porque querías revivir a mi hermano, por Potter y lo principal porque estás enamorada de él. »

Se dejó caer al suelo colocando una mano en su frente, ¡que verdad tenían esas palabras! No podía negar que al principió había sido así… pero ahora las cosas iban cambiando.

—¿Por qué tenía que haber dicho eso? —susurró dolida— Que no ve… que sólo queremos ayudarlo, yo más que nadie, puesto que yo soy la culpable de traerlo… aún cuando yo deseaba que volviera Sirius —una punzada de dolor atravesó su pecho o más bien el de ambos—. Jamás podría desearle la muerte… él… es tan humano como todos nosotros.

Y justo en ese momento en el Regulus ya no podía con aquella conexión que lo hacía cargar con todo ese torbellino de pensamientos y dolencias, se obligó a romper el vinculo, levantándose de golpe, mientras respiraba con dificultad, el sudor perlaba su rostro y su cabeza sentía que lo estaba matando aún la voz de Hermione resonaba en su cabeza, cayó de rodillas llevándose una mano a su cabeza y sin más emitió un gemido de dolor para después desvanecerse.

*º*º*º

Hermione había salido de la ducha abatida por el cansancio, sus ojos estaban hinchados. Se colocó la pijama, se sentó en su cama… no había sentido en un rato las sensaciones que emanaba Regulus.

—Quizás ya está dormido —murmuró cansada—, aunque lo dudo… él no descansara, teme a aquellas pesadillas, quizás debería tomar una poción para no sonar. Si eso es —se incorporó colocándose su bata, caminó unos cuantos pasos.

Se detuvo en seco. «¿Le debo decir? De seguro me sacara de su cuarto.»

Lo meditó un poco más, finalmente se aventuró a ir, estaba a punto de tocar, cuando notó que la puerta estaba entreabierta, de repente tuvo la impresión de que algo no estaba bien, sus sentidos se agudizaron llegando a escuchar los quejidos horribles de Kreacher. Abrió de golpe la puerta encontrando a Regulus en el suelo.

—¡Esta muerto! ¡Mi amo esta muerto! Kreacher… —mascullaba cosas que ni siquiera hizo el intento por comprender, su corazón se aceleró vertiginosamente, asustada corrió hacia él hincándose de golpe— No lo toque inmunda sangre sucia…

Y contrario a lo que haría en otro momento, tomó la varita que yacía en el suelo, la que le acaban de dar a Regulus y le lanzó un hechizo. —Petrificus.

Habiendo hecho eso, acercó su rostro al de él, percibiendo que aún respiraba. — Regulus… Regulus —lo sacudió desesperada. Miró alrededor en algo que la pudiera ayudar, de inmediato observó en una mesa las sales que habían utilizado la primera vez que él se había desmayado.

Lo levito hasta la cama y corrió por las sales pasándolas por su nariz, el chico arrugó la nariz regresando en sí, apenas abría los ojos y ese dolor de cabeza ya lo acechaba y para terminar tenía a Hermione frente a él, parecía que la escena se estaba repitiendo.

Cerró sus ojos, colocando su mano en la cabeza, ese dolor lo estaba matando, por otro lado todo lo que había oído y visto le daba vueltas.

—¿Q-qué… haces aquí? —indagó aún débil, no podía evitar sentir las ondas de preocupación que emanaba y lo detesto porque no terminaba de asimilar su último vinculo para soportar ahora eso.

—Yo… tú estabas desmayado y yo… —explicó molesta por esa manera que tenía de ser, además de que sentía unas horribles punzadas en su cabeza— es mejor que vaya por una poción.

—¿Para qué? —preguntó retirando su mano y enfocándola con sus pupilas metálicas, aunque después de un segundo desistió y cerró sus ojos con fuerza.

—Te la vas a tomar te lo advierto, no se cómo puedes soportar ese dolor de cabeza…

Regulus en otro momento se hubiera sorprendido de que lo supiera, pero era claro que el vínculo estaba también presente en ella y sin quererlo medio sonrió, a pesar de estar maldiciendo ese tatuaje. Observó a su elfo petrificado.

—Espera si despetrificas a mi elfo él lo hará…

Hermione desvió su vista hacia el viejo elfo, dudo por un momento pero finalmente le retiró el hechizo. Kreacher por su puesto ni tardo ni pesaroso se comenzó a quejar, percatándose de que su amo no estaba muerto.

—Kreacher cállate y ve por una poción para el dolor de cabeza —gruñó Regulus bruscamente, tenía esa punzada intensa y elfo con sus chillidos lo estaba exasperando.

Hermione frunció el ceño molesta por los tratos, ya que el elfo se retiró rasguñándose a si mismo y recriminándose lo malo que era. —Pídele que se detenga, no quiero que se haga daño… ya tiene suficiente con estar… —no sabía qué palabra utilizar para describir el estado mental de la criatura— amargado.

El último vástago a pesar de estar recostado sabía que la chica estaba molesta por el tono que había utilizado, sólo chasqueó su lengua en otro momento hubiese dicho algo hiriente pero su mente en ese momento no le daba para mucho.

—Debemos buscar los libros… no me gustan los desmayos que tienes —enunció preocupada, caminando de un lado a otro de la habitación.

—Quieres dejar de hacer eso —masculló molesto.

—Hacer ¿qué? —cuestionó confundida, deteniéndose a observarlo recostado en la cama, ni siquiera lo estaba mirando ¿de qué se quejaba ahora?

—Preocuparte… me molesta, porque trato de poner mi mente en blanco y me es más difícil hacerlo si tu me transmites eso… —manifestó con una mueca de fastidio fingido, porque una parte de él, le satisfacía saber que ella se afligía por él, al menos sabía que eso era sincero.

Desde que había digamos vuelto del mismísimo infierno, había visto muchas reacciones por su presencia, pero no podía negar que aunque quisiera negarlo, el sentimiento de Hermione era sincero aunque este proviniera de la culpa de ser responsable de usar esa magia negra y claro de haber fracasado al hacerlo y no traer a su hermano, quizás lo veía con un poco compassion por su pasado y eso era lo que lo enrabiaba, no quería la compasión de nadie.

—Eso es… —manifestó como si se le hubiese ocurrido la mejor idea, incluso su rostro se iluminó.

—¿Qué? —indagó con tedio.

—Que debemos leer libros sobre Legemerancia y Oclumancia, quizás eso nos ayude evitar que sigamos con esta conexión y que tú puedas entrar en mi mente —apuntó utilizando su tono de sabelotodo que molesto a Regulus—. Espera… te desmayaste porque supongo que entraste a mi mente, ¿qué fue lo qué viste o escuchaste? —preguntó con premura comenzando a palidecer, si bien hacia cuentas pudo haber sido cuando se encontraba en la ducha.

Regulus se quedó en shock, paralizado, tragó con dificultad… imágenes confusas se dispararon en su mente, ella en la ducha… los sollozos, las palabras, los sentimientos y nuevamente dejó salir un gemido de dolor, era muy cansado para su mente trabajar con todo.

—Arggg ¿dónde diablos esta esa poción?

—Tranquilo —pidió observando con premura la puerta, en espera de que apareciera Kreacher, ella también necesitaba una poción.

—Como a ti no te está matando.

—Sabes que sí, pero tengo una solución más practica —agitó la varita del chico—, puedo desmayarte, eso ayudaría a ambos…

—¡Qué! —exclamó exaltado— Devuélveme mi varita —exigió estirando su mano.

—Toma —se la arrojó sin delicadezas.

En ese momento apareció el elfo con el bendito brebaje, Regulus no dudo en tomárselo de un solo sorbo, aunque su expresión fue de total asco.

—Supongo que ya estas mejor, me voy… —se giró hacia la puerta, escuchando los murmullos del elfo en su contra.

—Hermione… —la aludida se giró mirándolo con interrogación— cuando acabe la audiencia iremos a buscar los libros necesarios —afirmó mirando como el rostro de ella se tornaba serio y su mirada se ocurecia.

—Si… —susurró asustada, el día de mañana no pronosticaba ser el mejor, su corazón se compungió— deberías tomar una poción para no soñar —con eso salió de la habitación encerrándose en la suya.

*º*º*º

Regulus había logrado vencer aquel dolor de cabeza más no sus fantasmas, no podía percibir ninguna sensación, parecía que Hermione había logrado conciliar el sueño después de todo, pero ¿por qué él no lograba hacerlo?

Había escuchado llegar a sus habitaciones a la mayoría incluso a ese molesto pelirrojo que no se cansaba de parlotear acerca de él, no se había tenido que pegar a la puerta para saber que Potter había detenido a Weasley de irrumpir en su habitación.

—Diablos… —dio vueltas en su cama, pero apenas cerraba sus ojos, podía sentir como la oscuridad deseaba adueñarse de su mente, esos últimos momentos que él había vivido siendo mortifago, las caras de las personas al ser torturadas, los gritos…

Se levantó de golpe, no él ya no era ese monstruo. Caminó con desesperación de un lado de su habitación, se sentía encerrado, asfixiado por su propia vida.

—Debo calmarme o ella no tardara en estar aquí molestándome —respiró profundamente.

«¿De verdad no deseas que ella esté aquí, acompañándote…?» Acusó su conciencia.

—Claro que no —respondió denegando toda atención hacia ella—. Yo…

De repente todo los momentos junto a ella lo acosaban, no podía negar que le producía algo, quizás todo era culpa de ese hechizo que estaba logrando atrofiarlo.

Aunque cuando recordó su última estadía en su mente no pudo más que sentir como el calor subía por su cuerpo, adornando sus mejillas con un rojo. Después de todo él seguía siendo un chico, en su pasado no había tenido la oportunidad de disfrutar de su juventud, de divertirse como cualquier adolescente, si sabía lo que era el calor de una mujer en su cama y también había alguien a quién había amado pero no se comparaba con todo lo que habían vivido los chicos de su edad. ¿Cómo podía haberse dedicado a eso cuando tenía que servirle a Voldemort y antes de eso, cumplir con los deseos de su madre, ser como ella deseaba no volverse rebelde como su hermano?

—Esto es estúpido… —salió de su habitación dejando que la puerta se azotara, ya que a él no le interesaba que los demás descasaran, avanzó por la antigua construcción, ayudado por el hechizo de Lumus que le permitió llegar hasta su piano, apenas rozando su cubierta con las yemas de los dedos, con un par de hechizos sobre música y instrumentos logró que su amado piano volviera a estar como en sus mejores épocas.

Se sentó y comenzó a pasar sus dedos sobre las teclas logrando que el sonido llenara la habitación, peo aún así no lograba que su mente se tranquilizara, era todo un caos imágenes de su pasado, contrastadas con el nerviosismo de que fuese a fallar en la audiencia, pero lo que ahora lo tenía en jaque era Hermione, primero el beso, un cosquilleo invadió sus labios como si hubiesen despertado de un largo sueño cuando ella los tocó y ahora sólo deseaban volver a besar esa boca.

«No puedo creerlo… debo estar loco, esto no puede estar pasando, eso fue una equivocación, solo una vez.»

Su pieza musical se vio afectada por una suave equivocación que lo hizo detenerse, él no solía equivocarse, había tocado cientos de veces Claro de Luna.

‹‹Entonces porque sigues pensando en eso… vamos sabes que te gusta al menos dale ese crédito.›› Puntualizó esa vocecilla.

«Pero es que ella es… sangre sucia, quizás esto sólo sea… un efecto secundario del hechizo.» Pegó su cabeza en las teclas del piano.

«Sí, claro…sabes que te gusta que se preocupe por ti, te gusta ver como ella no te teme… incluso sientes la calidez que transmite, a pesar de tus tratos

«Ella sólo se siente culpable, está enamorada de Sirius… y quizás alguno de esos dos cubra él lugar que dejó vacio mi hermano, no les costaría ya que sólo se la pasan junto a ella.»

«Bueno ¿y qué esperabas?».

No supo qué responder a eso, simplemente se irguió y mirando las teclas evocó las sensaciones que tuvo en ese beso, a Hermione tan frágil y a la vez con aquella mirada que denotaba lo fuerte que podía ser.

Sin pensarlo mucho comenzó a tocar, inventando una nueva melodía que si bien no era la más alegre, tampoco podía calificarse como la más fría, simplemente era lo que sentía en ese momento transformado en notas.

*º*º*º

La mañana había llegado y Regulus se terminaba de anudar su corbata, tomó su saco y salió de la habitación encontrándose en el pasillo con una menuda Hermione que lo miraba sin respirar, inmediatamente notó las ojeras bajo aquellos profundos ojos grises, pero no se atrevió a decir nada.

—Es hora… —pronunció estoico, avanzando delante de ella.

Hermione lo siguió con pasos temblorosos, sentía que las rodillas le flaquearían en algún momento.

Al llegar al hall se encontraron con varios pares de ojos que los miraban con distintas emociones. Hermione sólo curvó sus labios en una vaga sonrisa que únicamente se quedó en el intento que francamente no engaña a nadie.

—Vamos, tenemos el tiempo justo para llegar —anunció Dumbledore más serio de lo común.

—Oh Hermione, estamos contigo —anunció Molly conteniendo las lagrimas, mientras la abrazaba.

Regulus se paró frente a la puerta en espera de que según su parecer dejaran de hacer cursilerías, Remus se acercó a él y posó su mano en el hombro del chico llamando su atención, no necesitó decirle ninguna frase para que él comprendiera que contaba con su apoyo.

—Todo terminará muy pronto —los animó Nym guiñándole un ojo a ambos—, en unas pocas horas estarán absueltos.

El vástago sólo la miró con extrañez, mientras que Hermione seguía sin recuperar el habla, sentía un grave nudo en su garganta. Detrás de los señores Weasley podía ver la figura de Ginny su amiga, no podía descifrar su expresión ¿acaso estaría molesta porque no le contó lo que había hecho? Sintió que el vacío en su estómago crecía.

—Deberían desayunar —apuntó Molly caminando hacia la cocina.

—No hay tiempo —repuso Albus—. Harry, Ron siento decirles que no podrán entrar a la audiencia así que tendrán que esperar…

—Pero… —se quejó Harry rápidamente, mientras que Ronald bufaba y miraba con recelo al vástago de los Black.

—Comprendan es algo oficial y sólo estarán los implicados —explicó Dumbledore.

—Pero…

—Harry tu sabes cómo es esto, por favor entiende —pidió Remus, posando sus manos en el hombro de él y en el de Ronald, temiendo que se pusieran necios y que quisieran desquitarse con Regulus.

Hermione abrió sus ojos sorprendida, no tendría el apoyo de sus amigos… aunque pudo sentir cierta satisfacción que venía del cuerpo de Regulus y no pudo evitar lanzarle una mirada furibunda, para después regresar la vista a los chicos.

Harry la miraba con impotencia y frustración cerró sus puños con fuerza, tragándose todo lo que deseaba decir, pero con sólo verla era claro que no estaba del todo preparada para lo que iba a enfrentar, así que suavizó su expresión.

—Suerte… todo irá bien.

—Pero ¿qué dices Harry? Te has vuelto loco… claro que no puede que jamás la volvamos a ver libre y todo por culpa de ese —bramó Ronald señalando despiadadamente a Regulus, quién no se inmutó frente a las muestras de molestia.

—¡Ronald! —regañó su madre.

—Ron, por favor… estaré bien —exclamó Hermione, hablando por primera vez, se sentía conmovida por la preocupación que mostraba el pelirrojo, aunque no aprobaba su comportamiento y la forma en que se expresa de Regulus.

Finalmente después de unas frases más de parte de los presentes y unas cuantas miradas de odio y advertencias hacia Regulus, salieron de aquella fortaleza, topándose con el sol que apenas se levantaba hacia lo más alto del cielo.

Arcturus podía sentir como a sus ojos les lastimaba tanta luz, parpadeó un par de veces acostumbrándose, observando esta vez con más detalle todo. Albus no tardó en pedirles que se acercaran a él, tomaron su brazo que no estaba herido y aparecieron ya dentro del Ministerio, prefería hacerlo así a correr el riesgo de que atacaran al chico, para esta hora era posible que Voldemort estuviera al tanto de que estaba vivo.

No tardaron en aparecer dentro de las imponentes instalaciones que tras la aparición de Voldemort apenas se había logrado recuperar, se encontraban en el vestíbulo que era largo y con un suelo de madera brillante. Regulus miraba todo con curiosidad, nunca había estado ahí, mientras que para Hermione esto sólo le había traído dolor y recuerdos de aquella batalla donde había muerto Sirius.

Regulus separó su vista de la fuente que se encontraba al centro con las figuras doradas de un mago, una bruja, un centauro, un duende y un elfo doméstico, con una pose extremadamente falsa, para colocarla. En ese momento logrado percibir en Hermione una punzada de dolor que incluso lo había logrado estremecer, no podía ver su rostro, pero era claro que no estaba bien.

—Bienvenidos al Ministerio de Magia. Por favor indiquen su nombre y ocupación — pidió una joven vestida con una túnica formal.

—Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, representando a Hermione Jean Granger y a Regulus Arcturus Black, tienen una audiencia disciplinaria.

De inmediato la joven desvió su vista del anciano para posarla en Regulus, mirándolo con terror. —Eh… t-tomen… estas insignias y colóqueselas en las ropas —tartamudeó sin separar la vista del que creía un ser que no debía estar vivo. Arcturus separó su vista de Mione para mirar a esa chica, notando su expresión de horror, no era extraño para él que tomaran esa actitud, Dumbledore había hablado con él sobre la reacción que tendría la sociedad al verlo, por lo cual había tenido el tiempo necesario para prepararse, por eso sólo la miró con desdén, colocándose con cuidado aquella insignia.

—V-visitantes… se les solicita que se someta a un reconocimiento y presenten sus varitas para registrarla en el mostrador de seguridad que está situado al final del patio —espetó gélida, señalándoles el lugar, mirándolos con desconfianza, a pesar de que sabía que clase de hombre era Albus, el cual había recobrado su credibilidad ante la sociedad mágica.

Avanzaron sin tantos problemas ya que las personas les cedían el paso, mirándolos con curiosidad, el hecho de que Dumbledore estuviera por ahí presagiaba algún chisme interesante, aunque también había magos que poco les interesaba iban y venían de las chimeneas mágicas.

Pronto llegaron con el hombre que se encargaría de la revisión, Eric Munch se encontraba sentado en un escritorio a la izquierda, debajo de un cartel que ponía "Seguridad", para el parecer de Hermione era un mago mal-afeitado con un traje azul pavo que sólo se dedicaba a leer El Profeta.

—Necesitamos que revise nuestras varitas —dijo Albus como si fuera una cosa casual de todos los días, esta era la primera prueba que iban a pasar de muchas, Regulus confiaba en que por lo menos de esta saldrían librados, al menos aquí no podían detectar si alguien había hecho magia oscura con su varita.

—Caminen hasta aquí —ordenó el mago con voz aburrida— varitas —gruñó tomando primero la varita de Albus, después la de Hermione y finalmente la de Regulus.

El mago las metió en un extraño instrumento de cobre, que parecía una pesa pero con un solo plato que vibró al recibir las varitas. Un pergamino salió de ella, Munch leyó con flojera lo que estaba escrito en ella, no rectificó la información de la varita de Albus ni de Hermione más si la de Regulus ya que decía que solo llevaba dos días de uso.

—32.4 cm madera de fresno con núcleo de nervio de dragón ¿dos días de uso? — cuestionó observando el gesto adusto del chico.

—Así es ¿algún problema? —preguntó sin titubear, mirando con altivez al empleado. Hermione lo miraba con los ojos desorbitados cómo podía ser así, no era el momento de comportarse de esa manera.

—Recién la hemos comprado, ya que la suya sufrió un accidente en un lago —explicó con serenidad, Albus.

—Mmm… guardaré esto —declaró mirándolos con desconfianza, había algo en ese chico que le molestaba, clavó el trozo de pergamino en un pequeño punto de cobre amarillo.

—Gracias —musitó Dumbledore, después de que les devolviera las varitas.

Hermione apenas y se calmó cuando se dirigían entre la muchedumbre hacia los elevadores, llenos de gente y memorándums, varias personas saludaron a Albus y otras tantas los miraban con curiosidad, pero para ella parecía que todos la miraban como si juzgaran lo que había hecho, desvió la vista y comenzó a repetir en murmullos todo lo que debía decir.

—Nivel dos, Sección de Entrada en vigor de Leyes Mágicas, incluyendo la Oficina del Uso Incorrecto de la Magia, Cuartel General de los Aurores y Servicios de Administración de los Pergaminos — anunció una voz mientras las puertas se abrían.

—Éste es el nuestro —indicó el anciano, salieron hacia un pasillo con una hilera de puertas—, al final encontraremos la sala de tribunal a la que nos dirigimos.

Regulus caminaba con pasos elegantes, manteniendo su barbilla en alto en un gesto poco humilde su mirada no se desviaba de la larga mazmorra en la que habían entrado, podía sentir a su lado a una tímida Hermione caminar con pasos dudosos, como si temiera jamás salir de ahí, él podía sentir su miedo correr por su vinculo, alzó su vista para ver el semblante sereno de Dumbledore, al menos alguien iba calmado.

Hermione respiraba cada vez con más dificultad es como si sus pulmones no alcanzarán a rendirle, sus manos sudaban, trataba de calmarse sabía que eso molestaría mucho a Regulus, pero la verdad es que temía perder tantas cosas en esta audiencia, que vamos, tenía al menos derecho a estar hecha un manojo de nervios. Giró levemente su rostro, observando las paredes de piedra oscura, apenas iluminadas por antorchas. Había bancos vacíos a los dos lados pero enfrente, en los bancos superiores, había muchas figuras oscuras. Hablaban en voz baja, pero cuando la pesada puerta se cerró detrás de ellos todos guardaron un profundo silencio.

El vástago los enfrentó con su mirada altiva, cómo si los retara, pero de la nada sintió el peso del cuerpo de Hermione y sus brazos alrededor de su cuello.

—Pase lo que pase, no dejaré que te toquen —prometió con desesperación, aferrándose al cuerpo de Regulus, quién no sabía cómo responder, lo había sorprendido de sobremanera, no esperaba eso, apenas y tuvo tiempo para subir sus manos titubeantes a la espalda de Hermione, hundiendo ligeramente su rostro en el hueco de su cuello, llenándose de aquella fragancia que se alejó así como había llegado, cuando ella se soltó de sus brazos.

—Es hora de comenzar —anunció una fría voz a través de la Sala.

*º*º*º

Continuará...

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