Disclaimer: Desde las profundidades del un lago lleno de inferis, hemos osado revivir al último descendiente de la más antigua y pura familia mágica, un hombre que murió corrigiendo sus errores, porque un Black no debe morir. Aunque sabemos que le pertence Rowling.
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El último vástago de los Black
By
The Darkness Princess & Lady Muerte
Para ustedes que están en el cielo
Siempre vivirán en nuestros corazones
D.B.M
*º*º*º
(n/as Contiene spoilers HP6 xD)
Encuentros y desencuentros.
Esa nublada mañana Hermione se disponía a salir de la ducha, enredó la toalla en su cuerpo y se acercó a su cama entre temblores por el contraste de temperaturas, se sentó en el mullido colchón, tomando las prendas que usaría. Ese día irían a comprar lo necesario para su sexto año en Hogwarts, la lechuza había llegado algunos días atrás, anunciando con ello el nuevo titulo de Harry, quien ahora sería el nuevo Capitán de Quidditch de Gryffindor.
Esos días de vacaciones había estado entre la Madriguera y la mansión Black, la verdad era que no había querido separarse de Regulus, no sólo porque sabía que se sentía solo, sino por las pequeñas sorpresas que les daba su conexión, había veces que se despertaba aterrorizada por las pesadillas que él tenía y ella compartía, o aquellos momentos bochornosos en los que él se colaba en su mente, logrando enterarse de cosas que no debería… entre otras consecuencias que había preferido esconderle.
Por otra parte había tratado de hablar con Ron pero por supuesto él no la había dejado terminar, con el carácter que él tenía sólo habían logrado terminar molestos, pero después de la intervención de Harry había logrado al menos que él entendiera que había hecho el hechizo pensando en Sirius, claro que no le había confesado su amor por el Merodeador. Ron no era como Harry, no lo hubiese tomado nada bien.
Hasta ahora sólo lo sabían pocas personas y prefería que se quedara así, con Ginny había sido distinto, no la había juzgado, la había escuchado aunque al final le había hecho unas preguntas muy extrañas con respecto a Regulus.
Se terminó de vestir, acomodó su cabello con un poco de poción alisadora y salió en busca del vástago de los Black. Sabía que no se encontraba en su cuarto, porque cuando había bajado a la cocina por un vaso de leche para lograr conciliar el sueño, lo había encontrado en la Biblioteca dormido en el sillón junto a la chimenea con un libro entre sus manos. En un acto de ternura lo había abrigado con una manta que había invocado.
Agradecía tener el habito de levantarse temprano para no toparse con nadie, aunque Remus siempre había sido muy discreto, pero Nym era otro caso, aunque últimamente se encontraba demacrada y con un semblante lacónico.
En cuanto a Harry que había decidido quedarse con ella en la mansión -no tanto por su amistad sino por querer vigilar al vástago-, probablemente seguiría dormido y Ron, bueno él no había pasado la noche ahí, se había quedado en la Madriguera después de que ella se lo pidiera al encontrarlo discutiendo nuevamente con Regulus, aunque no había evitado que recibiera un buen golpe en su mandíbula.
Se había enojado con Regulus por eso, pero no podía culparlo por defenderse, a veces Ron podía ser peor que un troll.
Al llegar a la Biblioteca tomó una gran bocanada de aire, abriendo la vieja puerta de madera con sumo cuidado, entró de puntitas, clavando sus pupilas en el cuerpo en el sillón. Seguía durmiendo tranquilamente, su pecho subía y bajaba al ritmo de su acompasada respiración, sus cabellos negros estaban ligeramente alborotados. Tenía un semblante realmente atrayente para cualquier chica, no era el gran galán como Sirius Black, pero tampoco podía negarse los rasgos aristocráticos de la familia Black.
Era un chico bien parecido, y lo peor era que algunas veces se sentía tan atraída por él, más cuando evocaba sus extraños encuentros y aún no podía olvidar la sensación de sus labios sobre los suyos, aún ese recuerdo lograba hacer que su corazón se agitara como en ese preciso instante.
Se acercó lentamente evitando despertarlo, aunque sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo. Al llegar al sillón se inclinó tomándose unos segundos para apreciarlo, su rostro mostraba una serenidad envidiable, deseó poder pasar su mano por rostro pero no debía, ella sólo estaba ahí para decirle que debía apresurarse si es que deseaba acompañarlos.
—Regulus… —pronunció suavemente, pero nada, él seguía en el mundo de Morfeo, se sintió mal por sacarlo de ahí, no siempre él disfrutaba de un buen sueño y cuando lo tenía, debía despertarlo—. Regulus —repitió pero esta vez alzó su tono de voz.
Sin embargo él parecía seguir dormido o eso creía ella, porque él se había despertado desde el momento en que ella había entrado a la habitación y se había dado cuenta que era ella porque había inundado el ambiente con su perfume, si no había dado muestras de reaccionar era porque estaba disfrutando de los intentos de Hermione por despertarlo.
Además no le había pasado desapercibido cuanto tiempo había tardado en acercarse a él, era claro que lo estaba admirando y eso de alguna forma le agradaba.
Hermione soltó el aire que no sabía que habían contenido sus pulmones, exasperada, alzó su mano colocándola en la pálida mejilla, sin duda le hacia falta salir al sol, estaba adoptando un color cadavérico, que nada le envidiaba al famoso protagonista del libro de moda en el mundo muggle: Edward Cullen.
Esbozó una sonrisa por la ocurrencia de su mente. —Regulus —movió su mano, acariciando su pómulo transmitiéndole un poco de calor.
Él se removió, atrapando la mano de Hermione entre la suya, logrando que ella respingara.
Regulus deslizó sus parpados mostrando sus soñolientas pupilas que clavó de inmediato en el rostro de Hermione, disfrutando de su frescura, sus mejillas estaban coloradas, deslizó sus ojos hacia esos labios que él trataba de olvidar, pero no era una tarea fácil hacerlo.
— ¿Terminaste de admirarme?
Ella frunció ligeramente su ceño y trató de zafar su mano. —Todo el tiempo estuviste despierto —acusó entrecerrando sus ojos.
Él se rió divertido de su mohín de enojo, la jaló logrando atraerla lo suficiente para que con su mano libre serpenteara su cintura, haciéndola caer encima de él.
—Pero ¿qué…? —soltó perdiendo el equilibrio—. Suéltame —gruñó sonrojada por la posición en que estaban.
Él en un rápido movimiento la colocó debajo de su cuerpo. —Cállate ¿o quieres que todos vengan y nos encuentren así? Aunque pensándolo bien ¿qué diría tu amiguito… ese Weasley?
—Te daría la lección de tu vida —soltó removiéndose.
—Pues eso no pasó anoche, te recuerdo que yo fui él que le pegue.
—Eres imposible, levántate ya… no que no quieres estar cerca de mi, que yo y mis sentimentalismos —comentó acalorada.
Regulus la observó ahora que se encontraba quieta, acercó su rostro al de ella lo suficiente para que sus narices se rozaran, por su mente vagaban los recuerdos del beso, y eso era porque ella estaba pensando en ese instante, podía sentir como su tatuaje le quemaba ligeramente.
«Por Merlín, ¿qué cree que esta haciendo? ¿Por qué se me acerca así? Arggg… ¿por qué tengo que recordar ese beso? Las sensaciones, no esto no esta bien, es el peor momento para recordarlo… pero sus labios. ¡Cirse! Debo controlarme o él empezara a notarlo por el vinculo, debo tranquilizarme, pero cómo voy a tranquilizarme teniéndolo así de cerca. Yo se que él no es Sirius y se que no lo bese por pensando en que fuera él, no se por qué lo bese, aún no logro entender por qué me hace sentir esas estúpidas cosquillas en el estómago.»
Él salió de la mente de Hermione, sintiéndose ligeramente débil, siempre que pasaba eso lo cansaba y a veces terminaba desmayado, pero al menos esta vez aún estaba consciente. Sonrió lánguidamente complacido por los pensamientos que tenía sobre él, al menos sabía que no era el único que se sentía tentado a repetir la experiencia.
En esas semanas después de la audiencia y ya libre de ese peso, sus pensamientos se habían vuelto un peligroso torbellino donde iba y venía el recuerdo de ese beso, de su perfume, de sus abrazos, de su voz pronunciando su nombre. No lograba sacarla de su mente, a pesar de que lo había intentado recordando todos sus argumentos de porqué no debía fijarse en ella, y sabía no tenía tiempo para perderlo en ese tipo de tonterías, no cuando Voldemort seguía afuera matando gente.
Pero todo había sido inútil, siempre terminaba cansado y con un horrible dolor de cabeza. Al menos sabía que no estaba enamorado de ella, de eso estaba seguro porque no entregaría de nuevo su corazón, porque seguía perteneciéndole a alguien, que probablemente le duplicaría la edad en ese momento.
Aunque el saber que ella se sentía atraída por él, le removía cosas, lo hacia sentirse vivo, pero lo que más le gustaba era saber que ella no pensaba en su hermano cuando estaba con él.
—Así que te pongo nerviosa eh, y que sigues pensando en el beso…
Los ojos de Hermione se abrieron llenos de sorpresa, para después cargarse de furia. —Tú… sal de mi mente —rumió molesta, removiéndose pero era difícil moverse con él encima, ahora empezaba a ponerle atención al escozor en su muñeca.
Regulus se carcajeó, tomándole las manos para impedirle seguir golpeándolo. —Mmm no me culpes, si no quieres que me entere, deberías controlar tus pensamientos.
—Sal de encima de mi Regulus Arcturus Black. ¡Ahora! —ordenó abochornada, llena de enojo.
— ¿De verdad quieres que haga eso? —indagó pícaro.
Hermione se desconcertó por su comportamiento, generalmente no estaba de tan buen humor, quizás se debía a que saldría, por un momento se sentiría libre, lejos de los muros de esa mansión.
En ese instante teniéndolo tan cerca era difícil diferenciar cuáles eran sus emociones y cuáles provenían de él, además de que quién iba a ponerse a pensar en eso cuando Regulus estaba rozando su mejilla con su nariz dirigiéndose tortuosamente hacia su boca.
Su corazón latía con fuerza contra su pecho y su respiración se había vuelto pesada, entonces sucedió en un parpadeó se encontraba dentro de la mente de él y esa no era la primera vez, en otras ocasiones le había sucedido pero siempre era cuando él había estado pensando en Voldemort, mortifagos, y algo que le había robado a ese ser, pero esta era la primera vez que lo cachaba pensando en ella.
«Huele delicioso, no he podido sacarme su perfume desde que durmió en mi cama, su piel es tan suave, deseo besarla… puedo hacerlo, después de todo ella también piensa en eso, se que también lo quiere.»
Hermione sintió que su mundo se movía y se encontraba nuevamente donde debía, abrumada, acalorada y a punto de ser besada, su estómago se encogió, cerró sus ojos tratando de controlarse, por algunos segundos sintió el roce de sus labios.
Y de repente nada, abrió los ojos exactamente cuando él se levantaba en un movimiento ágil, parpadeó confundida, contrayendo su ceño.
—Tenemos compañía —refunfuñó molesto por la interrupción.
La respiración de Hermione se detuvo por un momento, asustada dirigió su mirada a la puerta, esperando encontrar a algunos de los habitantes de la mansión, pero ahí no había nada.
Regulus avanzó hacia la puerta y la abrió de par en par, topándose con la imagen del licántropo había escuchado sus pisadas, era casi imposible no oír el rechinido de las escaleras, él conocía muy bien ese sonido, por algo era su casa.
Remus lo miró con extrañeza. —Buen día, dormiste en la Biblioteca —asumió al ver su ropa arrugada.
—Algo así, estaba aburrido —respondió con simpleza, pasando a su lado dirigiéndose a la escalinata.
—Espero que las botellas sigan llenas —aseveró entrando a la Biblioteca, sorprendiéndose al ver a Hermione sentada en el sillón, parecía nerviosa mientras doblaba una manta.
—Buenos días Remus —saludó atropelladamente.
—Madrugaste, supongo que viniste a despertar a Regulus —asumió mirándola con cierto aire de análisis.
Ella asintió, dirigiéndose a la salida. —También por este libro —improvisó topando el texto que estaba en el sofá—. Nos vemos, después —con eso literalmente huyo a la habitación de Regulus, tocó suavemente, pero asumió que él ya se encontraba bañando. Así que entró sin problema, sentándose en la cama, notando la ropa tirada del ex Slytherin.
Finalmente ahí, se tomó un respiró tranquilizándose, dejó el libro sobre el escritorio mientras corría las cortinas, dejando entrar la luz a la antigua habitación.
«Por Merlín, debo evitar que eso pase de nuevo, de seguro Remus no creyó lo que le dije, pero Regulus estuvo a punto de besarme, no lo entiendo me confunde tanto, a veces actúa tan indiferente conmigo y otras así… odio que haga eso, parece bipolar.»
Frunció sus labios molesta consigo misma, parecía que le había lanzado un Confundus, porque no lograba ponerse de acuerdo con lo que sentía por el pelinegro, lo único que tenía claro era que él no era Sirius.
— ¡Por los Fundadores!
Regulus salió del baño encontrándose con la figura de la castaña cerca de la ventana, no se extrañó de verla en su cuarto, ya que últimamente se le había hecho un habito, a veces le molestaba mucho su presencia porque deseaba estar solo, pero la mayoría del tiempo no podía negar que le agradaba saber que se preocupaba por él.
— ¿De nuevo en mi habitación? — exclamó caminando hacia el closet. Hermione brincó al escuchar su voz, la había regresado de sus cavilaciones, se giró topándose con Regulus solamente con una toalla a la cadera y con aquella sonrisa «si, se que te soy irresistible».
Mione sintió que el calor volvía a apoderarse de su cara, así que prefirió voltearse para darle un poco de privacidad. Aunque verlo así era algo que definitivamente era tortuoso, era una imagen que no se olvidaría tan fácil el resto del día, las gotas de agua surcando los músculos de su espalda, desapareciendo en la tela…
«Hermione contrólate, piensa en tu nuevo libro de runas.»
—Sabes bien porque estoy aquí —le contestó seca.
—Ah porque quieres que continuemos lo que dejamos pendiente en la Biblioteca…
Podía sentirlo detrás de ella, su respiración golpeaba su oído, se mordió su labio inferior. ¡Por Gryffindor! No sabía de quién venía más el deseo, de él o de ella, sólo sabía que estaba debajo de piel, recorriendo su ser, estaba que moría por su toque, por sus labios…
—Regulus —pidió en un hilo de voz.
— ¿Qué? —susurró apartando el cabello de la chica, exponiendo la piel de su cuello.
—Debes tomarte esto —se escapó por un lado, sacando dos botellitas de su bolsita—, y la otra debes llevarla en tu abrigo —comentó tratando de ignorar que él se encontraba solamente en bóxers.
Él se giró mirándola ceñudo, bufó ante la explicación. —Ya lo sé —las tomó de mala gana, odiaba tener que tomar posición multijugos, pero no le quedaba más que hacerlo si quería salir, por otra parte sabía que no iba a ser su identidad definitiva, ya tenía planeada su transformación para ser el nuevo profesor de Hogwarts, había tenido mucha ayuda de Hermione, quién había buscado los hechizos correctos para cambiar su apariencia.
—Bueno te veo en el comedor, voy a despertar a Harry porque de seguro sigue dormido y se nos hará tarde —expuso con un ligero temblor en su voz, dirigiéndose a la puerta.
—Hermione…
Se giró para mirarlo, enarcando su ceja en espera de que continuara.
— … espero que no lo despiertes como a mi.
Perturbada por sus palabras, salió de la habitación, sin siquiera querer averiguar el significado de eso. Avanzó aún trastocada hasta el cuarto de su amigo, tocó varias veces, hasta que un adormilado Harry, abrió la puerta.
—No puedo creer que aún no estés listo, se nos hará tarde —manifestó mirándolo con reprobación.
—Estaré listo en unos minutos —dijo entre un bostezo, acomodándose sus lentes.
*º*º*º
Remus había sido destinado a acompañar a los tres jóvenes a que llegaran a salvo a la casa de la familia Weasley. Aunque francamente Regulus prefería no haber pisado ese lugar y no era por otra cosa que ver al estúpido pelirrojo que siempre lograba cabrearlo sino era con sus comentarios, era con sus acciones. Además de que detestaba ver como se ponía con Hermione, aunque a pesar de que ella lo negara rotundamente, él tenía claro que clase de interés tenía ese en ella, si no había nacido ayer como para no darse cuenta, había estado muerto pero eso no lo hacía estúpido, ni ciego.
Si, cualquiera pensaría que se encontraba celoso de compartir a su salvadora con ese y quizás de alguna forma era verdad, aunque él lo negaría siempre, no aceptaría ante nadie eso. Además solo le gustaba un poco la castaña no era para tanto y sólo era porque como todo chico tenía necesidades.
Por otra parte había sido la única chica con la que había tenido contacto, sin contar con la pelirroja que realmente no llamaba su atención, además ni siquiera había cruzado palabra con ella.
—Bienvenidos, pasen… estamos desayunando, en unos minutos estaremos listos —anunció una apurada Molly, quién miraba con desconcierto a Regulus en su nueva apariencia.
—Gracias —exclamó Lupin, brindándole una sonrisa amable, caminando hacia la cocina.
—Remus —saludó Arthur, apretando su mano—, ¿has sabido las últimas noticias?
Hermione permaneció al lado de Regulus en la entrada de la cocina, mientras Harry tomaba asiento en la mesa.
—Si, por desgracia ha habido otro par de ataques de dementores —declaró, cuando la señora Weasley les pasó un pedazo grande de pastel de calabaza—, y han encontrado el cuerpo de Igor Karkaroff en una choza al norte. Con la Marca Tenebrosa sobre él.
Regulus ni siquiera se inmutó ante la información, para él no tenía nada de novedad, ya que Dumbledore había tenido la amabilidad de decírselo, junto otras cosas, no podía negar que le había afectado al principio puesto que había conocido al hombre cuando se encontraba en las filas del Señor Oscuro.
—Sí, bien —dijo la señora Weasley frunciendo el entrecejo—, quizás nosotros debiéramos hablar sobre algo difer...
— ¿Quién es el rubiecito? —preguntó Ron, codeando a Harry.
—Es Regulus —le contestó entornando sus ojos—. No se te ocurra…
—Mmm sigue sin agradarme y cuando nos traicione, te diré te lo dije… sólo espero que estemos vivos para entonces —aseveró, fulminando con su mirada al vástago, quien se había vuelto rubio y de ojos azules, su cuerpo se había vuelto más robusto y ligeramente más alto.
—Ronald, deja de hablar y termina de desayunar —ordenó su madre, mientras Regulus no ocultaba el desprecio que sentía por el chico.
— ¿Se enteró usted de lo que le pasó a Florean Fortescue, Remus? —pregunto Bill, ignorando la conversación de su hermano menor—. El hombre de la heladería.
Regulus concentró su vista en William, a él si lo conocía, pero a la chica que tenía al lado no. «Vaya… es muy bella, ¿qué hará con un tipo como él?.»
— ¿La heladería del Callejón Diagon? —interrumpió Harry, con una desagradable sensación de vacío en el medio de su estómago—. Él acostumbraba darme helados gratis. ¿Qué le pasó?
—Fue sacado de allí, por lo que se ve en su tienda.
— ¿Por qué? —preguntó Ron desviando su mirada de Regulus, mientras la señora Weasley miraba significativamente a Bill, pidiéndole silenciosamente que se callara.
— ¿Quién sabe? los debe haber perturbado de algún modo. Florean era un buen hombre.
—Hablando del Callejón Diagon —dijo Arthur—, parece que Ollivander también ha desaparecido.
— ¿El vendedor de varitas? —indagó Ginny con ojos asombrados.
—Así es. La tienda está vacía. No hay signos de lucha. Nadie sabe si él se marchó voluntariamente.
—Fortescue y Ollivander están de vacaciones, ¿verdad? —Molly trató de trasquiversar la información, acalorándose de inmediato.
Los presentes miraron a la señora, sin responder, entendían su intento aunque realmente no servía de mucho.
—Toma Harry —pasó una pequeña bolsa a través de la mesa—, lo saqué de tu bóveda, porque al público en general le toma aproximadamente cinco horas conseguir su oro en estos días, los duendes han extremado mucho la seguridad. Hace dos días Arkie Philpott tenía una cinta de investigación pegada en su... Bien, confíen en mí, de esta forma es más fácil.
—Gracias, Bill —manifestó Harry guardando su oro.
—Él siempre pensando en todo —ronroneó Fleur llena de adoración acariciando la nariz de Bill. Ginny gesticulaba vomitando en su cereal detrás de la rubia.
—El auto esta aquí —anunció apresurada Molly—, vamos, no olviden ponerse sus capas.
Regulus avanzó con Hermione pisándole los talones hacia la puerta, estaba a punto de cruzarla cuando Remus lo detuvo. —Ten cuidado, recuerda que debes mantenerte vivo.
Hermione tembló ante las palabras de su ex profesor, por un momento deseó que Regulus se quedara en la mansión o que un batallón de aurores los acompañara, porque entre Harry y él, no sabía por quién temer más.
—Del que de verdad debemos cuidarnos es de él, pero yo lo mantendré vigilado — espetó Ron, agitando su varita.
—Si sigues con es actitud Ronald, puedes quedarte y compraré tus cosas yo misma — profirió su madre, mirándolo molesta.
—No, quiero ir ¡Quiero ver la tienda de George y Fred! —dijo Ron a toda prisa.
—Entonces piénselo mejor, jovencito. ¡Antes de que decida que es demasiado inmaduro para venir con nosotros! —agregó la señora Weasley con ira.
El vástago de la familia Black no se quedó a escuchar el resto de la discusión, pero no pudo evitar disfrutar de cómo lo ponían en su lugar, una sonrisa traviesa atravesó sus labios, clavó la vista en el automóvil especial del Ministerio de Magia, mirándolo con interés. Finalmente después de unos minutos lo abordaron.
—Es bueno que papá pueda conseguirnos éstos otra vez —repuso Ron recuperando su humor, estirándose confortablemente mientras el coche se movía suavemente lejos desde la madriguera, Bill y Fleur saludaron desde la ventana de la cocina.
Regulus echó su cabeza hacia atrás, clavando la vista en el paisaje que le proporcionaba la ventana.
—No te acostumbres a utilizarlo, sólo nos lo prestan debido a Harry —señaló el señor Weasley sobre su hombro, omitiendo el hecho de que el Ministerio no había sido enterado de que Regulus andaría libre por el Callejón—. Le dan estatus de alta seguridad y nosotros también estaremos protegidos con seguridad adicional al arribar al Caldero Chorreante.
Harry no dijo nada; no es como si de verdad le gustara tener toda esa atención en su persona, había guardado su Capa de Invisibilidad en la mochila por si se ofrecía, incluso Dumbledore se lo había aconsejado. Desvió su mirada del señor Arthur, para mirar a Regulus, quién parecía estar perdido en sus pensamientos, de seguro esto tampoco era fácil para él, tener que esconder su identidad y andar por la vida tomando poción multijugos para que Voldemort no lo regresara de nuevo a la tumba.
Incluso podía decir que se sentía ligeramente identificado, quizás por la atención que todos les daban y por tener un enemigo en común.
—Aquí está usted, entonces —avisó el chofer, tras un lapso sorprendentemente corto, hablando por primera vez, al tiempo que disminuía la velocidad en la calle Charing Cross y se estacionaba fuera del Caldero Chorreante— ¿Espero por ustedes, tienen idea de cuánto tiempo será?
—Un par de horas, espero —dijo Arthur mirando su reloj— ¡Ah, que bien, él está aquí!
Descendieron del coche, encontrándose con Hagrid, quien sonreía al ver la cara de Harry ignorando las fijas miradas sobresaltadas de los Muggles que pasaban.
— ¡Harry! —bramó, arrastrándolo a un abrazo.
—Hola —saludó sonriéndole abiertamente mientras se masajeaba las costillas—. No esperaba que estuvieras aquí.
Regulus viraba para todos los lados, desinteresado del encuentro con ese hombre, lo recordaba vagamente.
—Lo sé justo como en los viejos tiempos, ¿eh? Mira, el Ministerio quiso enviar uno o dos grupos de Aurores, pero Dumbledore dijo que yo lo haría —enunció Hagrid con orgullo, estirando su pecho y metiendo los pulgares en sus bolsillos—, también me puso al tanto de… mmm supongo que es él —dirigió sus ojos al rubio que resaltaba entre el grupo.
—Es mejor que entremos —apuró Hermione, llamando la atención de Hagrid.
—Claro, vamos entrando entonces —después de ustedes, Molly, Arthur.
El Caldero Chorreante estaba, por primera vez en la memoria de Harry, completamente vacío. —Solamente pasaremos hoy, Tom, seguro que comprendes, asuntos de Hogwarts, tú sabes…
Regulus no se sorprendió al encontrar esa imagen tan fúnebre del Callejón Diagon, puesto que en su única salida, semanas antes se había percatado de eso.
Su atención se colocó en los carteles púrpuras que llevaban las versiones de avisos de seguridad de los folletos que el Ministerio había expedido en el verano, aunque no pudo evitar detenerse y tragar en seco, al ver las fotografías moviéndose en blanco y negro de Mortífagos conocidos que estaban en libertad.
Su estómago se encogió al ver el rostro de su prima: Bellatrix Lestrange, era la primera foto que veía de ella después de su muerte, sin duda lucía enloquecida, su mirada perdida y esa sonrisa sátira que poseía no ayudaba a pensar lo contrario. Sintió una horrible opresión en su pecho crispó sus manos al pensar que ella había sido capaz de matar a su hermano.
Sin duda eran otros tiempos, atrás habían quedado los tiempos en que habían sido unidos y que habían compartido ideales, él ya no era el mismo así como su prima ya no era aquella que había conocido en su juventud, estaba arruinada por la oscuridad y la muerte.
—Regulus… —Hermione colocó su mano en el hombro del vástago, en forma de apoyo
—Vamos, no se queden atrás —habló Molly, apurándolos.
Él separó dolorosamente la mirada de aquella foto y se obligó a seguir con Hermione a su costado.
—Vamos, démonos prisa —dijo la señora Weasley, nerviosa consultando la lista—, pienso que primero tendríamos que ir con la señora Malkin, Hermione quiere nuevas túnicas de vestir, y a Ron se le asoman demasiado los tobillos de sus túnicas de escuela, y tú también necesitas unas nuevas, Harry, has crecido tanto. Vamos todos…
—Molly, no tiene sentido ir todos a donde la señora Malkin —dijo el señor Weasley—. ¿Por qué no van los chicos con Hagrid, y nosotros podemos ir a Flourish y Blotts y buscar los libros de escuela de todos?
—No sé —musitó Molly con inquietud, claramente no estaba convencida entre el deseo de terminar las compras rápidamente y el deseo de mantenerse juntos en un grupo—. ¿Hagrid, qué piensas?
—No se preocupen, ellos estarán bien conmigo, Molly —mencionó Hagrid tiernamente y agitó una mano en el aire del tamaño de una tapa de cubo de basura. La señora Weasley no parecía completamente convencida, pero permitió la separación y echó a correr hacia Flourish y Blotts, con su marido y Ginny mientras ellos iban rumbo a la señora Malkin.
— ¿Preferirías estar en otro lugar, no? —inquirió Mione al ver el gesto del rubio.
Dejó caer sus hombros. —De todas formas necesito algunas túnicas…
Siguió caminando con el ceño fruncido, notando que muchas de las personas que los pasaron tenían la misma mirada aterrada, nadie se detenía a hablar; los compradores permanecían junto a los suyos haciendo grupos firmes, moviéndose atentamente entre los negocios.
Dumbledore no le había mentido al decirle como estaban las cosas. «Mmmm debemos detener a ese loco o acabara con el mundo mágico, lo peor es que esto sólo es el principio.»
—Estaremos un poco apretados todos juntos adentro —aseveró Hagrid, parándose en el exterior del comercio de la señora Malkin y doblándose hacia abajo para mirar con fijeza a través de la ventana—. Estaré cuidándolos desde aquí afuera, ¿tú… también entraras?
Black asintió siguiendo al trío al interior del local, parecía a primera vista, vacío, pero en el momento que la puerta se cerró detrás de ellos oyeron una voz familiar que salió de detrás de unas perchas de túnicas de vestir adornadas con lentejuelas verde y azul.
—No soy un niño, en caso de que no lo hayas notado, madre. Soy perfectamente capaz de hacer mis compras solo.
—Querido, tu madre tiene razón, se supone que ninguno de nosotros debe andar caminando por los alrededores solo ahora, no tiene nada que ver con ser un niño — pronunció la señora Malkin.
— ¡Mire donde está clavando ese alfiler, basta ya!
Draco Malfoy se detuvo frente al espejo y se examinó; unos momentos antes de que notara que Harry, Ron, Hermione y un extraño se reflejaron encima de su hombro. Sus ojos grises se achicaron ligeramente.
—Si estás preguntándose que es ese olor, madre, es una sangre sucia que esta por acá — dijo Malfoy arrugando su nariz con desprecio.
Harry en lugar de tomarle importancia a las palabras del Slytherin, dirigió su mirada a Regulus, expectante de su reacción al ver a Narcissa, Hermione también tenía los ojos puestos en él, lo tomó del brazo al sentir el tumulto de emociones que provenían de él burbujeando en su interior.
Arcturus clavó sus pupilas en la mujer, recorriéndola lentamente, se había vuelto en una mujer muy bella incluso más de lo que recordaba, pero su mirada ahora lucia opacada y su expresión denotaba que algo le preocupaba, la conocía bien para saber que algo le ocurría.
Deseó poder acercarse a ella y abrazarla, pero no debía, no podía… pero lo que si hizo fue mirar a ese chiquillo pálido, recordaba haberlo visto en su primera incursión al callejón aquella vez que había salido a comprar pociones para Hermione.
— ¡No creo que haya necesidad de utilizar ese lenguaje! —expresó la señora Malkin mientras corría detrás de la percha de túnicas que sostenía una cinta de medir y una varita.
—Retráctate Malfoy —amenazó Ron, apuntándole con su varita.
—Ron no, no lo hagas, francamente, no vale la pena —musitó Mione, acercándose a él tomándolo del brazo tratando de que bajara su varita.
— ¡No quiero varitas mágicas en mi tienda tampoco! —añadió Malkin a toda prisa.
—Me gustaría ver que hagan magia fuera de la escuela —retó Malfoy con desprecio— ¿Y quién es su acompañante… otro sangre sucia? ¿Tu novio…Granger? —añadió sarcástico recorriendo al chico rubio que los acompañaba.
Los colores se subieron al rostro de Hermione, ni siquiera se atrevió a voltear a ver a Regulus, aunque si miró con todo su odio a Draco, que si su mirada fueran dagas no seguiría vivo en es instante.
—Eres un imbécil Malfoy —escupió Ron, tragándose las ganas de ponerlo en su lugar, quizás no podía usar magia pero si podría al menos darle un buen golpe que le quitara esa estúpida sonrisa que tenía, se soltó del agarre de Hermione, avanzó unos pasos cuando Regulus lo detuvo colocándose delante de él.
—Veo que te gusta hablar demás, la próxima vez piensa dos veces antes de abrir tu boquita no querrás que aparezca una cicatriz en tu cara de nena —tocó su rostro con la punta de su varita, mientras Narcisa soltaba un gritillo.
—Eso lo quiero ver —manoteó la varita del extraño, aunque su rostro se reflejaba el miedo que sentía.
— ¡Ya es demasiado! —dijo Malkin agudamente mirando sobre su hombro pidiendo ayuda— Señora, por favor…
Narcissa se colocó al lado de su hijo, sin sospechar de quién se trataba. —Guarde eso —exclamó fríamente, mirando con altivez a Regulus—. Si usted toca a mi hijo, yo me aseguraré de que sea el último hechizo que haga en su vida.
—Señora, sus amenazas no son necesarias, sólo mantenga a su hijo callado —siseó sosteniéndole la mirada.
—Y usted no tiente su suerte…
Regulus frunció sus labios, sonriendo de lado, estaba por decir algo cuando Hermione lo tomó del brazo. —Déjalo así…
Narcissa alzó su rostro con arrogancia, mirando a la joven con repulsión. —No sé cómo permite señora Malkin que entre a su tienda esa clase de gente… usted sabe lo que podría pasarle si se corren los rumores.
—Por favor señora.
— ¿Usted se encargara de decírselos? ¿Irá a buscar a algunos de sus amigos Mortífagos, para que lo hagan? —se escuchó la voz de Harry, mirándola acusadoramente.
La señora Malkin gritó poniendo su mano sobre su corazón. — ¡Realmente, no deben acusar! No digan cosas peligrosas.
Pero Harry no bajó su mirada, ya tenía su varita preparada para la acción. Narcissa Malfoy sonrió desagradablemente.
—Veo que ser el favorito de Dumbledore te ha dado un sentido falso de seguridad, Harry Potter. Pero Dumbledore no siempre estará allí para protegerte.
Harry echó una mirada burlona alrededor de la tienda. —Guau... mire eso... ¡Él no está ahora aquí! ¿Por qué no vemos qué pasa? ¡Puede ser que le consigan una celda doble en Azkaban con el perdedor de su marido!
Malfoy hizo un movimiento furioso hacia Harry, pero tropezó encima de su túnica demasiado larga. Ron se rió con ganas.
— ¡No te atrevas a hablarle así a mi madre, Potter! —gruñó Malfoy.
—Está bien, Draco —dijo Narcissa mientras lo frenaba con sus delgados dedos blancos por el hombro—. Espero que Potter se reúna con su estimado Sirius antes de que yo me reúna con Lucius.
Harry no se aguantó más y levantó su varita más alto, tenía en la punta de su lengua el hechizo que usaría, esa mujer le había dado donde más le dolía en ese momento.
— ¡Harry, no! —gimió Hermione, agarraba su brazo e intentaba empujarlo a su lado—. Piensa. No debes... estarás en problemas.
—Señora, de verdad que siento tanta pena por usted y su hijo, es muy probable que terminen adornando con sus lapidas el cementerio, deberían reconsiderar sus lealtades — habló entre dientes Regulus, trastocando con sus palabras a la bella mujer.
La señora Malkin se estremeció en donde estaba parada por un momento, luego pareció decidir actuar como si nada pasara con la esperanza que esto fuera así. Se inclinó hacia Malfoy, que todavía miraba airadamente a Harry.
—Pienso que esta manga izquierda podría subir un poquito más, querido, solamente permíteme…
— ¡Ay! —gritó Malfoy sacudiendo su mano en el aire— ¡Mire donde está poniendo sus alfileres, mujer! Madre, no creo que quiera más esta túnica.
Se sacó la túnica por encima de su cabeza y las tiró al suelo a los pies de la señora Malkin.
—Tienes razón, Draco —dijo Narcissa, echándole una mirada despectiva a los presentes, deteniéndose en Regulus—. Ahora sé la clase de escoria que hace sus compras aquí. Mejor vamos a ver a Twilfitt y Tatting.
Y dicho eso, los dos salieron de la tienda, cuando Malfoy salió tuvo cuidado de golpear tan duro como pudo a Ron.
Black cerró sus ojos con fuerza, su boca tenía un sabor tan amargo como las sensaciones que en este momento burbujeaban en su interior. —Terminemos de comprar y larguémonos de aquí —exclamó tragándose su sentir, girándose hacia el trío.
Hermione lo miraba preocupada, pero no sabía qué decirle, la había defendido frente a su familia.
—Potter no vuelvas a hacer algo tan estúpido, te necesitamos vivo no en pedazos —refirió guardando su varita.
— ¿Consiguieron todo? —preguntó alegremente Hagrid cuándo reaparecieron a su lado.
—Casi —habló Hermione, tratando de recomponer su gesto colocando una sonrisa más parecida a una mueca de incomodidad.
— ¿Viste a los Malfoy? —preguntó Harry, aún sabiendo que eso molestaría a Regulus.
—Sí —dijo indiferente— pero ellos no se atreven a generar problemas en medio del Callejón de Diagon, Harry. No te preocupes por ellos.
—Si, claro… —barbotó Ron, intercambiado miradas con Potter.
— ¿Qué dijiste Ron?
El pelirrojo no tuvo tiempo de sacar a su amigo de esa idea, ya que en ese momento llegaron sus padres con Ginny, cada uno con un pesado paquete de libros.
— ¿Todos bien? —inquirió la señora Weasley— ¿Consiguieron sus túnicas? Bien entonces, nosotros podemos ir a la droguería y al Emporio de la Lechuza ahora, en el camino a la tienda de Fred y George, permanezcan juntos, por favor...
*º*º*º
En la Droguería, Hermione trataba de conversar con Regulus, sólo que no sabía cómo abordarlo, cuando entraba en su caparazón no había manera de hacerlo hablar, sabía que le había afectado su discusión con Narcissa.
Él sabía que ella estaba preocupada por él se lo decía su vinculo, pero ahora estaba muy confundido y no sabría qué decirle de todas formas, se dedicó a ver los frascos con distintos nombres, tomó algunos que le servirían en el futuro, necesitaba reabastecer su bodega.
— ¿Por qué compras eso? —cuestionó al verlo tomar un frasco de esencia de belladonna.
—Uno nunca sabe, siempre es bueno tener esto a la mano.
Hermione frunció su ceño. —No deberías comprar cosas peligrosas.
—No me voy a suicidar —soltó irónico, tomando otro frasco que contenía plumas de Jobberknoll—. ¿Por qué llevas tan pocos frascos?
—Porque es lo que necesito —repuso lógica.
—No te creo, ¿no quieres juntar de nuevo los ingredientes para realizar el hechizo que me trajo de la muerte? —pausó colocando una mueca y mirándola acusadoramente— Se que has pesado en volver a hacer el hechizo.
Los ojos de la castaña se dilataron con asombro, abrió su boca un par de veces tratando de negar lo que él decía, pero parecía que su voz se había ido.
Regulus chasqueó su lengua, endureciendo su expresión. En realidad él no sabía eso, sólo lo había dicho en arrebato por lo mal que se sentía en ese momento, únicamente se había desquitado pero al ver que ella no lo contradecía, le aclaraba que había dado justo en el clavo y eso le dolió.
Pagó todo y salió de la tienda, necesitaba un poco de aire. Hermione parecía estar clavada al suelo de la tienda, le tomó unos minutos lograr avanzar hacia la caja, incluso le costó sacar los galeones de su bolsa, los dedos le temblaban, los ojos le escocían.
Salió de la tienda aún trastocada, se acercó a Hagrid, ya que no tenía el valor para ir donde Regulus se encontraba.
—Realmente no tenemos mucho tiempo —señaló la Señora Weasley cuando todos estaban juntos—. Sólo echaremos una rápida mirada y volveremos al automóvil. Deberíamos estar cerca, el número noventa y dos. . .el noventa y cuatro. . .
—Guau... —dijo Ron deteniendo sus pasos.
Sobre la vidriera, los carteles de la tienda se destacaban de los de alrededor, las ventanas de Fred y George lastimaban la vista con una exhibición de fuegos artificiales. Los ocasionales transeúntes miraban las ventanas de soslayo sobre sus hombros, y algunas personas algo atontadas, realmente hacían un alto para mirar. La vidriera izquierda era deslumbrante llena de un surtido de mercancías que giraban, estallaban, destellaban, y chillaban. La vidriera de la derecha estaba cubierta con un cartel gigantesco, púrpura como los del ministerio, pero blasonada con las letras amarillas que centellaban:
¿POR QUÉ TE PREOCUPAS POR QUIEN—TU—SABES?
¡DEBERÍAS PREOCUPARTE POR QUE—NO—HACES!
¡LA SENSACIÓN DE CONSTIPACIÓN
QUE PERTURBA A LA NACIÓN!
Harry empezó a reírse. Oyó un débil gemido su lado y giró la vista para ver a la Señora Weasley mirando fija y mudamente el cartel. Sus labios se movieron silenciosamente y dijo el nombre con voz hueca—: ‹‹qué-no-haces.››
Regulus no tenía ninguna intención de visitar ese lugar, necesitaba ir al Callejón Knockturn, debía buscar un libro que los ayudara a librarse de su conexión. Se detuvo en la entrada, esperando que todos estuvieran adentro y entonces se escabulló, apenas había dado unos pasos cuando sintió un jalón en su brazo.
— ¿A dónde vas? —interrogó Hermione, tratando de recuperar su aliento.
— ¿Qué no te cansas de seguirme? Anda por qué no te vas con tus amiguitos a esa tonta tienda y me dejas en paz, no soy un niño que tengas que cuidar a cada minuto —bramó ceñudo, aún estaba molesto por su interés en revivir a su hermano. «¿Qué diablos le dio mi hermano para tenerla así? ¿Hasta dónde llegó su relación? ¿Por qué no acepta que se fue? Mi hermano era demasiado grande para ella… ¿Y por qué demonios me importa?».
—Ya lo sé, pero aún así iré contigo… vas al Callejón Knockturn, apurémonos —caminó delante de él, aguantando su coraje.
Regulus bufó exasperado, tensando su mandíbula; la observó a unos metros y no le quedó de otra que seguirla, tampoco la dejaría entrar a ese lugar sola.
En cuanto se sumergieron en el pasaje, de inmediato notó los pares de ojos posados en ellos, no debían llamar la atención, ese era el peor lugar para meterse pero debían hacerlo, siguió sus pasos hasta que llegaron a un local tenebroso.
Mione respiró ostentosamente y abrió la puerta logrando que la campana anunciara su presencia, algunas personas los voltearon a ver, jaló al rubio hacia los estantes. —Yo buscare en estos, revisa cualquier cosa que hable sobre Nigromancia.
Regulus caminó hacia los otros estantes, leyendo con rapidez los títulos de los textos, todo iba bien hasta que vio a esa mujer, ahí a unos metros de él se encontraba la mujer de la que se había enamorado. Dejó de respirar mirándola totalmente embobado, lo sabía porque a pesar de los años su perfil seguía siendo el mismo.
La mujer de cabello negro y piel nívea, se giró al sentirse observada encontrándose con el joven rubio, curvó sus cejas en un gesto interrogante. Su corazón palpitó de forma dolorosa.
—Mira lo qué enco… —pausó notando la extraña actitud del vástago, siguió la dirección de su mirada, topándose con aquella extraña mujer, de notoria belleza, frunció su ceño tratando de entender lo qué sucedía, lo único que tenía claro es que no debía dejar que él siguiera haciendo el ridículo frente a esa mujer.
—Hey —le tronó los dedos frente a su cara, mientras discretamente pellizcaba su brazo.
Regulus regresó de su letargo al sentir el pequeño ardor en su brazo. — ¿Qué diablos te pasa? —despegó la mirada de la mujer, mirando fieramente a Hermione.
Mione estaba a punto de sermonearlo, cuando notó que sus ojos habían vuelto a ser grises y que su cabello comenzaba a volverse negro. —Rayos… —lo arrastró lejos de la mirada de esa mujer, acorralándolo contra un estante.
— ¿Qué…?
—Estas cambiando… tomate la poción, apúrate —apremió asustada.
Él buscó torpemente la botellita entre su túnica, pero parecía que el frasco le estaba jugando una mala pasada porque se resbalada de sus dedos.
— ¿Estas loco? ¿Por qué mirabas a esa mujer? ¿Quién es? —barbotó preguntas, mientras cuidaba que nadie estuviera viéndolos.
Arcturus bebió el contenido, sintiendo nauseas, soltó el frasco que haciendo malabares logró atrapar la castaña. —Ni se te ocurra vomitar aquí.
Él se agarró de un estante para no contorsionarse ante el cambio, pero en el proceso algunos libros cayeron.
— ¿Qué esta pasando ahí? —gruñó un hombre. Hermione dedujo que los atraparía, así que sin pensarlo cubrió con su cuerpo al chico, abalanzándose sobre él, posando sus labios en los del chico.
El anciano observó la escena ceñudo. —Hey ustedes dos, este no es un lugar para eso… o compran libros o se van.
Regulus no tenía ni idea de lo que estaba pasando, sólo sabía que tenía los labios de la castaña sobre los suyos, ese era un beso muy alejado de lo que a él le hubiese gustado.
Hermione se separó girando en dirección al hombre. —Lo siento… —sus mejillas estaban rojas, esperó hasta que el hombre desapareciera para mirar al chico—. ¿Quieres no meternos en más problemas?, pensé que nos descubrirían —trató de controlar su respiración, se llevó las yemas de sus dedos a su boca, a pesar de lo tenso de la situación y de sólo haber improvisado, podía sentir aquel hormigueo en sus labios producto de su extraño ósculo.
Abochornada se alejó de él, alzando el libro que antes llevara en brazos. Apenas dio unos pasos con sus temblorosas piernas, tratando de concentrarse de nuevo en los libros.
Regulus trataba de poner en orden su mente, habían pasado muchas cosas en sólo cinco minutos, por una parte había visto a la mujer que había amado o amaba, luego de la nada su cambio por la poción multijugos y la cereza del pastel el beso de la Gryffindor, que lo había dejado perturbado, pasó su lengua por sus labios percibiendo el sabor del brillo labial, sabia a manzana.
Se acomodó la ropa y trató de actuar lo más normal posible, fingió buscar un libro aunque lo único que hacia era escanear el lugar en busca de su amada.
Hermione, tomó otro libro y observó su reloj, llevaban ya mucho tiempo lejos de la familia Weasley debían volver. —Paguemos esto y salgamos de aquí —le ordenó, sin siquiera detenerse a ver si él estaba o no de acuerdo.
Él la siguió de mala gana, pero la verdad era que estaba tan perturbado, no tenía la cabeza en su lugar para ponerse a leer los textos, observó como ella buscaba en su bolsa algo, quizás era el oro para pagar.
Metió su mano en los bolsillos de sus pantalones, sacando los suficientes galeones para pagar. Hermione apenas lo miró, tomó los libros y los colocó dentro de su bolsa. Regulus le echó una última mirada al lugar con la esperanza de ver a su amada pero fue inútil, finalmente tuvo que salir. Observó que la calle se había vuelto silenciosa, la gente parecía haber desparecido y eso no le gustaba nada.
—Es mejor que nos vayamos —esta vez fue Regulus el que habló, sus ojos se paseaban por el lugar, desconfiado. No sabía porqué pero incluso su piel debajo de la ropa se había enchinado, había algo en el ambiente, la tomó del codo empezando a caminar.
Ella se dejó llevar, podía sentir como Regulus se había puesto alerta, algo no le había gustado y eso lograba inquietarla. Abrió bien sus ojos y trató de agudizar su oído, por si algo pasaba fue entonces que vio entrar a Malfoy en un local.
«Mmmm eso es extraño, ¿qué hace Malfoy solo? ¿y por qué entró ahí? Pero ¿qué…?».
Entrecerró sus ojos tratando de agudizar su vista, había notado un par de tobillos, pero no había cuerpo al que pertenecieran, eso sólo indicaba una cosa. «No puedo creerlo… Ron y Harry.»
Se detuvo en seco, logrando que Regulus girara a mirarla con una expresión interrogante. Hermione señaló al aire, avanzando hacia lo que él creía era nada.
— ¿Qué haces?
—Silencio —tomó a los chicos aún cubiertos por la capa, arrimándolos a la oscuridad — ¿qué es lo que hacen?
— ¿Hermione? Déjanos… harás que nos descubran, debemos ver lo que esta haciendo Malfoy —farfulló Harry, obstinado.
— ¿Están locos?
—Más bien qué haces tu aquí en este Callejón, pensé que seguías en Sortilegios — reclamó Ronald, aunque ella no podía verlo, él estaba fulminado con su mirada a Regulus.
—Estábamos ahí, hasta que los vi salir —improvisó cruzándose de manos.
—Quieras o no seguiremos a Malfoy —avisó Harry, tratando de esquivarlos—, y no pueden venir o nos descubrirán, los cuatro no cabremos en la capa.
— ¿Por qué dices cuatro? Si ella quiere venir esta bien, pero esa cosa que la acompaña no —gruñó entre dientes Ron.
Mione entornó sus ojos, no podía dejarlos ir solos, pero tampoco quería dejar a Regulus.
—No necesitamos de su capa, nosotros tenemos nuestros métodos —Black echó una mirada por el Callejón, antes de sacar su varita. Después de todo él también tenía curiosidad sobre lo que estaba haciendo su querido sobrino en ese lugar, aunque él no descartaba que ya se encontrara sirviéndole al Señor Oscuro.
—Lo sabía, nos atacara… —expresó exaltado Ron, buscando su varita.
—No seas idiota, sólo haré un encantamiento desilusionador ¿sabes hacerlo? —se dirigió esta vez a la castaña, quien negó con su cabeza—, para ser una gran maga dejas mucho que desear —le apuntó con su varita, murmurando el conjuro, lo último que vio fue su expresión de enojo. Después lo realizó sobre si mismo.
— ¿Hermione? —preguntó con duda Ron.
—Estoy a su lado, ahora vamos… antes de que nos busquen —había sentido como si le hubieran estrellado un huevo en su cabeza, al menos había funcionado, debía reconocer que Regulus era un buen mago, aunque sus últimas palabras la habían enfurecido ya se encargaría de ponerlo en su lugar. De la nada una mano rozó su brazo, respingó asustada, lo raro es que no había nada.
—Soy yo —susurró Black—, no se te ocurra gritar.
Mione trató de mantener a raya sus nervios y se aferró al brazo del mago, ahora que sabía donde se encontraba. Finalmente llegaron a Borgin y Burkes, donde Draco se encontraba, dándoles la espalda. El propietario de la tienda, el Sr. Borgin, un hombre pegajoso, se inclinaba frente a Malfoy. Él tenía una curiosa expresión mezcla de miedo y resentimiento.
—Si sólo pudiéramos oír lo que están diciendo —musitó Hermione, pegándose más a la ventana, intentando captar los sonidos que provenían del interior.
—¡Podemos! —dijo Ron excitado— Las tengo en... maldición…
— ¿Qué es lo que tiene y por qué hace tanto ruido? —rumió Regulus, aunque eso sólo lo escuchó Mione, poniendo los ojos en blanco.
Ronald dejó caer un par más de cajas que todavía sostenía cuando hurgó en la más grande. —¡Las Orejas Extensibles!
— ¡Fantástico! —chilló Hermione sobresaltada, cuando Ron desenredó las orejas de color carne y comenzó a deslizarlas por debajo de la puerta.
— ¿Qué eso? —cuestionó intrigado.
—Espera y verás —pidió animada.
—Oh, espero que la puerta no este imperturbable. ¡No! —informó Ron alegremente. — ¡Escucha Harry!
—Dame una nosotros también queremos escuchar —el pelirrojo a regañadientes le dio un par.
Hermione se acercó al vástago, mientras escuchaban atentos en el extremo de la extensión, a través de la cual la voz de Malfoy era oída fuerte y ruidosa como si una radio se hubiera encendido
— ¿Sabe usted arreglarlo?
—Posiblemente —habló Borgin, en un tono que sugirió que no era su voluntad comprometerse—. Sin embargo necesitaré verlo. ¿Por qué no lo trae usted a la tienda?
—No puedo, tiene que quedarse donde está. Yo sólo necesito que usted me diga cómo hacerlo.
El cuarteto percibió claramente como Borgin lamía sus labios nerviosamente. —Bien, sin verlo, debo decir que será un trabajo muy difícil, quizás imposible. No podría garantizar nada.
— ¿Nada? —cuestionó Draco, y Harry supo, sólo por su tono, que estaba sonriendo con desprecio—. Quizás esto lo haga más seguro.
Él se acercó a Borgin y el armario les bloqueó la vista. Tanto Regulus como los demás cambiaron de lado para intentar mantener la visión, pero todo lo que podían ver era a Borgin, que parecía muy asustado.
—No diga nada a nadie —ordenó Malfoy— y habrá una recompensa. ¿Usted conoce a Fenrir Greyback? Él es un amigo de la familia. Vendrá de vez en cuando a cerciorarse de que está dando al problema su completa atención.
—No habrá necesidad de eso…
—Yo decidiré si la hay. Bien, mejor pagaré. Y no se olvide de guardar eso en la caja fuerte, lo necesitaré.
— ¿Quizás le gustaría llevarlo ahora? —sugirió Borgin.
—No, por supuesto no lo haré, usted es un pequeño hombre tonto, ¿cómo quedaría si me ven llevando esto por el callejón? Simplemente no lo venda.
—Por supuesto que no... señor.
Borgin hizo una inclinación tan profunda como la que Harry le había visto una vez dar a Lucius Malfoy.
—Ni una palabra a nadie, Borgin, y eso incluye a mi madre, ¿Entiende?
—Naturalmente, naturalmente —murmuró inclinándose de nuevo.
Luego de un momento, la campanilla de la puerta tintineo ruidosamente cuando Malfoy salió furtivamente de la tienda con aspecto de estar de muy buen humor. Él pasó tan cerca de Harry y Ron, que ellos sintieron la agitación de la capa alrededor de sus rodillas. Dentro de la tienda, Borgin permanecía helado; su sonrisa suntuosa había desaparecido; parecía angustiado.
Regulus suspiró pensativo, no le había gustado nada lo que habían visto. «Mmm debo averiguar qué es lo que quiere arreglar, quizás eso nos lleve a predecir lo que ese loco de Voldemort esta planeando, además si ese chico estará en Hogwarts es porque ese bastardo así lo quiere y eso es significa problemas para el colegio y Dumbledore, ahora más que nunca Potter debe tener cuidado.»
— ¿Sobre qué hablaban?—susurró Ron mientras enrollaba las Orejas Extensibles.
—Rayos —emitió Harry pensando rápido— él quiere arreglar algo... y quiere reservar algo ¿Pudieron ver lo que señaló cuándo dijo uno de esos?
—No, estaba tapado por el armario.
—Ustedes quédense aquí —susurró Hermione, Regulus deshaz el hechizo.
— ¿Qué? ¿Estás loca? ¿No pensarás…? —Ron no terminó cuando tanto Regulus como Hermione volvían a la normalidad.
—Que no es obvio voy a entrar… —alisó su cabello en el reflejo del vidrio.
—Iré yo —anunció Regulus, pero ella lo detuvo.
—Ni tu ni Harry deben arriesgarse, quédense aquí —mandó con tono autoritario.
Entonces entró a la tienda y tocó la campanilla que sonó de nuevo. Ron extendió rápidamente las Orejas Extensibles bajo la puerta y le pasó uno de los cordones a Harry. Regulus no pensaba obedecerla por supuesto así que ingresó después de ella.
—Hola, que mañana horrible, ¿verdad? —dijo Hermione radiante a Borgin que no contestó pero le lanzó una mirada sospechosa. Tarareando animadamente, Mione se paseó a través del revoltijo de objetos exhibidos, notando la presencia de Regulus a su lado, rodó sus ojos nerviosa— ¿no podías esperarme? —siseó sólo para que él escuchara.
—A mi no me des ordenes… —le respondió posando su vista en el collar que Borgin tenía expuesto en una vidriera— ¿este collar esta a la venta?
—Si usted tiene mil quinientos Galeones —soltó Borgin fríamente, mirando con desconfianza al rubio.
—Los tengo —manifestó sacando una bolsa con galones, depositándola con poca delicadeza enfrente de Borgin, quién abrió sus ojos desmesuradamente.
—Lo cierto señor, es que ese ejemplar ya esta reservado pero si viene la próxima semana…
—No, quiero ese —se empeñó Regulus, habían acertado en el objeto, eso era lo que su sobrinito quería, ahora tenía que saber a quién pensaba obsequiárselo y si no se equivocaba, ese collar podía causar la muerte.
—Lo siento pero no puedo vendérselo. Ahora salgan de aquí... ¡Fuera! —corrió el hombrecillo.
—Es mejor que salgamos —indicó Hermione al ver la reacción de Borgin.
Regulus tomó su bolsa de galeones, mientras la furia fulgía en sus pupilas. —Nos volveremos a ver…
Mione no esperó que se lo digan dos veces, se dio prisa en llegar a la puerta llevando consigo al vástago. Borgin avanzó tras ellos, cerrando de golpe la puerta detrás de sí y puso el cartel de «cerrado».
—Ah bien, ¿qué diablos creías que hacías diciéndole que tenías los galones?—gruñó Ron, aún cubierto por la capa aunque eso no quitaba que estuviese mirando con recelo a Black— fue demasiado obvio.
—Ron cállate, al menos sabemos que es lo que Draco apartó… y no gracias a ti — chasqueó cruzando sus brazos.
— ¿Y qué tiene de especial ese collar? —inquirió Harry, intrigado por lo que el vástago había averiguado.
—Es un collar de ópalo y esta maldito quién lo toque se muere así de simple —resumió fúnebre, sus ojos azules en ese momento se habían vuelto oscuros.
— ¿Qué? ¡Malfoy piensa matar a alguien! —farfulló con asombró Ronald.
—Quieres callarte, no estamos en el mejor lugar para que lo grites a los cuatro vientos o es que quieres morir —regañó Black, frunciendo su ceño. Observando el callejón en busca de alguien que los hubiese escuchado.
—Debemos acusarlo —profirió Harry, dando por sentado sus sospecha. Malfoy se había unido a Voldemort siguiendo los pasos de su padre.
—No, lo haremos… —sentenció Regulus firme.
—Pero… ¿Qué? ¿Por qué? ¿Estas de su lado? —barbotó Harry, queriendo quitarse de encima la capa.
—No, y es mejor que dejemos esto aquí, hablaremos después —zanjó iniciando el recorrido hacia Sortilegios Weasley.
Hermione se debatió entre seguirlo o quedarse con sus amigos, pero tenía razón debían volver, posiblemente ya se hubiesen dado cuenta de su ausencia. —Vámonos…
— ¿Cómo puedes estar de su lado? —protestó Ron.
—No estoy de ningún lado, pero debemos regresar con tus padres antes de que empiecen a buscarnos —mencionó siguiendo los pasos de Black.
A Ron y Harry no les quedó de otra que imitarlos, aunque todo el recorrido el pelirrojo se la pasó peleando con Mione.
º*º*º*
Más tarde en el 12 Grimmauld place.
—Vamos entren —invitó Hermione, abriendo la puerta del cuarto que ocupaba.
—Pensé qué mi mamá nunca nos dejaría regresar aquí —espetó Ron, sentándose en la cama.
—Estuvo cerca, pero estoy seguro que sigue creyendo que no estábamos en la tienda — comentó Harry.
—Es obvio, su explicación no fue la mejor… —acotó Mione, concentrando sus pupilas en el pelirrojo.
—Pues no vi que tu ayudaras mucho, siempre estas pegada a ese… pareces su perro — exclamó sin pensar, el monstruo de los celos podía llegar a ser muy malo concejero.
La cara de la castaña se volvió tan roja como un tomate, estaba furiosa. —Eres un idiota…
— ¿Quieren dejar de pelearse? Ron deja en paz a Hermione — pidió Harry cansino. Todo el día se la había pasado lidiando con su peleas y la verdad no estaba para ser su arbitro, menos con lo que habían escuchado en el Callejón Knockturn.
Ronald rumió por lo bajo, manteniendo su gesto furibundo. Herms se tragó su enojo y miró agradecida a Harry.
— ¿Dónde esta Regulus?
Hermione se encogió de hombros. —La última vez que lo vi estaba en su cuarto.
— ¿Estabas con él en su cuarto? —interpeló celoso, encarando a Hermione.
—Si —afirmó cansada de la absurda actitud de su amigo.
— ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué estaban haciendo?
Harry puso sus ojos en blanco, mientras negaba con su cabeza. —Iré a buscarlo.
—Voy contigo —añadió Mione, ignorando olímpicamente a Ronald.
—Contéstame Hermione —exigió caminando detrás de ellos.
—Déjame en paz, tu no entiendes nada —refirió sin girarse.
Ronald se detuvo encorajinado, cerrando sus puños con fuerza, pero no le quedó más que alcanzar a sus amigos. — ¿Vamos a confiar en él? —indagó Ron en su voz se denotaba la desconfianza que sentía.
—Yo confió en él —manifestó Mione.
—Mmm no lo se Ron —repuso Harry, él aún tenía sus dudas.
*º*º*º
Hacía tiempo que el efecto de la poción multijugos había terminado y Regulus se encontraba en un salón de su casa, observando el viejo tapiz que contenía el árbol genealógico de su familia, que se remontaba hasta la Edad Media.
Sonrió con amargura al leer en la parte superior: La noble y ancestral casa de los Black y debajo el lema familiar «Toujours pour». Recargó su frente en el tapiz, sintiendo un horrible hueco en su pecho, no podía negar cuanto le había afectado esa salida al Callejón Diagon. El ver a su prima expuesta como una criminal, a donde habían arrastrado el gran apellido de la familia Black, atrás habían quedado los años en que la población mágica los reconocía como una de las mejores familias, ahora sólo eran conocidos por ser prófugos de Azkaban y viles mortifagos.
Ahí estaba de nuevo ese sentimiento de culpa que lo asfixiaba, por sus acciones pasadas, por las muertes en las que había participado, por no saber ver a tiempo lo que ese ser les causaba, sólo eran sus títeres desechables.
Su vida hubiese sido otra, quizás estaría casado con la mujer que amaba, quizás tendría hijos… pero no, se había equivocado y esas eran las consecuencias. Una lágrima surcó su mejilla, se incorporó sintiéndose miserable, furioso, frustrado…
De repente a sus oídos llegaron las voces del trío dorado, se tomó un respiro y se limpió con coraje su mejilla, no quería que lo vieran en ese estado de debilidad.
—Regulus —susurró Hermione, había sentido una horrible angustia antes de llegar ahí, aunque verlo no la tranquilizo al contrario sólo acrecentó su preocupación, había un dolor en sus pupilas que la hacia estremecerse.
—Tenemos que hablar —anunció Harry sin miramientos.
—Mmm…
— ¿Estas seguro qué ese collar fue lo que Malfoy apartó? —preguntó Harry, curvando su ceja.
—Casi… ustedes escucharon que Borgin se negó a vendérmelo.
—Si, eso fue sospechoso —opinó Hermione un poco impaciente—, pero no podemos asegurar que era eso lo que apartó y tampoco sabemos qué es lo que quería arreglar.
—Además esta lo de su vendaje que creen qué halla sucedido —recordó Ronald, olvidando por un momento que se encontraban hablando con su némesis.
—Cierto, en la tienda de la señora Malkin. Ella no lo tocó, pero él gritó y dio tirones alejando su brazo de ella cuando le fue a enrollar la manga. Era su brazo izquierdo — murmuró Mione meditando.
—Estoy seguro que él está sobre algo y para eso necesita ese collar, pienso que debemos tomarlo en serio. Su padre es un Mortífago y...
Harry se interrumpió, con los ojos fijos en el vástago, su boca abierta. Un pensamiento alarmante se le acababa de ocurrir.
— ¿Harry? —pronunció Hermione en con voz ansiosa— ¿Qué está mal?
— ¡Tiene la marca oscura!
Hubo un silencio; entonces Ron estalló en risas. — ¿Malfoy? ¡Tiene dieciséis años, Harry! ¿Piensas que Tú-sabes-quién permitiría que Malfoy se le uniera?
—Parece muy improbable, Harry —se apresuró a decir Hermione con voz represiva — ¿qué te hace pensar eso? ¿Podrían haber muchas explicaciones sobre porque estaba utilizando un vendaje? —dirigió su vista al vástago en busca de un poco de ayuda, pero al ver su gesto de seriedad, tragó en seco, algo no estaba bien— ¿Regulus no cree…?
—Puede que no estés tan equivocado…
— ¿En serio? —cuestionó perturbado, no esperaba encontrar apoyo en él.
—Por Gryffindor… no creo que Malfoy sea Mortifago, ¿de qué le puede servir a Tú-sabes-quién? —lanzó incrédulo Ron, mirando con una mueca burlesca a Regulus.
—Tú no tienes idea mocoso, pero le puede servir de mucho… si tienes cerebro debajo de todo ese cabello, demuéstralo, ¿quién sospecharía de él? —pausó dándoles tiempo para que analizaran—. Malfoy tiene acceso a Hogwarts como ninguno de los otros mortifagos, puede vigilarte Potter…
Hermione abrió su boca formando una «o» perfecta. —No, eso es poco probable. Tiene que haber otra explicación, no debemos apresurarnos a sacar conjeturas.
—El padre de Malfoy esta en Azkaban. ¿No estará pensando como vengarlo?— mencionó Harry, aportando otra explicación.
—No creo que sea eso —denegó—. Además el Señor Oscuro no lo aceptaría en sus filas por eso, mmm quizás… no sé, debió haberle dado una misión quizás para confirmar su lealtad, una prueba para ver qué sería capaz de hacer por él.
—Todavía no creo que Tú-sabes-quién permita que Malfoy se una...—exclamó Ron escéptico— todo esto… es una estupidez.
—Nadie te esta pidiendo que lo creas niñato —molestó Regulus, torciendo su sonrisa al ver como Ronald echaba humo por la orejas.
—Contrólate Ron —pidió Mione tomándole la mano, gestó que no le gusto mucho a Regulus, que terminó desviando su mirada de ellos.
—Debemos decírselo a Dumbledore —divulgó Harry, acomodándose sus lentes. Estaba convencido que tenía la razón.
—No aún —intervino Black, logrando que todos los pares de ojos se posaran en él—, debemos tener pruebas, acusarlo así… no nos llevaría a nada.
—Pero…
—Harry, él tiene razón —confirmó Hermione, aún sin soltar al pelirrojo.
—Pero ¿cómo las conseguiremos? —manifestó exasperado.
—Tendremos que esperar a estar en Hogwarts, yo puedo vigilarlo de cerca siendo profesor tendré acceso a Slytherin, quizás podamos encontrar algo en su habitación… habrá maneras —expuso con un brillo malicioso en sus pupilas, algunas ideas de cómo sacarle información habían cruzado por su mente
— ¿Y si para entonces ya utilizo el collar? —Harry no estaba convencido de esperar tanto.
—Esperemos que no sea así —prorrumpió Black, pasando entre ellos salió del salón.
El trío se miró entre si, aunque ninguno se atrevió a decir más, Hermione soltó la mano de Ron, tenía unas enormes ganas de salir corriendo tras de él, pero no lo iba a hacer, quizás más tarde podría verlo sin Harry ni Ron.
Hermione no pudo hablar con el chico el resto de la tarde, ni siquiera durante al cena porque él no había bajado a cenar y cuando había tratado de llevarle una bandeja con comida. Ronald la había descubierto logrando asustarla, por consecuencia había tirado los platos.
Había hecho un último intento de verlo, pero cuando había tratado de entrar a su cuarto la puerta tenía el cerrojo corrido, señal de que no quería que nadie lo viera. Resignada y molesta a la vez, se dirigió a su habitación.
«Si él no quiere hablar conmigo perfecto, quería que leyéramos juntos los libros pero veo que no será posible… como sea yo si los leeré, debo encontrar algo que nos ayude.»
Tomó una ducha tratando de relajarse había sido un día demasiado ajetreado y estresante, pero la verdad haría falta más que un baño para sacarle de la mente todo lo que le estaba dando vueltas, pero lo que la tenía así y no podía seguir negándolo era esa misteriosa mujer.
«¿Quién sería esa mujer? ¿Por qué Régulus se sintió así en cuanto la vio? Los sentimientos que envió por nuestra conexión fueran tan desconcertantes, tan… se sentía como cuando yo veía a Sirius —se detuvo al caer en cuenta—. ¡Por Merlín ¿y si Regulus esta enamorado de esa mujer?».
Estuvo bajo el chorro de agua el tiempo suficiente para que ésta se volviera fría, tratando de asimilar eso. Finalmente cerró las llaves tiritando de frío conteniendo el grito que pugnaba por salir de su boca por el cambió de temperatura.
Se enrolló en su toalla y salió a su cuarto temblando directo hacia su cama. — ¿Dónde esta mi ropa? —gritoneó al no verla en el lugar que la había dejado.
Regulus hizo notar su presencia con un pequeño silbido. Hermione respingó alarmada, sus ojos se dilataron por la sorpresa de encontrarlo en su habitación.
—Vaya no esperaba que me recibieras así… sexy —torció su sonrisa. Delineó su cuerpo con los ojos, sin perderse ningún rincón, claro que la toalla hacia su labor de cubrir la mayor parte de su mirada lasciva.
— ¿Q-qué… haces aquí? —tartamudeó nerviosa, aferrándose al pedazo de tela que la cubría.
—Bueno como tú entras a mi habitación sin tocar, creo que tengo el mismo derecho de hacerlo, así que vine a regresarte tus visitas —declaró divertido, disfrutando del sonrojo que había provocado en ella.
Hermione dejó salir de sus labios un grito de indignación.
— ¿Buscabas esto? —agregó con tono inocente, agitando su muda— Linda ropa interior, ¿te dije que el negro es uno de mis colores favoritos? —divulgó acercándosele lentamente.
—Tú… ¡argghh! ¡Devuélvela! Eres… eres un ¡Pervertido! —vociferó ofendida, tratando de quitársela.
—Tranquila —pidió sonriendo de oreja a oreja—, ¿qué se siente que invadan tu privacidad?
—Te odio —chilló frustrada, esta dispuesta a volver al baño y encerrarse hasta que él se fuera, pero él la detuvo a medio camino, obligándola a permanecer en el mismo lugar.
—Ya, ya ten —le entregó su ropa, mirándola con un brillo divertido.
Hermione la tomó de mala gana. —Sal para que me pueda cambiar.
—Yo nunca te he dicho eso y tú has estado presente cuando me cambio —reprochó con un mohín.
—No es lo mismo y lo sabes —refutó acentuando su expresión furibunda.
—Si lo es, te aseguro que no tienes nada que yo no haya visto antes, si lo tienes te doy trescientos galeones —retó divertido.
El rostro de Mione se volvió rojo de furia. — ¡Sal!
—Eso es un no ¿verdad? Ya, ya… sólo me volteare —se giró cruzándose de brazos.
Hermione gruñó por lo bajo y se encerró en el cuarto de baño, donde dejó salir un gritillo de frustración y enojo. —Lo odio… pero ¿qué se cree?
Aún enfadada comenzó a vestirse, aunque sus mejillas seguían coloradas por el atrevimiento del pelinegro. Se lavó los dientes se colocó poción alisadora en su cabello y lo ató en una coleta. No podía retrasar más su salida debía enfrentarlo, llenó sus pulmones de oxigeno y abrió la puerta encontrándose con él recostado cómodamente en su cama.
— ¿Qué se supone que estas haciendo?
—Esperándote, tardas demasiado —dijo en medio de un bostezo—. Enséñame los libros.
Hermione de mala gana sacó los textos de su bolsa, entregándole uno a él, quedándose con otro. Se sentó en la cama recargándose en la cabecera.
Inició la laboriosa tarea de buscar información sobre el tatuaje, pero la verdad no podía concentrarse y eso se debía no sólo a la cercanía del vástago, sino a qué su mente no la dejaba de torturar con ellas preguntas: ¿quién era esa mujer?, ¿por qué el había reaccionado así?
«Debo preguntarle, pero… no creo que él quiera decirme son cosas muy personales, quizás en algún momento la conexión me permita entrar a su mente y lo averigüé aunque eso no estaría bien. Resígnate Hermione, no lo sabrás… además no fue un buen día para él y lo sabes, cómo para que tu le agregues tus preguntas para saciar tu curiosidad.»
Intentó concentrarse nuevamente, colocando su vista en el párrafo: La nigromancias es….
No estaba entendiendo nada, soltó un suspiró, atisbó su mirada entre su libro y el moreno. «Al menos alguien si esta haciendo lo que debe, aunque no puedo creer que él si pueda concentrarse con todo lo de su familia y los mortifagos.» Se mordió su labio inferior con nerviosismo.
—Suéltalo… odio que estés ansiosa. ¿Qué quieres preguntarme? ¿O piensas quedarte toda la noche admirándome?
Ella respingó al ser descubierta, agachó su cabeza ocultándose. «Rayos… Rayos… soy una tonta y ahora qué le digo…piensa, piensa…».
Black rodó sus ojos ante su actitud infantil. —Como quieras…
Mione sentía como la sangre se había aglomerado en su rostro, bueno ya la había descubierto qué tal mal sonaría si le preguntara. —Regulus…
—Mmm —murmuró sin despegar la vista del libro.
—Si te pregunto algo me lo contestaras —murmuró jugando con la punta de las hojas de libro, sin duda estaba nerviosa.
Regulus suspiró, deteniendo su lectura para enfrentar las pupilas curiosas de su acompañante. —Depende…
—Mejor olvídalo —repuso acobardándose. «¡Genial Hermione! ¿Dónde queda tu valor?... Cobarde.»
Él se encogió de hombros sin darle mucha importancia, retomando su lectura.
Hermione volvió hacer el intento de leer el párrafo, incluso se esforzó pero nada su mente no cooperaba. Inhaló exasperada volviendo a clavar su vista en él, a veces le sorprendía la forma en que él actuaba tan sereno e indiferente al mundo exterior. Aunque en su interior se llevara acabo una batalla.
Volvió a morder su labio inferior. Esta vez si lo haría o no estaría en paz. —Es algo que no me incumbe… es personal.
Regulus cerró el libro, y volvió a mirarla. Notando su gesto nervioso, odiaba que se mordiera los labios, no sabía que ese era un gesto provocativo. —Tu lo has dicho no te incumbe —observó como la castaña se tensaba, frunciendo su frente— pero te lo contestare si tu me respondes algo a mi.
Mione curvó su ceja confundida. «¿Qué es lo que querrá saber? ¿Qué puede interesarle de mi vida? ¿Debo o no aceptar?».
— ¿Aceptas o no?, no tenemos toda la noche —exclamó impaciente.
—Esta bien.
— ¿Y bien qué es lo qué quieres saber? —preguntó con gesto estoico.
—Bueno… —pausó indecisa, pasó su lengua por sus labios— ¿quién era la mujer de la librería? —se sorprendió a si misma al notar que su voz había sonado firme, pero lo que no le gusto fue la expresión que adoptó el rostro del vástago—. Si tu…
—No, yo te dije que te contestaría y lo haré —respiró profundamente y desvió su mirada de la castaña posándola en el fuego de la chimenea—, ella… es alguien que fue muy importante en mi pasado… yo estaba enamorado de ella —su voz sonó apagada, dejaba entrever la amargura que sentía en ese momento, aunque Hermione también pudo percibir cierto rastro de dolor.
Hermione encogió sus hombros, sintiendo una extraña opresión en su pecho que no estaba segura que no era algo que fuera resultado de su conexión.
Regulus se tomó un minuto para recomponerse, ahora era su turno y sabía como aprovecharía su pregunta. «Por fin sabré… eso qué me ha estado molestando… vamos a ver que tan puritana eres.»
—Es mi tuno y espero que me contestes con la verdad, de todas formas sabré si me mientes —aclaró, regresando sus pupilas a la joven—. ¿Hasta dónde llegó tu relación con Sirius?
La pregunta la tomó por sorpresa, esperaba cualquier cosa menos eso, abrió sus ojos perpleja.
Regulus la estaba intimidando con la forma en que la miraba, pocas veces había visto esa mirada y en esta ocasión que era la receptora no le gustaba para nada. Tragó saliva dificultosamente.
— ¿Qué? ¿Por qué no me contestas? —farfulló impaciente. «¿Por qué se queda callada?... ¿Será que ellos…? No puedo creer que la bese y que me sentía atraído por ella.»
El tren de sus pensamientos fue detenido abruptamente por la castaña, Regulus tuvo que esforzarse en escuchar pues ella estaba hablando en un hilo de voz.
—Sirius y yo… nunca tuvimos una relación amorosa si a eso te refieres, él… y yo sólo éramos amigos —explicó mientras una lágrima resbalaba por su mejilla.
Regulus cerró el espació entre ellos, limpiando el rostro de Mione. —Por eso querías revivirlo… —lo dijo más para si que para ella.
— ¿Esa es otra pregunta? —preguntó con los ojos aguados.
—No.
—Esperaba que así fuera porque yo… tenía preparada toda una lista —trató de bromear, quería mantener a raya su tumulto de sentimientos.
—No sabía que te parecía tan interesante —repuso siguiéndole su juego, en un gesto poco común en él, la atrajo hacia si, abrazándola.
Hermione se perturbó ante su acción, pero no puso oposición dejó que su rostro descansara en el pecho del ex Slytherin, otro par de lágrimas traicioneras se escaparon de sus ojos.
—Pensaras que soy una tonta ¿no?
—No, lo eres… me trajiste a mi a la vida, aunque haya sido por equivocación — murmuró con un deje de amargura. Realmente esa platica se había vuelto incomoda para él, pero lo que no podía explicar era porqué sentía esa punzada de dolor.
Lo que tenía claro es que le tenía envidia a su hermano, porque Hermione lo amaba tanto que había arriesgado su vida para traerlo de la muerte y lo hubiese conseguido de no ser porque se equivocó en la invocación, por un par de palabras Sirius no se encontraba vivo. Si tan sólo esa mujer lo hubiese amado así… pero no era el caso.
*º*º*º
Si ustedes lo piden continuará...
¿Reviews navideños? ¿Avadas? ¿Algo?
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Sentimos la tardanza, pero la vida se nos complico un poco pero aquí estamos, esperamos que nos sigan leyendo. ¡Felices fiestas navideñas!
Es hora de los agradecimientos:
Fer-cullen: Hola, muchas gracias por comentar y tomarte el tiempo de leer la historia. Regulus a pesar de no ser un personaje que fuera protagonista en HP nos gusto de ahí que saliera hacerle este fic un poco extraño, pero bueno. Por fin hemos traído un nuevo capítulo, ojala te guste. Saludos. Felices fiestas navideñas.
Sofia: Hola, ¿cómo estás? Gracias por comentar, y no te preocupes no abandonaremos la historia, disculpa nuestra tardanza. Esperamos que te guste el nuevo capítulo y nos dejes un review. Felices fiestas navideñas.
Tamii: Hola ¿cómo estás? Gracias por leer la historia y por dejarnos un review lo apreciamos de verdad, si es una pareja extraña pero tampoco el fic es algo común. Esperamos que te guste el nuevo capítulo. Felices fiestas navideñas.
Mar 90: Hola, ¿cómo estás? Gracias por dejarnos un review. Sentimos la demora pero al fin tenemos un nuevo capítulo. Ojala te guste y nos regales un comentario. Felices fiestas navideñas.
Lizirien: Hola, ¿cómo estás? Muchas gracias por tus comentarios, si Ron le dará mucha lata a Regulus, y en cuanto a él pues será hasta el siguiente capítulo que salga como profesor. Esperamos que te guste el nuevo capítulo. Felices fiestas navideñas.
Jesica—haruzuchia: Hola ¿cómo estás? Mil gracias por apoyar esta historia con tus comentarios, por fin hemos vuelto con un nuevo capítulo, ojala lo puedas leer y nos des tu opinión sobre la historia. Felices fiestas navideñas.
Pabaji: Hola, ¿cómo estás? Muchas gracias por tus comentarios. Disculpa la tardanza, ojala te guste. Felices fiestas navideñas.
KrnBlackGranger: Hola ¿cómo estás? Gracias por leer la historia y por comentar. Si pues Ron esta celoso y le hará la vida difícil a Regulus siempre que pueda jajaja. Aún tendrás que esperar para ver cómo se desarrollara como profesor jaja, pero tendrá la ayuda de Hermione que no lo dejara. Aún falta para que se den cuenta de sus sentimientos porque faltan sorpresas ya veras. Felices fiestas navideñas. Saludos.
Hay Moon Black: Hola ¿cómo estás? Muchas gracias por tus comentarios, al fin publicamos, ojala te guste el capítulo. Saludos. Felices fiestas navideñas.
Smithback: Hola ¿cómo estás? Mil gracias por el apoyo y los comentarios. Sentimos la demora y no te preocupes no abandonaremos la historia eso es seguro. Esperamos que te guste el capítulo Felices fiestas navideñas. Saludos.
Angel de acuario: Hola, ¿cómo estás? Gracias por los comentarios y sentimos la tardanza, respecto a tu pregunta estamos meditando, aunque solo a ti te decimos que estamos entre Aritmancia, pociones o Runas… no se ¿qué nos aconsejas? Esperamos que te guste el capitulo y nos dejes un comentario. Felices fiestas navideñas. Saludos.
Luna Lovengood: Hola, ¿cómo estás? Muchas gracias por tus comentarios y apoyo a nuestras historias. Aún no sale la transformación final de Regulus, pero aceptamos sugerencias. Esperamos que te guste. Felices fiestas navideñas. Saludos.
Floh Black: Hola ¿cómo estás? Muchas gracias por tus comentarios. Esperamos que te este yendo bien en la Universidad, aquí esta le nuevo capítulo ojala te guste y nos dejemos un comentario y perdona nuestra demora. Felices fiestas navideñas.
Erini: Hola, ¿cómo estás? Gracias por leer la historia y comentar. En cuanto a que clase aún estamos en escoger pero puede ser Aritmancia, pociones o runas… ¿qué nos sugieres? Disculpa la demora y ojala te guste. Felices fiestas navideñas.
Evigtt: Hola, ¿cómo estás? Muchas gracias por los comentarios. Pues respondiendo a lo que decías en tu review Ron seguirá siendo una molestia y el tercero en discordia muerto puede ser el que más les de problemas, mientras Hermione siga enamorada de él, pero hay sorpresas uno nunca sabe. Nos gusta la idea de que interfiera Draco o Nott pero no estamos seguras aún. Esperamos que te guste el capítulo y nos dejes un comentario. Felices fiestas navideñas. Saludos.
Tentación prohibida: Hola, ¿cómo estás? Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer el fic, y nos alegra que te haya gustado. Si no hay muchas historias sobre esta pareja pero tratamos de contribuir por un fandom con más Regulus— Mione. Esperamos que te guste el capitulo nuevo y nos dejes un review. Felices fiestas navideñas. Saludos.
Muchas gracias a todos los que se dan el tiempo de leer la historia y nos tienen en favoritos y alertas esperamos que esta navidad se animen a comentar como un regalo hacia nosotras.
¡Felices fiestas navideñas!
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(´¸.·*´¯`*»— — The darkness princesa & Lady Muerte.
