Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a LyricalKris, yo solo la traduzco.
THE ROOKIE
Capitulo seis – ¿Por qué estamos en esta cesta?
Edward dudó al final de las escaleras, frotándose la parte de atrás del cuello mientras miraba la puerta principal de la casa de los Swan, debatiéndose sobre si debería o no dejar simplemente los papeles en el porche.
Miró al cielo. La lluvia no parecía muy lejos. Sin embargo, siendo Forks, nunca lo estaba. Pero aún así. El papel se empaparía...
La puerta abriéndose llamó su atención, y Edward se mordió el interior de la mejilla cuando apareció Bella en el umbral de la puerta. Se quedó completamente quieto, con la respiración atascada en la garganta. Solo verla le dejó fascinado, aunque ella no llevaba nada remotamente revelador.
Simplemente era...
Era bueno verla. Demasiado bueno. Sentía como si finalmente pudiera respirar profundamente después de pasar demasiado tiempo sin aire.
― ¿Qué, ahora me acosas? ― preguntó ella, cruzando los brazos mientras se inclinaba contra el marco de la puerta.
Edward se sobresaltó, de repente se sentía horrorizado. ― ¡No! Yo... yo nunca lo haría.
La cara de ella estalló en una brillante sonrisa y soltó una risita.
La comisura de la boca de Edward se levantó cuando se dio cuenta aliviado de que le estaba tomando el pelo. Un peso invisible se levantó alrededor de su corazón.
― Pero, ¿qué haces aquí? ― preguntó ella suavemente.
― Tu padre me ha pedido que te traiga esto, ― respondió él, dando un paso adelante para poder entregarle los papeles.
― Oh, bien. Gracias. ― Sonrió pero había cautela en sus ojos mientras le miraba.
Debería haberse dado la vuelta y marchado en ese momento. Sabía que debería haberse ido. Su tarea estaba hecha y él estaba ahí quieto, mirándola fijamente de la misma manera que ella le miraba a él.
Realmente debería haberse ido.
En algún momento.
― Yo, um... estoy comiendo lasaña. Hay mucha. ¿Quieres un poco? ― preguntó Bella, su voz salió un poco más acelerada que su habitual cadencia calmada.
¡No! Mala idea, Cullen.
Tenía toda intención de decir no. Toda. Intención. Abrió la boca, preparándose mentalmente para la mirada de rechazo que estaba seguro cruzaría los rasgos de ella. ― Sí, ― dijo.
Frunció el ceño.
Voz traidora.
Pero sus pies ya se movían hacia delante, subiendo las escaleras.
Y los labios de ella se curvaron hacia arriba.
Había extrañado su dulce sonrisa. La había extrañado a ella.
― Huele delicioso aquí, Bella, ― dijo con honestidad mientras cruzaba la puerta. Ese olor solo podía ser de lasaña casera. Nada de comida congelada para ella.
Se le hizo la boca agua.
Ella le sonrió satisfecha, una expresión que ya le era familiar. Sus ojos perdían casi toda la cautela cuando brillaban así. ― Esto no es tan complicado. Si no fueras tan vago, podrías tener tus propias comidas caseras.
Sacudiendo la cabeza, fue a la encimera, echándose el pelo sobre el hombro mientras cogía una rebanada de baguette. Edward apoyó la espalda contra la encimera mientras la veía cortar. ― ¿Puedo ayudar? ― preguntó un poco después.
― En realidad no. Tal vez para ponerle mantequilla pero...
Dejó la frase, su mano se detuvo con el cuchillo sobre el pan. Solo entonces se dio cuenta Edward de que había estirado el brazo y bajaba un dedo por la línea de su cuello. Él intentó ignorarlo, intentó no sentirse tan extrañamente fascinado por esa simple línea de piel, pero estaba paralizado.
Tenía que apartarse. Tenía que mantener sus manos para sí mismo si iba a quedarse... y la verdad es que quería quedarse. Había extrañado la sencilla conversación que solían tener.
Bella soltó el cuchillo, respirando con forzada calma. Ella le miró por el rabillo del ojo. Él le devolvió la mirada, buscando palabra, buscando la fuerza de voluntad para detener lo que fuera que estuviera pasando entre ellos. Era su completa responsabilidad detener...
En el instante siguiente no importó. Ella dio un largo paso a un lado, poniéndose de puntillas para encontrarse con él, mientras él bajaba la cabeza.
Pudo respirar de nuevo por primera vez en tres semanas.
¿Por qué? ¿Por qué si estaba tan mal, sentía que estaba destinado ha hacer exactamente eso? ¿Por qué el cuerpo de ella encajaba tan bien en el suyo?
La mano de ella se introdujo en la chaqueta de él, presionando su cálida mano contra su espalda mientras se acercaba más. Edward la envolvió en sus brazos, sus dedos arrugaron la camisa de ella en un puño en la parte baja de su espalda, mientras que la otra estaba entre sus escápulas. No era capaz de acercarse lo suficiente.
Besos meticulosos, profundos. E, incluso sin las galletas, sabía dulce en su lengua. La encimera se clavó en su espalda cuando ella presionó fuerte contra él, pero a Edward no podría haberle importado menos. La tenía en sus brazos y eso era todo lo que importaba.
Sin embargo, cuando tuvo que respirar, tuvo que pensar.
― Joder, ― susurró, descansando su mejilla contra la de ella. Su cabeza daba vueltas mientras recuperaba la respiración pero, egoístamente, la mantuvo contra él. ― Ah. Esto está mal.
― Dime porqué, ― pidió ella, con tono suave pero gutural.
Tan sexy.
― Sabes porqué, ― dijo él con un gemido. Bella era muchas cosas, pero no estúpida. No era lo suficientemente inmadura como para ser completamente ajena a lo... malo que eso era.
Ella se apartó un poco, pero mantuvo sus manos bajo la chaqueta de él, que las sentía cálidas en su espalda incluso a través de la tela de su camisa. Ella le estudió intensamente. ― Dímelo.
Suspiró, levantando las manos para ahuecarlas dulcemente en la cara de ella. ― Tú estás en el instituto, y yo debería ser más listo.
― Soy una adulta, ― contestó.
― Dudo que tu padre vaya a verlo así.
― Bueno, no es ilegal. Ni siquiera era ilegal antes. La edad de consentimiento en Washington son los dieciséis. No puede arrestarte. No hay mucho que pueda hacer además de quejarse.
― Podría despedirme, ― dijo Edward, levantando una ceja.
Bella frunció el ceño, obviamente no había considerado esa posibilidad.
Odiando esa expresión en su cara, puso su mano bajo la barbilla de ella y dio ligeros golpecitos hasta que levantó la mirada. ― Deberías saber cuánto me fascinas. No he dejado de pensar en ti desde... bueno, en realidad desde que nos conocimos.
Los labios de ella se curvaron hacia arriba, suavizando su expresión. Envolvió los dedos alrededor de la muñeca de él, bajándole la mano y sosteniéndola. ― Entonces no luches contra esto. ― Su voz fue apenas un susurro.
Edward se quedó sin respiración por la idea.
Reconociendo sus dudas, Bella siguió rápidamente. ― Puedo ser discreta hasta que acabe el curso, si eso es tan importante... hasta que esté fuera de esta casa.
Edward no respondió. Debería haber dicho no. Instantáneamente. Sentía como si la palabra pudiera matarle, pero tenía que ser dicha.
Inclinándose contra él, Bella empezó a dejar besos pequeños y dolorosamente dulces en su cuello.
Edward soltó un largo y tembloroso suspiro mientras la rodeaba posesivamente con sus manos.
Estaba muy jodido.
Hola!
La cosa empieza a avanzar...
Sé de alguien que está muy impaciente por ver si utilizan las esposas de Edward... vais a tener que esperar, jeje.
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La fecha de actualización está en mi perfil.
-Bells, :)
