Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a LyricalKris, yo solo la traduzco.


Para todos los que esperaban el uso de las esposas... ¡Disfrutadlo!


THE ROOKIE

Capitulo sieteTrato en Halloween

― Hey, no se lo digas al jefe porque tal vez se lo tome mal, pero su hija se está poniendo realmente, eh... atractiva.

La cabeza de Edward se levantó de golpe. Emmett estaba sentado en el borde de su mesa, con una taza de café en la mano, mientras miraba al otro lado de la comisaría. Edward siguió su mirada y su boca se secó automáticamente.

Por el amor de todo lo sagrado.

En realidad no había una razón por la que tuviera que encontrar la imagen erótica. A diferencia de muchas chicas de su edad, Bella no usaba Halloween como excusa para vestirse como una puta. De hecho, Edward estaba sorprendido directamente porque se hubiera disfrazado. Nunca se lo habría imaginado.

Pero había algo en Bella con un uniforme de policía – completo con su pelo recogido en una coleta bajo una gorra de policía – que funcionaba como una fantasía que él ni siquiera se había dado cuenta de que tenía.

Edward se acercó más a la mesa y se aclaró la garganta. ― Realmente no creo que sea apropiado notar esas cosas, McCarty." Habló, tal vez, demasiado rápido.

Emmett rodó los ojos. ― Por supuesto que no. Eres demasiado puritano. ― Bromeaba, pero en realidad no. ― Ya sabes que yo solo tengo ojos para mi Rosie. Pero eso no significa que no pueda hacer una simple observación.

― Te la comes con los ojos, ― dijo Edward, intentando no apretar los dientes. Sentía la repentina necesidad de darle un puñetazo a su amigo y compañero en la cara.

― ¿Qué? Es legal. No me estoy comiendo con los ojos a una menor. Relájate, Cullen. ― Riendo, Emmett le dio una palmada en el hombro y volvió a su mesa.

Al otro lado, mientras su padre estaba distraído y nadie más miraba, Bella le guiñó el ojo, sonriendo con timidez.

Edward gimió, esperando no tener que salir. Preferiría no tener que levantarse de su mesa cuando la evidencia de su atracción era tan obvia.

El resto de esa tarde, Edward intentó no pensar dónde iría vestida así. Había una fiesta donde los Newton; eso lo sabía. Ella le había dicho que era de lo que todos hablaban en la escuela.

Lo había dicho con desdén en ese momento. ¿Había cambiado de opinión?

Estaba sentado en casa esa noche, dándole vueltas a su teléfono en la mano, intentando convencerse a sí mismo de no enviarle un mensaje – solo para asegurarse de que estaba a salvo, por supuesto – cuando escuchó un golpe en la puerta, no en la principal, sino en la trasera.

Frunciendo el ceño y preguntándose si algunos de los niños que hacían truco o trato habían optado por truco, Edward fue a ver quién era.

Todo el aire abandonó su cuerpo.

― Entra aquí, ― siseó, empujando la puerta, rodeando con el brazo la cintura de Bella y tirando de ella hacia dentro. ― ¿Estás loca? ¡Alguien podría haberte visto!

Ella levantó una ceja. ― ¿En el jardín trasero?

Su pequeña casa estaba lo suficientemente apartada de su vecino más cercano que era raro que alguien la hubiera visto si había pasado por la pequeña porción de bosque que había en su jardín trasero. Él le sonrió tímidamente, acercándola para darle un largo y lento beso que le pedía perdón. ― Lo siento, ― dijo después de que los dos quedaran jadeando. ― Es solo que... tenerte aquí en mi casa...

Sacudió la cabeza, incapaz en realidad de explicarlo.

Era culpable.

Y estaba encantado.

Ella puso la mano en el pecho de él y miró a su alrededor, absorbiendo la vista del lugar. ― Buen alojamiento, ― dijo con sencillez, sonriendo.

― Mmm, ― murmuró él, inclinando la barbilla de ella para poder besarle el cuello más fácilmente. ― ¿Qué haces aquí? ― murmuró contra su piel.

Bajo sus labios, la sintió tragar con dificultad.

Cuando levantó la cabeza pudo ver que ella estaba sonrojada. Bastante sonrojada. ― ¿Necesitas... necesitas que te lleve? ― preguntó, perplejo y no queriendo mostrar lo mucho que no quería que ella se fuera. ― ¿A dónde sea que vayas? ― Hizo un gesto hacia su disfraz.

Ella rió y fue una risita nerviosa. ― No. Esto es para ti.

Los labios de él se levantaron solo de un lado. ― ¿No crees que veo suficientes policías todo el día?

Con un pequeño resoplido, ella enganchó los dedos en las trabillas del pantalón de él, acercándole a ella. ― No creí que los policías de la comisaría fueran tu tipo, ― murmuró, mirándole furtivamente. Había algo que todavía la tenía nerviosa, pero luchaba contra ello valientemente. Le besó la barbilla. ― A no ser que quieras decirme algo. No te culparía. Emmett es estúpidamente atractivo, especialmente con ese pelo rizado que...

La cortó con un pequeño gruñido antes de clamar sus labios, besándola fuertemente, sosteniéndola posesivamente. Se inclinó un poco hacia atrás, complacido cuando ella soltó un gritito en su boca mientras le devolvía el beso.

Le llevó un minuto darse cuenta de que ella había movido las manos. Más que apoyarlas contra su pecho, le estaba desabrochando la camisa. Rápidamente, pero no de forma grácil.

Él le cogió las manos, rompiendo el beso. ― Bella, ― dijo tenso, haciendo aparecer de nuevo a su autocontrol.

Ya habían tenido esa discusión. Los dos querían ir más lejos, pero Edward no estaba seguro.

Era demasiado rápido.

― Si cuentas todas nuestras noches en la comisaría, tuvimos doce citas antes de que me besaras siquiera, ― argumentó. ― Eso no es ir rápido; es ritmo glaciar.

Ella era demasiado joven.

Con eso, ella solo rió e inclinó la cabeza hacia un lado, indicando en silencio que creía que él era el inocente en esa situación.

Su padre le mataría.

― No planeo hacer esto frente a mi padre. Nunca. ― Sonrió satisfecha. Él se estremeció.

Ella era demasiado inocente.

― Alguien tiene que cambiar eso, ― murmuró ella, acariciándole dulcemente las mejillas. ― ¿Estás diciendo que no quieres ser tú?

La idea le molestó, pero aún así no cedió. ― Solo espera, ― dijo.

Pero cuando ella le preguntó a qué, él no supo responder.

Entonces Bella le miró y suspiró. Él buscó palabras. Ella no era capaz de entender cuanto la deseaba. Tenía que usar todo su autocontrol para resistirse, aunque no podía pensar en una razón de verdad de porqué lo hacía, excepto que sentía que debía.

Edward vio una chispa de decepción en los ojos de Bella, pero antes de que pudiera consolarla, su expresión se endureció. Entonces se vio resuelta.

Lentamente, ella llevó sus manos a los hombros de él y empezó a bajar acariciando por sus brazos. Poniéndose de puntillas, volvió a besarle y Edward suspiró, derritiéndose fácilmente en el momento.

Le gustaba besarla. A los dos les gustaba.

Sin detener lo que hacían con sus labios, Bella siguió bajando por sus brazos hasta llegar a sus muñecas. Ahí envolvió sus dedos alrededor y le movió una mano hasta la parte baja de su espalda, justo sobre su trasero. La presionó con fuerza a su piel, el significado era claro: ella quería que mantuviera la mano ahí.

Sintiendo curiosidad y estando dispuesto, Edward obedeció, todavía atrapado en el beso.

Bella repitió el proceso, tirando de su otro brazo hacia su espalda.

Su cerebro estaba tan confundido por la dulzura de los labios de ella, que no se dio cuenta de lo que pasaba hasta que sintió el frío acero contra sus muñecas y escuchó el bajo pero inconfundible sonido de las esposas cerrándose.

Con un jadeo, se apartó para mirarla. ― Bella, ¿qué demonios estás...?

― Shhhh, ― le regañó ella. Santo cielo, le ardían las mejillas. Podía saber por la forma en que ella respiraba, que su corazón debía de estar latiendo acelerado, pero se veía tan determinada como siempre. ― Tiene derecho a permanecer en silencio, Sr. Cullen. Más le vale hacer caso, porque tengo algo que decir.

― Se habla con la boca, Srta. Swan. ¿Por qué están mis manos limitadas?

Los ojos de ella fueron a los de él con expresión sarcástica. ― Cállate antes de que encuentre algo para amordazarte, Edward.

Edward sintió la garganta y la boca abruptamente secas. Cerró la boca presionando los labios.

La sonrisita con la que respondió ella era de creída satisfacción. ― Siéntate, ― ordenó, empujándole hacia el sofá.

Él se sentó y gimió cuando ella se sentó a horcajadas sobre él instantáneamente. ― Bella...

― Shhhh, ― siseó ella. Equilibrándose con las manos en los hombros de él, se colocó en su regazo.

Él no podía estar enfadado con ella. Eso era lo que amaba de Bella: su habilidad para ser a la vez el león y la oveja. Ahí estaba ella, demandando el control mientras que temblaba visiblemente por los nervios.

Incluso si él sentía una sospechosa cautela sobre lo que ella se proponía, no había forma de negar que en la vida había estado tan encendido. Con la posición que ella tenía, estaba claro que lo sentía.

Ella respiró profundamente y llevó sus temblorosos dedos no a la camisa de él, sino a la suya.

― ¿Qué...?

― C.Á.L.L.A.T.E. ― Siguió desabrochándose la camisa. ― No creo que esté siendo poco razonable aquí, ― dijo lentamente, su voz mantenía el ritmo de sus dedos sobre los botones. ― Los dos somos adultos consentidores, ― remarcó la palabra a propósito. ― Quiero esto contigo. Solo contigo.

Su voz tembló ligeramente mientras se bajaba la camisa por los hombros. El movimiento y la vista de más de lo que había visto de ella, le hicieron tragar con dificultad y gemir.

El sonido pareció reafirmarla. Estiró el brazo detrás de ella y Edward contuvo el aliento mientras ella se desabrochaba el sujetador. En ese momento él apartó la mirada un breve segundo. Mientras ella hablaba, le sostuvo la mirada. Pero cuando el trozo de tela cayó, ¿cómo podía evitar él mirar?

Él soltó el aire de forma larga e irregular. Tiró de forma inútil de sus ataduras, las ganas de tocarla, de finalmente tocarla, rozaban en la necesidad.

Las mejillas de ella se incendiaron, pero sonreía. ― Ahí está. Lo que se ha visto no puede ser no visto. Ya no hay vuelta atrás. Estoy oficialmente corrompida.

Los ojos de él volvieron a los de ella, divertidos, excitados e impresionados.

Ella se inclinó hacia delante. Su cuerpo medio desnudo era casi más de lo que él podía soportar. Necesitaba poner sus manos en ella. Su espalda, sus pechos... en todas partes.

― No estoy pidiendo saltar al sexo, ― le susurró ella al oído, su voz era baja y ronca y vibraba por su cuerpo justo donde su necesidad era más grande. ― Pero me gustaría intentar llegar a algunas bases.

― Bella, ― dijo él roncamente, con la voz llena de deseo. ― Quítame las esposas. Ahora.

En cuanto ella lo hizo, Edward casi no supo qué hacer. Sus manos fueron primero a su espalda, necesitando sentir la suave expansión de piel mientras la acercaba a él. Sus besos estuvieron lejos de ser dulces entonces. Chocaban, rozaban... eran esa parte de la pasión que estaba a solo un paso del dolor, pero de la más exquisita y bienvenida variedad. La escuchó jadear y la sintió gemir contra sus labios.

― ¿Es esto lo que quieres? ― gruñó él a su oído, sus manos bajaron para ahuecarse en el trasero de ella, acercándola bruscamente a él. ― Menos control. Más... esto.

― Sí. ― La voz de ella fue chillona y un susurro, con las manos en el pelo de él.

― ¿Tienes idea de lo preciosa que eres? ― preguntó él, pasando sus dientes por el arco de su cuello. ― ¿Sabes lo mucho que te deseo? A veces me vuelve loco no tocarte. Completamente loco.

― Tócame. ― Las palabras eran casi una súplica.

― Quiero tocarte. ― La besó mientras sus manos trazaban dibujos por su espalda, haciéndole cosquillas en el costado. ― Entera. ― Bajó la cabeza para mordisquearle el cuello, siguiendo un camino hasta su oreja con la lengua. ― Quiero saborearte.

Ella dejó de respirar completamente y sus manos se apretaron detrás del cuello de él.

Él dejó que sus manos rozaran por primera vez alrededor de sus pechos, sobre sus pezones, solo provocando. Pasó levemente las puntas de los dedos por su estómago y ella contuvo el aliento por su ligero toque. ― ¿Vas a dejarme saborearte?

El aliento de ella tembló. Ella temblaba en los brazos de él. ― Oh Dios. Yo no... yo... ― Era la oveja de nuevo, todo cara de inocencia y ojos muy abiertos.

Echándose hacia atrás un poco, él le rozó la mejilla con el dorso de la mano. ― Voy a cuidar de ti. ¿Confías en mí?

En los ojos de ella había ternura. Asintió.

La llevó a su habitación y se sentó en la cama, tirando de ella para que estuviera de pie frente a él. Se quitó la camisa y ella pasó sus manos por la piel desnuda de sus pectorales mientras le miraba, esperando.

― Eres tan hermosa, ― murmuró él, pintando su piel con delicados besos en una línea desde sus pechos hasta su ombligo.

Aunque él estaba desesperado por ella, también estaba determinado a saborear el momento, no solo porque no quería asustarla, sino porque ella no era una mujer hecha para ser devorada. Dulce, suave – su cuerpo estaba hecho para ser adorado, un mordisco, un pase de su lengua cada vez. Ella sabía, olía y se sentía exactamente como el cielo.

Le susurró esas cosas dulces mientras la tocaba, así que ella casi no se dio cuenta cuando él se deshizo de la última prenda de vestir.

Desde sus teñidas mejillas, sonrojadas por la novedad de todo, pero sus ojos estaban iluminados con anticipación, entusiasmo y adoración, hasta la zona de oscuro pelo rizado entre sus piernas y las puntas de sus monos piececitos, era exquisita. Perfecta.

Suya.

Ella estaba un poco insegura, pero le siguió y se tumbó encima de él, con su perfecto y respingón trasero descansando en el pecho de él y la cabeza descansando en las rodillas dobladas de él. Era tímida y hermosa, su cuerpo respondía a cada toque.

A él le gustaba esa posición porque podía tocarla por todas partes y, mientras besaba el interior de su muslo, lo hizo.

Las manos de él vagaron. Él era un buen estudiante y ella estaba a punto de convertirse en su materia favorita. Aprendió fácilmente dónde tenía más cosquillas – que toques le hacían reír y qué jadear. Pasó la punta de su nariz por los cortos rizos de su sexo, provocándola antes de tocarla completamente, dejando que ella se acostumbrara a la sensación de las caricias de otra persona.

Y cuando no pudo soportarlo más, tuvo que saber cómo sabía ella, tuvo que oír su placer, así que abrió más sus piernas y dejó que su sabor se quedara en su lengua.

El cuerpo de ella estaba a la vez tenso y dócil. Por un lado, finalmente se había derretido completamente contra él, olvidando toda preocupación sobre su peso en él o lo extraño de su posición si realmente pensaba en ello. Echó la cabeza hacia atrás y él sintió su peso contra su polla tapada, haciéndole gemir contra ella, en ella.

Los sonidos que ella hacía no eran otra cosa que gloriosos. Gemidos fieros. Gruñidos básicos. Sonidos salvajes. Su cuerpo se removió encima de el de él, solo el movimiento despertó sus sentidos. Quedó rodeado por la esencia de la excitación de ella, la sensación de su febril piel contra su torso y bajo las palmas de sus manos. La forma en que el cuerpo de ella estaba extendido para él, podía tocarla igual que a un instrumento, sus manos sabían cómo rasguear y cuando tirar, su lengua y labios eran solo un añadido a la complejidad de la composición.

El placer de ella era una hermosa y gutural sinfonía.

Se corrió con un grito que le habría herido a él los oídos si no hubiera tenido los muslos de ella apretados a su alrededor.

La ayudó a darse la vuelta, colocándola contra su costado, acariciándole los hombros mientras superaba los temblores. Le besó la frente, la nariz. Ella le besó los labios, sacando la lengua para poder saborearse a sí misma.

― Eres peligrosa, Bella Swan, ― murmuró, simplemente disfrutando de la sensación de su cuerpo contra el de él.

Ella levantó la cabeza, lamió su nariz malcriadamente y volvió a tumbarse, suspirando feliz.


Hola!

¡Un capitulo casi de tamaño normal! ¿Qué os ha parecido?

Espero leer vuestras opiniones.

Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos. La fecha de actualización está en mi perfil, no os perdáis el adelanto mañana en el blog.

-Bells, :)

PD.: Para los que me preguntáis, el fic tiene 15 capitulos.