Disclaimer: Hetalia y los personajes no me pertenecen, blablablá, la historia sí, blablablá... Lo de siempre.
Sucesos históricos relacionados con este fic: ¡Ninguno!
Parejas: FrUK (obviamente); FranciaxPrussia (ni idea...); se nombra al PruCan; UsUk (YAY! PAREJAS CONTRARIAS!)...
N/A: Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii~ ¡Adivinen quien anda animada hoy!
No, no me pregunten por qué. No tengo idea. Pero en fin, decidí actualizar debido a que tuve más reviews de los que tenía antes ;_; Los amo, en serio, a todos~
Sobre el ScotEng, lo voy a subir ahorita, así que en un rato ya lo verán~ Y sobre el ArgChi, bueno, ese está complicadito, porque ayer a la madrugada lo terminé de escribir... Pero me quedó OneShot. Así que lo tengo que alargar, ponerle capis en el medio y todo eso, y eso me cuesta bastante. Deséenme suerte.
Paso a responder el review anónimo que tuve~
jujija:
Sip, no sé cómo, pero lo logré. Francis de UKE. ¡Don't cry, dear! No habrá más. O tal vez sólo un poco xD. Justamente me dio gracia tu pedido de USUK, porque este capi lo tiene. Y un poco más arriba de esto, tienes la respuesta sobre el ScotEng. Gracias por tu review~
Dedicatorias: Le dedico este fic a todos mis lectores, que lograron que me encariñara con este fic. Sip, lo lograron. FELICIDADES~. Ah, y una dedicatoria especial para Luli y MPaRu (que el otro día que se vino para mi casa me leyó la mitad del capi anterior antes de que lo publicara, cuando le dije que no lo leyera).
Advertencia: Angst. Mucho llanto. Pero es que tengo un vicio a escribir a los personajes llorando, saca mi lado angst.
Arthur abrió los ojos con dificultad, debido a la luz que se colaba por la ventana. Suspiró, y se puso la mano en la frente. Genial, no tenía fiebre. Miró el reloj despertador de su mesita de luz…
-¡Bloody fucking hell! – gritó el ingles. ¡Era martes! ¡Él tenía que ir a trabajar!
Tomó sus gafas que estaban en esa misma mesa, abrió el armario y buscó la ropa. Corrió al baño… sin notar la extraña escena que estaba ocurriendo en el sillón del living.
Francis besaba apasionadamente a Gilbert, mientras éste se sentía correspondido. Luego de un rato, el peligris había terminado - nadie sabe cómo - encima del otro. Habían comenzado hace hacía ya tres horas, por lo que ya no tenían sus camisas ni zapatos, y sus cinturones estaban ambos sueltos.
Luego de una media hora, un Arthur ya cambiado, peinado y preparado salió del baño, tomó su maleta que se encontraba en la puerta de su habitación y se dirigió a la puerta. Pero la extraña escena hizo que parara en seco, sintiendo una fuerte punzada en el corazón.
Francis lo miró a los ojos, horrorizado.
-Arth…ur... – balbuceó el francés, apenadísimo – y-yo… n-no qu-quise… T-te d-dejé... u-una... no-nota...
-You… ¡You git! – alcanzó a decir, antes de salir corriendo con los ojos llenos de lágrimas.
Gilbert observaba toda la escena, pero no estaba apenado, sino confundido. Francis le había dicho… que si Arthur los encontraba, no iba a tener problema. Al parecer, le había mentido. Luego recordó lo que había ocurrido con Matthew… y se paró, decidido a irse. El rubio no lo detuvo, pero antes de que se fuera le gritó:
-Ah, así que te vas. Bien, pues qué suerte tengo de tener esta calidad de amigos. Anoche viniste llorando en plena madrugada y te ofrecí mi casa, por una estúpida pelea con tu parejita – Francis sabía que Gilbert no tenía la culpa, pero inconscientemente se estaba descargando con él. El prusiano, por su parte, ni se molestó en dar la vuelta. Las palabras del francés le atravesaban el corazón como espinas – Pero ahora que mi Arthur se peleó conmigo por encontrarnos casi teniendo sexo en el puto sillón, simplemente te… vas. Duele, ¿lo sabías? Ahora vete, que no te quiero ver más por aquí.
Y Gilbert obedeció.
6.1 : El hospedaje de Arthur
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Arthur corrió cuadras y cuadras hasta llegar, inconscientemente, a la casa de Alfred. Él era el único que podía entenderlo sin necesidad de explicaciones. Tocó el timbre, sollozando, y muy nervioso. El americano, luego de ver por el orificio de la puerta quién era (pero obviamente sin haber visto el estado deplorable en el que estaba su cara) la abrió con una gran sonrisa.
-¡ARTHU…! – pero no lo dejaron terminar, pues el mayor se tiró a sus brazos, llorando descontroladamente. La sonrisa se le borró de inmediato – Oh… god…
Alfred entró a su ex-padre a rastras, y lo "sentó" en el sillón (por "sentarlo" me refiero a intentar que no se le tirara encima, cosa que finalmente no funcionó) y le sirvió un té. Arthur ni lo notó, puesto que seguía abrazado al menor, llorando y maldiciendo a gritos. El americano estaba aterrado, nunca lo había visto tan descontrolado. Luego de un buen rato, cuando el británico pudo recuperar un poco la compostura – o por lo menos lo suficiente como para hablar – intentó comenzar.
- Francis… Gilbert… sillón… beso… engaño... git – fue lo que entendió Alfred de lo que Arthur dijo entre maldiciones, gritos y llantos. Intentó darle un contexto a las palabras.
-¿Dices que… encontraste a Francis y a Gilbert besándose en el sillón, y que Francis te engaña con él? – preguntó el menor, a lo que el otro asintió con la cabeza antes de llorar otra vez. El primero le acarició el pelo, intentando serenarlo – N-no sé q-qué decirte...
-N-no ti-tienes po-por q-qué d-decir na-nada - respondió el británico, hipando por el llanto anterior, pero un poco más calmado – So-solo vi-vine a pre-preguntar-tarte si pu-puedo q-quedarm-me a-aquí un-nos día-as…
Alfred se sorprendió ante la pregunta. No se esperaba tan poca resistencia de parte de ojiverde, pero al parecer la situación lo había afectado gravemente.
-¡C-Claro que puedes quedarte! – exclamó el americano, todavía un poco confundido – ¡Si sabes que siempre eres bienvenido aquí!
-Th-Thanks… - sollozó Arthur. En un segundo, su cara cambió – Oh, espera… ¿y mis cosas? ¡No puedo ir a buscarlas así como así! ¡No podría ir sin llorar y perdonarlo!
-Tú tranquilo… Yo iré por ti y le explicaré la situación al otro idiota… - dijo Alfred, y suspiró.
-Bu-bueno, th… ¡No! ¡Espera! No le digas que me quedaré aquí, ¡porque vendrá a buscarme! Dile que… que me quedé en un hotel, porque quería estar solo. Sí, eso. ¡Y no le digas idiota, que es mi…! – Los ojos se le llenaron de lágrimas otra vez, y se largó a llorar.
-Tranquilo, Artie, estoy aquí… Ya pasará… Mira, ahora – se levantó lentamente, llevando alzado al mayor, para luego depositarlo en su propia cama y arroparlo – me iré a buscar tus cosas. Tú mientras, duerme. Ahí tienes el teléfono por si necesitas algo. Por favor, no hagas locuras. Volveré lo más rápido que pueda.
-Thanks… For everything. – dijo el británico, avergonzado, tapándose la cara con las sábanas, pero dejando, para su mala suerte, la frente al descubierto.
-Your welcome, my dear Kirkland – le susurró el americano, y se fue luego de depositarle un dulce beso en la frente. Y fue muy efectivo, porque cinco minutos después de que cerró la puerta, Arthur se quedó profundamente dormido.
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Alfred llegó en dos minutos al departamento de Francis y Arthur. Se maldijo internamente por no tener las llaves. Tocó el timbre y, al escuchar llantos desolados, tocó la puerta con fuerza suficiente como para ser escuchado. Unos pasos se acercaron, y le abrió la puerta un francés deprimido.
-A-Arthur n-no es-está a-aquí… - sollozó el pelilargo.
-Lo sé. Sé lo que ocurrió. Me pidió que venga a buscar las cosas, puesto que, por razones de tu conocimiento – dijo, y antes de continuar lo miró de arriba a abajo con desprecio – no puede venir él mismo. Se quedará en un hotel un tiempo, no me dijo cuánto. ¿Me dejas pasar así no te molesto más?
-S-si… - Francis estaba confundido. Así que, realmente… ¿se había ido? No, no podía. No para siempre, por lo menos. No tenía tanto dinero encima.
Luego de una media hora, Alfred salió con unas valijas y bolsas en ambas manos. Notó los ojos rojos del otro, y las dejó en la puerta, acercándose a éste.
-Mira, no tengo permiso para decírtelo pero… me apenan los dos, así que lo haré de todos modos. Arthur se quedará en mi casa. Pero necesito que, por favor, no vengas por un tiempo. Está demasiado dolido como para verte. Te prometo que intentaré que se calme y venga a hablar contigo.
-Oh, Alfred… - el francés se echó a sus brazos a llorar en una mezcla de tristeza, soledad, alegría y emoción. – Merci… Je ne sais pas como agradecértelo…
-No te preocupes, Francis. Yo lo arreglaré – mintió.
Y, por primera vez en ese día, el francés sonrió. Y es que podía ver la luz al final del camino.
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¡EL HERO HA VUELTOOOOOOOOOOOOOOOOO! – gritó Alfred, con la esperanza de que Arthur estuviera levantado. Pero no parecía ser así. – ¿Arthur? ¿Estás por aquí?
Se dirigió directamente a su cuarto, abriendo la puerta con muchísimo cuidado de no hacer ruido. Efectivamente, el británico estaba ahí, completamente dormido. El menor se sentó al borde de la cama, y lo observó. Tenía un rastro de lágrimas en las mejillas y el puente de la nariz, lo que denotaban que había llorado hasta dormirse. Incluso la almohada y las sábanas estaban húmedas. Decidió levantarlo, puesto que había dormido como tres horas.
-Arthuuuuuuuuuur – susurró Alfred en el oído del otro – Despierta, dormilón.
No despertaba. Es más, había empezado a hablar dormido. Y es que cuando eso ocurre, las confesiones salen.
-Mmmmph… Francis… - susurró el mayor. La cara del americano en ese momento debió de ser un poema – I… I love you…
Y es que, en el fondo, a Alfred le dolían esas palabras, ya que no iban dirigidas a él. Sí, Arthur había sido algo como su "ex-padre", pero eso no significaba que no pudiera sentir una… atracción hacia él. Una que lo volvía loco.
-A-Arthur… - susurró el menor, sin poder evitar que su voz se quebrara, dolido – Despierta…
-Wh… What happened, Alfred? – respondió el británico, ya despierto.
-¿Ah? ¡Ah! He traído tus cosas…
-Thank you…
Ambos mostraron una sonrisa, pero cada una de ellas escondía una tristeza distinta. La de Arthur, el haber sido engañado por Francis… y que le haya dolido. Y la de Alfred, bueno… digamos que era "mal de amores no correspondidos".
Se levantaron y fueron a beber algo.
6.2 : ¿El hospedaje de Francis… o de Antonio?
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Mientras tanto, en la casa del francés, éste se había dormido, estaba cansado de tanto llorar. Además, había empeorado cuando Alfred se había presentado.
En la mitad de su sueño, escuchó que tocaban la puerta. Se levantó a abrir, sonriendo por si era Arthur… Su sonrisa fue reemplazada por unos ojos llenos de lágrimas.
-Vamos, ven aquí – Antonio estiró los brazos, para que Francis pudiera al fin llorar con alguien, cosa que hizo inconscientemente. El español llevó a su amigo al sillón que estaba enfrente suyo.
-Gilbert me llamó. Parece que estaba muy enojado porque lo habías echado o algo así. Vine aquí pensando que dramatizaba las cosas pero… al parecer no. ¿Qué ocurrió con el caballerito inglés? – así llamaba el moreno a Arthur.
-Y-yo… y-yo… lo… en…gañé. Eso… cree él – dijo el francés, hipando - Pero lo… que realmente… ocurrió es que… Gilbert… me obligó a… besarlo, me tiró… al sofá y… tuve la… mala suerte de… que Arthur… apareciera…
-Ahhhhhhhh… Bueno, eso tiene sentido, es Gil del que hablamos… - Antonio suspiró. Tenía suerte de que ninguno de sus dos amigos se abalanzaban encima suyo, o tendría un grave problema con Lovino, que dicho sea de paso, es muy celoso - ¿Y dónde está ahora?
-Se… fue. A la casa de Alfred. Pero él me dijo que no le diga a nadie, así que tú te quedas callado. Me pidió que no lo vaya a ver por una semana, mínimo – respondió Francis, con una sonrisa muy triste.
-Oh… bueno, ¿quiéres que haga algo? – preguntó, interesado, el ojiverde.
-N-no… bueno… sí. Quédate conmigo hasta que Arthur vuelva. No aguantaría la soledad sin… llorar todo el maldito día.
-Ah, sí, entiendo. Iré por mis cosas. Vuelvo en media hora – ambos sonrieron, y el español se fue corriendo a su auto. No tendría problemas con Lovi, ya que éste se iría a Italia un tiempo para ir a visitar a su hermano.
-Espero que todo mejore… - se dijo Antonio a sí mismo, suspirando.
Muy telenovela, pero no quedó tan mal xD
¿Un review para la autora que se encariñó con su fic? :D
