Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a LyricalKris, yo solo la traduzco.


THE ROOKIE

Capitulo doceLa mañana siguiente

Era maravilloso, despertarse con la cabeza de Bella apoyada contra su pecho. Oh, cierto, se le había dormido el brazo, pero había torturas peores.

Ahí tumbado con su cálido peso sobre él, sintiendo su piel desnuda, Edward tuvo la fantasía de que algún día, momentos como ese no tendrían que ser robados.

A veces, ese futuro parecía horrorosamente lejano.

Bella suspiró en sueños – un suave ruido – y Edward sonrió, disfrutando de la emoción que sintió entonces. Adoraba a esa mujer. La amaba más allá de la razón y se sentía tan, tan feliz porque ella le hubiera elegido a él. Como él siempre le recordaba, ella merecía la pena. Sin duda, merecía la espera para tener el futuro que los dos querían.

Contento por tenerla en sus brazos en ese momento, trazó los rasgos de su cara, le apartó el pelo de los hombros, admirando la forma en que caía por su espalda. Lentamente, bajó las mantas, devorándola con los ojos.

Con un adorable puchero, Bella gruñó – todavía dormida – y se apartó de él, tumbándose boca arriba. Edward se tragó un gemido. Si preguntó si alguna vez se acostumbraría a verla así, vulnerable mientras dormía y tan hermosa. Tenía pequeños pechos firmes y curvas fluidas aunque era pequeña. Como siempre le entusiasmaba la forma en que su cuerpo reaccionaba y respondía al de él, Edward rozó un bonito pezón rosa con su pulgar, sonriendo cuando se endureció contra su piel.

A ella se le atascó el aire en la garganta y abrió lentamente los ojos. Por un momento, se sintió confusa. Su cuerpo se removió al lado del de él y Edward rodó sobre su costado, incorporándose sobre un brazo para mirarla. Cuando la mirada de ella se enfocó, sonrió con expresión feliz. ― Hola. ― Su voz salió rasposa al ser lo primero que decía esa mañana.

― Hola, hermosa, ― murmuró él, besándola en la nariz.

Casi ronroneando, Bella levantó la cabeza y le besó la barbilla.

― ¿Cómo estás? ― preguntó Edward solícito, sujetándose bien para que ella no sintiera cuanto la necesitaba. Lo que más quería era hundirse en ella de nuevo, desaparecer en su atractivo cuerpo y quedarse ahí para siempre.

Pero tenía que estar dolorida.

― Perfecta, ― dijo ella, rodeándole con los brazos y llevando una mano a su pelo.

Él no tuvo más remedio que estar de acuerdo. ― Lo eres. ― Bajó la cabeza a la de ella y la besó suave y lentamente.

Bella suspiró.

Y luego, abruptamente, gritó y le apartó. Se sentó en la cama, con la mano sobre la boca.

― ¿Qué va mal? ― preguntó Edward sobresaltado, un poco asustado por la posibilidad de haberle hecho daño.

― Tengo mal aliento. ― Las palabras salieron de forma ahogada porque todavía tenía la mano sobre la boca. Se veía un poco horrorizada.

Edward estalló en risas, sentándose y sacudiendo la cabeza. Estiró los brazos hacia ella de nuevo. ― Ven aquí, tonta. ― Ella parecía cautelosa, pero le dejó tomarla entre sus brazos. Le bajó la mano. ― Pregúntame si me importa el mal aliento.

Ella gruñó, pero dejó que la besara de nuevo.

Sin embargo, después insistió en limpiarse. Edward hizo un puchero, sin estar listo para dejarla ir aun, mientras ella se bajaba de la cama envuelta en su sábana. Ella se giró en la puerta, sonrojándose pero llamándole. ― Únete a mí, ― rogó.

Era una oferta a la que Edward no podía negarse.

No estaba seguro de lo limpios que acabaron, pero finalmente fueron al piso de abajo; Bella solo con bragas y la camisa de él, él con sus bóxer y la camiseta interior. La calefacción tenía la casa a la temperatura perfecta.

Así que estaban sentados el uno frente al otro – con un buen desayuno de tortitas, bacon y huevos entre ellos – masticando mientras Bella subía y bajaba el pie por la pierna de él. Edward sonrió, estirando el brazo para coger su mano. Le acarició la muñeca.

― Tengo las manos pegajosas, ― avisó Bella, con los ojos fijos en los de él. ― Sirope.

Sosteniéndole la mirada, tomó la mano de ella en la suya y se llevó su dedo a la boca. La respiración de ella tembló y se mordió el labio, viendo como de uno en uno sus dedos se deslizaban por los labios de él.

En ese momento, por supuesto, unos fuertes golpes en la puerta trasera les sobresaltaron, rompiendo la caliente atmósfera que había entre ellos.

Edward pegó un salto y sus ojos se abrieron como platos cuando vio la expresión de furia de su jefe, el jefe de policía, que estaba al otro lado de la puerta trasera de cristal, mirando furioso directamente hacia él.

― ¡Papá! ― chilló Bella, poniéndose de pie y llevándose la mano a la boca al mismo tiempo que Edward gritaba, ― ¡Jefe!

Charlie entró por la puerta. Edward notó vagamente a la atractiva mujer morena que le seguía, pero en ese momento estaba mucho más preocupado por su problema más inmediato. El jefe le agarró por la camiseta, tirando de él hacia delante y sacudiéndole.

― ¿Qué coño crees que estás haciendo en mi casa? ¿Qué estás haciendo con mi hija? ― demandó con un peligroso gruñido, tirando de él adelante y atrás mientras hablaba.

Edward abrió la boca pero se dio cuenta de que no tenía una respuesta para Charlie que no fuera a acabar con él muerto.

― ¡Papá! ¡Suéltale! ― Bella intentaba ponerse entre ellos.

Charlie le soltó pero no cambió la mirada furiosa.

― Señor, yo...― Edward intentó empezar a explicarse.

― Sal de aquí de una maldita vez. ― Charlie le agarró de nuevo, empezando a arrastrarle hacia la puerta.

― ¡Papá! No puedes echarle así. No lleva... zapatos.

― Mírame, ― respondió Charlie, abriendo la puerta. ― ¡Es una niña! ― le gritó a Edward. ― ¿Qué es lo que te pasa?

― ¡Papá! ― Bella agarró a Charlie del brazo. ― ¡Para! Solo para. Soy una adulta.

Charlie resopló y la miró furioso. ― Lo dudo. Ve al piso de arriba. Ponte tu ropa.

― Bien. Pero primero vas a dejar que Edward se vista.

― Y un cuerno, yo...

― ¡Charlie! ― gritó Bella. ― Deja que coja sus zapatos y llaves. ¿O vas a dejar que los vecinos le vean salir por la puerta principal así? ― retó.

Charlie entrecerró los ojos. La apuntó con el dedo. ― Estás castigada de por vida. Y tú, ― pasó su mirada mortal a Edward. ― Estás despedido. Coge tus cosas y sal de mi vista.

― Vamos, Edward, ― Bella le agarró la mano, intentando llevárselo de allí.

― ¿Dónde crees que vas? ― preguntó Charlie, agarrándola por el brazo.

Bella se salió de su agarre. ― Déjalo, papá. Estás reaccionando exageradamente. Bajaremos en un momento, y entonces Edward se irá.

Antes de que su padre pudiera discutir, tiró de la mano de Edward y le llevó al piso de arriba.

Edward soltó el aire pesadamente cuando llegaron a la habitación. ― ¡Jesús! ― murmuró por lo bajo. ― Bella, no sé qué decir.

Bella le lanzó sus pantalones. ― Es mejor no decir nada ahora, ― dijo ella, sonando temblorosa ahora que estaban lejos de su padre.

― No quiero irme con el rabo entre las piernas, ― dijo Edward fervientemente. La cogió de las manos. ― No me avergüenzo de esto, de nosotros.

Ella se detuvo y sonrió, besándole brevemente. ― Yo tampoco. Pero tienes que irte un rato. Solo hasta que se calme. ― Frunció el ceño. ― No puedo creer que te haya despedido. Ni siquiera es legal. Yo...

― No es legal, pero si es lo que quiere yo no voy a plantarle cara, y tú tampoco deberías, ― dijo rápidamente. ― Al menos tengo que intentar llevarme bien con él.

Como si le hubiéramos invocado, Charlie empezó a aporrear la puerta. ― ¿Cuánto tiempo hace falta? ― demandó.

Bella suspiró. ― Tienes que irte.

Saltando mientras intentaba ponerse el zapato, Edward le dio otro beso antes de respirar profundamente, abriendo la puerta para enfrentar a su enfurecido padre.

Charlie le siguió pisándole los talones escaleras abajo, pasando al lado de la mujer que debía ser su novia. Antes de salir por la puerta, el jefe le agarró el brazo. ― Ella es mejor que tú, ― gruñó. ― Merece más.

Le miró fijamente. ― Estamos de acuerdo. ― Miró sobre el hombro de Charlie, hablándole directamente a Bella. ― Pero la amo.

Bella sonrió.

Charlie frunció el ceño y le cerró la puerta en la cara.


Hola!

Bueno, aquí está. Ahora ya se sabe todo... aunque muchas creíais que sería Emmett el que los pillaría.

Solo tres capitulos más, espero que os haya gustado. Mañana adelanto en el blog.

Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.

-Bells, :)