Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a LyricalKris, yo solo la traduzco.
Dadle las gracias a Shaolyn y Ebrume por esta actualización extra... me han estado acosando! jeje
THE ROOKIE
Capitulo trece – De conocimiento público
En cuanto se marchó en el coche de la casa de los Swan, Edward dudó de todos sus movimientos. Sentía que era una equivocación, una gran equivocación alejarse de Bella, dejar que se enfrentara sola a su padre.
Esa estaba entre las peores formas en que Charlie podría haberse enterado de lo suyo. Estaba claro que su reacción había sido peor que si se lo hubieran contado desde el principio, y eso ya habría sido malo.
En casa, empezó a caminar de un lado para otro, preguntándose qué estaba pasando y cuando volvería a ver a Bella de nuevo. Por desesperada que era la situación, estaba bastante seguro de que Bella no dejaría que su padre dictara la relación que tenía con él. Charlie podía ponérselo difícil, pero no podía mantenerlos separados.
Probablemente, por lo que más debería haberse preocupado era porque Charlie le despidiera. Sí, era completamente ilegal pero, como le había dicho a Bella, no iba a contradecir al hombre por otra cosa que no fuera Bella. Si Charlie y no quería trabajar con él, que así fuera. Le daría tiempo libre para viajar con Bella a cualquier universidad que eligiera.
Sin embargo, de alguna manera, Edward imaginó que el jefe cambiaría de opinión. Si Edward era inamovible – y la verdad es que no estaba a punto de renunciar a Bella -, ¿qué mejor forma de hacer su vida miserable que con el trabajo?
Escuchó un golpe en la puerta y el corazón de Edward se saltó un latido. Por un momento, pensó que Charlie había decidido ir detrás de él con una escopeta, después de todo. Luego se dio cuenta de que el sonido venía de la puerta trasera.
Ciertamente, Bella estaba ahí, rodeándose el cuerpo con los brazos y una expresión en la cara que era medio de miseria, medio de furia. Él abrió rápidamente la puerta y ella se lanzó a sus brazos.
Aunque odiaba que ella lo estuviera pasando mal, se sentía aliviado por estar sosteniéndola de nuevo. Sentía que respiraba un poco mejor. Su corazón se retorció cuando se dio cuenta de que ella temblaba y lloraba en silencio. ― Shhh, está bien. ― Le acarició el pelo. ― Te tengo.
Ella le rodeó la cintura con los brazos y apoyó la cabeza en su pecho. ― Estoy bien. Solo... enfadada.
Echándose un poco hacia atrás, le besó la frente y la llevó hasta el sofá. ― ¿Qué ha pasado?
Con un suspiro, Bella se inclinó contra él y le contó la historia.
Aparentemente, esa mañana Charlie le había contado a su novia, Sue, el incidente del día anterior – cuando Edward se había escondido en el armario de Bella. Sue se había reído de él por creerse la historia que le había contado y luego no había podido detenerle de ir a casa y revisar.
― Hemos discutido, por supuesto, ― murmuró Bella, jugueteando con los dedos de él mientras hablaba. ― Pero esta vez ha sido diferente a todas. Él solo no escuchaba. Nada.
Por Bella, Edward se sintió fastidiado. La amaba y era instinto puro el querer ponerse furioso con cualquier cosa o persona que le hiciera daño.
Pero, objetivamente, ¿cómo podía no entenderlo? ¿Era alguna vez fácil para un padre enterarse de que su inocente hija ya no era tan inocente? Edward habría preferido que se quedaran en cas de él ese fin de semana, pero Charlie llamaba a menudo al teléfono fijo para ver cómo estaba Bella mientras él estaba fuera. Pero, como resultado, Charlie ahora tenía que vivir con el conocimiento de que su preciada niña, su única hija, había estado teniendo sexo bajo su techo.
Con un hombre en el que Charlie había confiado.
Era impresión, preocupación y disgusto bordeado de traición. No era de extrañar que el jefe no pudiera calmarse lo suficiente para escuchar.
― Estoy seguro de que solo necesita un poco de tiempo, ― dijo Edward suavemente. Le acarició la mejilla pero deslizó dos dedos bajo la barbilla, levantándole la cara hacia la de él. ― No deberías pelear con Charlie por mí.
Ella envolvió sus dedos alrededor de su muñeca y le bajó la mano, jugando con sus dedos de nuevo. ― No lo hago. Peleo con Charlie por mí. ― Se movió, poniendo las piernas sobre el regazo de él. ― ¿Me estás diciendo que no soy bienvenida?
Él rodó un poco los ojos pero le sonrió, bajando la cabeza para darle un rápido beso. ― Siempre eres bienvenida aquí. Lo sabes. ― La besó de nuevo, lentamente, trayendo un toque de dulzura de nuevo al ambiente. Luego se apartó. ― ¿Sabe dónde estás?
Bella se estremeció. ― Puede que se lo haya dicho mientras salía por la puerta, ― contestó evasivamente.
Él inclinó la cabeza a un lado, mirándola.
Se la veía tímida. ― Le he dicho que cuando estuviera listo para sacarse la cabeza del trasero y tratarme como una adulta, sabía dónde podía encontrarme.
No era la cosa más adulta que podía decir. Después de todo era una adolescente. Edward sonrió satisfecho y la besó suavemente. Lo que estaba hecho estaba hecho. Sentía algo de alivio al saber que su secreto ya no lo era, para lo bueno y lo malo.
Estaba a punto de meterse en negocios y besarla apropiadamente cuando escuchó otro golpe en la puerta; esa vez fue en la puerta principal. Se miraron el uno al otro. Contrariada y nerviosa, Bella puso los pies en el suelo. Cuando se pusieron de pie, ella tomó su mano firmemente. Presentarían un frente unido.
Ciertamente, encontraron a un contrariado Charlie con el ceño fruncido en el porche, cuyo ceño solo se frunció más cuando les vio cogidos de la mano. Pero no hizo comentario al respecto, sino que se limitó a preguntar malhumorado si podía entrar.
Edward asintió y se hizo a un lado, permitiendo a Charlie acceder al interior. Se tragó sus nervios e hizo un gesto hacia su pequeña pero cómoda sala de estar.
El silencio que siguió era pesado e incómodo.
Finalmente, Edward se aclaró la garganta. ― Jefe, me gustaría disculparme. No por amar a su hija, porque realmente lo hago. ― Hizo una pausa, dejando que la seriedad de su declaración fuera absorbida. ― Pero yo... nosotros... podríamos haber hecho las cosas de forma diferente. No era necesario que se enterara de esta manera.
Charlie rió con ironía. ― No. Con vosotros actuando a mis espaldas. ― Se giró hacia Bella. ― Te pregunté directamente por los chicos y me mentiste a la cara.
Bella bajó la cabeza. ― Y lo siento. No debería haberlo hecho, pero no creí que fueras a reaccionar bien.
― ¡Por supuesto que no iba a reaccionar bien! ― Charlie se pasó las manos por el pelo con agitación. ― Todavía estás en el instituto. Y tú. ― apuntó a Edward. ― Te veo casi a diario y todo el tiempo estabas entrando a hurtadillas en mi casa. Deberías haber tenido la decencia, por no mencionar el respeto, de hablar conmigo. De decirme la verdad.
― Yo le pedí que no dijera nada, ― intervino Bella antes de que Edward pudiera hablar. ― Mencionó decírtelo varias veces y yo le convencí de no hacerlo. Le obligué a hacerlo.
A eso, Charlie resopló, todavía mirando a Edward. ― Tú le obligaste, ― repitió por lo bajo. ― ¿Es eso cierto, Cullen? ¿Dejas que una adolescente te diga lo que tienes que hacer?
Edward soltó algo de aire antes de hablar. ― Bueno, señor, no estoy seguro de qué quiere que diga. Siempre tengo en consideración los deseos de Bella pero, honestamente, en esta relación ella lleva los pantalones, por decir algo.
El bigote del jefe se retorció. Un poco.
Él suspiró, pasándose la mano por la cara.
― Deberíamos haber sido honestos contigo, eso sin duda. Pero dejando eso de lado, tal vez debería contarnos cuáles son sus preocupaciones, ― instó Edward.
― ¿Mi preocupación? ― La voz de Charlie sonó dura. ― Bella tiene toda la vida por delante. No necesita atarse a un hombre que ya tiene una vida aquí. Quiero que tenga elección.
― Tienes una forma divertida de mostrar que quieres que tenga elección, intentando prohibirme ver a Edward, ― dijo Bella.
― No creí que quisieras eso; me refiero a estar atrapada aquí, ― contestó Charlie.
― Te refieres a que no quieres que acabe como tú, ― dijo Bella, con voz calmada pero teñida de una nota de dolor. Edward le apretó la mano. ― ¿No es esto lo que os pasó a mamá y a ti? Os enamorasteis cuando ella estaba en el instituto, me tuvisteis, acabaste atrapado y ella escapó.
Charlie frunció el ceño y no dijo nada. Bajó la mirada.
― Yo no soy tú, papá. No voy a cometer los mismos errores.
― No creo que tú seas un error, ― dijo Charlie rápidamente, mirándola. ― Y no estoy... infeliz con mi vida. Solo quiero que tú tengas elecciones, como he dicho.
― Y elijo estar con Edward. Eso no va a cambiar. No creo que tenga que renunciar a nada por eso.
Charlie gruñó, disconforme. ― ¿Y tú? ― le dijo a Edward con voz dura de nuevo. ― ¿Qué es esto para ti?
― No es un juego, si es lo que está preguntando. Bella nunca ha sido y nunca será una mera conquista para mí, ― dijo Edward suavemente. ― La amo. Realmente lo hago. ― Charlie gruñó y Edward se apresuró a llenar el incómodo silencio. ― Señor, llevamos un tiempo trabajando juntos. Creo que en ningún momento le he dado una razón para creer que no soy una persona buena y honesta.
― ¿Te refieres a algo como tontear con mi hija cuando sabías que yo no lo aprobaría.
Edward se estremeció.
Charlie se echó hacia atrás en su silla. ― Eres un buen hombre, Edward. Un buen policía. Trabajas duro. Eso no significa que crea que eres lo suficientemente bueno para mi hija. ― Sus labios se retorcieron. ― Aunque supongo que no se me ocurre un hombre que pueda estar a la altura.
― Yo tampoco. ― Miró a Bella y sonrió. ― Por suerte, me ha elegido a mí.
Bella le devolvió la sonrisa con expresión dulce, tierna.
― No me gusta, ― gruñó Charlie. ― Pero tu madre y Sue me dicen que no tiene porqué gustarme. ― Miró a Bella de nuevo. ― Así que si podéis prometer mantener esta cosa pública, yo puedo prometer... mantener la mente abierta, ― dijo a regañadientes.
Bella saltó y le dio un fuerte abrazo; era mucha más emoción, sabía Edward, de la que esos dos se mostraban habitualmente.
Enfurruñado, Charlie le devolvió el abrazo. ― ¿Vendrás ahora a casa?
― Sí. ― Bella le soltó.
― No quiero decir que no vaya a haber reglas, ― avisó Charlie. ― Todavía eres responsabilidad mía, adulta o no.
Bella asintió. ― Sí.
― Y, en cuanto a ti, ― le dijo Charlie a Edward. ― Un pie fuera de la línea...
― Sí, señor, ― dijo Edward rápidamente, entendiendo lo que quería decir. No tenía intención de herir a Bella pero, si lo hacía, iría al infierno.
― Papá, ¿qué pasa con el trabajo? ― instó Bella.
Charlie se estremeció y miró a Edward. ― Espero que esté a su hora mañana, Oficial.
Edward se sentía un poco desconcertado. ― Tengo el día libre mañana, señor.
― He dicho, que espero que esté a su hora. Parece que tiene el turno de noche, Oficial Cullen.
Edward tuvo que esconder su estremecimiento. ― Sí, señor, ― fue todo lo que dijo.
Que Charlie no se lo tome del todo mal no significa que les vaya a poner las cosas fáciles... parece que el Oficial Cullen va a ser terriblemente puteado por su jefe, jeje.
Espero que os haya gustado.
Ahora sí, no más actualizaciones extra... nos leemos el miércoles.
Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.
-Bells, :)
PD.: Shaolyn y Ebrume, recordad que tengo que entregar uno de los trabajos el martes, asi que daos prisa en hacerlo... jeje
