La boda de mi vida
Los personajes de CardCaptor Sakura le pertenecen a las Reinas del Shôjo Manga: CLAMP.
Capítulo I
Un mal primer encuentro
Cuando el sol lo golpeó en el rostro decidió dejar de haraganear en la cama. La noche anterior había dormido como un pequeño por el desajuste del horario, después de todo no estaba en casa; en esos momentos se encontraba en Inglaterra, en la mansión Hiraguizawa, muy lejos de su amado Hong-Kong.
Un atisbo de conciencia llegó cuando se encontró desnudo sobre las sábanas.
¿Quién había sido la primera a la que, desesperadamente, llevó a la cama?
No podía recordarlo, como usualmente le sucedía. Nunca había sentido un especial cuidado por recordar los rostros de aquella con las que había estado. Se sabía joven para disfrutar del encanto natural que había obtenido al paso de los años y se encargaba de disfrutarlo al máximo.
Sonrió divertido cuando recordó su primera vez, con aquel sonrojo en sus mejillas y su timidez comandando su cuerpo entero. Había sido afortunado al tener una excelente maestra en las materias del amor y no había parado de practicar hasta obtener el doctorado.
Eso sí: jamás metía sus sentimientos de por medio.
Syaoran estaba completamente convencido de que cuando no le quedara más remedio que casarse (porque tendría que hacerlo algún día) seguiría sin hacerlo enamorado o cualquiera de esas estupideces de cuentos de hadas.
Se estiró acomodando su cuerpo en todo lo largo de la cama, decidiendo levantarse para tomar su acostumbrado baño matutino antes de, seguramente, ser bruscamente interrumpido por su mejor amigo. Después de todo, sólo Eriol Hiraguizawa era capaz de destruir una apacible mañana y convertirla en una noche de terror.
Dirigió su cuerpo a la derecha y, dando un pequeño salto, sintió debajo de sus pies un inconfundible sostén en tonos oscuros. Levantó una ceja divertido ante la escena que podría presentarse con una chica caminando sin él a esas horas de la mañana. O bien, se dijo, lo había dejado con el propósito de volver más tarde por él. Sopesó la idea unos segundos, lo disfrutó y tuvo una buena noche, si volvía la haría probárselo como la zapatilla a 'Cenicienta' y ahí comenzaría un nuevo juego.
Después de una mañana relativamente tranquila, donde fue interrumpido por un muy entusiasmado Eriol a la mitad de su baño, su tranquilidad quedó relegada a un segundo lugar, su tranquilo día a día, algo así cambió por completo.
Y, al final, sus deseos no fueron más que una fantasía, porque pasó las siguientes horas siguiendo a un divertido Eriol que caminaba entre árboles y diversas flores de su jardín.
—Ella parece encantadora, seguro que será una buena esposa —mencionó intentando no sonar sarcástico. Después de todo, sí conocía a la aludida y no era tan mala.
—Algún día entenderás —respondió el chico de lentes supuestamente ofendido con una enorme sorpresa—; ya lo verás.
—El día en que eso suceda el cielo será rosa —exclamó divertido y molesto.
—Creo que luce mejor azul, pero ya que insistes…
Ambos siguieron con la plática, desviándola a temas más interesantes para ambos, algo que pudiera importarles de la misma manera.
Definitivamente todo aquello que tenía que ver con el amor, flores, corazones y estupideces como una boda, no era algo que pudieran compartir.
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No pudo evitar correr por toda la habitación saltando sobre las cosas tiradas en el suelo. Sabía que fuera lo que fuera que tenía que hacer ya era tarde.
Salió de la ducha en sólo cinco minutos, tomó un vestido verde que había comprado por la comodidad y salió por la puerta con un zapato en la mano y el otro puesto.
Se detuvo en una esquina para colocarse el faltante y entonces notó que no se encontraba en casa. Parpadeó repetidamente antes de recordar que había llegado la noche anterior a aquella enorme mansión perteneciente al próximo esposo de su mejor amiga. Se sonrojó con rapidez al notar el espectáculo que debía haber dado.
Dirigió su mirada detrás de ella y suspiro cuando notó que nadie la había visto.
Maldiciendo por lo bajo regresó a su habitación dispuesta a terminar de arreglarse y ver de una buena vez qué maldita hora era.
Frente a ella aparecieron dos chicos caminando en sentido contrario mientras reían. Se detuvieron frente a su puerta y ella los observó interrogativamente mientras se acercaba; uno de ellos, el de cabellos oscuros, le parecía conocido.
—Así que… ¿tuviste una noche movida? —preguntó el moreno sonriendo, el otro negó con la cabeza—. Qué aburrido entonces.
—Yo no soy un semental en celo como tú —mencionó mientras negaba con la cabeza—. ¡Oh!, hola Sakura.
—Hola… Eriol, ¿cierto? —saludó la chica un poco sonrojada por lo poco que había alcanzado a escuchar.
—Así es, pequeña —asintió con una sonrisa—. ¿Qué haces despierta tan temprano? Según me contó Tomoyo eras de las que siempre batallaban para levantarse de la cama; y según el horario de Tokyo aún es bastante temprano —dijo viendo el reloj de su muñeca.
—Sí, bueno… por un momento creí que estaba en casa y se me hacía tarde para ir a la escuela… o el trabajo. No sabía qué día era.
—Tan despistada como me contaron —comenzó a reír y levantó su mano derecha para tocar con delicadeza el cabello de la chica—; me alegro que este caballero no te haya despertado por la madrugada.
Sakura elevó la mirada y se preguntó, por lo que había escuchado, si realmente era un caballero. Syaoran bufó ante la idea de su amigo, quien comenzó a reír descaradamente.
—Lamento la grosería de este neandertal —susurró el moreno acercándose a Sakura, tomando su mano para besarla—. Mi nombre es Li Syaoran.
—Kinomoto Sakura —exclamó sorprendida e inclinándose en señal de respeto—, mucho gusto.
—Igualmente, Kinomoto. Lamento lo que Eriol haya provocado con su comentario —mostró una provocativa sonrisa que hizo sonrojar aún más a la chica—. Además, yo no soy tan cuidadoso.
Eriol comenzó a reír con fuerza, en parte por la expresión de Sakura y también debido a la mirada de reproche de Syaoran.
—Bueno —intentó decir con más calma—; podemos ir a desayunar de una buena vez. Vamos.
Los chicos lo siguieron, cada uno en sus cavilaciones.
Syaoran consideraba que la chica a su lado parecía ser amiga de la novia y se preguntaba si había ido en búsqueda de marido. Levantó la ceja al ver la espalda de ella caminando un paso por delante. Podía intentar tener una noche para complacerla e instruirla.
Sakura, por otra parte, se estaba cuestionando sobre qué hacía ahí. Podría haber llegado un día antes de la boda y ya; pero extrañaba a Tomoyo. Mucho. Y de alguna forma quería pasar un tiempo con ella antes de su inminente matrimonio.
Suspiró, ella no buscaba casarse en su futuro cercano, pero se quedaba la duda de si su pensamiento estaba mal. Además, llevaba ya dos años sin pareja, después de Yukito no había existido nadie más en su vida amorosa.
A pesar de todo era feliz.
Sostuvo el aire al entrar en el comedor, lucía absolutamente divino.
Aunque nunca debió dudar del buen gusto de Eriol, con aquella enorme mansión.
Siguió al anfitrión por las sillas hasta llegar al lugar donde la esperaba una emocionada Tomoyo. Sonrió amablemente mientras unos delgados brazos rodeaban su cuello; aspiró el suave aroma de su mejor amiga, transportándose a las épocas cuando se veían a diario y vivían en la casa de la otra.
Cuando todo era completamente diferente e infinitamente más sencillo.
—¡Tomoyo! —gritó mientras la abrazaba con fuerza—. Qué hermosa luces.
—¡Sakurita! —exclamó de la misma forma la aludida, besando sus mejillas con adoración.
Eriol y Syaoran las observaban a distancia, el primero con una sonrisa en el rostro y el segundo gruñendo cosas como 'tonterías' y 'locuras'.
Tomaron asiento poco después, Sakura frente a Syaoran, Tomoyo a un lado de ella y Eriol en la punta de la mesa. Entonces notó que no eran los únicos en el comedor, de hecho estaba bastante lleno.
Antes de preguntar a Tomoyo quiénes eran esas personas, la puerta frente a ella se abrió y entraron algunas personas vestidas igual y llevando charolas repletas de platos con comida.
Sakura gritó de sorpresa cuando una señorita se colocó a su lado y sirvió sopa en el plato frente a ella; dirigió su mirada hasta ella y observó claramente cómo su mirada estaba enfocada en el tal Li, que sonreía con suficiencia y alguna otra expresión en su varonil rostro.
La chica a su lado hizo una risita estúpida y Sakura se preguntó si era ella la que parecía haber acompañado al castaño la noche anterior. Cuando notó nuevamente la presencia de la chica la encontró sirviéndole a Li. Y… era ella muy malpensada o la mano izquierda de él se colaba debajo de la falda de la chica.
Frunció el ceño cuando ella rió nuevamente, inclinándose y después de escuchar unas palabras de Li, asentir con un rubor fingido.
—¡Por favor! —exclamó en voz más alta de la que quería, llamando la atención de los involucrados. Sakura se sonrojó al verse descubierta—. Amh… Tomoyo, ¿ya decidiste todo? —preguntó en un intento de distracción.
—¡Sí! —respondió emocionada—. De hecho, tú serás la madrina de lazo.
—¿En serio?
—Sí, lo decidimos Eriol y yo hace unos días. Ya tengo los votos que dirás.
—¿Y quién me acompañará? —preguntó, buscando ignorar el pie que rozaba desde unos minutos atrás su pierna derecha.
—Bueno… yo elegí a mi mejor amiga —mencionó sonriendo— y él a su mejor amigo.
Sakura deslizó su pierna a la izquierda, buscando alejarla inútilmente de aquel… aquel… acosador.
—Li Syaoran —exclamó Tomoyo, siguiendo la plática con una sonrisa, ignorante de lo que sucedía debajo de la mesa.
—¡¿Qué? —preguntaron los dos a la vez, intentando ponerse de pie y enredándose con las piernas, cayendo cada uno a un lado de la mesa.
—¡Tú! —gritó Sakura, levantándose y acomodando su ropa—. Pervertido, depravado, acosador...
—Frígida —exclamó Syaoran, sentándose nuevamente y tomando la cuchara.
—Argh —gritó Sakura antes de lanzar un pedazo de comida dentro del plato del chico, salpicando la playera y el rostro de él, para después salir caminando dignamente rumbo a la cocina.
Syaoran gruñó, se levantó y caminó al otro lado, buscando su habitación.
—Creo que esto será interesante —dijo Eriol rompiendo el silencio del comedor, acompañado por la dulce risa de su prometida.
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Después de correr todo el camino a su habitación y, milagrosamente, no haberse perdido, había cerrado de un portazo la habitación; aún se encontraba furiosa por lo sucedido, y bastante nerviosa también. Normalmente los chicos no solían ser así con ella; no negaba reconocer cuando alguien pretendía algo con ella, no era una santa, pero su forma de ser terminaba ayudándola a decantarlos como amigos y ya.
Jamás la habían acosado de esa forma.
Pateó la almohada que había caído de la cama mientras daba vueltas horas antes por todo el lugar. No sabía qué sentir, de alguna forma ese chico le había atraído físicamente, después de todo era bastante apuesto, aunque si esa era su personalidad prefería no acercarse a él.
Suspiró antes de dejarse caer en la cama, recordando su última relación. Había sido una linda experiencia que terminó en desastre con rapidez. Yukito demostró que no todo era como parecía, y aunque ahora fuera su cuñado, para rarezas de la vida, el tiempo se había encargado de curar todas sus heridas.
Después de todo ya habían pasado dos años y sus días, y ya debería de haber superado su miedo a alguna relación.
O eso era lo que se decía. La realidad era que no quería enfrentar nuevamente a un corazón roto, pero sabía que no podría detenerse a considerar la situación cuando realmente encontrara a alguien que valiera la pena.
Gruñó mientras daba vuelta para quedar boca abajo, estaba segura que la elección de su trabajo en aquella boda era culpa totalmente de Tomoyo, pero por las razones equivocadas. Su mejor amiga deseaba que se enamorara nuevamente y quería provocar, estaba segura, algo entre ella y ese… ese… pervertido.
Ahora entendía por qué él se hospedaba en el cuarto frente a ella.
La elección no era una casualidad, porque de todas formas en este mundo no existen las coincidencias, solamente lo inevitable.
Y siguió analizando la situación hasta que cayó dormida.
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—Maldita zorra —gruñó el chico mientras andaba a paso veloz por el enorme patio de la mansión.
Le había provocado un momento bochornoso frente a todos los invitados y no se lo iba a perdonar, aunque definitivamente estaba más preocupado por la reacción de las chicas. Esa mujer iba a pagar su estupidez.
Trepó por un árbol con agilidad y se quedó viendo el horizonte, totalmente enfurruñado. La tal Kinomoto había sido una persona interesante de ver, bastante hermosa, no podía negarlo. Sobre todo aquel par de esmeraldas que brillaban en su rostro.
Cuando la había visto un par de horas antes había decidido intentar algo con ella, acercarse. Pero ahora estaba más que convencido de que debía hacerlo, de esa manera se cobraría lo que había provocado.
Provocándole a ella, obviamente, otras sensaciones.
Suspiró y decidió bajar sus defensas un rato. Era ya una costumbre el mostrarse molesto y orgulloso; dejó de fruncir el ceño y cerró los ojos un momento.
—Ahí arriba todo luce muy tranquilo.
Syaoran rió un poco antes de mostrar una leve sonrisa en su varonil rostro.
—Lo es —susurró—. ¿Qué haces aquí, Daidouji?
—¿A estas alturas de la vida seguirás llamándome por mi apellido?
—Tomoyo, entonces… —bajó la mirada— y no respondiste a mi pregunta.
—Decidí venir a calmar las aguas antes de que se desborden —dijo mientras tomaba asiento debajo de Syaoran, en el suelo—. Sé que estás molesto, y te comprendo en parte. También te conozco y sé que puedes tomar venganza —levantó la mirada para clavarla en aquellos ojos chocolate—. Syaoran, te ruego que no pretendas, siquiera, lastimar a Sakura.
Syaoran la observó en silencio. La amatista y él tenían una breve amistad, era la única chica en los últimos años que se había acercado a él sin pasar primero por su cama. Había llegado cuando más necesitaba alguien que lo escuchara sin esperar nada de él.
Por lo tanto, le resultaba extraña aquella conversación.
—Sakura es una chica muy tierna —comenzó, rompiendo el silencio en que se habían sumergido—. Cuando éramos niñas su sonrisa lograba curar mi soledad. Pero su vida no ha sido nada fácil —calló nuevamente, reflexionando si mencionarlo o no—. Tal vez, si las cosas llevan a eso, lo entiendas. Pero te advierto que si la lastimas yo misma te dejaré sin la posibilidad de tener hijos. Ni siquiera el practicar hacerlos.
—¿Y si ella quiere? —preguntó con una leve sonrisa.
—Sólo si eso sucede yo no me voy a entrometer.
Y el silencio de la tarde no fue roto nuevamente, mientras ambos veían el mismo horizonte.
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Después de una relajante siesta, donde había decidido ignorar por completo al pervertido de su vecino de habitación, Sakura paseaba por la mansión intentando encontrar a su mejor amiga. Quería intentar hacerla considerar nuevamente su posición en aquella boda, de esa forma no tendría que toparse demasiado con ese sujeto.
Escuchó algunos susurros cercanos y se dirigió hasta allá, para ver si alguien había divisado a su amiga.
Una risita tonta la dejó congelada en su sitio; una voz masculina llegó después, seguida de un leve gemido.
Volteó su mirada a la puerta a su derecha, cayendo en lo que sucedía ahí dentro.
Si no se confundía, era alguna de las habitaciones de ese piso.
Se quedó quieta aún cuando sus pies querían huir a toda velocidad.
—Sakura —gritó alguien detrás de ella, y la castaña dio media vuelta reconociendo la voz de su amiga—. ¿Qué haces aquí?
—Me perdí —mintió un poco.
—¿Sucede algo? —preguntó la amatista—. Estás roja.
—No… no… todo bien.
Fue interrumpida cuando la puerta de la habitación se abrió de pronto, saliendo un despeinado Syaoran y una chica con una gran sonrisa y un sonrojado rostro.
—Syaoran —murmuró Tomoyo, dando a conocer su silenciosa presencia antes de que él comenzara nuevamente con su aventura—; de verdad agradecería que tu desastre se redujera a tu habitación y no al resto de ellas.
El chico rió ante la forma de llamarle a lo sucedido, tocando el brazo de la mujer de turno con caricias insinuantes.
—Y también —prosiguió con calma— que no distrajeras a las chicas en su horario de trabajo.
—Está bien, Tomoyo. Me enfocaré a las invitadas durante el día —le dio una significante mirada a la castaña y después se dirigió a su acompañante—. Nos vemos alguna noche, eh…
—Yuka —completó la mucama antes de inclinarse con respeto e irse.
—Eso… Yuka.
—¿Cómo puedes no recordar sus nombres? —preguntó con obvia molestia Sakura.
—No veo necesidad de hacerlo. No necesito saberlo al hacer lo que hacemos.
—Bastardo —murmuró—. Vamos Tomoyo, quiero mostrarte algunas fotografías. Tengo algunas de Tôya y Yukito.
—¿Tríos? —mencionó con sarcasmo el chico.
—¡¿Qué? —gritó la castaña.
—Si no es así, no me interesa —dijo, quitándole importancia—. Pero de todas formas las acompaño. Debo ir a trabajar un poco.
—¿Ya cerraste el contrato que peleabas hace unos días? —cuestionó Tomoyo.
—Justo a eso voy. Agradezco el internet y su rápida comunicación.
Caminaron hasta las habitaciones en una extraña plática donde los padrinos de lazo no se hablaban entre ellos, pero ambos mezclaban a Tomoyo en la conversación.
Al cerrar la puerta del cuarto Sakura dejó salir el aire y gruñó.
—Ese chico me desespera —murmuró.
—Es alguien complicado —aclaró la amatista—. Tenle paciencia, su vida no ha sido fácil.
—Pero él sí que es un fácil.
La suave risa de Tomoyo llenó la habitación.
—Eso ni cómo negarlo. Lo es —afirmó—. Pero no siempre ha sido así. Sufrió una decepción amorosa hace unos años.
—Y yo también, y definitivamente no me llevo a la cama a todo chico que se me acerque.
—Cada persona es diferente —respondió Tomoyo—. Él se acuesta con todas y tú pareces una monja.
—¡Tomoyo! —gritó ofendida.
—Ya, ya —sonrío—. Anda, muéstrame las fotos.
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Sakura acababa de caer en cuenta de algo: una cosa era escuchar los crujidos de la casa por la noche, pero otra cosa era eso… justamente esos sonidos que poco o nada dejaban a la habitación y que no le permitían dormir.
¿Pues qué le hacía para que gimiera tan alto? O tal vez la de esa noche era una ruidosa.
Varias veces se había cuestionado si era buena idea ir a tocar la puerta frente a su habitación y pedirle (reclamarle, en realidad) silencio.
Gruñó y tomó su celular, sus audífonos y escuchó a todo volumen la música. No caería en la trampa de ese chico, sobre todo porque Sakura temía que saliera en paños menores (¡o sin ellos!), sólo para mortificarla.
Con ese pensamiento cerró los ojos y cayó dormida momentos después.
Syaoran despidió a la chica con un beso en el cuello, él jamás besaba en los labios. Lo tenía prohibido. Era una cercanía más con la chica y no lo merecían.
Divisó la puerta frente a él, considerando si habría provocado el ruido suficiente como para impedirle descansar, pero la habitación se encontraba a oscuras.
Negó con la cabeza cuando antes de pensarlo realmente logró abrir la puerta de la chica. Si tenían llaves cual hotel ella debería ser muy inocente para no usarla.
Y él demasiado vivo para ignorar la oportunidad.
Entró en silencio, observando su alrededor. Era igual a la suya y aún así lucía diferente por la persona que la ocupaba.
Dirigió su mirada a la cama, donde enredada en las sábanas se encontraba la chica profundamente dormida. Se acercó tratando de no despertarla y pestañeó varias veces para acostumbrar su mirada a la oscuridad de la habitación.
Allí, entre las sábanas, se encontraba la chica más hermosa que había visto nunca. Por un instante se sonrojó al observar su cabello caer sobre la almohada, sus labios sonrojados y algo entreabiertos y aquella expresión relajada.
Suspiró y dio media vuelta, resignado ante la visión; simplemente no podía lastimar a esa chica. Por más que al abrir la boca arruinará todo su encanto.
Y esa noche, mientras soñaba, en su inconsciente comenzaban a clavarse con fuerza unos tiernos ojos esmeraldas.
Estoy en plena clase, shhh xD!
Tokens! Ah no, etto... bueno, aquí el siguiente capítulo, en la clase pasada terminé de corregir el beteo y decidí subirlo de una vez.
Espero que les guste :')! Por cierto, debí avisar que al principio viene un poco de OoC, pero se arreglara con el tiempo.
Mil gracias por los reviews.
1lectora; sí, claro que serán más largos ;)! Eso era sólo un prefacio. Las actualizaciones serán lo más rápido posible. Al menos una vez a la semana.
