La boda de mi vida

Los personajes de CardCaptor Sakura le pertenecen a las Reinas del Shôjo Manga: CLAMP.

Capítulo II
Día 2

—¿Qué te parece el color? —preguntó Tomoyo con una enorme sonrisa.
—Bien —suspiró—, lo que yo no entiendo es por qué tú decidirás mi vestido y no el de las otras chicas.
—Pero si eso ya lo hice, sólo me faltas tú.
—Tomoyo… —comenzó, sabía que lograría nada, pero debía intentarlo; sin embargo, calló cuando vio a Eriol y Syaoran acercándose por el pasillo.
—¿Has hablado hoy con Perla? —preguntó el chico de lentes.
—No, ¿por qué?
—Parece ser que ayer sufrió un dolor de estómago.
—Oh, ¿está bien?
—Eso es lo que no tengo en claro. De todas formas no parece estar en la mansión —afirmó.
—No habrás estado con ella, ¿verdad? —cuestionó la amatista, observando a Syaoran con el ceño fruncido.
—Umh… —pensó un poco y sonrió descaradamente—, dame su descripción. Sabes que soy malísimo con los nombres.

Eriol soltó una carcajada y Sakura gruñó un 'idiota' entre dientes.

—Es pelirroja… —comenzó.
—No —interrumpió el castaño—. En estos días no he tenido ninguna pelirroja.
—¿Sucede algo, Tomoyo? —habló por primera vez Sakura, intentando ayudar en algo.
—Ella iba a ser la encargada de las despedidas de soltero. La mía está casi completa, pero la de Eriol aún no había empezado a organizarla.
—Yo puedo ayudar —sugirió sonriendo brevemente, feliz de poder apoyar en algo a su mejor amiga.
—¿Y por qué una chica debe organizar algo para hombres?
—Agradezco tu ofrecimiento, Syaoran —dijo con una enorme sonrisa el chico de lentes—. Harán un buen equipo.
—¡¿Qué? —gritaron ambos castaños a la vez.

Tomoyo soltó una risita de las suyas, de aquellas que no pronosticaban nada bueno.
Por eso se casaba con él, porque leía su mente, la apoyaba y entendía las locuras que pasaban por ella.

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Simplemente no podía creerlo. Aquella era una de las peores experiencias de su vida.
Ella se había ofrecido inocentemente porque no creía que fuera complicado, pero ahora que se encontraba en una… sex-shop se daba de golpes contra la pared.
Aunque lo peor, en definitiva, era su acompañante.

Aquel espantoso hombre (bueno, era bastante atractivo, pero su carácter y pensamientos…), decía que ella debía probar todo lo que la bailarina usaría. Y la había perseguido por media tienda con un traje de marinerita que extrañamente lucía muy similar al uniforme de su antigua primaria.
Como afirmara que la idea venía de ahí iba a sufrir un trauma de esos…

—Me pregunto si deberíamos de contratar a dos bailarinas y no sólo a una —murmuró Syaoran mientras observaba a una sonrojada Sakura—. Una de ellas podría enfocarse a Eriol y la otra al resto de los invitados.
—¿Es absolutamente necesario tener bailarinas?
—Claro —respondió con una sonrisa—. Y que conste que no lo digo yo, es la costumbre de las despedidas de soltero.
—Sí, claro —gruñó—. Ideada por algún hombre.

Syaoran comenzó a reír ante la mirada de la chica cuando descubrió uno de esos trajes que no dejaban nada a la imaginación. Notó claramente cuándo la mirada de ella se topó con el traje y no pudo evitar molestarla.

—¿Quieres probártelo? —preguntó con voz cargada de sensualidad.

Elevó una ceja cuando vio como ella negaba con la cabeza con fuerza y se alejaba de él, como si con tenerla cerca le fuera a hacer algo.

—Ya, anda. Terminé con esto, ahora faltaría conseguir recuerdos.
—¿Qué tipo de recuerdos?
—¿Qué te parecen condones? —sugirió—. Podríamos pedir que tengan como título 'despedida de Eriol antes de su muerte'.
—¿Muerte? —protestó algo asustada.
—Va a casarse, es como morirse —dijo mientras negaba con la cabeza.
—¡Claro que no!
—Eres una chica —interrumpió—. No sabes lo que es para un hombre ser soltero y poder disfrutar de tu libertad.
—El casarte no te quita tu libertad —debatió.
—Tal vez no del todo, pero sí que te prohíbe muchas cosas. En los votos matrimoniales debería de venir algo de eso. "Tú, idiota del momento, ¿aceptas perder tu libertad de expresión, decisión y de tu libido por el resto de tu existencia?" —rió un poco—. Así mínimo quedarían avisados.

Sakura rodó los ojos mientras cruzaba los brazos sobre su pecho para impedir que su instinto la llevara a golpearlo por decir tantas idioteces.

—Vamos, sigamos con esto para regresar a casa.
—¿Tienes algo más importante que hacer? —preguntó mientras observaba a la chica guapa que estaba en la caja.
—No, pero me gustaría terminar con esto lo más pronto posible —sugirió. 'Además, prefiero estar lo más alejada de ti', pensó.

Él asintió, ignorándola, y se dirigió hasta la caja. Ya ahí, le preguntó a la chica por cosas que ya había visto y la siguió por un pasillo en su búsqueda.

La castaña bufó al reconocer aquello como uno de sus coqueteos ocasionales. Decidida a no caer en su juego, salió de la tienda para ir en busca de lo siguiente en la lista.

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—¿No se enoja tu novia? —preguntó aquella chica que Syaoran tenía entre sus brazos, pegada a la pared e impidiéndole una salida con su propio cuerpo.
—¿Novia? —cuestionó mientras besaba su cuello.
—La chica con la que venías —murmuró, pasando sus manos por la amplia espalda.
—¿Qué? —medio gritó, ahora sí poniendo atención a las palabras—. Esa no es mi novia —aclaró.
—Me parecía una linda chica —dijo con una amplia sonrisa—. Creí que era tu novia. ¿Por qué no le dices que hagamos un trío?

Syaoran sonrió brevemente. Le gustaban aquellas mujeres que eran diversas, pero en esos momentos recordó que no iba solo y… ahora que lo pensaba, ¿dónde se había metido esa cabeza hueca?

Una mordida en su cuello lo regresó al presente en el que se encontraba.
Bueno, unos minutos sin su presencia no serían perjudiciales.

Y se dejó llevar.

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—¿Dónde te habías metido? —preguntó algo molesto. La había buscado por los posibles lugares donde podría estar y no había dado con ella en toda la tarde.

Sakura levantó la mirada del cuaderno que tenía sobre sus piernas con un rostro impasible. ¿Ese tipo se atrevía a dirigirle la palabra?

—Haciendo los encargos que nos fueron encomendados —respondió después de unos segundos, decidiendo que mientras más pronto respondiera más pronto estaría a solas y tranquila.
—¿Por qué no me esperaste? —continuó, sin embargo, Syaoran.
—Porque parecías muy ocupado y no quise interrumpir —murmuró sin despegar sus ojos de la libreta.
—¿Qué lees que no me prestas atención? —cuestionó enfadado el chico. No estaba acostumbrado a ese trato. Intentó hurtar el cuaderno y Sakura tomó su brazo con más fuerza de la que creía.
—No sé a qué tipo de mujeres estás acostumbrado, Li —escupió con furia—; pero conmigo no te vas a comportar como un patán engreído, ni lo intentes. Ahora, si eso era todo, lárgate de mi vista.

Syaoran la vio intentando decidir si perdonarle la vida o si arrastrarla del cabello a su habitación y mostrarle de muchas formas que a él nadie lo trataba así.

Mucho menos una zorra como ella.

—Ah, una cosa —susurró mientras levantaba su mirada esmeralda justo cuando el chico se alejaba unos pasos de ella—, mañana tendrás que ir a confirmar un par de cosas en la pastelería.
—¿Por qué yo? —murmuró furioso.
—Porque me parece que la chica que trabaja ahí podría entretenerte otra tarde y así podré estar tranquila —afirmó con una sonrisa cínica.

Syaoran, por el momento, decidió perdonarle la vida y se fue a su habitación a pasos agigantados.

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—¿Cómo va todo en casa? —preguntó Tomoyo, mientras tomaba asiento en una de las bancas del lado oeste del patio. Era medio día, había estado ocupada en la mañana atendiendo a los invitados y riéndose de un molesto Syaoran que tenía que ir solo por el pastel y hasta ese momento no había tenido tiempo de acercarse a su mejor amiga.
—Tôya tan sobreprotector como siempre, pero creo que eso es algo inevitable —suspiró—. Ahora que se ha mudado con Yukito he tenido un poco de tranquilidad y libertad, pero realmente lo puedo ver aparecer en la casa o en mi trabajo a horas imprevistas.

Sakura frunció el ceño al recordar las ocasiones en que su hermano mayor aparecía a mitad de la noche en su casa para revisar que no estuviera en peligro, o bien, con algún chico.

—Al principio me daba sustos de muerte —aclaró, encogiéndose de hombros—. Pero creo que ya me acostumbré y eso es lo peor.
—¿Yukito qué dice?
—Para ser sincera, casi nunca hablamos —subió las piernas a la banca y las sostuvo con sus manos, colocando su barbilla sobre las rodillas—. Creo que tiene la impresión de que acercarnos demasiado, algo parecido a cuando éramos amigos, terminará lastimándome.
—Tal vez sea verdad —murmuró, viendo atentamente a su mejor amiga.
—No, ya no —mencionó sonriendo—. Tal vez hace unos meses, no sé hace cuánto realmente… pero ya dejé de quererlo así —aclaró—. Fue difícil, pero es lo mejor; además ellos hacen una linda pareja.

Tomoyo abrazó a Sakura, y fue correspondida de la misma forma. Recordando aquellas tardes cuando la castaña lloraba amargamente por estar enamorada del mejor amigo de su hermano, el inalcanzable de Yukito.
Cuando, abrazadas la una a la otra, enfrentaban la vida siempre protegida por su mejor amiga.

—¿Estarán llorando? —preguntó Eriol con tranquilidad, observando a la distancia a las amigas abrazándose.

Syaoran echó un vistazo y se encogió de hombros.

—Probablemente, eso parece —dijo restándole importancia—. ¿Piensas ir a verlo de cerca?
—No, creo que necesitan un tiempo a solas.

Se mantuvieron en silencio durante unos minutos, observando con distintos grados de interés a Sakura y Tomoyo, quienes habían vuelto a conversar animadamente. La castaña hablaba aceleradamente y la de cabellos largos reía.

—¿Quién exactamente es ella? —preguntó de pronto el chino.
—¿Sakura?
—No, idiota, tu futura esposa —mencionó con sarcasmo—. ¡Sí, Sakura!
—Es la mejor amiga de Tomoyo, tiene 23, igual que nosotros…
—Te recuerdo que tú tienes 24, amigo —dijo sonriente.
—Y tú también casi los cumples —le respondió, arqueando una ceja—. ¿Quieres tener información o no?
—Ok, me pongo serio, continúa.

Eriol suspiró y negó con la cabeza. La verdad era que aunque Syaoran siempre había sido serio y frío, solía dejar caer esa máscara cuando se sentía en confianza.
Nunca era alegre, ni alguien con libertad en decir lo que sentía, pero sí se permitía bromear de vez en cuando.

—Pensé que Tomoyo te había dicho que te alejaras de ella.
—Eso no significa que no pueda saber quién es, ¿cierto?

El chico de lentes dio un suspiro; realmente no debería de decirle nada a Syaoran para ayudarle a hacerle daño a Sakura.

—Sólo te diré algo.

Syaoran levantó la mirada para verlo mejor, le sorprendió lo serio de su rostro.

—No te atrevas a dañarla.

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Eriol podía tener razón, aunque Syaoran aún se encontraba renuente a darse cuenta.

Después de que se enterara un poco sobre quién era ella y algunos detalles de su vida se había encontrado en una encrucijada, y es que las últimas horas había intentado de todas formas posibles que aquella chica le prestara un poco de atención. Sentía que era todo un reto lograr que al fin cayera en sus redes y así demostrarle que él era mejor que ella.

Había intentado de todo. Primero un acercamiento como al resto de las chicas, no creía que después de susurrarle al oído unas palabras dulces y un suave beso en el cuello no fuera a acompañarlo en sus locuras, pero ella lo había observado como si fuera un ser inexistente y se alejó rápidamente de él.

Después, creyó que ya que había demostrado no soportar el cómo se tiraba a alguna de las chicas del lugar lograría algo si lo mostraba frente a ella (no el hacerlo, no era voyerista), mostraría algo de interés.
Aunque luego de la segunda logró notar que tampoco había funcionado; claro que eso no había sido motivo suficiente para no ir por la siguiente.

Su mejor amigo le había cuestionado seriamente sobre qué hacía cuando lo vio coqueteando abiertamente a una de las invitadas y observando de reojo a Sakura. El muy imbécil le soltó así como si nada que probablemente sufría un tipo de trauma con ella.

También le dijo que lo comprendía, Sakura era una chica muy hermosa y linda, justo antes de que Syaoran le murmurara que si seguía queriendo darle hijos a Tomoyo mejor que cerrara el pico.

En esos momentos veía cómo Sakura hablaba por teléfono con alguien que parecía ponerla de muy buen humor. Eso era algo que no había contemplado.
Ella lucía muy aniñada como para engañar a un novio, si es que lo tenía, y aquella vista de ella sonriendo como una tonta enamorada podría demostrarle que así era.

—¿En serio? —medio gritó Sakura mientras negaba con la cabeza—. Tôya, ya te he dicho que no le dejes tanta comida preparada. Sabes que él arrasará con todo antes de que tú regreses. Sí —rió un poco—, te lo digo por experiencia.

Syaoran la observó un poco más, ¿hablaría de una mascota?

—¿No has estado demasiado tiempo sin ejercitarte? —preguntó Eriol desde su derecha, la forma en que había dicho la última palabra daba a entender el doble sentido de la oración. Syaoran simplemente lo ignoró—. No te estoy acusando, es que me parece extraño que estés aquí afuera, donde todo es tan tranquilo.
—Si vienes a continuar con tus tarugadas te aviso que la oferta sigue en pie.
—¿Ya no puedo simplemente venir a conversar contigo? —cuestionó un poco ofendido.
—No —negó con la cabeza al tiempo que seguía con la mirada a Sakura—. Aunque después quién sabe si se te permita, tú sabes.
—Aún creo que el azul es mejor para el cielo —afirmó, ignorando completamente el comentario anterior.

Syaoran creyó que ya estaba delirando y le dirigió una mirada preocupada.

—¡Sakurita! —gritó Tomoyo.

Corrió hasta ella pasando por un lado de su prometido y el padrino de lazo.

—Adivina quién logró venir —dijo mientras la tomaba del brazo. Syaoran ya había notado que su plática había terminado y las observó curioso.
—¿Quién? —preguntó la aludida con una sonrisa.
—Anda, intenta adivinar.
—Tomoyo, sabes que no me gustan las adivinanzas.
—Uf, que carácter —mencionó lo suficientemente fuerte el moreno. Sakura ni siquiera le dirigió la mirada lo que provocó que Syaoran frunciera el ceño molesto.
—Bueno —continuó Tomoyo—, todas las chicas: Naoko, Rika y Chiharu. Además también las acompaña Yamazaki.
—¡¿En serio? —casi gritó la castaña—. Hace mucho tiempo que no sabía nada de ellas —aclaró.
—En realidad tampoco yo —dijo con una sonrisa—. No fue fácil dar con ellas. Yamazaki y Chiharu se casaron hace unos meses, así que cuando intenté dar con ella nunca se me ocurrió buscarla por su apellido de casada. Y las otras dos andan solteras, creo —calló unos instantes—. Mejor vamos a recibirlas —medio gritó con entusiasmo.

Ambas salieron de ahí con rapidez, ante las miradas de los chicos.
Eriol, aparte, sonreía con calidez.

—¿Me vas a decir que son sus amigas de toda la niñez? —preguntó Syaoran con sarcasmo.
—Sí, algo así. Tomoyo y Sakura siempre fueron las más unidas del grupo, y las otras tres también lo eran entre ellas. Si no mal recuerdo los recién casados desde la primaria, o antes, ya estaban comprometidos en palabra.

Syaoran dirigió la mirada a su amigo, buscando si lo dicho anteriormente era sólo una broma de mal gusto por su aberración ante las bodas. Al no encontrar algún tipo de gesto que indicara que buscaba tomarle el pelo sintió escalofríos.

Eso era repugnante y enfermo.

Los dos caminaron en silencio rumbo al recibidor, donde a pesar de ir a un paso lento se encontraron con la escena de las chicas y sus amigas en un abrazo colectivo. Podía escuchar palabras de aliento y hasta algunos susurros de voces quebradas por el llanto, o algo parecido a eso.

Syaoran hizo un gesto de fastidio cuando notó que Sakura se acercaba a conversar con uno de los dos chicos que se encontraban a un lado. Ahora que lo pensaba, sólo había contado a tres amigas y al idiota enamorado de una de ellas, ¿de dónde salía ese individuo?

—¿No habían dicho que sólo una estaba casada? —le preguntó a Eriol, sin dejar de observar la escena frente a ellos.
—Eso entendí yo también —murmuró encogiéndose de hombros—. Supongo que nos enteraremos en unos momentos —dijo mientras señalaba a Tomoyo, quien ya los estaba presentando.

Eriol caminó hasta estar al lado de Tomoyo, quien sonreía y conversaba con el resto de las personas de la estancia. Por otra parte, Syaoran no dejaba de observar a aquel chico que estaba tan cerca de Sakura. No le daba buena espina.

Syaoran salió del escondite en el que se habían metido la nueva chica y él, cerca de unos arbustos algo alejados a la mansión. La ayudó a levantarse con galantería y después de una mordida en el cuello, porque no conseguiría nada más de sus labios, ella se fue rumbo a la casa, buscando al que, parecía ser, su novio.

El chino negó con la cabeza, realmente a él no le importaba si eran casadas, solteras, con novio o hasta viudas, así que ese no era su problema.

Se reacomodó la ropa y al recordar cómo se había vestido la chica decidió que vestirse horizontal al suelo debía de ser una de las cosas más incómodas que había visto. Agradecía que el sólo debía bajarse un poco los pantalones, y eso para no ensuciar nada.
Eso de andar con los pantalones con marcas de semen no era una cosa agradable.

Sonrió descaradamente, mostrando un gesto que sabía le había conseguido muchas de sus conquistas. Entonces la vio, sentada en una de las bancas cerca de las ventanas que daban hacia su habitación, con los últimos rayos del sol detrás de ella.
Estaba escuchando música desde unos audífonos y movía los labios intermitentemente muy probablemente cantando o susurrando la lírica.

Observó atentamente cada uno de sus movimientos, como cuando levantó aquellas largas piernas por encima de la banca para poder cruzarlas bajo su cuerpo, acomodándose mejor y colocando aquella libreta que tenía en las manos en una de sus rodillas. Después de eso levantó los brazos al cielo y sonrió con dulzura, estirándose cual gatito.
Y el cabello castaño de ella brilló majestuosamente, atrayendo su atención.

Caminó unos cuantos pasos hacia ella, acercándose sin permitirse ser observado. Él quería conocerla, saber por qué sentía aquella necesidad de acercarse a esa chica. De conocerla.
De entender por qué había ido a preguntarle sobre ella a su mejor amigo cuando nunca había hecho eso por nadie más.

Tomó asiento en una banca cercana que estaba un poco escondida, pero que le permitía observarla con claridad.

Syaoran Li pasó la siguiente hora conociendo cada rasgo, cada movimiento, cada gesto de Sakura. Se encontró deseando que ella hiciera aquel gracioso mohín que dibujaba en su rostro al ver, seguramente, algo que no le gustaba. O aquella forma en que movía sus dedos sobre su rodilla cuando pensaba. El cómo su mirada se elevaba al cielo y buscaba algo ahí.
Respuestas, preguntas, ideas. Algo buscaba ahí. Halló la desesperación por no poder lograr que encontrara aquello que buscaba en él.

De pronto, Sakura levantó la mirada y la clavó en él, sonriéndole inesperadamente. Él detuvo la respiración, seguramente ante aquella sonrisa que no sólo estaba en sus labios, también podía apreciarla en aquellas esmeraldas.
Acababa de encontrar la sonrisa más hermosa del mundo entero.

Entonces Syaoran se dio cuenta de algo, Sakura era una mujer, sí. Una mujer hermosa como muchas que habían pasado por su cama, pero no era como ellas, como ninguna.
Y de alguna manera, estaba seguro, notar eso acababa de cambiar su vida entera.


Oops, por un error de entendimiento mi beta y yo nos complicamos innecesariamente la vida y no me beteo este capítulo, si no el tres, hace ya algunos días.

Por lo tanto, no había podido subirlo.

Lamento muchísimo la demora, el siguiente no tardará tanto (beteado ya está :P)

Mi vida ha sido tomada por la universidad y la escuela técnica a la que voy y realmente he escrito poco, pero espero que les guste este nuevo capítulo y que lo disfruten tanto como yo escribiéndolo :D!

Ya no sé si respondí los reviews del pasado, creo que no, *sigh...