La boda de mi vida
Los personajes de CardCaptor Sakura le pertenecen a las Reinas del Shôjo Manga: CLAMP.
Capítulo III
Algo parecido a una cita
Aquel sentimiento que había nacido en él después de ver a ese chico no había sido un error, como siempre las cosas que Syaoran había pensado no eran más que la absoluta verdad.
El tal Haku Takato tenía un interés en particular por Sakura. No es que se sintiera celoso, claro que no, pero Syaoran también tenía interés por ella y el que él fuera amable y caballeroso lo único que provocaba era darle más problemas de los que ya tenía.
Se había enterado gracias a Eriol de que el chico no conocía a Sakura más que por historias contadas por el resto de las chicas y por fotografías. El que estuvieran lejos y casi no se hablaran no significaba que el Internet y su maravilloso acercamiento no hubiera provocado un particular interés que ahora tenía sus frutos.
Frunció el ceño mientras los veía caminar por el jardín, conociéndose. Conversando animadamente; desde la distancia podía ver a Sakura sonriendo y riendo ante lo que fuera que le contaba.
Sonrió de lado, bueno, él también sabía ser caballeroso y amable. Y lo sería lo suficiente hasta atraer nuevamente a aquella mirada esmeralda.
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—¿De dónde conoces a las chicas? —preguntó Sakura a Haku. Habían tomado asiento debajo de un árbol.
—Pues conocí a Naoko en una librería, los dos queríamos el mismo libro —aclaró sonriendo—. Toda una escena romántica según ella misma. De ahí comenzamos a vernos y luego conocí al otro par de locas.
—Vaya, pues sí suena romántico —mencionó acomodándose mejor, pero sin llegar a acercarse demasiado a él—. ¿Fueron novios?
—Eh… no, sólo somos amigos —afirmó—. ¿Por qué la pregunta?
—Por el comentario que hiciste, creí que lo habían sido… o que querían serlo.
—Yo sólo veo a Naoko como una amiga —dijo con seriedad.
—Y eso está bien.
Continuaron la plática sin volver a tocar el tema de los noviazgos. Sakura podía saber cuando alguien quería algo con ella, y no era difícil de notar que la cercanía y la plática de Haku eran dedicadas a atraer su atención y que coqueteaba abiertamente con ella. Pero no sentía lo mismo. Además… no todos eran parecidos al idiota de su vecino de habitación.
—¿Entonces tu hermano es homosexual? —preguntó el chico haciendo una mueca.
—Sí, lo es —afirmó Sakura. Siempre sacaba ese tema a colación cuando sentía interés por un chico, era una manera de alejar a los que simplemente no eran compatibles con ella. Tener una pareja que no soportara a su hermano era una cosa, Tôya podía ser una patada en el culo, pero que no admitiera lo que él era simplemente era inaceptable.
—Nunca he conocido a uno —dijo Haku, levantó la mirada para observar los gestos de la castaña—. No tengo nada contra ellos pero… no estoy acostumbrado.
—Te entiendo, creo que todos nos sentimos así en algún momento de la vida.
—¿Puedo preguntar algo personal sobre eso? —cuestionó después de unos minutos de silencio.
—Sí —asintió.
—¿Qué sentiste tú cuándo te enteraste? —calló unos momentos—. Si es muy personal no es necesario que me lo cuentes.
—Pues… es un poco de todo. Pero no es tan difícil de considerarlo después de un tiempo, lo más importante es que haya encontrado a alguien que lo ame tanto como mi hermano a él —sonrió ante el recuerdo de verlos platicando en un rincón de una habitación, paseando en sus bicicletas por la ciudad o haciendo cosas cotidianas de su vida—. Al final eso es lo importante.
—Suenas romántica.
—Soy romántica —afirmó guiñando un ojo.
Cuando el atardecer comenzó a aparecerse en el horizonte decidieron ponerse de pie y caminar rumbo al salón, para decidir si cenar dentro de la mansión o buscar algún lugar en la ciudad.
La plática, a pesar de eso, no decayó. Sakura no intentaba coquetear con él, ni darle a entender que sentía algún interés por él.
De hecho, aún no se sentía segura sobre qué de todo lo que le había dicho podía tomarlo como algo real. En cierta forma sentía que él intentaba crearse una vida para sonar más interesante.
—¡Sakurita! —dijo Tomoyo, acercándose por uno de los pasillos. Venía de la mano de Eriol—. Te estuve buscando, ¿dónde estabas?
—Oh, lo siento. Estuve en el patio con Haku —explicó con una sonrisa bochornosa—. ¿Me necesitaron?
—Claro que sí —acusó Syaoran, apareciendo por el mismo lugar—. Tuve que hacer toda la organización yo solo el día de hoy.
—¡Lo siento muchísimo! —murmuró, inclinando su cabeza en un gesto de disculpa—. Pensé que no nos reuniríamos hasta mañana.
—Agradecería que intentaras no suponer nada —gruñó el castaño. Después dirigió su fría mirada a Haku, quien tenía su mano en la espalda de Sakura—. Necesito hablar contigo, de todas formas. ¿Tienes tiempo? —preguntó, suavizando la voz y pateándose mentalmente por su comportamiento. No quería asustarla.
Sakura asintió y después de disculparse con Haku, y prometiéndole verlo a la hora del desayuno, siguió a Syaoran por aquellos pasillos interminables.
La chica comenzó a preguntarse el destino cuando comenzó a desconocer las paredes y decoraciones, iba a preguntarlo cuando Syaoran se detuvo frente a una puerta y la abrió, indicándole que entrara en ella.
—¿Dónde estamos? —preguntó con curiosidad. La habitación era como un despacho; tenía una pequeña sala que lucía cómoda, frente a los sillones se encontraba una mesita. También existía un escritorio con sillas y el resto de las cosas que normalmente se veían en una oficina.
—En el despacho que era de Eriol hasta hace unos días —aclaró—. Toma asiento.
Sakura optó por acomodarse en uno de los sillones dobles que estaban a su derecha. Observó como el moreno se acercaba hasta el escritorio y tomaba unas carpetas, para después sentarse a su lado.
Hasta ese momento no había notado el agradable aroma que provenía del chico. Era una colonia no muy fuerte que inundaba los sentidos.
—Sólo falta terminar con pequeños detalles —comenzó a hablar Syaoran—. Ya hemos comprado todo lo necesario y terminado de pedir el pastel, la comida, bebidas y cosas de ese estilo. Propongo que mañana vayamos a los salones donde se llevarán a cabo las despedidas de soltero.
—¿Sabías que cuando hablas así suenas muy profesional? —preguntó sonriendo.
—¿Así cómo?
—No sé, explicando las cosas con tanta calma.
—La costumbre, supongo —dirigió su mirada a la chica a su lado, quien se encontraba relajada y se inclinaba hacia la mesa. Su cabello suelto tenía un suave aroma que adivinaba pero quería conocer a fondo—. ¿Entonces?
Ella levantó la mirada y lo vio directo a los ojos, preguntando con ella de qué estaba hablando. Syaoran suspiró cuando sintió el deseo de levantar sus manos para tomarla de los hombros y jalarla hasta él. Clavó las uñas en su pantalón para impedirse el caer en aquel juego.
—Ir a ver el lugar —murmuró pausadamente.
—Ah sí —rió un poco, avergonzada de distraerse—. Claro, ¿a qué hora te parece bien?
—Pues mientras más temprano mejor, porque comenzarán a llegar las cosas y tendremos que revisar si en verdad no falta nada.
—Umh —dudó unos segundos—. Quedé en verme temprano con Haku.
Syaoran insultó mentalmente al otro chico, pero se guardó cualquier comentario o gruñido cuidadosamente. Observó a Sakura, quien tenía una mirada de preocupación.
Bien, tenía que ser un caballero, ¿no?
—Podría ser durante el almuerzo, de esa manera acudirás a tu cita.
—¿No te molesta? —preguntó angustiada.
—No realmente —murmuró, maldiciendo mentalmente a Haku pero manteniendo un rostro tranquilo—. Vamos, anda.
Esa noche fue la primera en que Syaoran no llevó a nadie a su habitación.
También la primera en la que soñó con Sakura.
Sakura se sentía completamente confundida; aquella mañana no había sufrido tanto al levantarse como normalmente. De hecho había tenido tiempo de sobra para poder darse un baño relajante, arreglarse completamente y hasta decidir exactamente qué ponerse, con pruebas de ropa y todo.
Claro, al final termino apurándose al correr por los pasillos, pero a eso sí que estaba acostumbrada.
Se había puesto más nerviosa de lo esperado al encontrarse a Haku afuera del comedor principal y se arregló imperceptiblemente el vestido que llevaba.
No era como si estuviera buscando tener algo con él, no era el pensamiento que cruzaba por su mente. Pero… ella no era nadie que quería ir en contra del destino, y algo le decía, le gritaba, que algo importante iba a pasar en aquella boda.
Disfrutó de aquella breve mañana con Haku, quien aceptó sin problemas el tener que cortarla para que ella acudiera a la cita de trabajo, como aclaró en varias ocasiones, para terminar con el papeleo de las despedidas de soltero.
Como premio Sakura le había otorgado una de esas hermosas sonrisas que sólo ella podía crear.
—Luces bastante bien —murmuró Syaoran cuando llegó a su lado.
En realidad, Syaoran podría haber dicho "luces preciosa", pero creía que era una palabra demasiado cursi para salir de sus labios. Aunque definitivamente no era mentira. Con aquella ropa sencilla Sakura lucía bastante bien.
Extrañamente, aún y cuando sabía que ella había estado en la mañana con Haku, podía notar que nada en ella gritaba 'necesito un macho, ahora' como la mayor parte de las mujeres que se le acercaban.
De hecho, no sabía exactamente qué era lo que ella le decía.
O estaba susurrando o él necesitaba ir a revisarse el oído.
—Muchas gracias, igual tú —respondió Sakura sonriendo, ajena totalmente a los pensamientos de su acompañante—. ¿Nos vamos?
Ambos subieron al auto que les había sido prestado para aquellas diligencias y partieron rumbo a los salones que debían revisar.
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—¿Segura que quieres que aquí sea el de los chicos? —preguntó, sentado en la barra del local.
—Bueno, no es que considere que las chicas no tomen pero, para el concepto de la despedida de Eriol, creo que este es el mejor lugar —afirmó mientras asentía con la cabeza—. ¿No lo crees así?
—Desde que veníamos te dejé esa decisión a ti, pero creo que tienes razón. De todas formas nos faltaría revisar el segundo lugar, ¿no? —preguntó con una sonrisa.
Aquello había sido más fácil para ambos ahora que él no pretendía estar sobre ella todo el tiempo. Sakura había dejado caer un poco aquella barrera que había levantado entre ambos en búsqueda de que se alejara lo suficiente de ella.
De hecho, en términos generales, aquella tarde Syaoran era un hombre encantador.
—¿Ya hemos visto todo aquí? —preguntó ella, sonriendo de regreso.
—Eso parece —aclaró Syaoran—. Podemos ir al otro lugar de una vez, ¿o prefieres pasar a comer algo?
—Comer estaría bien, ¿conoces algún buen lugar?
Él asintió y ambos se embaucaron nuevamente en el tráfico hasta llegar a un pequeño restaurante que él aclaraba haber descubierto la última vez que había estado en la ciudad.
—¿Entonces no es la primera vez que visitas a Eriol?
—No, claro que no —negó él—. Somos amigos desde niños. Fue trasladado a China, a la primaria donde yo estaba. Ahí nos hicimos amigos.
—Supongo que eras un niño peligroso —sugirió, imaginando a un niño que acosaba a las niñas y hasta a las docentes.
—En realidad no —aseguró él entre carcajadas—. Era muy bien portado. Aquí entre nosotros, creo que Eriol es quien me descompuso —susurró guiñando un ojo—. Yo era serio y no tenía muchos amigos, pero él lucía interesante, y siempre me han atraído las personas interesantes.
—¿Siempre ha parecido tan misterioso? Porque luce como si supiera algo que tú no —dijo mientras balanceaba la copa de vino cuidadosamente—. No sé si me entiendas.
—Sí, de hecho sí —aclaró él.
Negó lentamente con la cabeza, recordando que eso era lo que había creído por mucho tiempo.
—Pero detrás de esa máscara de misticismo se encuentra alguien que es muy travieso, ¿alguna vez te lo contó Tomoyo?
—No, en realidad no… —susurró, intentando recordar—. Es que en nuestra amistad es más de que yo cuento y ella escucha. No es que yo no la escuche a ella —exclamó avergonzada—; es que ella suele ser también un poco misteriosa.
—Comprensible… —comenzó—. ¿Se conocen desde niñas también?
—Sí, desde la primaria —aseveró sonriendo—. Somos primas, también, pero nos conocimos apenas en el curso de cuarto año, cuando ella se mudó a la ciudad.
—Qué interesante, suena similar a mi amistad con Eriol —mencionó pensativo—. ¿Te imaginas cómo hubiera sido si fuéramos todos a la misma escuela?
Sakura sonrió, imaginando claramente a un Syaoran en niño, todo serio y frío como había sugerido que era. A Eriol con Tomoyo, siendo amigos al instante por su forma tan curiosa de ser. Y estaba completamente segura de que se sentiría atraída a ser amiga del chico frente a ella, de niña solía ir repartiendo sonrisas y arreglando corazones.
O eso decían sus amigas.
—Entonces no sé si aún seguiríamos vivos, seguro que alguno de los dos hubiéramos asesinado al otro.
—Interesante, interesante… —murmuró él, cortando un poco de la comida olvidada—. Deberé agregar 'posible asesina' a tu ficha en mi cabeza.
—¡Calla, Li! —exclamó ella, sonrojándose ante la idea.
—¿Qué? Estoy intentando crear una imagen mental de cómo eres en realidad. Debo decir que no entras en ninguna categoría a las que estoy acostumbrado.
—Bueno, será por el tipo de mujer que te rodea —murmuró ella.
—Probablemente —mencionó cruzando los brazos frente a su pecho—. De hecho, podría ser una razón.
Sakura levantó la mirada, intentando decidir si aquello había sido sarcasmo o una realidad.
—¿Por qué eres así?
—¿Así cómo? —preguntó él, apartando la vista de la chica.
—Pues… no puedo llamarte zorra porque no eres chica pero…
—Tengo mis razones —dijo, aún entretenido en el techo—. Pero debes saber que eres la segunda mujer que se me resiste en años.
—¿Cómo? ¿Eso no sucede seguido? —cuestionó la flor de cerezo—. De hecho, ¿en qué momento has intentado conquistarme?
Syaoran sonrió, lo cual lo hizo ver sumamente atractivo y pasó su mano derecha por su cabello, desordenándolo más.
—Lo he hecho, Sakura, lo he hecho —y le guiñó un ojo.
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Sakura reía a carcajadas mientras sus amigas bailaban algo sobre la mesa del jardín. No entendía bien qué era lo que pasaba, pero era muy divertido. De hecho, era tan cómico que había decidido en ese mismo instante subirse a intentarlo también.
Naoko le pasó un nuevo vaso con aquella bebida que era 'tequila' y que Rika había dicho sonriente que provenía de un país muy lejano que una vez había visitado. También había mencionado algo sobre no tomarlo demasiado rápido, ¿pero quién le había puesto atención?
Ellas, por supuesto, no.
En cuanto había bajado del auto que compartía con el chico de China, la habían capturado y secuestrado a una parte lejana del jardín, donde ya tenían preparadas las bebidas y alimentos chatarra para una noche muy divertida.
Y bajo la premisa de que hacía ya mucho tiempo que no disfrutaban algo así, habían comenzado a beber y comer mientras platicaban y se ponían al día.
—Sakurita, te vas a caer —dijo Tomoyo con una sonrisa mientras negaba con la cabeza.
—Pero es muy divertido, Tomoyo —anunció triunfal la aludida—. Ven, inténtalo.
Sakura se hincó en aquel reducido espacio y tomó la mano de la amatista, incitándola a subir.
—¿Aquello de allá es una piscina? —preguntó Naoko, mientras con su mano derecha formaba una visera sobre sus ojos. Visera que no necesitaba porque lo único que las alumbraba era la luz artificial de los focos de la mansión.
—Sí, lo es —gritó Chiharu, quitándose los zapatos y preparándose para correr hacia ella.
En medio de gritos de 'agua', 'piscina', 'yo primero', corrieron mientras se quitaban los zapatos y la ropa, quedándose en interiores.
—Yo debo decir solemnemente que agradecemos profundamente la mansión del futuro esposo de Tomoyo… —comenzó a declamar la de lentes— porque sin ella esto no sería tan divertido.
Terminando su improvisado discurso, fue, literalmente, hundida por Rika, quien la tomó del brazo mientras se aventaba a la alberca entre risas. Chiharu se lanzó poco después.
—¡Ustedes no saben lo que es un clavado de bomba! —exclamó Sakura, negando con la cabeza y mostrándoles el pulgar hacia abajo—. Ni siquiera han sacado un poquito de agua.
—¡Sakura, Sakura! —gritaron a coro las dos chicas que estaban dentro del agua.
—¡Hazlo Sakurita! —mencionó Tomoyo detrás de ella.
La aludida sonrió ampliamente y volteó a ver a su amiga, sin sorprenderse demasiado de verla con una cámara en la mano.
Sakura dio dos pasos hacia atrás, tomando vuelo, cuando notó a lo lejos a tres figuras que se acercaban entre las sombras. Tomada como estaba, su mente lo relacionó a que eran unos fantasmas pero, al mismo tiempo, decidió asustarlos con su sorprendente acrobacia en el agua.
—¡Al agua! —gritó al mismo que tiempo que tomaba vuelo para aventarse al agua, logrando crear un clavado perfecto porque la cantidad del líquido que había saltado había alcanzado a Tomoyo.
—¿Está bien que estén ahí adentro? —preguntó Syaoran, quien llegaba a la orilla del lugar junto a Eriol y el esposo de Chiharu.
—Es preferible que nos quedemos cerca por si acaso.
—¡Eriol! —exclamó Tomoyo, acercándose hasta él.
—Amor, ¿no deberías estar acompañando a tus amigas? —preguntó él, sorprendiéndose de encontrarla seca.
—Alguien debía de quedarse afuera por si acaso… —murmuró, viendo como Sakura salía de la piscina.
—¡Ven acá, Tomoyito! —exclamó mientras se acercaba a ella—. Te mojaré y así no podrás negarte a entrar.
Sakura comenzó a caminar rumbo a Tomoyo, notando que el suelo bajo sus pies se movía por instantes más de lo que debería.
En un momento, sintió cómo derrapaba debido al agua y cerró los ojos para recibir un golpe… que nunca llegó.
—¿Estás bien? —preguntó el castaño, notando que Sakura era realmente ligera en sus brazos.
La chica abrió los ojos y se quedó observando el cabello alborotado del chino. Se encontraba algo asustada por lo sucedido y asintió lentamente.
—Creo que deberías de ir a descansar ya —murmuró él, sintiendo el leve temblor de la chica.
—Sí, creo que sí —asintió.
—Eriol —comenzó él—, llevaré a Sakura a su cuarto. De hecho, es hora de que las llevemos a todas adentro, está comenzando a refrescar.
Dirigió la mirada a la piscina, donde Tomoyo ya había entrado debido a que Chiharu y Naoko la habían empujado y donde ahora retozaban las cuatro chicas entre risas y juegos.
—La llevo y vuelvo a ayudarlos —mencionó, y luego bajo la voz para él—: son cuatro chicas muy ebrias y mojadas.
—No estoy ebria —murmuró Sakura, aún entre sus brazos—. Mojada sí, pero no ebria.
Syaoran levantó una ceja interrogativamente.
—Te soltaré, si logras caminar derecha probarás que no estás ebria.
Sakura asintió y segundos después fue colocada despacio en el suelo. Con todo el cuidado del mundo dio unos cuantos pasos antes de resbalar nuevamente.
—Probé mi punto, estás mojada y ebria —aseveró él entre risas. Se acercó hasta ella y colocando con cuidado un brazo detrás de sus rodillas y otro en su cabeza la cargó con facilidad—. Vamos, que tengo que volver por tus amigas.
El camino hasta la mansión era largo y en el último momento él había decidido bajarla el tiempo suficiente para quitarse la playera y colocársela a ella, quedándole muy larga, como una pijama, y cubriéndola del frío y de cualquier invitado que anduviera despierto.
Llegaron a la habitación de ella y notó que estaba cerrada. Frunció el ceño, la noche anterior Sakura había olvidado cerrarla y hoy, que la necesitaba abierta, no podía pasar.
—Sakura… —murmuró, pero no alcanzó a preguntar nada porque la chica entre sus brazos se encontraba profundamente dormida.
Suspiró y negó con la cabeza; caminó los pocos pasos que lo separaban de su cuarto y abriendo con maestría la puerta, mientras intentaba sostener con una mano a una Sakura ebria y algo inquieta, y con la otra intentando que la llave entrara en el lugar correspondiente, entraron a la habitación. Se acercó hasta la cama y la depositó con cuidado ahí.
Cuando se levantó se quedó observándola embelesado ante la visión que se formaba con una chica tan hermosa en la cama. Había tenido decenas de mujeres en su cama, algunas más hermosas que otras, pero era la primera vez en mucho tiempo que sentía algo así.
La vez anterior le había causado ternura, ahora existía algo más. No era amor, él nunca se enamoraba; pero sí era parecido a una sensación que alguna vez vivió. Observó aquellos cabellos mojados y alborotados sobre su almohada y la playera verde que le había colocado sobre aquel delgado cuerpo.
Negó mientras tomaba una toalla de una silla cercaba y la colocaba debajo del cabello de la chica, intentando secarla un poco para que no enfermara. Y aprovechando también el momento para tocarla un poco.
Sonrió con ternura y le besó con cuidado la frente, entonces salió de la habitación.
Aún faltaban algunas locas que debían ser enjauladas en sus habitaciones.
Acabo de salir de un examen de esos diabólicos que uno no quiere presentar y mi mente está en shock.
Por si alguien se lo pregunta, me fue mal (pero anoche en lugar de estudiar me fui a veer HP7 :D!)
Les voy a deber la respuesta a sus reviews :'(, no sé si les guste que los responda, pero me parece que de esa forma es más amable nuestra relación de escritor-lector.
Sin más, me despido, hasta el siguiente capítulo ;)!
