La boda de mi vida

Los personajes de CardCaptor Sakura le pertenecen a las Reinas del Shôjo Manga: CLAMP.

Capítulo IV

Alguien más

Estaba completamente segura de que estaba pagando aquellos pecados que hubiera cometido en su vida entera. No, peor aún… en sus vidas anteriores, todas y cada una de ellas.
Sí, Sakura estaba segura de eso.

Cerró los ojos y movió su posición para que aquel sonido infernal parara ya. ¿Tan mala había sido en la vida? Diablos, sí, debería de serlo para sufrir tal castigo.

—¿Sí? —dijo alguien a su derecha justo cuando el sonido se detuvo. La voz de un hombre. El diablo, ¿o un ángel? Después de todo había parado aquella cosa—. No, no. Aquí es muy temprano, te hablo después.

La voz calló y el silencio volvió a sumir aquella habitación. Aquel lugar, aquella cama… una cama donde estaban dos y ella no recordaba tener una mascota que durmiera a su lado. De pronto, un brazo se posó en su cintura, acercándola a otro cuerpo.

—¡Kya! —gritó asustada mientras se alejaba con rapidez de esa persona, impulsándose hacia el frente y cayendo por la orilla de la cama.
—¿Estás bien? —preguntó Syaoran, asomándose por el borde.

Sakura levantó la mirada. No entendía qué hacía ahí, con ese tipo. Sobre todo con ese tipo. Vio a su alrededor y notó que el cuarto en el que estaba no era el suyo; tragó saliva antes de bajar la mirada hacia su propio cuerpo.
Se sonrojó violentamente al notar que únicamente llevaba una playera que definitivamente no era suya.

—¿Q-qué hago aquí? —cuestionó con voz estrangulada.
—Se podría decir que te quedaste a dormir aquí —respondió el chico con una sonrisa.
—¡¿Me hiciste algo?! —preguntó histérica, después de todo ya había notado que Syaoran, fuera lo que fuera, no llevaba playera.
—Depende a qué te refieras con hacer algo —murmuró frunciendo el ceño, no pudiendo evitar ser juguetón con ella—. Ayer te rescaté de la fiesta de alcohol que tú y tus amigas tenían, intenté llevarte a tu habitación pero estaba cerrada la puerta y decidí dejarte aquí. Tras perseguir a Naoko —calló unos instantes—, ¿sí se llama así? —preguntó sonriendo, al final continuó cuando Sakura asintió—, llegué tan cansado que únicamente me quité la ropa y me dormí.

Syaoran negó con la cabeza ante el gesto de incredulidad de Sakura, sopeso unos instantes el hecho de dormir un poco más pero decidió levantarse y llevarla a desayunar algo, después de todo en cuanto pasara el shock inicial iba a tener una buena cruda.

—Vamos, tienes que darte un baño y vamos por algo de comida —pronunció mientras se ponía de pie, mostrando de esa forma que llevaba únicamente los bóxers.
—¡No te acerques! —exclamó Sakura, sonrojándose nuevamente y tapándose los ojos con sus manos—. ¿Por qué diablos vas desnudo?
—No estoy desnudo, llevo mi ropa interior.
—Es lo mismo, ¿por qué vas así? —preguntó inquieta.
—Porque duermo desnudo o con ropa interior cuando hace calor, supuse que no te gustaría mucho despertar conmigo desnudo —río un poco—. ¿Cierto?

Sakura negó con fuerza con la cabeza y siguió tapándose los ojos, negándose a ver más de lo necesario.
Miles de preguntas rondaban por su mente; la noche pasada había estado ebria, ahora lo notaba, se sentía mal, y cuando tomaba tanto se ponía desinhibida… ¿qué había hecho?

—¿Tú y yo hicimos algo…? —preguntó de pronto.
—Ah… ¿tienes la impresión de que tuvimos sexo? —cuestionó Syaoran buscando ropa entre los cajones. Sakura anotó la expresión 'tener sexo' y no 'hacer el amor' en su mente, para después—. No lo tuvimos, no te toque, lo juro. Bueno, sí lo hice —aclaró—, tuve que traerte en brazos desde el patio y secarte un poco, pero nada más.
—¿Por qué no llevo mi ropa?
—Porque por alguna razón desconocida para mí, tus amigas y tú decidieron que era divertido meterse a la alberca en paños menores —comenzó a reír con ganas—. Cuando íbamos a llegar a la casa noté que tenías frío y no era buena idea que entraras así, por lo que te puse la playera que llevaba.

La chica mordió su labio inferior, no recordaba todo eso. Pero, a pesar de lo mal que lucía todo, debía reconocer que ambos llevaban ropa (mínima, pero ropa).

—Gracias por traerme —murmuró. Levantó la mirada y vio a Syaoran de espaldas a ella, en bóxers aún, sin poder evitarlo detuvo su mirada en la espalda de él. Lucía bastante atractivo aún así—. Sigues sin vestirte…
—Esperaba que fueras a tu habitación, tomaras un baño y nos viéramos en el pasillo en unos minutos —calló un poco—. ¿Eres resistente al alcohol? No luces tan mal como esperaba.
—Sé tomar, sí. Mi ex-novio me enseñó.
—¿Tu ex-novio te enseñó? —eso resultaba extraño al analizarlo.
—No él, cuando terminamos. No me volví alcohólica, si es lo que piensas, pero me juntaba con personas que se la pasaban bien.
—Tiene algo de sentido.
—Sí —murmuró, poniéndose de pie y acercándose a la puerta—. Te veo, entonces.

Y salió lo más dignamente posible por la puerta.

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Sakura no entendía muchas cosas, ni aunque tuvieran que ver con ella.
Esa mañana, después de despertarse en un lugar que jamás hubiera creído tocar en su vida, había ido a desayunar con el individuo en cuestión y tenía que reconocer que fue bastante divertido.

Syaoran Li no parecía ser un problema cuando se comportaba bien, el problema era cuando entraba en su estado de seducción hacia cualquier mujer que estuviera alrededor.
Entre las conversaciones y llegadas de sus amigas, quienes lucían bastante mal, recordó que la tarde anterior el chino le había dicho que alguna vez había intentado seducirla, por lo que el resto de la mañana y parte de la tarde había estado observándolo cuidadosamente para saber qué tan cierto era. Ella sabía que no era buena leyendo a los demás, Tomoyo se lo había dicho cientos de veces cuando estaban en la preparatoria, y ahora podía notar que la razón era que se distraía con facilidad.

—¿Por qué me observas tanto? —preguntó de pronto el castaño con una enorme sonrisa—. No habrás descubierto que estas enamorada de mí, ¿cierto?
—No sueñes, Li —aseguró con tranquilidad—. Yo jamás podría enamorarme de ti.
—Yo pienso lo contrario, ¿sabes? —murmuró cerca de su oído, con aquella voz con la que seguramente le hablaba a las decenas de mujeres que habían pasado por su cama. ¿Esa era su forma de seducir, entonces?
—No soy igual que las demás —dijo sin atisbo de felicidad—. Cuando me dices eso, con esa voz que pretende ser sensual, lo primero que recuerdo es a cuántas mujeres habrás llevado a la cama con ella.

Syaoran frunció el ceño. Ya había notado que no era igual que las otras, de hecho… nunca la catalogó como una. Bueno, tal vez al comienzo, pero no por mucho tiempo. Era la primera vez en años que algo parecido al remordimiento aparecía en su mente.

¿Qué habían sentido esas mujeres al haberlas dejado? Él tenía una regla bastante clara: no las beses, no les digas palabras que pudieran malinterpretar en interés para algo más que una noche y, sobre todo, nunca repetir más de dos veces con la misma mujer. Nunca había faltado sus reglas de vida, la forma en cómo se movía su día a día.
Jamás había sentido nada cuando se levantaba de la cama donde les había hecho el amor, ni al verlas dormir enredada entre las sábanas cómplices de su acto. Algunas, en ocasiones, lo buscaban y, al enterarse de cómo era en realidad, le querían dar su merecido.

Cosa que normalmente no sucedía, para algo tenía en casa a sus guardaespaldas. No es como si una zorra de esas pudiera tocarlo de una forma que él no quisiera.

Para él, todo eso, no era más que diversión.

—¿Te está entrando el remordimiento? —preguntó Sakura con tranquilidad.

Syaoran levantó la mirada y la vio sorprendido, ¿había podido leerlo o…?

—Estás muy serio e hiciste un gesto raro —se acercó a él, inclinándose sobre la pequeña mesa del té donde esperaban, y tocando su frente, justo entre sus cejas—; aquí, algo que indica molestia.

El chico suspiró y tomó aquella delicada mano entre las suyas, sonriendo melancólicamente. Los ojos color esmeralda pasaron de los suyos a sus manos unidas, inquieta de ver qué pretendía hacer.
Entonces Syaoran se dio cuenta de que, tal vez, aquella era la primera vez que tocaba a alguien de aquella forma sin una mayor intención que sentir el calor de alguien más.

—Tu príncipe azul acaba de llegar —murmuró sin ganas, mientras observaba a la cita de la castaña acercarse.
—¡Takato! —exclamó ella sorprendida, levantándose de golpe y alejando su calidez—. Nos vemos después, Li.

El castaño asintió sin decir ni una palabra y los vio salir de la habitación entre murmullos.

Y de pronto reaccionó… ¡¿le había llamado por su nombre?!
Se puso de pie con molestia, con un sentimiento que no sabía exactamente cómo definir, porque él jamás sentía algo tan estúpido, tan apegado, tan cerca de…

—¿Celos? —preguntó una melodiosa voz a su espalda. Syaoran dio media vuelta con rapidez. Tomoyo Daidouji, claro.
—¿Qué? —gruñó.
—Creo que dije: celos —repitió sonriendo—. Te estoy explicando qué es lo que sientes justo ahora.
—Yo no siento celos —murmuró entrecerrando los ojos con molestia.
—Si tú lo dices… —suspiró, caminando con elegancia hacia la puerta del lugar—. Por cierto —soltó de pronto mientras guiñaba un ojo—, linda escena.

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—¡Eriol! —gritó cuando logró divisarlo en el jardín. Llevaba ya un par de minutos buscándolo por todo el lugar.

El aludido dio un pequeño respingo y, disculpándose con las personas que lo rodeaban, caminó hasta él con tranquilidad.

—¿Podrías decirme a dónde fue tu futura dueña? —preguntó con rabia.
—Umh, no —mencionó con calma, aquella maldita calma—. Tal vez si me dices por qué estás en este momento a punto de explotar pueda ayudarte, de otra forma, me temo que no.
—Quiero hablar con ella —afirmó con fiereza.
—¿Es sobre esa linda escena que vio hace un rato?

Syaoran gruñó, ¿cómo diablos se había enterado ese hombre?

—Dice que fue bastante emotiva, que creyó que era otra persona.

Ese maldito hombre endemoniado que se llamaba su mejor amigo.

—Te recomendaría cerrar la boca —murmuró, mientras apretaba los puños intentando contenerse—. Te recuerdo que tienes una boda en cuatro días, no quieres lucir mal, ¿cierto?
—Cierto —dijo con una enorme sonrisa despreocupada pero, sin embargo, dio un paso hacia atrás—. No quería molestarte, sabes que nada más lejos de mi intención.

Syaoran gruñó nuevamente y cerró los ojos, buscando conseguir paciencia. Había tardado un rato analizando lo que había hecho un par de horas antes y entonces había reaccionado de una manera parecida al pánico. Por eso su salida a buscar a Tomoyo.

—Necesito a Tomoyo —aseveró con furia mal contenida.
—Está en prueba de vestido.
—¿Dónde?
—En su habitación —murmuró, viéndolo partir inmediatamente—. Syaoran —lo detuvo agarrándolo del brazo—… piensa las cosas antes de decirlas o hacerlas.

El chino frunció el ceño entendiendo a medias lo dicho por su amigo, pero ya estaba acostumbrado a que lo tratara así.

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—¿Te has puesto a pensar en si quieres casarte algún día? —preguntó Haku sonriendo, mientras observaba embelesado a Sakura.
—De hecho, sí —asintió la castaña—. Estoy segura de que un día me casaré y tendré hijos.

La plática había comenzado a rondar alrededor del tema de la boda de Tomoyo y Eriol, ella preguntándole sobre cómo había llegado a ir a ese lugar y algunos detalles extras. De alguna forma ya sentía que lo conocía lo suficiente para llamarlo amigo, pero tenía una sensación extraña. Como si no debiera de hacerlo.

La tarde pasaba lentamente entre risas compartidas, sonrisas correspondidas y visitas a diferentes lugares en aquella ciudad que era desconocida para los dos.

Haku se había interesado por su pasado, presente y futuro, demostrando un mayor interés que la mayoría de los hombres que alguna vez se acercaron a ella en sus años de soltería.

El chico mencionó tener hambre y Sakura se ofreció a llevarlo al restaurant donde había comido algo con Syaoran.
Ya en ese lugar, en una mesa muy cercana a la que había usado, con el mismo mesero sirviéndoles sus alimentos y la compañía de Haku, Sakura sentía que algo iba mal. Realmente mal.

De alguna forma a quien esperaba ver frente a ella era a Li, ese chico chino que bien podría ser un playboy disfrazado en aquella boda.
Toda la comida se sintió incómoda respondiendo preguntas que le recordaban al otro chico, provocándole una enorme duda del porqué se sentía así.

—Seré franco contigo —mencionó Haku, sacándola de su ensoñación—. Me interesas.

Sakura levantó la mirada de su comida y lo observó curiosa; creía haber perdido el hilo de la plática y no sabía muy bien a qué se refería.

—¿Perdón?
—Me gustas, me interesas, quisiera tener algo contigo —soltó de pronto el chico—. Sé que en Japón las cosas no son así, pero… en mi país solemos soltar las cosas así, de la nada. O sea, me pareces una chica muy interesante y… realmente quisiera intentar algo contigo.
—Tú vives en los Estados Unidos y yo…
—Lo sé, en Japón —la interrumpió—. Pero me iré a vivir a Tokyo en las próximas semanas y… —calló de pronto, cruzando su brazo por encima de la mesa y tomando la mano de la castaña—. No quise conocerte porque quería tener algo contigo. Bueno, sí, pero sólo casual.

Sakura se mordió el labio inferior sin entender muy bien a qué se refería.

—Con casual me refiero a durante la boda. Naoko me advirtió que ustedes no son de esas costumbres así que no venía con muchas ilusiones y entonces… —hizo un movimiento con las manos, completamente emocionado— te conocí y realmente eres una chica preciosa.
—Haku… —comenzó ella.
—Sé que es demasiado pronto pero, tómalo en cuenta, ¿sí? Tal vez podríamos empezar por ir a la boda como pareja.
—Déjame pensarlo, ¿sí?
—Claro, piénsalo.

Sakura mordió su labio inferior y asintió.

De alguna manera sentía que se contradecía. No había ido ahí a buscar esposo, no lo necesitaba. Y de alguna manera Haku era su chico ideal, era un buen conversador, interesante, compatible a ella y bastante guapo.

Pero… tenía la esperanza de algo más.
Probablemente, de alguien más.


Soñé con esta historia, lo cual quiere decir algo. Me zambullí en la carpeta donde tenía los capítulos del FanFic y me dí cuenta de que nunca publiqué este capítulo en específico, aunque tengo la mitad del siguiente también.
Ya no recuerdo muchos detalles y, ahí me disculpan, si empiezo a desvariar o irme por otros lados espero me digan.

Sandra, esto no tiene nada que ver que tu cumpleaños se acerque. Claro que no.

Oh, no puedo asegurar continuar mucho y/o terminarlo pronto. Mi musa se ha ido completamente del fandom de CCS, ahora es de Glee (y antes de Harry Potter). Y, aunque voy retomando mis ganas de escribir, conforme se acerque el primer aniversario luctuoso de mi papá no sé cómo voy a reaccionar.
Avisados quedan :(