2. Soledad, Sueño

Recién regresaba de la caza diaria de demonios. Estaba demasiado agotada como para pensar en otra cosa que no fuera llegar y tumbarse en la cama para quedar sumergida en un profundo sueño el cual siempre era igual y siempre veía a la misma persona: Una chica que parecía por lo menos unos tres o cuatro años mayor que ella, de unos trece años; que llevaba el cabello negro recogido en dos coletas altas muy bien amarradas con dos moños blancos; aquella extraña pero familiarmente conocida siempre se le acercaba y le hablaba, aunque de su boca no saliera ningun sonido ella entendia perfectamente lo que le decía "ven, vamos a jugar". Era cuando ella entonces una chica de diez años -en su sueño- era arrastrada por aquella niña hacía la felicidad, donde jamás estaría sola.

Su deseo se cumplió. En cuanto se tiró sobre la cama calló en aquel sueño. Se encontró con la chica de las coletas y fueron a jugar: corrían, saltaban, reían, en fin todo lo que se pudiese describir como felicidad. Aunque siempre había un momento muy importante en el que siempre despertaba. No tenía idea de que cosa se trataba, pero le molestaba mucho que al tratar de averiguarlo su subconsiente le dijera "despierta".

Abrió los ojos. Estaba en su cuarto con el brazo estirado hacia el techo, nuevamente con la esperanza de atrapar a aquella pelinegra para que no se marchara, para que no la dejara sumida otra vez en esa triste soledad. Bajó el brazo lentamente con la boca curveada hacia abajo. Con la expresión como la de aquel niño al que regañaron después de haber hecho algo malo. Pero lo que ella había hecho no era nada malo, para nada. Solo quería sentirse querida. Solo quería sentir que alguien la estimaba, como aquella niña de tez blanca que se presentaba cada noche en sus sueños.

Suspiró y se levantó de mala gana. Camino hacia el baño dispuesta a tomar una ducha. En el espejo pudo ver su reflejo que le decía "talves sería mejor si mueriera". Pero ella le respondía "no, aún no. Debo seguir salvando vidas. No moríre a menos que sea en manos de un demonio".

Después de 20 minutos salió del baño agitando con una toalla su cabello mojado. Vistió uniforme de Mitakihara: una playera blanca con un suéter beige encima, un moño rojizo a la altura del pecho, falda negra con ligeras líneas blancas en ella, mallas entre cafés y guinda claro -éstas eran opcionales, cada alumna podía escoger el color que quisiera- y zapatillas blancas.

Camino a la escuela se encontró con Kyuubey, unas cuadras antes de llegar a su destino. El pequeño animal estaba recostado en la banca de un parque. Al ver pasar a la chica se le unió acompañandola un poco en su soledad, solo un poco, ya que su forma de hablar y su mirada inexpresiva era como estar hablando sola.

En el salón de clases todo era siempre igual: llegaba, se ubicaba en su butaca y esperaba a que el profesor entrara mientras miraba discretamente de un lado a otro observando como todos a su alrededor convivían entre ellos. Se sentía celosa de todos aquellos que tuvieran un amigo con quien compartir sus más profundos secretos, su alegrías y tristezas. Esa era su única debilidad... el no tener amigos. Muchos pensarían que las dos chicas que siempre la acompañan son sus amigas, pero se equivocan. Esas dos eran tan solo sus compañeras en la lucha contra la maldad, no eran sus amigas realmente, al menos ella no las veía de esa manera.

Cuando el profesor entró todos comenzaron a amontonarse en la puerta para poder entrar y tomar su lugar. Algunos aun susurrando y riendo a carcajadas. Ella, lo único que podía hacer era sentir celos.

- ¡Muy bien chicos, todos a sus lugares! - el profesor de matemáticas siempre era energético, eso se podía ver en el énfasis que le daba a cada una de sus palabras -Antes de comenzar la clase quisiera tener el honor de presentarles a una alumna nueva- lo dijo como si se tratase de alguien importante, le gustaba darles ese sentido a las cosas, parecía más bien un poeta- Pasa por favor

Por la puerta entró una chica de cabello negro azabache y largo, por lo menos hasta la cintura. Tenía un listón blanco enredado en forma de espiral en un mechón del lado derecho del alta, le estimaba alrededor de 1.70 de estatura. Su tez era pálida y tenía unos ojos grises que de alguna forma parecían darle un aire de misterio. Su mirada era inexpresiva y fría, de por sí la mirada de Homura le parecía como un balde de agua fría en la cara... la de esta chica parecía como estar nadando en pleno océano ártico. A pesar de eso, era bonita y no tardó en hacerse el alboroto por todo el salón especialmente entre los chicos.

- ¡Vale, vale chicos todos callados! Dejen que se presente- el maestro hizo el intento de callarlos y al parecer funcionó. Como por arte de magia todos se callaron a la espera del nombre de la chica nueva.

-Me llamo Mikae Azusa, gusto en conocerlos- inmediatamente después de decir su nombre, los alumnos volvieron a los susurros.

-Muy bien Mikae tu asiento es a un lado de Tomoe- señalo un asiento vacío en la esquina al fondo del salón.

La nueva alumna camino entre las filas de alumnos inquietos. Unos la miraban con curiosidad y otros más le lanzaban sonrisas rápidas. La inquietud era normal ya que era raro que alguien se transfiriera ya empezado el año. Pero la actitud de Tomoe no era normal. La pelinegra le daba un aire familiar. ¿Podría ser? pensó No. Imposible

La chica llego y se sentó. Miro de reojo a la persona que se sentaba a un lado de ella. La otra al darse cuenta de ello trato de actuar normalmente.

-Hola, soy Mami Tomoe- le sonrió

- Hola- respondió secamente y se volteó al pizarrón para dejar la mirada clavada en éste hasta que terminara la clase.

De la misma manera transcurrieron el resto de las clases. Mami miraba con detenimiento a Azusa, quería convencerse completamente a si misma que no era la misma chica con la que soñaba y de hecho había encontrado tres buenas razones para que no lo fuera: 1. La chica del sueño era parte de uno de sus recuerdos, así que no puede ser ella porque no es tres años mayor; 2. Azusa era demasiado seria y reservada, la chica de sus recuerdos era más alegre y energética como Kyoko; y 3. los apellidos no coincidían, recordaba vagamente que el nombre de la otra chica era algo así como Azusa o Asuka y tenía un apellido raro que para nada se parecía al de "Mikae".

Así que esas tres razones eran más que suficientes para que no fueran la misma persona. Pero aun así sabía que había algo en ella que tenía que descubrir...