Capítulo I
No esperes que te espere
Llegaría muy temprano. Decidí desviarme luego de encontrar una flecha en medio de la calle que invitaba a una exposición de pintura. No entendía el arte, pero por cambiar seguí su dirección hasta entrar en la galería. Las flechas continuaban dentro y me condujeron a una habitación bastante fría. Recordaba haber leído alguna vez que en los museos mantenían las obras a baja temperatura para que el desgaste por el paso del tiempo fuera la mínima posible. Lo cuadros, frente a mi, debían ser antiquísimos, la habitación parecía un témpano.
Las escenas representadas en aquellos lienzos contaban historias que, gracias al pincel de algún pintor curioso, se habían hecho inmortales. Los protagonistas de los cuadros ya no existían pero lo que sentían, pensaban y deseaban en aquél momento había quedado plasmado para siempre.
Aquélla era una buena manera de constatar el paso de alguien por este mundo pensé mientras rodeaba la habitación con los ojos.
Me detuve en seco cuando un cuadro logró llamar mi atención. En el, una muchacha a la usanza medieval se aferraba con fuerza al barandal de un balcón.
La muchacha no miraba nada en especial. Mas era su mirada la explicación de todo.
La muchacha se aferraba al barandal, pensé, para evitar desplomarse. Sus rodillas seguramente ya no podían con ella.
Su mirada vacía contenía cientos de imágenes, recuerdos, que la azotaban y que no podía compartir con nadie. Guardaba celosamente el secreto que definiría su existencia, mas nadie podía entrever lo que aquella muchacha sentía, cuan hondo era su dolor y, más importante por que la protegía del resto del mundo, nadie conocía la causa de su silencio, de sus lánguidos suspiros ni de su dura y desierta mirada.
La muchacha observaba con cierto recelo sus propios recuerdos, mezclas ahora de ensueño y realidad, pues el tiempo había logrado distorsionar los gestos y las palabras, y no podía distinguir estos dos mundos en los que solía vivir sin casi notarlo.
-¿Qué crees que está esperando?-preguntó una voz a mi lado.
Cuando llegué, la habitación estaba casi vacía, ahora al volver mi atención a donde me encontraba pude observar que no era la única embobada con un cuadro.
Me encogí de hombros y me volví, siguiendo la procedencia de aquella voz. No encontré nadie a mi lado.
La noche estaba calida, sin embargo los restos de la pasada tormenta seguían intactos. Llegué al teatro dando saltitos entre las posas y deseando no caer en ninguna. El mail de Ángela me había traído de vuelta de un profundo y oscuro sinfín en el cual había decidido hundir mi vida para no sentir el paso del tiempo.
Una pregunta tan simple como "¿Qué ha sido de tu vida?" logró desarmarme por completo. Nada había respondido y Ang, en respuesta, me invitó al estreno de su obra.
El teatro era un edificio antiguo cuya boletería consistía en una pequeña ventana que a la vez servía, como pude comprobar luego, de ventilación.
Pequeños y compactos grupos se formaban alrededor de la entrada. Busqué a Ben entre la gente, no podía haber cambiado tanto…Mas no lo hallé.
Alcé, entonces, la vista al cielo en busca de distracción. Quedaban quince minutos para el inicio de la función pero dentro del teatro no parecía haber movimiento.
El cielo, luego de tres días de incesante lluvia, se encontraba despejado y, gracias a los faroles de la calle, que poco y nada iluminaban, las estrellas brillaban en todo su esplendor.
Asombrada por lo nítidas y cercanas que se veían me pregunté si este no sería un cielo relativamente parecido al que observaba el resto del mundo, allí donde sea que estuvieran.
El paso de una gran nube gris terminó con mi pasatiempo favorito.
Me volví, para ver si habían abierto y me encontré con el cartel de la obra. Este parecía tapar una antigua trizadura con muy pocos resultados.
La obra se titulaba "No esperes que te espere" y bajo el título una muchacha miraba hacia atrás. El viento hacía volar sus cabellos y tapaba parte de su rostro.
Retrocedí unos pasos, decidida a escapar. Luego le inventaría a Ang una excusa explicando mi ausencia.
Durante años había evitado presenciar cualquier cosa que contuviera una temática romántica. No era que no me gustaran, en ese caso tal vez las envidiaba. Pero mi reacción frente a estas no era nada agradable por lo que buscar aquella sensación y nivel de incomodidad no solía estar en mis planes.
Comenzaba a caminar, de regreso a casa cuando una voz masculina pronunció mi nombre en señal de reconocimiento. Busqué su procedencia y me encontré con un brazo extendido invitándome a acercarme.
Fui a su encuentro, Ben me recibió con una gran sonrisa.
Estaba más alto de lo que recordaba, pero su rostro se mantenía casi igual, excepto por la incipiente barba que ensombrecía su rostro. Luego de estrecharme en un cariñoso abrazo me preguntó cómo estaba.
-Bien-respondí con tono natural
Ben sostenía con delicadeza un gran ramo de rosas rojas y vestía un traje gris oscuro. Ya no podía irme, así que decidí que me sintiera como me sintiera luego, intentaría pasarlo bien.
-En realidad, Ang y yo estamos peleados-me contó Ben al sentarse a mi lado ya dentro del teatro.
Miré a su dirección, él buscaba un confidente y yo era la peor persona para ofrecer un consejo. Asentí con la cabeza, esperando que fuera todo lo que necesitara.
-¿Crees que las flores le gustarán?
-¿A qué mujer no le gustan?
Se encogió de hombros y volvió a mirar al frente.
-Ángela es la protagonista de esta obra-me contó luego-Es su primer protagónico. Deben haber sido los nervios-murmuró mas para si mismo-no puedo comprender cómo debe sentirse. Es normal, ¿no?
-Si-contesté-supongo que si.
Ben sonrió, satisfecho con mi intervención.
Las luces por fin se apagaron y el silencio llegó para esperar el comienzo de la obra. Se abrió el telón y se escuchó el murmullo silbante del viento recorrer el escenario. Una luz se encendió en el centro, como un faro en una bahía. Ben se movió nervioso en su puesto.
-¿Por qué te vas?-preguntó una voz.
-No puedo quedarme-contestó otra voz débil, y las luces del escenario se apagaron.-No puedo quedarme, lo siento.
Cerré mis manos en puño, intentando calmarme. Mi corazón había empezado a latir con violencia.
-¿Sabes que es lo mejor, cierto?
Cerré los ojos, pero fue peor, su rostro invadió el silencio y la oscuridad lo nombraba y lo traía de vuelta.
No, por Dios, qué tortura.
-¡Ahí aparece Ang!-escuché comentar a Ben, con entusiasmo.
-Si te vas, estarás a mi lado para siempre, jamás desaparecerás de mis recuerdos. Si te vas, seré siempre tuya. Ándate y se feliz. Ten la vida que no puedo darte, obtén la felicidad que te he quitado.
Comencé a negar con la cabeza cuando el dolor se hizo insoportable. Mi respiración se agitó por un lapso de tiempo que pensé infinito y cuando, al fin, abrí los ojos, solté una gran bocanada de aire. La sala seguía a oscuras y Ángela aún no terminaba con sus líneas. Nada había cambiado, sin embargo me sentí vacía al instante, como si exhalara la última porción de aliento que me había tocado en la vida y pronto el dolor se fue mitigando inexplicablemente hasta desaparecer por completo.
Miré a mi alrededor pensando que, tal vez, estaba soñando, pero Ben seguía a mi lado con el ramo en su falda, la gente observaba la obra con diversas expresiones en el rostro y Ángela reaparecía en el escenario con un vestido blanco y un paraguas gris. El frío que sentía era real y si intentaba traer devuelta lo que no podía tener y sentarlo a mi lado, él no aparecía. Por lo tanto, esto no era un sueño.
Pero este alivio que sentí y que comenzó a crecer como si por mi interior corriera un frío y reconfortante río, extendiendo la sensación por todo mi cuerpo, era tanto inesperada como inexplicable. El parlamento no había hecho otra cosa que narrar parte de mi vida, sin embargo, al abrir mis ojos, estas palabras ya no tuvieron ningún valor, fueron tan solo eso, palabras sin sentido que no evocaron ningún dolor en mí.
La obra fue todo un éxito, y Ben no era el único muchacho esperando con un ramo de flores a la actriz principal. Sin embrago, cuando esta salió de su camarín, ya cambiada y vuelta su identidad, sus ojos brillaron y solo sonrieron por él.
-¡Bella!-se acercó a mi, luego de un momento-¡Qué alegría que hayas venido!
-¡Ángela, eso estuvo estupendo!-exclamé, aceptando su abrazo.
Sonrió, algo avergonzada.
-Bella, te he extrañado muchísimo, nunca más supe de ti.
Hice una mueca.
-No hay mucho que saber-intenté reírme de mi aburrida vida. No podía olvidar que, después de todo, había sido mi decisión.-La universidad me absorbe por completo.
-Chicas, las invito a cenar.-nos interrumpió Ben, rodeando con un brazo a su novia.
Decliné la oferta alegando una prueba que aún me quedaba por preparar. Sabía que Ben deseaba esa noche para arreglarse con Ángela.
-Tengo tu número-dije cuando ella comenzó a protestar-te llamaré para que nos juntemos.
-¿Prometido?-dijo divertida.
-Por supuesto.
