Hola!

1 de 2, ustedes son adivinas o yo soy muy obvia. Me inclino por ambas, pero mas por la segunda xD

Gracias por los comentarios, críticas y ánimos, aquí el tercer capi.

Capítulo III

Primer encuentro

Amanda, la muchacha que me había invitado a acampar con su grupo de amigos, vino por mí cerca de las diez de la mañana el miércoles de la segunda semana de vacaciones. Desde mi monovolumen sólo me trasladaba caminando o en tranvía.

Mi compañera se dejó caer en un sillón con una sonrisa en los labios.

-Espero que no haga mucho frío-me dijo observando por la ventana del salón.

-Eso espero-contesté.

Aún cuando Amanda era una persona muy agradable y fácil de llevar no sabía qué decir.

-Habrán dos carpas-me contó luego-Matt y Susan son pareja así que estarán en una carpa solos para no importunar a nadie.

Asentí.

-Nuestra carpa es muy amplia y hay baños y duchas. Estaremos muy cómodos.

Asentí nuevamente y Amanda sonrió.

-¿No te gusta acampar, cierto?

-No mucho-admití.

-Lo pasaremos bien-me aseguró ya en el auto-te agradezco que hayas aceptado venir con nosotros.

-Te agradezco que hayas preguntado.

-Yo también soy muy tímida-me dijo observándome de reojo, aunque no pude creerle. Dondequiera que ella estuviera siempre estaba rodeada de personas.

Salimos de San Francisco para dirigirnos hacia las montañas. El día estaba cálido y el sol permanecía oculto tras unas densas nubes negras.

-¿Puedo hacerte una pregunta?-se volvió Amanda, cuando íbamos llegando.

-Si, claro.

-El nombre de la nueva biblioteca de letras, ¿tiene algo que ver contigo?

Sentí las mejillas arder al instante. Recordé a Alice y su insistencia por usar mi nombre para el nuevo edificio, como si el hecho de que consistía en un soborno para hacerme entrar no fuera suficiente.

-Coincidencia-me encogí de hombros y oculté el rostro para que no viera lo rojas que se encontraban mis mejillas en ese momento.

Luego de comentar lo mucho que le divertía aquella coincidencia, volvió a callar.

La radio, que había dejado de funcionar apenas salimos de San Francisco despertó de pronto con una canción melodiosa y desesperada.

-Me encanta esta canción-susurró Amanda mientras subía el volumen.

La letra hablaba de un amor perdido, reencontrado en el tiempo.

­-Genial, más recordatorios-pensé mientras me preparaba para aguantar las lágrimas-como si ver salir el sol cada día no fuera recordatorio suficiente.

Esperé con las manos cerradas en puño a que la pena me agobiara. Mas aquella sensación desagradable nunca apareció. Extrañada de aquel inesperado alivio comencé a sonreír.

-¡Qué tontería escuchar canciones que sólo traen tristezas!-exclamó Amanda apagando la radio a la mitad de la canción. Observé como pasaba las manos por sus ojos, limpiando lágrimas inexistentes.

Los amigos de Amanda, cuando llegamos, ya tenían casi todo instalado.

-Dijimos a las diez-murmuró molesto un muchacho que se acercó a nosotras.

-Si, nos atrasamos un poquito-sonrió, entregándole nuestras cosas.

Otro muchacho, saliendo de una de las carpas, también se acercó.

-Bella-comenzó Amanda-él es Mark.

-Si, lo se-aseguré.

El sonrió con amabilidad y entonces, los ojos de mi compañera perdieron el buen humor, y se tornaron tristes.

-Bella me comentó que no fue por ella la nueva biblioteca-Amanda siguió sonriendo, sin afectación y sin malicia. Sonreía con dulzura y también con pena, pero siguió sonriendo. Y aún sin saber con certeza el por qué del repentino cambio en su mirada, aún cuando podían ser invenciones de mi aburrida imaginación, la envidié.

Mark fue pronto requerido para ordenar los artículos que Amanda había traído en el auto.

-Mark es nuestro cocinero.-me comentó Amanda mientras lo seguía con la mirada y luego me guió hacia su auto para recoger el resto de nuestras cosas.-¡Hace unos platos deliciosos! Ya los probarás-me dijo.

En efecto la carpa era lo suficientemente grande como para dormir cómodamente sin chocar con los pies de otra persona. El día se mantuvo nublado y el frío comenzó a hacerse notar poco después del mediodía.

Mark cocinaba cuando el resto del grupo nos fuimos a caminar para entrar en calor.

Este se componía por cuatro personas aparte de mí. Matt era el muchacho que nos recibió al principio. Su novia, Susan, era una pequeña pelirroja de rostro adusto pero de risa fácil. Ellos se adelantaron para ir solos.

Julie, una muchacha de pelo oscuro, era la mejor amiga de Amanda y caminaba junto a nosotras.

Los altos árboles que bordeaban nuestro camino hubieran podido cubrirnos de la lluvia si esta hubiera decidido caer mientras hacíamos nuestra caminata.

Me detuve un momento maravillada y decepcionada a partes iguales. Cuando Amanda me describió los parajes que veríamos, días después de hacerme el ofrecimiento, no pude dejar de pensar en Forks, y en las sensaciones y experiencias que había tenido en sus bosques.

Pensé que, como ya hacía un tiempo que no me sentía abrumada por el recuerdo, podía ahora evocarlo libremente y sólo disfrutar de él. Pero en aquél bosque, de altos y macizos cedros, y de enredados y gruesos higuerones, nada lo despertó

Cuando volví a darme cuenta mis compañeras habían desaparecido. Miré hacia atrás, hacia el camino recorrido, y me propuse explorar un poco.

Un peculiar canturreo llamó mi atención. La curiosidad me invitó a seguir el feliz canto que se extendía y envolvía sin disimulo gran parte del bosque.

Luego de varios tropiezos llegué a su origen. Una voz ronca y dulce envolvía un escenario aterrador.

Frente a mi y sin percatarse de mi presencia, un hombre se alimentaba de lo que en el cielo pudo haber sido, un imponente halcón.

Sabía lo que el sentido común me indicaba que hiciera, mas la curiosidad siguió dominando mis actos y logró aplacar la voz en mi cabeza que me decía que me fuera, que diera media vuelta y saliera corriendo.

Me había mantenido observándolo detrás de un árbol, a escasa distancia. Era extraño que él no hubiera notado ya mi presencia, ya fuera por el ruido que hacía, ya fuera por mi esencia.

Me acerqué mas y una extraña sensación me cubrió a medida que lo hacía, como si un cúmulo de emociones se dejara caer sobre mis hombros. Una tras otra y sin previo aviso me sacudieron impidiéndome respirar. La agitación era audible, sin embargo él se siguió alimentando, tranquilo y animado. La sangre de aquél animal parecía eterna.

De él sólo pude ver su perfil. Una sonrisa se extendía por la mitad observable de su rostro. Una sonrisa pícara e infantil. La felicidad le salía por los poros, pude sentirla porque sabía con certeza que no era mía.

Su tez clara era casi etérea y la contextura de su cuerpo contrastaba en sobremanera con su expresión.

Cerré los ojos un momento intentando calmarme. Cuando los volví a abrir percibí la imagen de manera distinta. El tomaba a su presa casi con respeto, bebía su sangre disfrutando de cada trago como si el hecho de haber matado a aquél animal hubiera sido un sacrilegio.

Me seguí acercando, fascinada por aquella imagen hasta que sentí el olor de la sangre y con una mueca en el rostro, di un paso hacia atrás.

Ignoraba qué era lo que pretendía o esperaba. En el momento en que él descubriera mi presencia a su lado, sería mujer muerta.

Quise advertirle que esa zona estaba llena de posibles espectadores pero de mi boca no salió palabra.

El sólo alzó la vista cuando una voz gritó mi nombre. Y fue cuando nuestras miradas se encontraron, y, por un segundo, quedamos conectados, descifrándonos con los ojos.

Los suyos, igual a aquellos que en uno tiempo lejano solían derretirme con frecuencia, brillaron con una singular expresión. No era miedo, rabia ni representaban ninguna emoción que me alertara por mi bien.

Reconocí la voz de Julie acercándose.

Sin decir palabra, me volví, aún con su mirada pegada en mis ojos, los suyos sonreían de alivio.

Julie, cuando nos encontramos, me escrutó con preocupación y nerviosismo.

-¿Estás bien?-preguntó.

-Si-asentí-¿por qué?

Sacó un pañuelo de su bolsillo y me lo entregó con amabilidad. Sin saber que hacer con el, comencé a limpiarme las manos que me habían quedado todas rasmilladas por las caídas dentro del bosque. Julie rió divertida y subió la mano con la que sostenía el pañuelo hacia mi rostro. Cuando el suave genero rozó mi piel me di cuenta que tenía las mejillas cubiertas de lagrimas.

Hola de nuevo,

entiendo que el capi pudo habérseles hecho confuso, pero todo tendrá un motivo y una solución muy pronto.

Gracias por pasarse =)