Capítulo VII
Sospecha
Abrí los ojos repentinamente en medio de la noche. Un ruido proveniente del salón me había despertado. Por la luz que entraba por mi ventana, supe que se acercaba la madrugada.
Al posar mis pies en el frío suelo, un nuevo sonido, un ruido seco como de algo golpeando el piso, terminó por asustarme.
Decidí, en contra del pensamiento lógico, encarar al intruso. Permaneciendo dentro de mi habitación, solo conseguía ser prisionera dentro de mi propia casa. El teléfono y el móvil se encontraban en una mesita de vidrio, al lado de la puerta principal. Me encontraba incomunicada, y encerrada como estaba sería una presa fácil. No me iba a ir sin luchar.
Caminé con cuidado por mi habitación para no hacer ruido y cogí lo primero que encontré para defenderme. Lamenté haber dejado los spray de pimienta, de los que mi padre me abastecía, tirados en una caja en el armario de mi habitación de Forks. ¡Cuánto me hubiera gustado tenerlos ahora conmigo!
La puerta no sonó al abrirla y mis pasos hacia el largo y oscuro pasillo no fueron audibles. No con los latidos de mi acelerado corazón pitando en mis oídos.
Las manos me sudaban a medida que avanzaba, a paso lento, por el pasillo. Encendí la luz del salón con la intención de sorprender al intruso, pero no había nadie allí.
Solté una risita nerviosa al ver la habitación. Uno de los pocos cuadros que tenía había caído de su pared y con su paso había botado unos libros que se encontraban parados en una mesita, estos al caer, como un efecto dominó, empujaron un macetero. El tulipán que me había regalado Jacob por mi cumpleaños yacía aplastado por uno de los libros.
Volví a mi cuarto llevándome el móvil conmigo, me encerré en mi habitación e intenté recuperar el sueño, pero no volví a dormir.
Aún así, llegué tarde para mi primera clase. Parecía ser la tónica ya, de cada mañana. Julie me invitó a sentarme a su lado, apenas crucé la puerta. Como cada mañana, luchaba por sentarse en una de las primeras filas de la sala. Me saludó con entusiasmo y luego concentró toda su atención en la figura desgarbada del Sr. Roy, que comenzaba con su cátedra.
Su rostro se iluminó cuando sus miradas se encontraron, un ligero rubor ensombreció sus mejillas, pero la sonrisa no se desdibujó con nada. Observé al resto de mis compañeras, que también ocupaban los primeros asientos, pero sus miradas diferían mucho de la de Julie, sus miradas estaban cubiertas de lujuria y deseo. Se comían con los ojos al Sr. Roy y este no parecía darse cuenta.
Me detuve en Julie nuevamente, su rostro me parecía familiar pero hasta que no terminó la clase no pude darme cuenta de a qué persona me recordaba.
-¿Cuál es tu siguiente clase, Julie?-le pregunté mientras nos parábamos.
-Oh-suspiró-¿Qué?-pareció despertar y se encontró con mi mirada.
Era dolorosa la semejanza, hacía cuanto tiempo que mi corazón no latía de esa manera.
Cambié mi resolución, con la fuerza de un presentimiento.
-¿Me esperas afuera, Julie?-le pedí.
Asintió con una dolorida sonrisa y se marchó.
La sala quedó vacía casi al instante. Me acerqué el pizarrón donde Egon estaba ocupado, borrándolo.
No tenía idea alguna de qué iba a decir, a dónde quería llegar o qué quería lograr, simplemente me acerqué. Me aclaré la garganta mientras observaba sus manos moviéndose por toda la pizarra. Su piel seguía luciendo gris pero se acercaba más al perlado. ¿Seguía ignorando mi presencia a su lado?
-Sr. Roy-le llamé a escasa distancia de donde se encontraba.
Se volvió hacia mí unos segundos y regresó a su trabajo en la pizarra, aún cuando ya estaba limpia.
-¿Si?-esperó.
-Necesito hablar con usted-intenté que mi tono fuera imperioso para lograr así obtener su atención.
Finalmente me miró, subí rápidamente hacia sus ojos, necesitaba confirmar algo. Estos, algo aguados poseían una extraña mezcla entre el marrón claro y el verde. Suspiré con desanimo y cierta desconfianza.
-¿Si, Srta. Swan?-me apresuró con gentil tono.
Sus manos, tenía que tocar sus manos.
Me aferré con fuerza al borde de la mesa y cerré los ojos con fuerza.
-¿No le parece, Sr., que todo le da vueltas?
Improvisaba, por supuesto, y nunca se me había dado bien mentir, pero era pálida por naturaleza y le saqué ventaja.
Entonces me tocó, de pasada y con rapidez y el recuerdo táctil de un roce parecido confirmó lo que en media clase había descubierto.
Al ver el embelesado rostro de mi compañera caí en la cuenta que la atracción que sentía hacia él iba más allá de lo natural. Me vi en ella y recordé mi propio rostro embobado intentado articular las palabras y ser coherente frente a Edward.
Me sentó en su silla y esperó sin decir palabra hasta que abrí los ojos. Estaba frente a mí y me miraba con escepticismo.
-No te estabas sintiendo mal.
Sacudí la cabeza, confusa.
-¿Y usted como lo sabe?-enrojecí de vergüenza pero no admití nada.
Sus ojos refulgieron cuando comenzó a reírse y tomando su mochila estilo campista, salió de la sala. No le seguí, ya tenía lo que necesitaba y estaba aterrada.
Esa tarde en el trabajo, todos parecían esperar que cometiera alguna torpeza.
Anduve con más cuidado que el habitual por aquellos estrechos pasillos que conocía como a la palma de mi mano. Pensé que botar una hilera de libros o tropezarme sobre una estantería no sería considerado chistoso el día de hoy.
Por supuesto, todos habían visto las noticias del martes recién pasado. Todo el asunto de la chica superpoderosa había terminado por aburrirme. Mis amigos hacían bromas al respecto, sin saber que conseguían abrumarme aún más.
No había hecho ningún bien, el pobre chico que conducía aquel auto había quedado en coma. ¡Y ni siquiera era necesario salvar al profesor Roy! El temor pronto fue vencido por el enojo, y me consumí en el toda la tarde. ¿Qué se suponía que hacía en medio del camino? ¿Por qué no se movió si sus antinaturales reflejos podían salvarlo de algo como eso?
No podía contárselo a nadie y cada vez me confundía más, la única persona que me entendería y cuyo consuelo sería efectivo, era el mismo al que no me permitían ver.
Permanecí escondida entre los libros mas allá de mi turno, no deseaba volver tan pronto a mi casa vacía.
Llegué a mi departamento pasada las diez de la noche. Me dejé caer en un silloncito cercano al ventanal.
Los faroles de la calle y de los autos iluminaban la habitación y lo preferí así. La luz resaltaba mi nueva realidad y me sentía perdida, no quería saber.
La luz intermitente del teléfono me sacó de mis lúgubres pensamientos. Presioné el frío botón del contestador, las voces salieron de la cajita negra como si aquellas personas estuvieran frente a mí.
-Bella, ¿te has enterado? ¿Deseas que vaya a recogerte?-era Jacob, su voz era aún más profunda que la última vez que hablé con él. Desde entonces, solo nos manteníamos en contacto por mail, y el vínculo sólo había permanecido por él.-Iré por ti a las ocho.
Ya eran las once.
-Bella, Harry ha muerto.-Anunciaba la fatigada voz de mi padre en otro mensaje.
¡Diablos! ¿Por qué mi padre insistía en llamarme al fijo, cuando sabía que no pasaba casi nada de mi tiempo en casa?
Tomé mi bolso y lo arreglé para quedarme unos cuantos días en Forks. Ir nuevamente a aquel lugar no llamaba mucho mi atención, era otra de las cosas que había evitado desde que dejé aquel lugar, pero mi padre me necesitaba tanto como yo lo necesitaba a él. Era el único que podía entenderme.
Bajé las escaleras del edificio con rapidez para dirigirme hacia el terminal de buses, situado en las afueras de San Francisco.
Forks me recibió con una fría y densa bruma. El coche de Jacob se detuvo frente a mi casa, que lucía igual en muchos sentidos pero que percibí extraña y ajena como si no perteneciera a aquel lugar.
Me detuve frente al umbral mientras Jake, con familiaridad, sacaba la llave que aún se encontraba bajo el alero. Vi cómo dejó mi bolso sobre una silla y se perdió camino a la cocina.
Aún frente a la puerta me envolvieron los recuerdos y frías sensaciones de mi estancia en ese lugar. Mi hogar parecía más viejo y también más triste.
-¿Bella?-me llamó Jacob desde la cocina.
Di un paso hacia delante y mi corazón me transportó sin previo aviso a uno de mis últimos días con Edward.
-¿Qué quieres de cenar?-me había preguntado con un ligero tono arrogante en la voz.
-Sorpréndeme-le había contestado, divertida con sus intentos por parecer humano.
Tan pronto como llegó, el recuerdo se fue.
-¿A dónde estás?-preguntó Jacob frente a mi.
-Hace mucho que no venía-comenté con ligereza.-Iré a cambiarme.
Mi habitación estaba exactamente igual a como la había dejado. El techo seguía teniendo manchas de humedad, por las ventanas seguía entrando el frío.
Jacob me esperaba con un suculento banquete, cuando bajé de mi habitación. Supuse que había rescatado todo lo que había, aún comestible, en el refrigerador.
Me dejó comer en silencio y me observaba con disimulo pero no era yo la que necesitaba ser consolada.
-Esto está delicioso.-comenté.
Jacob sólo sonrió, una pequeña sonrisa que no convenció a ninguno.
-¿Cómo está Sue?
-Tan mal como puede esperarse-frunció el ceño con tristeza.-Seth y Leah lo han enfrentado con más entereza pero están desechos.
-Tu padre se hizo cargo de todo-agregó luego-no quiso que Sue tuviera que preocuparse de los detalles escabrosos.
Asentí.
¿Cómo va tu vida como universitario?-quise cambiar el tema, pero hizo un mueca y su piel de por sí tostada tomó un rojizo febril.
-No hablemos de eso, es un tema muy aburrido.
-Está bien-lo dejé pasar.- ¿Dónde está mi padre ahora?
-En el velorio.
Charlie fue al primero que divisé. Estaba solo y sentado en la primera hilera de asientos, frente al féretro. Me senté junto a él. No se percató de mi presencia sino hasta que le saludé. Levantó la mirada y su rostro formó un grueso nudo en mi garganta. Estaba más flaco y un poco cano. Sus cansados ojos lucían opacos y la piel de sus manos, estaban cubiertas de manchas. Esbozó una sonrisa, como si estuviera al tanto de mi escrutinio.
-El ciclo de la vida-comentó.
-¿Cómo estás, papá?
-Ya me has visto, ¿cómo luzco?
-Cansado.
Suspiró largamente.
-Lo estoy.
Nos quedamos en silencio. Estábamos acostumbrados a nuestros caracteres tan similares, ambos tan taciturnos. Cuando no había nada que decir, convivíamos con el silencio. Extrañaba la manera en que me hacía sentir, extrañaba la tranquilidad de un lugar silencioso y de una soledad aguantable.
El oficio comenzó cerca del mediodía. Hubo muy poca gente, pero me pareció que eran todas caras conocidas. En medio de este, Leah, la hija de Harry, salió repentinamente y no volvió a entrar.
-Pobrecita-murmuró mi padre.
Vi cómo Jacob la siguió pero regresó momentos más tarde, con el rostro compungido. Me dirigió una rápida mirada y volvió a su puesto.
-¿Tu madre está embarazada?-preguntó Charlie cuando la última porción de tierra cubrió el féretro de Harry.
-Si, lo está.-Con nosotros no servían las mentiras pues ya nosotros solíamos engañarnos y con eso era suficiente.
Mi madre estaba en el cuarto mes, sólo Phil y yo sabíamos el sexo del bebé. Renée había decidido quedarse con la sorpresa y decorar todo de forma unisex. El bebé sería varón y su futuro como jugador de beisball ya estaba planeado.
Frente a la tumba de su mejor amigo estreché su calida y porosa mano, buscando yo también, un poco de consuelo.
Fuimos unos de los últimos en abandonar el cementerio. Dejar sólo a un ser querido en ese frío y alejado lugar aún cuando él no estuviera realmente allí, debía ser muy, muy difícil.
A diferencia del resto del día, el atardecer estaba bastante cálido. Las estrellas habían comenzado a aparecer una a una y con cierta timidez brillaban en el cielo. En algún lugar muy, muy lejano estas mismas estrellas comenzaban a desaparecer.
-¿Cuándo te irás?-escuché que Jacob me preguntaba.
-No lo se, al terminar el fin de semana, tal vez.-No detecté en su tono de voz lo que intentaban decirme sus ojos.
-¿Ocurre algo?-pregunté luego, Jacob estaba visiblemente afectado por algo y me miraba con cierta desconfianza.
-¿Viniste con alguno de tus amigos?-soltó de forma brusca.
-No, ellos están en la universidad. No saben que he venido-contesté de manera inocente a lo que creía que me había preguntado, pero al terminar la oración comprendí que no se refería a eso.
-¿Alguien más sabe que estás aquí?
-Lo dudo. Jacob, ¿dime ya, qué ocurre?
-No puedes permanecer en Forks por más tiempo.
¿Qué?-exclamé atónita frente a su tono frío y autoritario.
Cerró los ojos y respiró profundo, intentaba calmarse y se lo permití.
-Conoces mi verdadera naturaleza, ¿no?
-Si.
-Bueno, nosotros solo nos transformamos cuando hay depredadores en la zona, solo ocurre cuando debemos proteger a la gente.
Asentí aunque aún no podía adivinar qué parte jugaba yo en todo aquello.
-Con tu llegada, ¡sorpresivamente!-agregó con sarcasmo-aterrizaron en Forks un grupo de esas cosas con las que te rodeabas en el pasado.
Seguía hablando con desdén, y sus palabras cubrieron mis ojos de lágrimas. Rabia y pena en proporciones iguales, la misma soledad que sentía en San Francisco se dejó caer en presencia de Jacob.
-¿Crees que es mi culpa?-murmuré sin ánimos ya de pelear.
Alzó una ceja, serio, y cuando observó que no me encontraba bien intentó dulcificar su trato.
-Nosotros velamos por la seguridad de este pueblo, no podemos permitir la llegada a intrusos.
Asentí con la cabeza, yo era una intrusa.
-¿Viste a Leah salir súbitamente del velorio de su propio padre? ¿Viste cómo no se apareció en el entierro?
-Si, lo noté. ¿Qué le ha pasado?
-Se está convirtiendo.
Abrí los ojos como platos.
-¿En qué?
-En una de nosotros.
-¿Eso puede evitarse?
-Bella, no se puede luchar contra lo que somos. Mengua cuando el peligro es mínimo, pero una vez convertida pasará por todo lo que el resto de la mana ha tenido que pasar.
-¿Y todo esto es mi culpa?-quise saber. ¿Es que no lograba hacer nada bien?
-No creemos que sea una casualidad.
-¿Y qué crees tu, Jake?-todo su discurso consistía en lo que creían "ellos", quienes quiera que fueran ellos no me conocían como Jacob.-¿Qué piensas tu realmente? ¿Piensas como ellos?
-Debo hacerlo, ellos quieren lo mejor para su gente.
Me volví enfurecida, nos habíamos quedado conversando en el pórtico de Charlie, y entré en mi casa, cuidando cerrar la puerta luego de hacerlo.
-Bella-le oí murmurar.
En ese momento el móvil comenzó a sonar. Contesté con rapidez pues no quería despertar a Charlie, salí de mi casa para hablar sin tener que murmurar. Jacob seguía en el mismo lugar en el que lo había dejado. Levantó la mirada para observarme
-¿Bella?-preguntaba la voz de Julie con cierta agitación.
-Hey, Julie, ¿qué tal?
-¿Bella, estás bien? ¿Dónde estás?
-Estoy en Forks, con mi padre. ¿Qué sucede?
-¡Qué alivio!-hizo una pausa y continuó-Entraron a robar al edificio en el que vives, una muchacha desapareció, por la descripción que salió en las noticias pensamos que eras tu.
¡Perdón! Lamento muchísimo tanta tardanza u_u, pero ahora que ya he terminado con las clases y los exámenes actualizaré más seguido ^^
Muchas gracias por los visitas, por leerme y por los comentarios, me alegran muchísimo
