Capítulo VIII

Interludio

Ignoraba por qué iban en mi búsqueda, pero ya pasaba de una simple casualidad como le había querido asegurar a Jacob.

Me senté con cuidado en las escalerillas, luego de guardar el móvil, pues mis piernas ya no podían conmigo. Intenté componer el rostro y escondí las manos en los bolsillos de mi chaqueta ya que el miedo, que recorría todo mi cuerpo, comenzaba a notarse.

Jacob se paró de pronto y quedó frente a mi. Una ligera brisa corrió e hizo volar mis cabellos y fue entonces que recordé a mi padre. Y las mismas preocupaciones que tuve cuando ocurrió lo del cazador James, me invadieron.

Solo que esta vez me encontraba completamente indefensa.

Luego de aceptar que, en cuanto a números era mejor una muerte a dos y, negando tajantemente la ayuda que Jacob pudiera ofrecerme comprendí que debía irme cuanto antes de Forks.

-Jacob-comencé sin saber muy bien cómo formular mi petición.

- ¿Si?-permaneció de pie, pero ya no parecía disgustado.

-¿Cuidarás a mi padre por mí?-pedí, intentando no sonar muy preocupada.

Se detuvo un momento en mi rostro y entrecerrando los ojos, añadió:

-No creas que vas a irte tu sola, te acompañaré hasta San Francisco y es mi plan quedarme un tiempo hasta que sepa que esos chupasangre no deambulan por ti. Puedo poner a alguien para que cuide a Charlie.

Comencé a negar con la cabeza y sentí como se me secaba la boca, angustiada al imaginarme a Jacob contra una horda de vampiros sedientos.

-¡Intento decirte que es sólo una casualidad, Jacob!-exclamé.-Forks es el escenario perfecto para que puedan andar a la luz del día, no es mi llegada lo que les ha atraído, es la ausencia del sol.

Me puse de pie y le di la espalda para esconder el rostro, se me encogió el estómago.

-¿Cuándo tienes que volver a clases?-le recordé. Sabía que era un detalle poco importante para la personalidad impulsiva y protectora de mi amigo, pero era lo único que tenía para hacer presión.

Asintió lentamente con la cabeza mientras parecía concentrarse en un lugar del bosque colindante a mi casa. Juntó las cejas y me dijo:

-Se están retirando. ¿Quieres que vaya a dejarte?

Le asentí, agradecida y un poco más calmada. Yo también intentaba convencerme de que era sólo una casualidad.

Parecía que ahora que los Cullen no se encontraban en Forks el tratado era solo un vago recuerdo. Me alegré internamente de que ellos fueran lo únicos que supieran de su existencia.

Lamenté tener que despedirme de mi padre con una nota pero mientras antes saliera de allí, mejor. Todos los que realmente me importaban quedarían atrás y estarían a salvo. Suspiré con cansancio.

-Entonces, ¿qué me cuentas de tus días universitarios?

Jacob se volvió a mirarme y le vi tomar un tono rojizo, se estaba ruborizando. Alcé una ceja y este hecho no le pasó por alto.

-¿Qué te han contado?-preguntó con cautela.

-¡Así que hay historia!-repuse, intentando sonar animada.

-No es tan interesante-me miró de reojo pues parecía concentradísimo en la carretera desierta.

Esperé, con una sonrisa comenzando a formarse en los labios.

-Tengo novia.

-¡Me parece estupendo, Jake! ¿Cómo es que no lo encuentras interesante? Es lo mejor que me han contado en mucho tiempo.

-Tu vida si que debe ser aburrida-comenzó a reír.

Asentí con la cabeza, intentando celebrarle la broma y volví a la ventana.

Le oí suspirar.

-Lo siento.

Me volví, sin comprender.

-Tu vida ya tiene un propósito, es ahora que lo comprendo.

Sus ojos brillaban con una intensidad que desconocía.

-Tu le esperas, ¿no?

Asentí, no pude contenerme ante su intensidad.

-Aún cuando no apruebo al-se lo pensó frunciendo los labios-muchacho-enarcó una ceja escéptico pero continuó.-que te robó el corazón, entiendo perfectamente porque has decidido dar tu vida, por decirlo de cierta manera, por ese amor. No se puede fingir un amor así, es imposible esconderlo o negarlo.

Bajé la mirada, sus palabras pegaron hondo en mi escudo.

-¿Estás hablando de mi o de ti?-quise bromear, seguía sin poder alzar la vista.

-Pero-comenzó y supe que su mirada ahora se encontraba seria y llena de advertencias-no consentiré que en verdad mueras por él, no dejaré que te dejes convertir en una de ellos.

-Jake, perdí el contacto con los Cullen en la misma época que él se fue. Desde entonces mi vida ha sido de lo más normal y como tu dices-le cité-aburrida.

-Bella, no hagas ninguna tontería por traerlo de vuelta.

Le miré confusa, ¿es que ahora él podía leer los pensamientos o era solamente que yo era muy obvia?

-Arriesgar tu vida sería un acto absurdo, Bella.

No quería comenzar una discusión al respecto, pero aún así, le recriminé:

-¿Tu no arriesgarías tu vida por ella?

-Eso es distinto-negó con la cabeza.

-¿Cómo?

-Sacrificaría mi vida por Elain, si fuera necesario, la salvaría de cualquier mal que quisiera arrebatármela pues ella merece estar viva, Bella. Viva-volvió a repetir.-Esa es la diferencia. Tu no rehusarías tener que dar tu vida por él, pero es absurdo porque él se las puede arreglar solo. El solo puede hacer mucho más de lo que tu podrías llegar a pensar en hacer. Ponerte en peligro es innecesario.

Habíamos llegado al terminal de buses, y lo agradecí. Me mantuve en silencio lo que nos restó llegar a la boletería. El siguiente bus partía a la una de la madrugada.

Jacob me invitó un café, mientras esperábamos, pero apenas si hablamos.

Le pedí que me contara cómo había conocido a Elain. El silencio se volvía insoportable.

Volvió a ruborizarse, pero accedió gustoso, ya en confianza, de hablar de uno de sus temas favoritos.

-Ella es bastante bonita, pero nada engreída-intentó justificarla por si se me ocurría juzgarla por su belleza.

Sonreí y le insté a seguir.

-Y tenía a todos mis compañeros locos por ella, a todos menos a mi.-No levantó la mirada, pero se quedó en silencio un momento.-Me ofrecí, una tarde de comienzos de otoño, a preguntar su nombre. Nadie la conocía pues es bastante tímida y ella cursaba recién su primer mes de clases. Recuerdo que Elain estaba sentada bajo un árbol, en el campus los hay por montones-agregó-y leía. El resto del alumnado ya había formado grupos de amigos pero ella solía estar siempre sola. Eso llamó mi atención cuando la conocí porque es una chica muy dulce y una amiga leal.

Tomó un sorbo de refresco y se quedó pensando, con una sonrisa grabado en los labios.

-Continúa-le pedí, temerosa que el silencio devolviera el temor que ya había logrado apaciguar.

-Me acerqué y llamé su atención. Tosí, para hacerle saber de mi presencia pero ella no alzó la vista. Alcé la voz y le dije "¡hey, tu!".

-¡Tan delicado!-entorné los ojos y me eché a reír.

-Siguió ignorándome así que decidí sentarme a su lado. Y lo sentí. Una atracción sumamente extraña y cómoda a la vez. ¡Sentía que conocía a la chica de toda mi vida!

Casi podía adivinar su nombre y el color de sus ojos. De pronto no me importó que no me prestara atención pues sabía que tendríamos el resto de la vida para conocernos. Así que me quedé ahí, sentado a su lado, decidido a hacerla feliz cada día de su existencia.

-¿Y no se volteó a mirarte?

-Bueno, cuando lee es como si la abdujeran, olvida completamente donde se encuentra. Pero esa vez, me dijo cuando ya estábamos juntos, ella también sintió esa insólita atmósfera que pareció rodearnos y excluirnos del resto. Dijo que no había sido capaz de pasar las hojas de su libro ya que no pudo concentrarse más, y que no quiso alzar la vista por temor a perder esa sensación.

Una intensa luz me pegó de lleno en el rostro y me cegó por un momento. Los faroles del bus que debía tomar se apagaron luego de estacionarse frente al local en el cual nos encontrábamos. Se me erizó la piel.

La conversación había servido para desligarme por unos momentos del miedo que atacaba mi corazón, pero ya en el bus, camino a mi casa, el no saber lo que me esperaba al llegar no me dejó estar tranquila ni un solo momento.


Hola, aquí les dejo nuevo capi ;)

qué esten muy bien!!