Capítulo XIII
Insomne
Necesitaba que hubiera alguien que pudiera ayudarme. Resignada y humillada, mi idea era volver a Forks, con Charlie y mis recuerdos.
Una ligera vocecilla interrumpió mis cavilaciones y me obligó a detenerme a medio camino. Sonaba sumamente familiar. Mi corazón daba un vuelco mientras me volvía para buscar su origen.
-¡No te puedes ir ahora!-dijo y apareció repentinamente frente a mi. Di un brinco de sorpresa y entonces me lancé a su cuerpo frío y duro.
-Ya, ya, Bella.-susurró en mi oído. Me aferré a su cuerpo como a un salvavidas. Una pequeña risita se escapó de sus labios cuando comencé a sollozar.
-No seas tan llorona-me reprendió con cariño.-Yo también te he extrañado mucho. A ver, déjame verte-se alejó de mi y me estudio con pena.-¡Ay, Bella!-negó con la cabeza.-No me iré de aquí sin mejorar tu aspecto. Un poco, al menos.-agregó al percatarse de mi repentino fastidio al escuchar sus planes.
-Pero, ¿te irás?
Asintió, apenada.
-No debo estar aquí. Es peligroso. ¡Y no puedo contarte nada así que no empieces con tus preguntas!
Intenté decirle que no se me había cruzado por la cabeza hacerlo pero me contradijo al decir:
-Si, ibas a hacerlo.
Sonreí, aunque pude ver por su expresión que mi sonrisa carecía de alegría. Y es que se iba a ir nuevamente…
-¿Por qué estás aquí, entonces?
Por un momento pensé que no me había escuchado, pero fue solo el momento que le llevó a sus facciones cambiar radicalmente. Y si no fuera porque era forzosamente pálida, habría jurado que su rostro empezaba a volverse carmesí.
-Tengo que hablar con Egon Roy-anunció.
Me encogí de hombros.
-No se donde puede estar.
-Está en la casa-comentó como si fuera algo obvio.
Me guió hacia la puerta y de allí hacia una amplia habitación en el segundo piso de aquella casa. Por un breve momento recordé la última vez que había estado allí, la única vez que había estado allí. Cuando me había enterado que Edward y yo habíamos sido novios.
-Están todas tus cosas aquí-me despertó Alice.-Espero que encuentres esta habitación confortable.
Una sonrisa maliciosa comenzó a nacer en la comisura de sus labios.
-Tuve la irresistible tentación de llenar tu armario.-me contó con alegría, pero no compartí su entusiasmo. Estaba demasiado cansada y aturdida.-Pero es algo que podremos ver luego.
Caminó hacia la puerta y se volvió antes de salir.
-Necesitas descansar, estaré aquí cuando regreses.-prometió.
Cerró la puerta al salir y me dejó sola en aquella espaciosa habitación. Revisé el armario y los cajones. Todas mis cosas se encontraban allí, además de unas cuantas prendas que seguro ella había escogido para mí. Si quería divertirse a mi costa un rato, no la detendría, pensé al observar aquella ropa y descartarla luego por algo más cómodo.
Luego de cambiarme de ropa seguí el consejo de Alice y me recosté en la cama. Casi sin darme cuenta el cansancio me venció y así, me dormí.
Cuando desperté, no se cuantas horas después, la habitación se encontraba oscura y fría. Encontré a Alice sentada frente a la cama.
-¿Has tenido un sueño placentero?
Asentí.
-¿Cómo están todos?-pregunté.
-Bien, todos te mandan cariños.
-¿Jasper vino contigo?
-No.
Comprendí. Este reencuentro era lo suficientemente peligroso como para no querer exponer al amor de su existencia a una muerte segura.
Luego de un momento me atreví a verbalizar la pregunta que se agolpaba en mi cabeza, aquella que secaba mi boca y atronaba mi corazón, como un dolor naciente.
-¿Has sabido algo de Edward?
-No, no hemos tenido noticias suyas.
Quise hablarle de la carta que él me había enviado, de mis sospechas de que él había estado en mi departamento, allá en San Francisco, pero su rostro, inaccesible, me detuvo.
-¿Cómo está Charlie?-preguntó luego, intentando rehacer una conversación que nunca se había iniciado.-¿Y tu madre?
Mantuvo mi atención ocupada preguntando por cosas que estaba segura, ella ya sabía. Le seguí el juego, aún así, para prolongar su estadía.
-Debo irme.-me anunció demasiado pronto.
-¿Ya?
Caminó hacia la puerta y salió de la habitación con rapidez. La seguí como pude. La encontré en el patio trasero, conversando con Roy. No pude escuchar de qué hablaban, aun cuando me encontraba frente a ellos, pero observé los labios de Alice moverse con velocidad.
Se volvió de pronto y me contempló con sorpresa, como si no hubiera reparado en mi presencia a su lado.
-¡Bella!-exclamó al mirarme y volvió hacia Roy.-Veo que has hecho un buen trabajo, a pesar de todo.
Roy no contestó pero con un movimiento de cabeza, nos dejó a solas.
-Desearía que esto no fuera necesario.-dijo Alice y me abrazó con cariño.-Pase lo que pase eres mi hermana y te adoro.
-No se de qué hablas.
Suspiró.
-Todo estará bien, Bella. No importa lo que decidas.
-Ya tomé mi decisión, por eso estoy aquí, Alice.-me extrañé.-¿No puedes verlo?
Eludió mi pregunta y agregó:
-La vida siempre se arregla de la mejor manera para uno. No importa por lo que uno pueda pasar.
-Ni el tiempo que pueda pasar-añadí.
Sonrió con tristeza.
-Te has convertido en una preciosa mujer-fue toda su respuesta. Unos minutos después desapareció nuevamente. Casi como un sueño no pude precisar si su visita había sido real o no. La dejé partir, sin saber cuanto tiempo tendría que pasar para volver a verla.
Roy se cruzó en mi camino, cuando me dirigía hacia las escaleras.
-¿Qué tan enojada crees que estaba Alice?
-Vino hasta aquí, ¿no? En cuatro años no pude hacer que me visitara o devolviera mis llamados. Debió pensar que me encontraba en verdadero peligro.
-Debes entenderla, si detuvo el contacto contigo fue porque pensó que así estarías más segura. Si se desligaban de ti tal vez te dejaban en paz.
-¡Desligarse de mi!-me detuve en uno de los escalones- Qué expresión más triste.
-¿Lo estás?-preguntó contrariado-¿Estás triste?
-¿No puedes sentirme?
-No. ¿Era algo que buscabas?
-La verdad, sí.-admití y me dirigí a mi habitación.
Fui directo al ventanal que se encontraba abierto de par en par. Las cortinas danzaban al son del viento, pero aunque este era un espectáculo hermoso, el frío calaba mis huesos.
-Debes perdonarme, Bella.
Me volví para encararlo.
-No, no debo.
-Bella…
-¡Me expusiste en medio de la nada a un grupo de vampiros famélicos!-
-¡No seas exagerada!-Levantó una mano para detener mi respuesta.-Ellos fueron alumnos míos y saben controlar muy bien sus apetitos.
Negué con la cabeza.
-Era totalmente innecesario.
-Al contrario, ¿o no te diste cuenta?
Esperé a que continuara.
-Tu poder funciona como un escudo. Se exterioriza ante el temor y el enojo profundo; y puede proteger a más de una persona.-concluyó.
Me sorprendí aunque yo misma aquella tarde había llegado a la misma conclusión.
El tenía razón, sin duda, pero no estaba de humor para estar de acuerdo con él. En vez de expresarlo con palabras, solo asentí.
El estaba intentando hacer su trabajo de la mejor manera. Seguramente él solo entrenaba vampiros, no estaba acostumbrado a estar pendiente de herir susceptibilidades humanas. No tendría que estar pendiente de lastimar a nadie si yo fuera alguien más fuerte, pero era una rematada cobarde, no podía evitarlo.
-¡Con cuanta facilidad desconfiaste de mí! Debo admitir que me sentí un poquito ofendido.-exclamó momentos después.
-Bueno Roy.-comencé, volviéndome para mirarlo, pues me había recostado en la cama esperando a que el sueño volviera a vencerme. El se encontraba sentado frente al ventanal, seguramente porque estaba observando el mar.-Jamás se me cruzó por la mente que tu método de enseñanza era matar del susto a tus alumnos.
Comenzó a reír como sabía que lo haría ante mi comentario. Con esa risa suya que le hacía parecer tan solo un chiquillo. Era una risa despreocupada, como la sonrisa de un soñador.
-¿Crees que al convertirme podré dominar más mi escudo?-le pregunté.
-Si.
-Recuérdame patearte el trasero cuando pueda ser dueña de mis acciones, ¿quieres?
-Claro, nada como la patada de un neófito para comenzar el día.
Hola!
He dividido este capi para que sea más cómodo de leer. En esta primera parte intenté esclarecer las dudas que surgieron del capi anterior (Traición).
Muchas gracias por leer esta historia y ahora seguir, al siguiente capítulo =)
