Capítulo XIV

Durmiente

En aquél lugar, las estaciones y el tiempo parecían haberse detenido. El vaivén del mar era la única prueba de que la vida, fuera de aquellas murallas invisibles que me amparaban, seguía pasando.

Roy fue constante con su enseñanza, no me permitió un respiro. Aunque al final se lo agradecí, pasaba la mitad del tiempo enfadada con él. Su faceta de profesor era fría y muy estricta.

Con el tiempo pude controlar más mi escudo, ahora comprendía que era eso lo que le impedía leer mis pensamientos a Edward. Por ahora, este escudo dependía únicamente de mis emociones. Esperaba que llegara el día en que este dependiera solo de mi intención.

Había días, sin embargo, en que la fe me abandonaba y mi imperiosa necesidad de encontrar un sentido, me embargaba.

Uno de aquellos días una idea no dejó de ocupar mi mente.

-Roy-había empezado, dubitativa. El se encontraba ordenando mi habitación aunque esta no estaba en lo absoluto desordenada.

-¿Si, Bella?

-Antes de mi conversión, ¿podría volver a ver a Edward?

Si no hubiera tenido mis anotaciones y mis vagos recuerdos, su existencia en mi vida me hubiera parecido de lo más irreal. Se habían cumplido ya cinco años.

-Ir a Italia sería lo mismo que ofrecernos de cena-contestó y de pronto su humor cambió, observándome molesto.

-¿Te molestaste? ¿Dije algo malo?

-No-fue todo lo que dijo y estuvo el resto del día en un silencio sepulcral.

No entendí el por qué de su enfado y la tristeza que me produjo su respuesta no alcanzó a durar, pues estaba destinada a ver a Edward más pronto de lo que pensaba…

Esa tarde, Roy me encontró en la playa, mojando mis pies en la orilla del mar. Era un atardecer precioso y la luz anaranjada del crepúsculo bañaba el rostro de Roy, rompiéndose en una infinidad de distintos destellos. Me devolvió la mirada con una sonrisa y sus ojos me anunciaron que acababa de alimentarse. Un escalofrío recorrió mi espalda al comprender el por qué. Cualquier precaución era poca para lo que tendría que hacer esa misma noche.

-¿Cuánto tiempo te quedaras?-le pregunté.

-¿Ya quieres que me vaya?-alzó una ceja de manera divertida.

Negué con la cabeza.

-No planeo quedarme mucho tiempo.-Su pose, con las manos en los bolsillos, me pareció de lo más humana para un vampiro que disfrutaba de las aventuras y la soledad.

Asentí ante aquella respuesta que me presentaba un escenario desolador. Aunque, cuando él partiera, ya no habría razón para sentir el peso de la soledad por más tiempo. Si él se iba significaba que habíamos triunfado y que yo volvía con los Cullen, al lado de Edward.

-¿Me dirás que es lo que buscas al ayudarme?

-No, pero no te preocupes. No volveré a hacerte pasar un susto como el de la otra vez. Lo prometo.

Se sacó la polera y luego se deshizo de sus zapatos. Caminó más allá de la orilla y se volvió para buscarme. Con una de sus manos me instó a seguirlo.

Negué con la cabeza, rechazando la propuesta. El mar estaba frío y lo cálido del viento se iría en unos pocos minutos, con la llegada de la noche.

-Te vas a arrepentir-me dijo, esperando que me acercara.

-¡Quédate!-le pedí en cambio.

-¿Quieres que viva con ustedes? ¿Qué seamos una familia?-preguntó.

-¡Sí!

-¡No!-respondió en el mismo tono animado.

-¡Roy!-insistí.

-Lo pensaré-accedió y al momento siguiente lo tuve rodeándome con sus brazos.

-¡No, no lo hagas!-le pedí, aunque ya era muy tarde. Una ola nos había cubierto por entero.

Me encontraba en la cascada cuando Roy fue en mi búsqueda.

-Bella, ya es hora-me dijo. La noche caía sobre nosotros y una noche eterna caería sobre mí muy pronto.

Asentí con una mueca en el rostro en vez de sonrisa, y lo seguí hacia la casa, hacia mi habitación.

-¿Tienes alguna duda?-preguntó con su tono didáctico.

-No.-resistí los pensamientos que se agolparon en mi cabeza. No quería perder el valor. No ahora, no en este momento. Me topé con sus ojos cuando me di cuenta que mis pensamientos habían volado muy lejos. Sonrió para darme valor.

-Por favor, acomódate.-indicó la cama y sus ojos brillaron.

Me senté sobre unos cojines y lo esperé para que se sentara a mi lado. El nerviosismo comenzó a embargarme cuando lo observé acercarse. Al sentarse, toda su concentración se desvió hacia mi cuello descubierto. Respiró profundo sin quitar la mirada de el.

Sus facciones fueron cambiando poco a poco y me dio la impresión de que el tiempo para él no existía. Cada movimiento era realizado con lentitud y precaución.

Tragué saliva cuando una de sus manos subió a mi cuello y la otra me acercó un poco más a su cuerpo.

Un olor exquisito llenó la habitación. Intenté concentrarme en el y descifrarlo, pero me sorprendí al concluir que ese aroma tan atrayente provenía de él. Un débil suspiro se escapó de mis labios. Sus ojos subieron a mi, interrogantes. Me mantuve impávida al lento estudio que me dirigió.

-Fue un verdadero placer conocerte-me dijo momentos después, en un susurro.

-Seguiré siendo yo, Roy-intenté animarlo.

-Si, si, lo se.

-Si te sirve de algo-me encogí de hombros para aparentar indiferencia.-Para mi también ha sido interesante.

No me gustaban las despedidas.

-¿Interesante?

-Me alegra haberte conocido-me corregí.-Podremos ser amigos, tendremos todo el tiempo del mundo.-le propuse.

-Si-aceptó.-Pero no te pongas melodramática ahora, Bella. ¡Ibas tan bien!

Ignoré sus palabras y siguiendo un impulso sumamente voluntario lo estreché en un cariñoso abrazo, esperando que me correspondiera.

Para mi grata sorpresa, sus brazos no demoraron en rodear mi cuerpo. No pude evitar tensarme cuando sentí sus fríos labios rozando mi piel. Mantuvo nuestra posición y entonces su boca llegó a mi cuello.

Reacomodó nuestro abrazo y tomando mis manos entre las suyas lo escuché contener la respiración.

Sus labios se cerraron en torno a una pequeña porción de mi piel. Su tacto frío recorrió mi cuerpo como un escalofrío.

-Hazlo ya-pedí en un leve susurro.

Observé como las cortinas del ventanal se movían siguiendo el compás de la brisa marina.

Tomó mi cabeza, inclinándola hacia atrás. Contempló mi rostro por un momento, seguramente esperando alguna señal. Pero me encontraba muy confundida como para alzar la vista, temí dar pie a algo incontrolable.

Mi respiración comenzó a agitarse cuando se inclinó sobre mí y sentí sus dientes, cual cuchillos, penetrar con facilidad la delgada capa de piel que cubría mi garganta. Un ligero estremecimiento convulsionó mi cuerpo haciendo que se me humedecieran los ojos. El veneno estaba entrando, sentía el ardor esparcirse a partir de la herida. El frío aliento de Roy al caer sobre ella fue el único alivio para aquella sensación que al instante fue sintiéndose cada vez más abrasadora.

No supe cuanto tiempo había pasado cuando sentí mis brazos dormirse y caer flojos e inútiles al costado de mi cuerpo. No tendría que ser mucho tiempo, supuse al sentir una oleada nueva de dolor ardiente, la inmovilización de la presa era lo primero que ocurría.

Lo segundo, rectifiqué. Lo primero era atraerla.

Mi respiración se había precipitado luego de la mordida pero no hacía más que aumentar el dolor que sentía. A jadeos intenté dejar de respirar, pero era aún muy humana como para luchar contra mi ciclo respiratorio. Este volvió a restablecerse cuando lo creyó necesario, ganándome la partida.

-Me quema-alegué.-¡Me quema!

El calor…No, calor era muy poco para describir como me sentía. Un fuego devastador se ceñía sobre mi cuerpo y no encontraba manera alguna de escapar. Sentí como Roy elevó mi cuerpo y lo acunó junto al suyo, para que su temperatura corporal aliviara mi dolor.

Entre la desesperación y la insoportable sensación de estar divida entre dos mundos que me arrastraban sin tregua, vi su rostro sonreírme con ternura. Pero el fuego quemaba y él no ayudaba en nada.

No podía moverme y mis sentidos, confusos, comenzaron a fallar. Una densa y pesada bruma borró su rostro convirtiéndolo todo en sombras y oscuridad. Una gran sensación de vacío le siguió a esto y entonces, desee tener algo de fuerza para aferrarme a él. Para que no se fuera de mi lado.

Luego de un extenso periodo de tiempo las nubes dejaron de cubrir mi campo visual. El dolor seguía ahí, quemándome viva por dentro pues las llamas estaban solo en mi cabeza. No había como apagarlas. Me vi tendida frente al ventanal abierto de la habitación.

Roy se inclinó sobre mí, ocupando todo mi campo de visión. Comprendí cual era su intención y cerré los ojos en señal de aceptación. Sin comprender por qué se me hacía tan fácil, en todo ese infierno, necesitarlo a él. Sus labios, sin embargo, no se posaron sobre los míos como había pensando. Besó mi mejilla con dulzura y su sensación fue un agradable cambio. ¿Cómo es que podía sentirlo aun cuando todo se quemaba a mí alrededor?

-Quédate-pedí a gritos, pero él no me escuchaba.

Se levantó, alejándose de mí. Mis ojos, lo único que podía controlar en ese momento, lo siguieron con temor hasta que desapareció.

A lo lejos, algo golpeaba fuerte contra algo muy duro. El estruendo había sido lo suficientemente sonoro como para reconocerlo entre los delirios de mi cabeza. Porque me estaba perdiendo inmersa en aquel fuego líquido que recorría mi cuerpo, me estaba hundiendo y no podía salir a flote. Quizás nunca iba a poder salir de aquella situación.

El dolor se volvió palpitante, visitaba cada parte de mi cuerpo con lentitud y no se extinguía. Aún así pude ser conciente de mi respiración. La escuché fuerte y me pareció semejante a un gruñido.

Detente, le dije a lo que quedaba de cuerdo en mi. No era yo quién resoplaba tan sonoramente pues mi respiración se iba haciendo cada vez más leve a medida que pasaban las lentas horas. Me iba, ¿A dónde iría a parar?

Sonreí cuando Roy apareció nuevamente, pero por más que quise llamar su atención este no se volvió a mirarme.

¿Por qué Roy se encontraba en el suelo? ¿Por qué tenía esa cara de sufrimiento?

Una sombra alta embistió a Roy, lanzándolo a uno de los extremos de la habitación, lugar donde ya no podía verlos. Pero volvió a aparecer, esta vez chocaba contra el librero que había frente a mí. El impacto lo redujo a astillas.

Quise cerrar los ojos para no tener que ver cómo le hacían daño al vampiro que se había convertido en uno de los pocos amigos que había tenido en la vida.

Una ráfaga de viento sacudió mi cuerpo, despejando un poco mi cabeza. Observé la batalla con más atención. Había algo alarmante en la forma en que él se movía y actuaba. El no parecía defenderse en lo absoluto. Pero él era hábil, podría vencer a aquella sombra… ¿Por qué no hacía nada? ¿Por qué parecía que nada le importaba?

La horrible realidad cayó sobre mí y se unió al dolor físico que taladraba e incendiaba todo lo que quedaba de mí. Me estaba reduciendo a cenizas.

¡Si tan solo pudiera moverme!-pensé con desesperación. Hubiera obligado a Roy a defenderse.

Los perdí de vista nuevamente pero pude escuchar cada uno de sus movimientos.

El siseo del viento, inoportuno, atenuaba los estruendos de la pelea. Un dolor sumamente distinto al que mi cuerpo estaba experimentando, sobrecogió mi corazón.

Eso era lo que estaba buscando Roy. Por eso había decidido participar en esta misión suicida. Suicidio. Era esta la palabra clave. Roy deseaba perder la inmortalidad, él quería morir.

Inútiles lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, bañando mi rostro, llorando su muerte.

Por un momento infinito, el dolor y la sensación de vacío fueron constantes. Llegó a un punto en que pude acostumbrarme a ambas. La quemazón seguiría allí, imposibilitando mi propósito. Dejé de concentrarme en él y desvié toda mi atención hacia mis extremidades, para así zafarme de la cárcel que me cubría.

Me congratulé cuando una de mis manos comenzó a moverse. La corriente que recorría mis venas y articulaciones se concentró por un momento solamente en aquella mano. Necesitaba que se mantuviera allí. Le sacaría partido a la tortura que apresaba mi cuerpo.

Con satisfacción observé mi mano alzarse con lentitud. Una mano recuperada.

Ahora solo faltaba la otra y luego, mis piernas.

Pero aquella mano no seguía mis indicaciones. Se posó sobre mi mejilla y su tacto estaba tan frío como el viento.

No podía ser, yo me estaba quemando y la agonía no había desaparecido.

-¿Roy?-logré decir.

Había algo sumamente hermoso más allá de las cenizas, tenía que alcanzarlo. Tenía que alzarme un poco más. Lo observé con más atención y mi corazón respondió a aquella visión divina y perturbadora en partes iguales. ¿Qué importaba que en aquél preciso instante estuviera a mitad de camino hacia la muerte? No importaba ya aquél infierno por el que había aceptado pasar, él estaba ahí. Era su mano la que acariciaba mi rostro y la que se alzó cuando desee poder moverme.

Su mano secaba mis lágrimas con indulgencia.

Fue cuando comprendí que las sombras habían acabado conmigo también. Era la única explicación posible para esta aparición imposible. Se encontraba aquí, vigilando mis sueños (aunque esta era una pesadilla), en la nada.

Pensaba que la muerte conllevaba la ausencia de dolor, pero este seguía allí, aumentando y aumentando. No supe cuánto tiempo estuve contemplándolo embobada.

Me permitiría una pequeña porción de alegría en mi final. Solo así sería un final feliz.

Con gran decepción comprobé que había perdido la conciencia y que no había podido ayudar a Roy contra la suerte que había escogido para él. Aunque quise prolongar mi contento, pronto me di cuenta de la incoherencia de lo observado por mis ojos. Debían estar fallando nuevamente.

Sin las luces artificiales su piel era más pálida de lo que recordaba. Las ojeras que mantenían seria su mirada eran profundamente oscuras y sus ojos, los mismos que habían capturado mi alma para siempre, eran de un escarlata furioso.

El fue lo último que observé.


Nos acercamos al final de la historia =(

Muchas gracias por sus visitas, por leer esta historia y continuarla =)

Que tengan una excelente semana!