Capítulo XVI
De ensueño y realidad
Mi barbilla comenzó a temblar con miedo y pena, pero no pude llorar.
El chirrido, producido por mis dientes al chocar uno contra otro, me obligó a apretar la mandíbula, de manera dolorosa, con el único fin de lograr mantenerme de una pieza.
Contando a Edward, quien aún estaba frente a mí, pero ya no me miraba; eran cuatro.
Tragué saliva para deshacer el nudo que se estaba formando en la garganta pero la sensación fue infinitamente peor, el fuego había vuelto y se concentraba todo en el mismo lugar, cerca de mi nueva cicatriz.
Mantuve en silencio mis preguntas y mis sospechas y esperé a que ellos hicieran el primer movimiento. Yo ya sabía lo que tenía que hacer, era aquél mi propósito después de todo, lo que ocurriera conmigo luego me tenía sin cuidado. Vale, esto último no era verdad pero pensé que haciéndome la fuerte todo iba a pasar más rápido. Y el miedo, la ansiedad y la desilusión desaparecerían.
El trío recién llegado me observaba con atención pero sus rostros eran impasibles, lisos, ni una mueca de hastío ni de furia cruzaba por ellos, nada que pudiera ayudarme a desentrañar su repentina llegada.
-¿Qué estás haciendo aquí, Edward?-preguntó el más alto. Un hombre de mediana edad y de piel cetrina.
Edward se volvió a observarme y esta vez su mirada no fue tan fría. Juntó las cejas, contrariado al observar lo alejados que estábamos. En más de un sentido el abismo era invencible.
-Edward-comenzó el que ocupaba la ubicación principal, su postura y formación era un obvio aviso de la jerarquía que mantenían.
-Ya se me ocurrirá algo-le interrumpió Edward.
-Apuesto mi cabeza a que sí-se carcajeó el alto.
-Déjanos a nosotros seguir desde ahora-pidió el de la ubicación central.
Creí oportuno comenzar a hablar, fuera lo que fuera que estaban planeando hacer conmigo. Esperaba que el escudo que me había protegido y que había aprendido a usar en mi vida humana junto a Roy, pudiera ayudarme esta vez.
-Antes de que empiecen lo que sea que van a hacer, me gustaría proponerles algo.
El hombre que no había soltado palabra comenzó a reír de pronto y le echó una rápida mirada a Edward, cuyos labios comenzaron también a tomar un deje burlón.
Hubiera preferido, al comenzar con mi discurso, que Edward no hubiera estado presente, pero ya que esta parecía ser mi única oportunidad, tenía que aprovecharla.
-Hace cinco años-evité volverme y mirarlo-Edward decidió irse con ustedes-no disimulé mi apatía al nombrarlos-para salvar mi vida. Una vida humana que yo ya no tengo, el que él siga con ustedes es un completo sinsentido pues si deseaban evitar mi conversión ya es muy tarde.
Edward dio unos pasos en mi dirección, pero continué con mi improvisado discurso.
-Como sospecho, el que Edward deje sus filas, que ustedes lo permitan, es algo complicado, tal vez imposible-bajé la voz.-Por lo que les ofrezco un trueque. Si bien yo no tengo el don que él tiene de leer mentes; soy una neófita y mi deseo y mis aptitudes les pueden servir de mucho.
-Por favor, por favor-pensé con los puños apretados-por favor que lo permitan.
-Bella, no.-Me ordenó Edward con una sombría mirada.
Me acerqué a él, dubitativa, y levantando las manos con temor, acuné su rostro entre ellas. El no me rechazó y poco a poco el frío carmesí de sus pétreos ojos se fue fundiendo.
-Tu no eres esto-murmuré bajito.-Esta vida no es para ti.
-¿Y sí para ti?
Sonreí. Si con eso podía liberarlo, por supuesto que era para mí. Sujetó mis manos con las suyas, aún en su rostro. Su tacto era tan suave y cálido…
-Sí-respondí, aclarando mis pensamientos. Subí nuevamente a sus ojos.-Por supuesto que sí.
Bajé las manos para volverme hacia ellos y confirmar mi propuesta, pero Edward me asió de un brazo y me obligó a mirarle.
-¿Por qué quieres eso, Bella?
Nos miramos en silencio uno cuantos minutos, él lucía confundido y sumamente molesto.
-Porque ella te ama-dijo con gravedad uno de nuestros visitantes.- ¿No es así, Isabella?
Me volví, extrañada y confundida al escuchar mi nombre ser pronunciado por esa voz tan profunda y grave.
Asentí al sentir su mirada sobre la mía.
-¿Es eso cierto, Bella?-preguntó Edward con la voz cansada, como si hubiera estado conteniendo el aliento.
-Sí, lo es. ¿Por qué te extraña?-le pregunté, dirigiéndome hacia él.
Lo encontré con los ojos relucientes y una leve sonrisa cruzando su gentil rostro.
-Porque soy idiota-se encogió de hombros.
Tomando una de mis manos, atrajo mi cuerpo cerca del suyo y lo estrechó con cariño, acariciando mi espalda con movimientos circulares.
-Bella-susurró cerca de mi oído-no es necesario que te sacrifiques por mí.
-No es ningún sacrificio-protesté, medio escéptica de que pudiera estar ahí, junto a él, en sus calidos brazos.-Puedo hacerlo, es lo que debo hacer.
-¿Por qué eres tan valiente, mi pequeña? ¿Por qué no puedo ser yo así, tan valiente como tú?
Negué con la cabeza, pues no comprendía sus palabras. La emoción me embargaba y por mi pecho, como una lleva abierta, comenzó a correr un efluvio muy parecido al alivio.
-Debemos comenzar a movernos-nos interrumpió una voz cercana.
Por un pequeño instante había olvidado todo y me había dejado llevar por esta nueva sensación, por la cercanía de Edward, por sus manos acariciando mi espalda, provocándome escalofríos del nerviosismo.
Había olvidado por breves momentos que no sabía qué era lo que se proponían nuestros visitantes ni qué tan metido estaba Edward en todo esto, o qué relación tenían con la muerte de Roy.
-¿A dónde irán?-les pregunté.
-Todos iremos-me comunicaron, el trío se nos había acercado y caminaban de vuelta en dirección a la bodega.
Edward me condujo con ellos.
-¿Qué haces?-le pregunté.
-Debemos cambiar de escondite.
-¿Por qué?-me detuve y él me cogió del brazo para que continuara caminando.
-Bella, por favor-dijo impaciente.
-¡No! Dime ahora, ¿qué ha ocurrido con tu vida, Edward? ¿Por qué estás así?
-¿Prometes que seguirás caminando?
-¿Me lo contarás todo, hasta las partes que no me gusten?-subí a sus ojos inconscientemente pero no era mi intención reprocharle nada.
Desvió mi mirada y asintió con la cabeza.
Tomé su mano para hacerle saber que estaba irremediablemente unida a él, y que, me contara lo que me contara, yo seguiría a su lado pues a estas alturas yo ya estaba completamente predispuesta.
-Pasé casi cuatro años bajo el servicio de los Volturi, aunque fue muy poco tiempo, lograron sacar lo peor de mí como te habrás dado cuenta.
Apreté mi mano con cariño.
-Cuando ya no lo soporté más, decidí huir. Huir no es nada fácil aún siendo inmortal, te condenas para siempre. Ellos han intentado localizarme y eso los llevó hacia ti, pensaron que me iría contigo pero ese era el último lugar al que yo decidiría ir al principio, no quería exponerte a más peligros. Te vi por última vez cuando escribí aquella carta pidiéndote que siguieras con tu vida, era mi deseo hablar contigo pero al ver mi reflejo noté que solo lograría asustarte y aunque te pedía que continuaras con tu vida deseaba que pudieras recordarme siempre y con cariño.
Asentí, recordaba perfecto la carta y su contenido.
-Alice fue a mi encuentro y me contó todo lo concerniente a Egon Roy, él te cuidaba y se encargaba de que tus días fueran lo más normales posibles. Al menos, al principio. Con el paso de los años la situación se volvió incontenible y Alice y él tuvieron que tomar nuevas decisiones al respecto. Alice no estaba muy de acuerdo con este arreglo y debo confesar que si lo hubiera sabido antes hubiera hecho lo posible por detenerlo pero llegué tarde. El veneno ya había llegado a tu corazón cuando te encontré, no podía hacer nada para remediarlo, salvo esperar e intentar ayudarte con tu nueva vida.
Esta vez fue Edward quien apretó mi mano con cariño, buscando reconfortarme.
Llegamos entonces a la bodega que me había servido de escondite hace tan solo un par de horas. El aire calido cubría el ambiente y el olor a óxido volvió a llenarme la nariz.
Me escondí tras Edward al cruzar la entrada.
¿Si Edward era un prófugo porque seguía las órdenes de los Volturi? ¿Por qué parecía tan relajado y tranquilo en su presencia?
Nuestros acompañantes se separaron al entrar y uno volvió a salir, supuse, para vigilar que ningún humano se percatara de nuestra presencia. Otro arregló una bombilla que colgaba miserablemente al techo, iluminando la habitación momentos después.
-Sólo un lugar ocupado por humanos necesitaría usar la luz.-me explicó Edward.
-¿Por qué estás con ellos?-le pregunté por fin.
-Se supone que ellos te recibirían, yo no tendría que haber venido.
-No entiendo, ¿por qué ellos? Ellos pertenecen al clan Volturi también.
-Sí, verás, Marcus y unos cuantos de sus seguidores han estado buscando un cambio hace ya varias décadas.
-¿Marcus?-repetí el nombre en voz alta y el recuerdo vino a mi memoria. El era uno de los presentes, esperó que me dirigiera a él para acercarse a nosotros.
Con una afable sonrisa, me saludó:
-Nos volvemos a ver, Isabella.
-Debí haber caído antes-admití.
-Lamentamos si nuestra presencia te incomodó de alguna manera.
Negué con la cabeza, aturdida por la nueva información.
-Aquél de allá-me indicó Edward al alto que había sido el primero en hablar.-es Félix y él que está afuera vigilando se llama Ferdinand. Hay muchos más pero infiltrados sólo Marcus y Félix.
-¿Cómo es que Aro no se ha enterado?
-El sabe-asintió-él lo sabe casi todo pero no ha hecho nada porque teme lo que puede ocurrir si Marcus decide organizar un levantamiento.
-¿Marcus tiene muchos seguidores?
-Sí, así es.-Marcus representaba, quizás sin intención, todo lo que un líder natural puede ofrecer. Su presencia implicaba respeto, voluntad y fuerza pero por sobretodo, su presencia otorgaba paz, una claridad contagiosa. Creí comprender porque él era tan apoyado.
-¿Hacia dónde iremos?-preguntó Ferdinand, un hombre bajito y corpulento, de profundos ojos negros y marcadas ojeras púrpuras.
-Bordearemos la frontera.
-¿A dónde nos encontramos?-le pregunté a Edward en un murmullo para no interrumpir las indicaciones de Marcus.
-En San Diego.-Besó mi frente comprendiendo que era una distancia relativamente corta para mis nuevas habilidades y que la posibilidad de ver a mi madre en un par de horas era admisible.
Le rogué con la mirada, mi hermanito ya debía tener unos cuantos meses.
Asintió, totalmente derrotado.
-Sólo si no es peligroso-me advirtió.
Tras un largo suspiro, recosté mi cabeza sobre el pecho de Edward, sintiéndome al fin, segura y a salvo.
Gracias por pasarse y por sus comentarios, les agradezco su apoyo incondicional ^^
Si mis largas ausencias les hicieron pensar que había dejado la historia, no es así en lo absoluto, era solo falta de tiempo.
En el próximo capítulo se resolverán más dudas pendientes.
