Capítulo XXII

Hermandad

Cuando llegamos, la familia se encontraba alrededor de Gabrielle y le preguntaban cuan tenso estaba el ambiente en Italia, ya que nosotros permanecíamos convenientemente alejados del clan reinante.

Es de eso que debo hablarles. Las cosas han empeorado entre los bandos de Aro y Marcus.

¿Será una guerra, entonces? —preguntó Carlisle sin mostrar destello alguno de temor.

Así es. Estamos todos citados, nómades y clanes, para el día primero del sexto mes del año de nuestro señor Jesucristo.

La guerra ha comenzado—murmuró Jasper.

Desde el fondo de la garganta de Alice surgió un agudo y estremecedor sonido. Nos volvimos a verla. Apretaba la mandíbula con desesperación. Edward se acercó rápidamente a su lado y tomando su mano, se inclinó para protegerla. Al otro costado, Jasper se aferraba a ella para ayudarla e intentar entender que ocurría. Sus cejas se juntaron. Los ojos ausentes de Alice pronto cayeron en él y se quedaron fijos allí, mientras el agudo chillido se convertía en un desesperado lamento.

— ¿Qué ocurre? —preguntó Esme con la voz llena de preocupación.

El sonido se prolongó y cada uno de nosotros se preguntaba qué era aquello tan malo que ocurría.

—Edward—murmuré, dolía verla de aquella manera. —Edward, ¿qué le pasa?

—Está teniendo una visión muy dolorosa.

— ¿Sobre qué? —Rosalie inquirió acercándose a Esme.

Edward meneó la cabeza casi con la misma expresión de sufrimiento que tenía Alice en su rostro.

—Hagan que vuelva—pedí.

—No—negó Jasper tajantemente. —Es necesario que alcance todo lo que pueda obtener de sus visiones, de lo contrario tendrá que vivirlo otra vez. —Al terminar de hablar, la sala se llenó de un silencio claro y sereno, pero no me dejé vencer, me recluí en la preocupación y en el dolor tangible del lamento de Alice.

Tras largos cinco minutos, los ojos de Alice comenzaron a moverse nuevamente volviendo al presente. Sin embargo, su expresión de horror no se borró.

— ¿Qué viste? —preguntó Jasper acunando la cabeza de Alice sobre su hombro.

Edward se levantó y nos acarreó a todos fuera del salón, dejando a Jasper acariciando la mejilla de su compañera.

— ¿Qué fue lo que vio? —preguntó Carlisle.

Nos habíamos dirigido a la planta subterránea. Los dueños anteriores la habían llenado con barriles de vino y formaron así una bodega. Ahora todos los barriles se encontraban vacíos pero el olor característico a vinagre dulce aún vagaba por el lugar como una densa nube que me hacía respingar la nariz.

Edward se había adelantado y juntaba las manos para, supuse, alivianar la tensión que sentía. Nos envolvió con la mirada.

—Vio a Jasper siendo atacado y asesinado.

— ¡Cómo! —exclamaron al unísono Emmet y Rosalie.

El resto de nosotros se mantuvo en silencio pero no por indolencia si no porque nos habíamos quedado mudos del shock.

—Luego de conocida la fecha en que se iniciará la batalla por el trono de Volterra, Alice tuvo una visión de su desenlace.

—No participaremos—declaró Esme adelantándose para mirar a Edward. Esta enérgica declaración le sacó una pequeña sonrisa, pero fue solo por un breve momento.

—Las visiones de Alice…—murmuró sin terminar.

Las visiones de Alice podían cambiar según las decisiones de los participantes, pero no solían equivocarse sobre el resultado final. Eso Edward lo sabía y yo también. Y Alice… ¡Dios, qué doloroso que tuvo que ser aceptar aquella visión, sabiendo que sería muy difícil de vencer!

—Nuestros movimientos están siendo vigilados—se apareció Alice cerca del grupo como una brisa otoñal. Jasper venía a su lado, su cara calmada y su postura: con los brazos cruzados detrás de la espalda; era digna de un soldado.

—Jane y Alec están encargados de que tomemos una buena decisión—agregó Alice cuando obtuvo nuestra atención.

— ¡No estamos obligados a participar de una guerra! —protestó Rosalie tomando la mano de Emmet.

—Nuestro comportamiento ha sido cuestionable según el punto de vista de los Volturi. —comentó Edward. —Si ellos llegaran a ganar podrían capturarnos como trofeos de guerra debido a nuestra rebeldía. Se harán con todos aquellos que no estén bajo su favor.

— ¡Si peleamos en el bando opuesto también! —resopló nuevamente Rosalie.

— ¿Cómo sabes esto? —pregunté a Edward.

—No habrían aceptado participar de esto si no supieran cuanto provecho podían sacar del proceso.

—Alice, ¿ellos ganarán? —pregunté sin querer en realidad saber la respuesta. Nadie se enfrentaba a los Volturi sin pagar las consecuencias y esto ha sido así desde tiempos pretéritos porque nadie ha podido ganar nunca.

La cabeza de Alice se movió imperceptiblemente.

—Son mayoría—respondió con la voz todavía rasgando su garganta.

Observé a Jasper junto a ella. Siempre juntos. Y ahora debían enfrentar la posibilidad de perderse el uno al otro. Para siempre.

Una idea cruzó fugazmente mi cabeza ante la posibilidad de ese para siempre e intenté esconder la opción de la mente de Edward por lo que procuré no convertirla en una decisión para que no fuera visible en la mente de Alice. Sabía que Edward hacía lo posible para otorgarles privacidad a su familia pero no sabía hasta donde ésta llegaría si me veía en medio de los pensamientos de alguien más.

Cambié el rumbo de mis pensamientos recordando la sensación de la sangre en mi boca, de su sabor cuando, caliente, salía a borbotones y chocaba contra mi lengua, haciéndome cosquillas. Pronuncié mi ansiedad en cada rincón de mi mente para que se volviera real y se convirtiera en mi excusa. Ni en un millón de años Edward permitiría cosa semejante…

—Bella, estás hambrienta—Jasper se acercó con un gesto amable.

¿Tan buena era fingiendo?-me sorprendí. Compuse el rostro antes de que mi patética mentira lo echara todo a perder. Jasper inclinó la cabeza, seguía observándome.

—Sí, —acepté—iré a cazar. Alice, ¿me acompañas? —pedí antes de que Edward lo propusiera.

—Claro, Bella—respondió sin mucha convicción.

La pequeña Alice que solía tener ocurrencias para todo, soluciones para todo, parecía que se consumía.

Cerca de la casa de los Cullen en Rochester se ubica un pequeño cerro que en la antigüedad resultaba como práctico mirador desde donde se podía apreciar toda la ciudad. En la actualidad, con la llegada de la civilización y sus altos edificios y su sobrepoblación habían hecho del mirador un recurso para amantes encubiertos pero más importantes, el sitio perfecto para encontrar alimañas que con el tiempo no habían tenido de otra más que permanecer recluidas en aquel lugar.

En verdad, no me moría de hambre, pero algo parecido a la ansiedad recorría mi cuerpo.

Alice se sentó en una roca y observó sin ver, me parecía, las luces de la ciudad.

— ¿Vas a cazar? —preguntó con impaciencia.

Me senté a su lado.

—No—respondí. —Te traje aquí para hacerte una propuesta.

—Ni siquiera lo menciones, Bella. —Me detuvo. —Edward va a matarme en cuanto bajemos.

—Pero Alice, —protesté—puedo hacer lo que se me venga en gana.

—Edward va a matarme igual—repitió sacudiendo la cabeza—y no hará falta que nadie me quite mi vida para que eso suceda.

Supe por el tono de su voz que cuando decía mi vida se refería a Jasper.

—Puedo protegerlo.

—No.

— ¡Alice! Roy me enseñó bien. Solo necesito un poco más de práctica.

— ¿Quieres morir? Hay más formas y no es necesario que la culpa recaiga sobre mí.

— ¡Ah, cállate! —exclamé y abrió los ojos sorprendida. Era un buen cambio. —Me estuviste cuidando todo ese tiempo en que seguí como humana y ahora yo puedo cuidarte a ti, protegiendo a Jasper.

Volvió a sacudir la cabeza. Cuando pude darme cuenta se había abalanzado sobre mí y me tenía sujeta de ambas manos sobre la grava del lugar.

— ¿Ves? —me dijo con calma.

Me desaté de su prisión improvisada y me volví a sentar sobre la roca.

—Por favor—pedí.

—No es tan solo eso, Bella—contestó como si estuviera agotada, sentándose de nuevo a mi lado. —Mi visión no fue nada clara y tener que repetirla e intentar ver todos los detalles…—sus labios se crisparon.

—Lo sé—asentí—pero mientras más detalles tengamos sobre como se supone que pasará…

Alice apretó los ojos con dolor.

—Gracias, Bella.

—De nada—murmuré.

—Gracias por ser tan cariñosa conmigo y—comenzó a reír—gracias por ser tan insensata.

No contesté.

—Lamento haber arruinado tu bello abrigo, te lo pagaré.

Caminamos con lentitud de vuelta a la casa luego de cazar. Alice comentó que mis ojos ya no parecían asesinos.

—Deja que Edward vea que fue mi decisión—le pedí.

—El ya lo sabe—me informó y cruzó el ventanal principal para entrar a la casa.

— ¿Cómo?

—No te enfades mucho. —pidió. —Fue Jasper quien se lo contó.

Junté las cejas y esperé intentando hacerle caso y no enfadarme. No podía enfadarme con quien había prometido cuidar.

—El está preocupado por ti como tú de él y no quiere que te expongas, por eso se lo ha contado todo a Edward.

Subí las escaleras para encontrar a Edward. El, su enfadado rostro y Jasper se encontraban en el ático, mi antigua habitación. Ambos me observaron aparecer.

— ¿Cómo supiste? —pregunté a Jasper.

—Sé distinguir una mentira cuando la siento. Además, no se necesita coraje para ir a cazar—me guiñó un ojo y sonrió. Pocas habían sido las veces en que le había visto sonreír. Excepto con Alice, claro.

Asentí con la cabeza. Segundos después Jasper nos dejó a solas en la habitación.

—Edward—lo intenté, pero no estaba dispuesto a hablar. No pronunció palabra.


Gracias por pasarse :) y seguir leyendo

que tengan un muy buen fin de semana :D