Capítulo II:

Un cuarto para las cinco. La sección de cuentos infantiles de la biblioteca central estaba repleta de niños, quienes escuchaban atentamente el último cuento de la tarde.

-…A María le habían mandado a comprar corazón de res para la parrillada, pero al haber perdido el dinero no le quedo otra que robar un corazón para no quedar mal con su mamá…y que mejor lugar para encontrar un corazón que el cementerio…-

Era el turno de Nott de contar su cuento. Como siempre había escogido un cuento de terror. Harry no entendía como los niños, quienes a leguas se notaban asustados, nunca se quejaban de lo traumáticas que eran esas sesiones con el moreno.

Sintió como Camila, la niña que estaba sentada entre sus piernas, se tensaba apretaba su pierna con su manita, mientras que otros dos niños que estaban a sus costados se abrazaban a él.

A Harry le encantaba sentarse en la amplia alfombra junto a los niños. Se sentía nuevamente niño al estar con los pequeñines, jugar con ellos, reír con ellos. Era de alguna manera un alivio para lo aburrido de su vida. Al igual que Harry, Nott también se sentaba con los pequeños, salvo por el hecho de que a este le gustaba asustarlos, pero los niños no se quejaban…eran unos masoquistas.

-…sí, María le robó el corazón a ese cadáver sin saber que tendría que pagar un precio más alto que las simples monedas que su madre le había dado…-

-¡Theo!- un niño de unos 8 años levantaba la mano tratando de llamar la atención del susodicho

-Grr- Nott gruño, le molestaba las interrupciones, pero eran obvias cuando contaba esas historias –Dime Joaquín-

-¿Cómo es que María pudo abrir el cajón? ¿Qué no es pesado?- pregunta muy lógica, pregunta muy compleja para un simple niño

-No le quites la emoción Joaquín…además aclare desde un principio que el cuento se llamaba "María la Mari-macha"-

Harry le quiso tirar una piedra a su compañero. ¿Por qué Nott se empeñaba en tratar a los niños como si tuvieran su edad?

-…en fin, esa noche, cuando María estaba en su cama sintió como una presencia ingresaba a su habitación. No era su mamá, no era su papá, ni su hermano, ni hermana…era…-se quedo en silencio unos segundos mirando de manera seria a los niños -…era Ramiro Valdez, el dueño del corazón que sus padres frieron en la parrillada-

Los niños saltaron por la sorpresa.

-"Maria…María" decía el cadáver "María devuélveme mi corazón"…María no sabía que hacer, se moría de miedo, trataba de esconderse bajo las sabanas de su cama, pero era en ese momento cuando su cama era remecida…"María, devuélveme mi corazón" repetía el cadáver, que a cada paso se destrozaba poco a poco…-

El moreno siguió sentado entre los niños, tratando de influirles valor ante el terror que les producía algunas escenas que narraba Nott. Y estando allí, sintió como alguien le tocaba el hombro, produciendo que saltara por el susto.

-Harry- se escucho un murmullo tras el moreno –Harry-

El susodicho volteo tras recuperarse del susto, y se encontró con la mirada juguetona de Neville quien se percato de lo que su gesto provoco en su amigo.

El moreno se separo de los niños para reunirse con Neville.

-No vuelvas hacer eso Nev- le dijo una ves a su lado –Me asustaste-

-No sabía que esas historias de terror tan infantiles te dieran miedo, Harry-

-Tu lo haz dicho, son infantiles, pero Nott le da un toque algo…escalofriante…además te recuerdo que esos cuentos no los saca de libros infantiles-

-Jajaja tienes razón- Neville dirige su vista hacia Nott, quien continuaba leyendo el libro a los niños

Harry se percato de la profunda mirada que Neville dirigía a su compañero de trabajo.

-¿En serio no te gusta? Digo, esa manera de mirar no es algo normal-

Un ruborizado Neville desvía la mirada

-No comiences con eso por favor, solo lo estoy mirando-

-Sí, como no- Harry desvío su vista y la dirigió al enorme reloj de la pared –Ya son las cinco-

-OH! Que tal si vamos a tomar un café- le propone Neville

-No puedo- Harry hace una mueca de disgusto –Draco me llamo en la mañana, quiere que nos encontremos para hablar-

- Grandioso, así podrás averiguar cuales son las verdaderas intenciones del enemigo-

-Eso mismo he estado pesando- expresó decidido –Nada me detendrá en pro de defender lo que es mió por ley-

-¿Y a que hora quedaron en encontrarse?- pregunto Neville mientras miraba disimuladamente a Nott, quien se despedía de los niños.

-A las cinco en las Tres cabezas- Harry le hace señas de adiós a los niños que pasaban a su lado.

-¿Cinco?- el ojinegro volvió a prestarle atención a Harry –Creo que se te paso la hora-

-Para nada- el ojiverde camina hacia el mostrador de la biblioteca seguido de Neville –Tengo que hacerlo esperar, no quiero que piense que estoy desesperado-

-Mas bien yo creo que estas quedando como el despreocupado-

-Ponte de mi parte Nev- Harry lo mira feo

-Perdón. Estoy de tu parte amigo, solo que creo que te estas precipitando-

-Ya hablamos de esto Nev- el moreno coge su mochila, unos libros y su abrigo –Nada ni nadie me detendrá-

-Sí, seguro-

Ambos jóvenes caminan en dirección a la puerta principal de la biblioteca, pero son detenidos por la parca voz de Nott.

-¿A dónde crees que vas Potter? La biblioteca cierra a las siete-

-OH! Lo siento Nott. Me olvide de avisarte que hoy tenía que irme más temprano- Harry se rasca la nuca despreocupadamente, tratando de dar un aire de inocencia. Gesto obviamente que Nott no cree.

-No me vengas con eso Potter, hay bastante trabajo con lo de la nueva colección- le reclama un tanto airado –Tu no te mueves hasta que me ayudes-

-Nott no me hagas esto- No es que se muriera por ir corriendo donde Draco, pero tampoco le gustaba mucho la idea de quedarse con Theodor-no-me-importa-nada-más-que-mi-trabajo-Nott ordenando libros. O sí, tenía que admitir que a veces era un zángano.

Neville era como un ente inexistente en la escena. Simplemente se limitaba a mirar disimuladamente a Theodor. A estudiar su inexpresivo rostro. Nott podría estar experimentando toda clase de sentimientos, pero su rostro siempre reflejaría frialdad.

"¿Siempre será a sí?" Se preguntaba mentalmente, tratando de imaginar como sería recibir una sonrisa cariñosa de parte del frió chico, un gesto agradable. Gestos que solo lo había visto utilizar con los niños cuando contaba sus cuentos. Bueno no sonreía abiertamente de felicidad, pero casi siempre soltaba sonrisas cínicas a los niños en pro de asustarlos y los trataba "cariñosamente" (viniendo de Nott) cuando conversaba con ellos.

Y Longbotton seguía en su nube, cuando es bajado estrepitosamente de esta por la última frase de Harry.

-Neville se quedara remplazándome, él sabe tanto de libros como tu, te va a ser de gran ayuda- Harry le da unas palmadas a un desconcertado Nev -Ves que pienso en todo, Nott-

-Como sea Potter-

Neville quería que la tierra se lo tragara. Nunca imagino estar en esa situación.

-Un gusto, soy Neville Longbotton- el chico le extiende la mano. Si iban a pasar unas horas juntos, lo de menos era presentarse.

Nott le dirige una fría mirada a Neville, para pasar rápidamente a mirar a Harry.

–Nos vemos mañana Potter, y no olvides que la biblioteca abre a las nueve-

Theodor se fue silenciosamente al mostrador, sin corresponder a la cortesía de Nev.

-¿Cómo me haces esto Harry?-

-Vamos Nev, apóyame. Además no es tan malo, así es él. No le hagas caso- Harry abre la puerta principal –Nos vemos en la noche, llámame cualquier cosa- le regala un gesto con la mano a Nev –Deséame suerte-

-Deséamela tú a mi- le responde agitando su mano para despedirlo.

Neville se quedó unos minutos mirando por las lunas de la puerta. Vio como Harry se chocaba con un rubio, se dirigían unas palabras y luego desaparecían por la calle.

Y ahora sí estaba solo.

Se dio lentamente media vuelta y vio como Nott ordenaba unos documentos sobre el mostrador.

-Longbotton, encárgate de estos libros- le extiende unos papeles –Yo iré a revisar los otros libros-

Ni tiempo de contestarle le dio, simplemente desapareció. Pero a Neville no le importo mucho eso. Solo presto atención al hecho de que Nott se acordaba de su apellido.

"Patético" se golpeo mentalmente.

Harry salió pensando en lo buen amigo que era, cuando se choco con Draco en la puerta de la biblioteca. Eran las cinco y cuarto.

Draco se frotó el pecho donde él lo había golpeado con el hombro.

-¡Yo también te quiero!- exclamó

Harry no se molestó en disculparse. Se suponía que Draco estaba esperándolo pacientemente en el café mientras él retrasaba a propósito su llegada.

Dio un pasó atrás y le lanzó una mirada furibunda.

-Deberías estar en la cafetería-

Draco pestañeó, poniendo cara inocente y Harry no pudo evitar sonreír.

-Pretendía comportarme como un caballero y acompañarte hasta el café-

Harry lo miro feo. Estaba seguro de que, ante la duda de que faltara a la cita, había decidido llevarlo a la fuerza. Cambió los libros de brazo al tiempo que ocultaba los títulos de la vista de Draco.

-Para comenzar no soy una mujer para que tengas esos gestos conmigo. Y segundo, si de verdad quieres ser un caballero sé lo que puedes hacer-

-Soy todo oídos-

-Di a mis padres que no quieres la escudería-

-Eso es imposible- dijo Draco, sonando sinceramente apesadumbrado –Lo siento pero yo la necesito y ellos necesitan que alguien se quede con ella. El acuerdo es perfecto para ambas partes. Tú eres el único obstáculo.-

Harry arqueó una ceja.

-Pues si tú no te echas atrás y yo tampoco, sólo nos queda enfrentarnos-

Draco sonrío con picardía al tiempo que metía las manos en los bolsillos.

-Eso parece-

-Entonces no tenemos nada más que hablar-

-Te equivocas. Tenemos mucho de qué hablar-

-¿Por ejemplo?- Harry comenzó a caminar en dirección a su auto

-Somos viejos amigos. Hay muchas cosas que me gustaría saber de ti-

Draco lo había seguido pero al menos había tenido la cortesía de no hacer ningún comentario. Lo que no impedía que lo estuviera mirando con una sonrisa de oreja a oreja.

-Vamos a tomar café- dijo resignado –Necesito un poco de cafeína-

Caminó a grandes pasos pero Draco, con sus largas piernas, se mantuvo a su altura sin dificultad.

-¿Estás decidido a hacerlo, Harry?-

-Sí. Siento desilusionarte pero pienso seguir adelante-dijo –Y sí, tengo miedo, no me da vergüenza admitirlo. Pero eso es lo de menos-

-Está bien-

-El temor no es más que un sentimiento y soy capaz de controlarlo- continuó –He hecho unas cuantas cosas peligrosas en mi vida. En eso consiste el valor: en hacer las cosas a pesar de que te den miedo-

-¿Pero por qué quieres someterte a esta tortura? Reconoce que ni siquiera sientes especial interés por La orden del fénix-

-No estoy dispuesto a que te quedes con el negocio de mi familia-

-No me lo quedo, lo compro- lo corrigió Draco

-Ése es un detalle insignificante- dijo Harry, a la vez que empujaba la puerta del café

-Voy a pagar una buena suma por él- añadió Draco, dándole un golpecito en el hombro que lo hizo vibrar por dentro –No me gusta que insinúes que quiero aprovecharme de tus padres, por que no es cierto-

-Está bien- admitió él a regañadientes mientras buscaba una mesa libre. Draco tenía razón. La culpa de todo la tenían sus padres. Draco no estaba siendo ni deshonesto ni manipulador. Eran ellos quienes no confiaban en él para dirigir la escudería, quienes preferían a Draco.

Y de nada de eso tenía él la culpa. Pero era más fácil estar enfadado con él que con ellos.

Ocuparon una mesa junto a la ventana. Harry asió la taza con amabas manos, adoraba el café.

Alzó la vista y vio que Draco lo miraba fijamente. La temperatura de su cuerpo se elevó instantáneamente y de pronto recordó un atardecer de primavera, el olor de los arbustos en flor, una brisa suave…Y la sorprendente sensación de tener la cara de Draco entre sus manos al tiempo que se ponía de puntillas para apretarse contra él y besarlo.

Deslizó la mirada a sus labios. El café ya no le resultó tan tentador. Quizás había cosas mejores.

Vio moverse los labios de Draco en cámara lenta.

-Sé sincero conmigo, Harry. ¿De verdad quieres la escudería?-

Harry pestañeó confuso. Por unos instantes no comprendió de qué le estaba hablando. De pronto volvió a la realidad y se juró no volver a fijarse en los labios de Draco.

-¡Claro que sí!-

-¿Por qué?-

-Porque es la obra de mi abuelo y de mis padres. Forma parte de la historia de mi familia y no quiero que salga de ella.

Draco tamborileó los dedos sobre la mesa sin apartar la mirada de él. Recordando la conversación con su socio luego de la cena de cumpleaños de Harry.

*****Flash Back*****

Draco condujo contrariado hacia la oficina que compartía con su socio. Cuanto más pensaba, más absurda le parecía la reacción de Harry. Pero estaba acostumbrado a que las cosas siempre se complicaran.

Tenía las mejor intenciones. Pansy lo necesitaba. Hasta tal ves por fin encaminaban la relación al altar…tal vez. Y por eso había vuelto a casa. Además del hecho que estaba harto de depender de su padre, quería independencia, bueno para ser exactos independencia económica. Le gustaba el lujo, pero no el hecho de tener que usarlo con el consentimiento de su padre. Lo quería, pero en cuestión de negocios…era otro el cuento.

La oferta de los Potter había sido una bendición y la perfecta solución para ambas partes. En ningún momento se había planteado que su "amigo de infancia" vetara la operación.

La oficina que su socio y él habían alquilado temporalmente estaba llena de cosas. Blaise seguía trabajando. Tenía dos pantallas de ordenador encendidas y material informático repartido por todas las superficies. Estaba diseñando un programa interactivo para el diseño de motores y aerodinámica.

-Tenemos problemas- dijo Draco, retirando unos restos de ordenador del sofá para poder sentarse.

-¿Qué sucede?- preguntó Blaise , sin apartar la mirada del ordenador.

-El hijo de La orden de fénix quiere quedarse con la escudería-

-¿Harry?- Blaise lo miró

Draco frunció el ceño.

-¿Cómo sabes que se llama Harry?-

Blaise se encogió de hombros.

-He supuesto que se trataba del chico moreno y ojos verdes al que considerabas como un hermano hasta el día que intentó seducirte antes de tu primer viaje-

Draco lo miró con el ceño fruncido.

-No deberías recordar cosas que te cuento cuando he bebido. Sí, es Harry. El que odia las carreras-

-¿Y por qué quiere La orden del fénix?-

-No quiere que salga de la familia- dijo Draco, encogiéndose de hombros –O mejor dicho: no quiere que yo me quede con la escudería-

-¡El infierno no es nada comparado con una mujer humillada!-

Draco gruño.

-Por favor, no cites a Shakespeare- dijo, al tiempo que trataba en vano de ignorar el recuerdo de sus labios pegados a los de Harry. No había sido más que un leve roce, pero por alguna extraña razón su cerebro había decidido guardar aquel recuerdo para siempre –Además, Harry es un él, no es mujer, por qué citas eso-

-Te lo voy a explicar en una analogía: A las mujeres le gustan los hombres. A Harry le gustan los hombres. Entonces Harry es una mujer-

Que decir ante el intelecto de su mejor amigo, Blaise Zabini. Al igual que con Pansy, Draco conoció a Blaise en la universidad. El chico era todo un don Juan, con esa piel morena y esos ojos que hechizaba. Le gustaba estar siempre en ligue con alguien, no había semana en la que Blaise no tuviera escudería, cosa que a Draco le sonaba un tanto promiscuo. Tal vez el que su moreno amigo fuera así se debía a la Señora Zabini, madre de Blaise , quien se había casado sabrá dios cuantas veces, siempre con hombres ricos quienes al poco de un tiempo morían…muy sospechoso. Pero eso era un tema que Draco trataba de ignorar, la señora Jordan era muy buena con él así que mientras no fuera él el marido de la mujer todo estaba bien.

Blaise buscaba independencia, y que mejor que comenzar esa aventura con Draco. Estaba cansado de ser el nene de su mamá, ahora era el momento de demostrar que podía ser bueno en otra cosa, aparte de conquistar. No por nada era un profesional en administración y sistemas automotrices.

Draco dejo de pensar en el intelecto de Blaise y sonrió extrañamente.

-Yo no lo humillé. Solo era un niño-

-¿Y qué piensas hacer para que tú Harry no nos cause problemas?-

-No es mi Harry. Y no creo que llegue a ser un serio problema-

Blaise se relajó.

-Entonces no tenemos de qué preocuparnos-

-No estoy tan seguro-

Blaise emitió un gruñido de frustración.

-¿Te importaría aclararte en lugar de darme información contradictoria?-

-Harry ha prometido demostrar que puede ser parte del teen y así quedarse con la escudería-

Blaise lo miró horrorizado.

-¿Y si lo consigue?-

Draco se apoyó en el respaldo y cerró los ojos.

-Sus padres están convencidos de que no lo conseguirá-

Blaise dejó escapar una risita y volvió la atención a la pantalla.

-Antes de abandonar la casa de los Potter, James me aseguro que lo que le sucedía a Harry era un simple caprichito…no lo toman en serio…ni siquiera su padrino que lo quiere tanto. Quieren que lo intente, y que fracase horrendamente haciéndolo…vamos cree que los monoplazas se usan en los rally-

-Entonces no hay problema-

-Supongo que no- masculló Draco. Blaise tenía razón. Se harían con La orden del fénix. Pero no le parecía bien que los Potter engañaran a Harry, y menos aún haberse convertido en su cómplice junto con su tío, quien más que nadie tenía la culpa por ser un alcahuete.

¿Y si Harry tenía éxito?

Miró por la ventana con cara de preocupación. Aunque pasara la prueba, sus padres no le darían la escudería. Hiciera lo que hiciera, acabaría sufriendo. Incluso si sus padres accedían a entregarle La orden del fénix, estaría atrapado en un trabajo que en el fondo le espantaba.

Tal vez los Potter tenían razón. La única manera de que las cosas salieran como de deberían sin crear más conflictos era dejar que Harry lo intentara…y fracasara, que él mismo se diera cuenta de que no estaba hecho para liderar la escudería.

Frunció el ceño una vez más. Pero ¿y si no llegaba a esa conclusión? ¿Y si acababa arruinando los planes de todos por pura cabezonería?

"¿Cómo se llama su mejor piloto?", había preguntado hacía unas horas.

Draco rió entre dientes y Blaise lo miró con curiosidad.

Acababa de pensar en el candidato perfecto.

Si Harry quería ser un experto en automovilismo deportivo, él lo ayudaría.

*****Fin del Flash Back*****

-Harry, hace años que no formas parte de la escudería. Ahora tienes una vida propia- se inclinó hacia delante

-No vas a conseguir convencerme. Todo es cuestión de organizarse. También ahora trabajo en la biblioteca-

-Llevar una escudería es muy distinto a tener un trabajo de nueve a siete, Harry. La escudería no solo se basa en los autos y las competiciones, también entra el trabajo tecnológico, los patrocinadores y las empresas socias.-

Harry suspiró.

-Draco…-

-No es verdad que quieras quedarte con el negocio-

-No he dicho que…-

-Lo haces por obligación. Piensas que es tu deber aunque ni a ti te interese ni a tus padres les importe que deje de pertenecer a la familia. Lo que no comprendo es por qué te afecta tanto-

-No tengo por qué darte explicaciones. No tengo nada personal contra ti, Draco. Es cuestión de negocios-

El rubio lanzó una carcajada que lo hizo estremecer. Bebió el resto del café de un trago. No comprendía por qué Draco seguía teniendo aquel efecto sobre él. Después de todo, lo suyo no había sido más que un enamoramiento de infancia. Pero por si acaso, debía evitar estar cerca de él. Tenía que volver a casa y dejar de imaginar cuánto le gustaría alargar una mano y acariciarle la cara, que él se girara para besarle la palma…Había llegado la hora de recobrar serenidad.

-Ha sido muy agradable verte pero tengo que irme- dijo bruscamente

-¿Ya? ¿Qué prisa tienes? Pero si acabamos de llegar. Todavía tenemos mucho que hablar-

Draco le había sujetado la muñeca. Su dedo pulgar le rozaba la parte interior y Harry rezó para que no notara su pulso acelerado. Las piernas le temblaron.

Tiró del brazo para que le soltara y miró la hora en el reloj como si tuviera algo importante que hacer.

-No puede ser. Tengo que ver mi novela-

La novela…nunca había podido permanecer despierto por un capítulo entero. Sumando el hecho de que la "novela" la veía Seamus.

-¿novela?-

-Sí. Aparte tengo que cuidar de mi dos gatos, Ron y Seamus- que imaginación la suya –Vivo una vida apacible y aburrida con dos gatos, y me encanta ¿Te molesta?-

Draco esbozó una sonrisa.

-En absoluto-

-Me alegro-

-¿Y tienes que ser ahora mismo?-

-Sí, es decir no van a retrasar "María no te enojes"- no valía la pena buscar una explicación que sólo complicaría las cosas aún más. Además no tenía por qué contar más de lo imprescindible. Debería darle lo mismo lo que pensara. Punto.

Pero Draco abrió la boca y él, sin pensárselo, se adelantó:

-Además no baño a Ron desde hace un mes-

Harry podía oír la carcajada de sus amigos cuando se lo contara. O en el peor de los casos recibir las quejas de Ron por compararlo con un animal.

-Comprendo- dijo Draco, con un brillo en los ojos que indicaba que sabía que mentía. Se puso en pie –Muy bien. Acabaremos esta conversación en tu casa-

"¿En tu casa?"

-Ya hemos dicho todo lo que teníamos que decir- dijo Harry con firmeza –Tú quieres quedarte con la escudería y yo no lo voy a consentirlo. ¿De qué más tenemos que hablar?-

Draco lo tomó del brazo y fue hacia la puerta.

-Lo primero es lo primero. Tenemos que bañar a tu gato y ver tu novela-

La situación empeoraba.

-Tengo compañeros de piso- No quería llevar a Draco a su casa. Seamus era un romántico incurable y nunca se podía predecir cómo podía reaccionar…además que no tenía gatos.

-¿Y…?-

Después de lode la novela no era capaz de pensar en una excusa que pudiera resultar mínimamente convincente.

Draco se detuvo ante un coche envidiable. Un Mercedes Benz descapotable último modelo. Abrió la puerta y le indicó que entrara. Al ver que no lo hacía, preguntó.

-¿Qué pasa?-

Harry señalo hacia atrás.

-Tengo mi auto-

-Creí que tenías que ir a tu casa a toda velocidad para ver "María no te enojes"-

Harry asintió. No tenía escapatoria.

-Entonces será mejor que vayamos en el mío- concluyo Draco

-Pero…- aparte que le daba flojera regresar por su auto

-¿Tus compañeros de piso?-

-Sí-

Draco se cruzó de brazos. Una sonrisa burlona bailaba en sus labios.

-¿Qué les pasa? ¿No les gustan los hombres lindos?-

Harry se sintió ofendido. Le estaba echando en cara sus inclinaciones sexuales. Y por qué pensaba que un chico gay solo podía compartir piso con otros chicos gay's.

-Tu último comentario me ofendió Draco…no me gusta que me molestes con esos temas-

Draco borro su sonrisa. Tal vez se había pasado un poquito.

-Lo siento- parecía más una burla que una disculpa

Harry se dio por vencido y se metió en el coche. Draco se agachó para mirarlo por la ventanilla. A aquella distancia, sus ojos parecían plateados.

-¿Harry?-

-¿Sí?-

-Prometo portarme bien- dijo Draco, guiñándole un ojo.

La puerta se cerró y Harry lo observó mientras rodeaba el auto para ponerse tras el volante. Claro que se portaría bien. Y él también. Aun que no podía prometer que sus pensamientos lo obedecieran.

La cuestión era ¿qué tal se comportarían sus "gatos"?

Nev aun no llegaba de la biblioteca. Ron ni Seamus estaban en la sala, tal vez estaban metidos en alguno de los cuartos.

-¿Qué es eso tan importante de lo que quieres hablar?-

Draco estaba recorriendo el apartamento con la mirada. Estaba relativamente en orden, excepto por una mesa en la que se amontonaba el material de dibujo.

-No esperaba visita- dijo él a modo de excusa –Tengo un carrito en el que lo meto todo cuando viene alguien. Mis compañeros también son artistas-

-Algunas cosas no cambian nunca- dijo Draco pensativo

-Desde luego. Vale. Siéntate. Empuja los cojines-

-Y tus gatos- pregunto Draco, sabiendo que lo pondría en apuros

-Ellos…-

-Deja yo los llamo… ¡Ron! ¡Seamus!-

Harry se sorprendió al ver la memoria del rubio. Y también sintió pánico. Quería que la tierra se lo tragara.

-¿Son dóciles?-

-¿Eh?-

-Tus gatos-

-Pues…-

Y lo peor que Harry se hubiera podido imaginar sucedió.

Tras la puerta de la cocina salio Seamus con unas orejas y cola de gato.

-Miau Harry, bienvenido-

Harry no sabía si reírse o llorar. Era como estar en la dimensión desconocida. Volteo a ver la reacción de Draco. El rubio se tapaba la boca en un vano intento de contener las carcajadas.

-Draco, él es…-

-Yo soy Seamus el gato de Harry- el chico se presento solo –Me gusta que chicos lindos como tu me soben mi cabecita-

-¡Seamus!- lo llamo alarmado Harry

De repente como caído del cielo o mejor dicho salido del infierno salio un Ron Weasley en calzoncillos.

-¡Seamus! ¿Dónde está mi ropa?-

Era ciego o se hacia. ¿Qué no se había dado cuenta que había gente en la sala? Visitas, no deseadas, pero visitas.

-¡Ron!- lo saludo el chico-gato

-¿Harry?- pregunto sorprendido ya que se supone el chico sale del trabajo a las siete, para luego percatarse en la presencia del rubio -¡¿Malfoy?!-

-Veo que sabes quien soy- expreso vanidoso el rubio

-Harry no deja de hablar de ti-

-Cállate Seamus-

A Harry le iba a dar un paro.

-Así que estos son tus gatos Harry…me los había imaginado más pequeños y peludos- expresó el rubio mientras miraba burlonamente al moreno.

-¿Qué es eso tan urgente de lo que tenemos que hablar?- un cambio radical de tema

Draco lo ignoro completamente, para centrar su atención en los "gatos".

Ante la mirada algo "extraña" del rubio, Ron se acordó que estaba semidesnudo frente al chico por lo que salio como bólido hacia una de las habitaciones.

-¿Draco? Te estoy hablando-

-Creo que deberías darle de comer a tu gato Seamus- le sugirió el rubio, mientras miraba ya un poco asustado al chico-gato que jugaba con su cola

-¡Grggg!- gruño Harry –Es un gato grande, sabe cuidarse solo…Seamus a la cocina-

-Pero…-

-¡Ahora!- grito Harry, siendo obedecido de inmediato.

Qué estaría pensando Draco. Había quedado como Harry-el-chico-gay-que-vive-con-raros-Potter y agreguemos punto seguido COBARDE.

-Veo que tu vida es muy "peculiar"-

-Draco…- suspiro – ¿Sabes? No tengo que darte explicación alguna de mi vida…solo…solo dime qué es eso tan urgente-

-De tu entrenamiento-

-¿Qué pasa con mi entrenamiento?-

-Empezamos mañana-

"¿Empezamos?" Un escalofrío le recorrió la espalda.

-¿Perdón?-

Draco sonrió.

-Tu instructor…-

No, no, no. Harry no quería oírlo.

-¡No!- exclamó en voz alta.

Draco siguió sonriendo.

-Precisamente. Soy yo-

TBC