Nota del Autor: Como resultado de las amables peticiones de continuar esta historia, el siguiente encarte se hizo para ofrecerle al lector ese tipo de 'continuación'. Aunque "Uteki" ("01 Gotas de Lluvia") se mantiene por si sola, "Densetsu Majikku Naito" ("02 Legendarias Guerreras Mágicas") es hasta ahora el resultado de lo que "Uteki" inspiró. Sin embargo ahí se habla de las tres Guerreras Mágicas por igual y no se concentra sólo en una. Para aquel osado lector que quiera sumergirse en una muy larga lectura la historia está a su disposición dentro de este sitio. Para aquellos que buscan algo más breve, aquí se presenta una 'instancia' de esa historia que intencionalmente la conecta con "Uteki". ¡Gracias por su interés!
Fuente: Anime
Rômaji - Español: Densetsu Majikku Naito - Legendarias Guerreras Mágicas
Rômaji - Español: Saikai - Reencuentros
DENSETSU MAJIKKU NAITO
CAPÍTULO 03
Saikai
(segmento de la última escena)
Ôtozamu, año 11723.
Llovía… le gustaba ver llover. En Sefîro él podía provocar esos sucesos y lo hacía al menos una vez cuando se encontraba ahí, pero Ôtozamu no era un planeta en donde la voluntad regia por lo tanto se deleitaba internamente cada vez que por causas naturales este clima se presentaba ahí. A diferencia de la mayoría de la población de Ôtozamu él disfrutaba este fenómeno porque le recordaban viejos tiempos, tiempos difíciles sí, pero en los que estuvo cuerpo a cuerpo con ella. Fue justamente bajo la lluvia cuando esa jovencita le había anotado una daga a su inalterable comportamiento. Después de abandonar Sefîro a Rantisu nada parecía conmoverlo lo suficiente al grado de expresarlo con gestos, pero esa vez, esa vez había sido diferente…
"¿Rantisu… No te sentías muy solo viajando así?" Había sido la interrogante de la chica. Lo había preguntado con tanta nostalgia en la voz que al joven le fue imposible reprimir un susurro de desarreglo y voltear a verla reflexivamente. La luz que irradiaba aquel rostro lo mantuvo preso varios segundos, los ojos de la guerrera reflejaban un sentimiento de interna compasión. Un día anterior esos mismos ojos le habían mostrado arrepentimiento, dolor, culpa, tristeza… y días después mostraron determinación, decisión, fuerza, compromiso. La última vez que los observó había sido de sorpresa, inocencia, ternura… amor. Definitivamente los ojos de su pequeña Hikaru eran dos escarlatas que filtraban los sentimientos y exponían el interior de la chica.
"…muy solo" Sí, la descripción había sido la correcta. Eso sentía el alto peli-negro desde que abandonó a Zagâto. ¿Cómo fue que una adolecente de tan sólo catorce años místicos había logrado leer tanto su interior? ¡Apenas se conocían! Al Mahôkenshi de Sefîro le habían llamado de todo en su pasado y a su regreso:
"Retraído, inexpresivo, impasible, insensible, serio, indiferente, aburrido, amargado, traicionero, raro" pero…
Pero nadie se había detenido a pensar antes de juzgarlo que si en la mayoría de las estancias él actuaba tan hermético era precisamente por lo que Hikaru si había sido capaz de comprender: Mucha Soledad. Y hasta ahora nadie lo había descifrado como ella. Ese momento fue la primera estocada directa a su inexorable corazón y el comienzo de una colación de emociones que poco a poco fueron invadiendo de calidez sus sentidos hasta quedar acorralado y admitir que el sentimiento del amor hacia esa joven era inevitable.
Este tipo de meditación hacía que las ganas de volver a Sefîro para visitar el cuarto del Símbolo del Pilar aumentaran. Cuando se encontraba en su natal planeta Mahôkenshi Rantisu utilizaba de llave su espada para observar la que en esa habitación descansaba, esa arma había sido el último objeto que había sostenido su pequeña y con la que había decretado una nueva era para su planeta, ya que él no la pudo tocar antes de que se fuera. Pero sus deseos tendrían que esperar, la conclusión de su misión apenas comenzaba.
- Es increíble la manera que luce Ôtozamu ahora, no tenemos palabras para agradecerles todo lo que han hecho por nosotros - escuchó decir a Jeo sacándolo de sus pensamientos mientras se acercaba a la ventana del edificio en donde el espadachín se encontraba contemplando la lluvia. Una de las manos del capitán de la NSX se dirigió a su hombro.
- No tienen nada que agradecer Jeo, esto se lo deben a Îguru y a la Guerrera del Fuego - contestó Rantisu y acto seguido se inclinó con precisión para sujetar a Mokona y sostenerla entre sus brazos. El animalito lo había estado acompañando a todos sus viajes a Ôtozamu. Dôshi Kurefu se había sorprendido de la dependencia que Mokona había desarrollado por el Espadachín Mágico y decidió que Rantisu no podía recibir mejor asistencia en su misión que la de la criatura, y así había sido.
- ¡Ya todo está listo para la recepción de la gente de los otros planetas!... - notificó Zazu mientras se acercaba corriendo a ellos - …Fâren y Chizêta han confirmado su presencia, en unos cuantos días esto estará lleno de extranjeros.
Zazu ya era todo un hombre aunque desgraciadamente para él su tamaño no había tenido aumentos excesivos, todavía era el elemento más bajito de la tripulación NSX.
Ôtozamu se preparaba para el evento que concluiría la asistencia recibida por parte de los tres planetas vecinos, especialmente de Sefîro. Esa era la manera en la que planeaban agradecerles toda su ayuda y reafirmar su unión. Rantisu y Mokona por fin podrían dejar de viajar de un planeta a otro constantemente. Por una parte el Espadachín Mágico se sentía feliz por lo que el evento significaba: el deseo de Hikaru estaba realizado, su mejor amigo por fin podría descansar en paz y el compromiso de su maestro había sido ejecutado.
Sin embargo, el otro lado le inquietaba un tanto. La tarea de renovar a Ôtozamu lo había mantenido ocupado durante años debido a las deplorables condiciones que presentaba el planeta cuando Sefîro intervino. En sus cortas estancias en Sefîro su presencia era requerida como miembro del consejo personal del rey, luego sus conocimientos eran solicitados en la escuela de capacitación y el poco tiempo que le quedaba lo utilizaba para su investigación. Esa parte era la que le inquietaba… el Mahôkenshi Sefîrano se vería de repente con una gran cantidad de horas disponibles.
¿Y no era eso lo que había querido para concentrarse más en aquella búsqueda? Pues sí, pero hasta lo que ahora llevaba en dicha indagación lejos de darle ánimos lo desmotivaba más, estaba llegando a un punto en donde ya ningún camino parecía abrirse, especialmente después de lo acontecido la última vez en los templos de los Dioses Guardianes…
¿Tendría que admitir definitivamente no estar junto a ella nunca más? ¿Resignarse a estar a su lado sólo después de haber fallecido? Esa opción había sido la misma que rechazó cuando Îguru se negó a seguir sus órdenes de atacar a Regaria con él adentro. ¿Por qué en la muerte? ¿Por qué únicamente en la muerte? Hikaru había solucionado su esclavitud, evitado una desgracia que prometía ser equivalente a la de su antecesora y su hermano y asegurado la tranquilidad de futuras generaciones pero… ninguno de los dos había contado con el apresurado reclamo que el planeta natal de la chica hiciera de ella. ¡Definitivamente él no lo consideró! De lo contrario hubiera buscado otra opción… ¿Cual opción? ¿La misma que Zagâto? No, esa no… tenía que encontrar la manera de verla antes de que cualquiera de los dos alcanzara su último destino. Sabía que la favorecida de Reiâsu seguía con vida porque su imagen aun no aparecía en el árbol del…
- ¿Y cómo van las cosas contigo y Tatora? - Jeo Metoro una vez más lo sacaba bruscamente de sus divagaciones con una breve palmada en su espalda, al parecer el tema del evento próximo había mantenido a los otros dos sujetos ocupados entre sí sin que se dieran cuenta de que él había entretenido su mente en alguien más que en la Princesa Chizêtana por la que ahora le preguntaban.
