A la mañana siguiente Éponine se despertó con un mal sabor de boca, y hablamos literalmente ya que la sangre que había salido de su labio se había secado y el sabor era muy desagradable, la chica vio su almohada y se dio cuenta de que tenía que lavarla, rápidamente salió de su cuarto y se percató de que sus padres ya se habían ido a "trabajar", se dio un baño con la poca agua que tenían y aparto un poca para lavar sus cosas; cuando hubo terminado Éponine regresó a su habitación con el ánimo por los suelos, se sentó en la orilla de la cama pensando como era de costumbre en el infierno que la rodeaba, estaba tan concentrada en sus pensamientos apretando los dientes con rabia que se sobresaltó al escuchar un pequeño golpe en la ventana, caminó para asomarse y encontrarse con la sonrisa que le robaba el aliento; cada vez que Marius le sonreía de esa manera tan inocente como un niño que se acababa de salir con la suya le encantaba a Éponine, el joven le hizo una ademán para que ella bajara y salieran juntos, la chica sólo asintió y rápidamente se fue al pequeño espejo que tenía colgado en su pared, su estado de ánimo cambió muy repentinamente mostrando una gran sonrisa en su rostro que se apagó casi al instante al ver que el pequeño encuentro que tuvo con su padre la noche anterior le había dejado un moretón en la cara; si Éponine sabía algo que le ponía los nervios de punta a Marius era que le viera los golpes que su padre le provocaba, trató de buscar algo con que cubrirlo pero su búsqueda fue inútil ya que no había nada en su cuarto que le sirviera, era mucha suerte que contara con lo necesario como la cama, un espejo y un espacio para poner lo que tenía de ropa, resignada al saber que tendría que escuchar los regaños de Marius, la chica salió de su cuarto y caminó por el pasillo pero antes que nada, se acercó al cuarto de Gavroche y abrió la puerta suavemente para encontrar al pequeño cuerpo de su hermano descansando aún en los brazos de Morfeo, se acercó a él y poniéndose en cuclillas acarició su frente depositando un beso en ella que por consiguiente despertó al niño que al verla la saludó con una sonrisa.

-Bonjour hermana-saludó el pequeño tallándose los ojos.

-Hola mi pequeño-respondió la chica con un tierna sonrisa-'Vroche voy a salir, si mis padres regresan antes, que lo dudo mucho, les dices que salí a conseguir dinero como siempre ¿si?

-¿Saldrás con Marius?-Gavroche conocía perfectamente bien a su hermana y sabía que cuando salía de la casa a hurtadillas era para encontrarse con su amigo; la chica solo asintió.

-Asi es, por eso necesito que me hagas ese favor, ¿lo harás?

-Por ti, hago lo que sea hermana, cuenta conmigo-ambos sonrieron y se abrazaron, el niño le dio un beso en la mejilla a Éponine que ésta le devolvió con mucho cariño.

-Nos vemos luego-la chica se reincorporó y salió del cuarto, bajó las escaleras acomodándose el cabello de tal forma que el golpe en su cara no se notara, cuando abrió la puerta su corazón empezó a latir muy fuerte como cada vez que se encontraba con Marius; él estaba de espaldas y cuando la vio sonrió.

-Bonjour Monsieur- saludó la chica

-Bonjour Mademoiselle-respondió el joven dándole un beso en la mano, Éponine sintió que se ponía de mil colores, Marius sonrió y levantó su mirada que de pronto se volvió fría y seria, fue cuando Éponine supo que se había dado cuenta de sus golpes, Marius le apartó el mechón de cabello para encontrarse con lo que más despreciaba en el mundo.

-¿Quién te hizo esto?-preguntó seriamente acariciando suavemente su mejilla con temor a lastimarla. Éponine solo bajó la mirada dándole a Marius inmediatamente la respuesta.

-'Ponine, no puedes dejar que tu padre te siga haciendo esto, te he dicho miles de veces que acudas a la policía, sabes que contarás con mi apoyo.

-Lo sé-respondió con la voz entrecortada-¿Crees que no lo he pensado toda mi vida durante los últimos diez años? Pero no puedo hacerlo Monsieur, el ir con la policía implicaría que encarcelen a mi padre y probablemente a mi madre por dejarlo maltratarnos y por consiguiente, pueden alejar a mi hermano de mí llevándoselo a uno de esos refugios y yo no podría permitir eso.

Marius sólo se quedó en silencio, sabía perfectamente que su amiga tenía razón, todo lo que hiciera o dijera podría ser usado en su contra.

-Pero…-comentó el joven-…tú sabes que nosotros tenemos influencias, sabes que yo jamás te dejaría sola y mucho menos en la situación en la que te encuentras, digo esto porque te quiero y eres mi mejor amiga; tu más que nadie merece ser feliz.

"No puedo ser feliz-pensó ella-con la vida que tengo y sin ti a mi lado como quisiera, jamás seré feliz"

-Éponine…-prosiguió Marius- prométeme que si no irás con la policía al menos vas a impedir que tu padre te siga lastimando y créeme que si te vuelve a poner una mano encima, yo mismo lo pongo en su lugar.

La chica asintió en silencio y Marius la atrajo hacia él para envolverla en sus brazos, ahí es donde Éponine se sentía más segura que nunca, como deseaba compartir el resto de su vida con él, solo ellos dos sin tristeza ni soledad, pero ella sabía que esas cosas solo podían pasar en sus sueños y que Marius siempre la vería como una amiga. Cuando los dos se separaron, Marius depositó un beso en la frente de la chica y ella sólo cerró los ojos al sentir el contacto de sus labios con su piel, Marius se separó ofreciéndole su brazo para que lo tomara y empezaron a caminar juntos.

-¿A dónde nos dirigimos mademoiselle?-preguntó engrosando un poco la voz para que Éponine riera.

-Lejos-respondió ella, eso era lo que respondía cada vez que salían juntos son dirigirse a un punto exacto. Marius asintió y se dirigieron hacia los condominios de Marius, los cuales quedaban a diez minutos de la casa de Éponine, aunque la distancia era corta, realmente se notaba la diferencia de las clases sociales que habitaban ambas partes del pueblo. Éponine se sentía demasiado extraña al estar ahí y por estar vestida como estaba; Marius al notar su incomodidad apretó su mano en señal de que no iba a dejar que nadie le faltara el respeto, la chica sonrió y le devolvió el apretón.

-Ven, vamos a mi casa, así te sentirás menos incómoda-Éponine asintió y se dirigieron a la gran mansión en la que habitaban Marius, su abuelo y su ama de llaves la señora Beaumont. Cuando entraron, Éponine sintió que se encontraba en un palacio, eran pocas las veces en las que había entrado en aquella casa y siempre se ponía atónita al admirar su belleza; la razón por la que casi no iba a la casa de Marius era porque su abuelo nunca había estado de acuerdo de que su nieto tuviera amistad con una pequeña ladrona. La única que tenía su apoyo era la señora Beaumont.

-Tranquila-comentó Marius-mi abuelo no está se encuentra por ahora, está en un viaje en Inglaterra y la señora Beaumont supongo que ha de estar en el mercado, por favor siéntate y espera un segundo, te mostraré algo que te fascinará. – Marius salió de la sala y la chica se sentó en la orilla del fino sillón con temor a ensuciarlo o hacerle algo malo, mientras se encontraba sentada, admiraba cada rincón de la casa, se imaginó a si misma viviendo en ese lugar con Marius, teniendo una familia propia a lado de él lejos de su antiguo mundo pero de pronto sus pensamientos fueron interrumpidos por unos pasos que se acercaban. Marius entró con una sonrisa dándole la mano a Éponine divertido por la delicada forma en la que su amiga se había sentado en el sillón.

-El sillón no muerde ´Ponine, no te hará daño- comentó riendo, la chica le dio un pequeño golpe en el brazo en señal de castigo.

-Que simpático Monsieur- Éponine rió y Marius la dirigió hacia el jardín trasero pero antes se colocó detrás de ella y le cubrió los ojos.

-¿De qué se trata todo esto Marius?-preguntó Éponine sorprendida por la actitud de su amigo.

-Es una sorpresa, no te arrepentirás-respondió en susurró muy cerca de su oído, la chica solo sintió un inmenso cosquilleo al sentir a Marius tan cerca-Yo te guio- ambos jóvenes caminaron y se detuvieron hacia lo que Éponine supuso que era el centro del jardín.

-Muy bien-habló Marius- a la cuenta de tres te descubriré los ojos, ¿de acuerdo?

-De acuerdo

-Uno…dos…tres!-al momento en que le descubrieron los ojos, Éponine se quedó maravillada con lo que vio, el jardín, con todo y sus flores se encontraba preciosamente cuidado y arreglado, las pocas veces que lo había visto, el jardín no era más que un patio descuidado y sin color, pero ahora, todo era de un verde hermoso y el color de las flores hacía un hermoso contraste, incluso muy cerca de donde ellos estaban se encontraba una pequeña fuente. Éponine jamás había visto algo tan hermoso como eso.

-¿Te gusta?-preguntó Marius contemplando la mirada de su amiga.

-Está hermoso Monsieur-respondió con un suspiro- ¿lo arreglaste tu solo?

-Asi es, supe que te gustaría que este jardín estuviera arreglado, así que me empeñé en obedecer a tu deseo; así es como me gusta verte, como ahora: feliz y llena de luz como el jardín, no obscura y triste como se encontraba antes; prométeme que así te conservarás tanto a ti como al jardín.

-Haré lo mejor que pueda; lo prometo-respondió la chica con una gran sonrisa que Marius intercambió.

-Ven, veamos tu jardín-el joven tomó la mano de su amiga y caminaron de nuevo.

-¿Mi jardín?-preguntó confundida siguiendo a Marius a través de los rosales.

-Sí, esa es la otra parte de la sorpresa, te obsequio esto 'Ponine, a partir de hoy todo esto es tuyo ,puedes manejarlo a tu antojo y venir cuando quieras para verlo…sin importar lo que mi abuelo diga-concluyó al ver que su amiga iba a argumentar contra él.

-Muchas gracias Monsieur, no sé qué decirte, nadie me había hecho un regalo así antes, de verdad lo apreció mucho y prometo que lo cuidaré, tú también debes prometerme que lo cuidarás por si no puedo venir seguido.

-Tiene mi palabra de honor Mademoiselle-ambos sonrieron y después de caminar a través del bello lugar y admirar la hermosa vegetación regresaron al interior de la casa donde Marius arregló la mesa para que ambos desayunaran, la chica se sorprendió al ver todo lo que iba apareciendo en la mesa; había pan que seguramente estaba recién calentado, fruta, un poco de jugo y por último un delicioso omelette, uno para cada quien; eso era más de lo que la chica hubiera imaginado en toda su vida, realmente ese era uno de sus sueños que al fin se cumplía, tener un desayuno que la dejara satisfecha. Marius se sentó acompañando a su amiga y comer fue lo único que hicieron ya que Éponine no dejaba tiempo entre un bocado y otro, por un lado le daba pena comportarse de esa manera con Marius pero el hambre que tenía desde hace tiempo la obligaba a comportarse como un león cazando una presa; pero eso no impidió que se pusiera de mil colores al sentir la mirada de Marius sobre ella y lo peor del caso era que su amigo la miraba de una manera muy divertida. Y era de esperarse, ella comía como una salvaje y él como un fino caballero de la realeza.

-Lo lamento- dijo la chica al tragar el bocado que tenía en la boca- es solo que…

-No- la interrumpió Marius-no tienes por qué disculparte, si estuviera en tu situación haría lo mismo, es más…-se encorvó un poco y agarró su tenedor con mucha fuerza, Éponine sabía la dirección que esto estaba tomando-…hagamos esto juntos- y así empezó a comer tan rápido y de manera tan graciosa que Éponine soltó una gran carcajada.

-Basta, no hagas eso- lo regañó tratando de quitarle el tenedor- no tienes por qué hacerlo, mejor terminemos esto como personas civilizadas y así ninguno de los dos tendrá que verse mal, prometo que me controlaré ¿de acuerdo?

-De acuerdo, pero aun así no tienes por qué controlarte si no quieres, es normal que te sientas así y no te juzgo por ello- la chica lo miró a los ojos y le dio una sonrisa.

-Siempre un caballero Monsieur- Marius le devolvió la sonrisa y ambos terminaron su gran desayuno, después de que Éponine le ayudará a Marius a limpiar, salieron de la casa no sin antes revisar el correo, ahí fue cuando Marius vio que había una carta para él de parte de su amigo de su clase Enjolras, el joven la leyó en silencio y después la dejó en la mesa de centro con una mirada seria.

-¿Qué sucede Monsieur? ¿Qué hay de nuevo?-preguntó la chica al ver la actitud de su amigo.

-Era Enjolras, me escribió para pedirme que nos reunamos de nuevo en el café ABC esta tarde para seguir discutiendo nuestro asunto de la revolución y más ahora que el general Lamarque está gravemente enfermo…-soltó un suspiro y siguió-…al parecer no le queda más de una semana.

-¿Aún siguen con esa tonta idea de la revolución?-preguntó la chica pero ahora con un tono entre preocupado y enojado- Sé que lo hacen por una causa noble, tanto ustedes como los demás queremos libertad en este país, pero ¿se dan cuenta de que muchos de ustedes pueden morir en esto?- Eso ultimo lo dijo algo asustada, la idea de perder a Marius por culpa de una guerra la asustaba muchísimo.

-No debes preocuparte mi pequeña, pero debes saber que por culpa de este rey, nuestros puentes de libertad han sido destruidos y trataremos de reconstruirlos aunque debamos morir en el intento.

-Me encanta la forma en la que habla Monsieur-contestó esbozando una pequeña sonrisa pero aun así en su tono se notaba una pizca de preocupación.

-Y a mí la forma en que me regañas- Marius le dio un beso en la frente y se adelantó-vamos, debemos regresar. Viendo cómo se alejaba, Éponine susurró:

-Que poco sabes…que poco ves- a pesar de tener temor en perderlo, ella estaba dispuesta a defender sus opiniones y apoyarlo a toda costa; cuando vio que ya estaba un poco más alejado, Éponine corrió un poco para alcanzarlo y aferrarse a su brazo; poco a poco se iban adentrando más en el mercado, estaban caminando lento y en silencio cuando de pronto Éponine sintió que Marius no se movía, volteó a verlo preguntándose el por qué la actitud de su amigo y vio que estaba petrificado observando al otro lado de la calle, curiosa, la chica quiso saber la razón por la cual Marius se encontraba tan maravillado, inmediatamente volteó y lo que vio le partió el alma; había dos personas que estaban obsequiándole, de muy buena fe, dinero a la gente pobre que merodeaba por las calles, la primera persona era un hombre de mediana edad que por su vestimenta se notaba que era un hombre rico y junto a él una chica que se veía más o menos de la edad de Éponine, muy linda, de cabello rubio dorado y unos ojos tan azules como el cielo que también había volteado para que su mirada y la de Marius se encontraran por primera vez, Éponine se soltó del brazo de su amigo al ver la sonrisa que éste le dirigía a la chica. Estaba tan concentrado en la chica que ni siquiera notó la ausencia de su amiga cuando el padre de ésta, al ver que se encontraba cerca del local que usaban para atraer a las personas, la llamó para que se acercara.

-Éponine, ven aquí ahora mismo- la chica obedeció dejando a su amigo siguiendo a aquella chica con la mirada.

-Muy bien colegas-prosiguió su padre cuando Éponine ya estaba con ellos, todos sus secuaces eran hombres ya adultos y sucios como su jefe- ya saben qué hacer, Brujon, Babet entren al lugar con mi mujer y escóndanse y tu Montparnasse…-él era el más joven de todos y era al que Éponine mas detestaba por la manera en que la veía- …trae al caballero mientras Éponine se encarga de vigilar.- al decir esto, Thenardier señaló al hombre que Éponine vio hace unos instantes, aquel que se encontraba con esa chica rubia que llamó la atención de Marius; Montparnasse obedeció y lentamente se acercó al hombre.

-Bonjour Monsieur venga por aquí, ahí dentro hay un niño que no ha comido hoy ¿Podría ayudarlo por favor?

-Haré lo que sea necesario Monsieur- contestó Valjean, volteo a ver a la que era su hija apretando su mano en señal de que no se moviera de ahí y lo esperara, la chica asintió y mientras su padre se alejaba, retomó la tarea de cruzar miradas con el apuesto estudiante de leyes.

-Oh Monsieur que amable es usted, el Señor se lo recompensará- comentó Thenardier en un tono tan convincente que a Éponine le llenó de rabia; los tres hombres entraron a la tienda y la señora Thenardier se encontraba cubierta con un rebozo arrullando a lo que se suponía que era un bebé. Los hombres que se encontraban ocultos hacían ruidos que semejaban los llantos de un niño pequeño.

-En serio Monsieur ¿Cómo agradecerle?-siguió Thenardier contento a punto de lograr su objetivo- El tener hambre realmente es algo abominable ¿no es así querida?

-Asi es cariño, nosotros podemos aguantarla pero estas criaturas…-pero no terminó de decir su frase ya que se quedó admirando al hombre rico que tenía frente a ella-esperen un momento, conozco esa cara-acto seguido se levantó dejando caer la sandía que tenía cubierta con una frazada y el rebozo-¿no es el mundo algo realmente pequeño?

Thenardier tardó un poco pero al ver al hombre detenidamente al fin supo de quien se refería su esposa.

-Hombres como yo-comentó amenazadoramente- jamás olvidan, ¡usted fue el bastardo que se llevó a Colette!

-Su nombre es Cosette, idiota- comentó su esposa.

-¡Como sea que se llame! Usted fue quien se la llevó hace diez años, usted es Jean Valjean.-después de esto hiso una señal para que sus secuaces ocultos tomarán a Valjean de los brazos evitando que este de fuera.

-¿Pero qué es esto?-especuló Valjean-¿Está loco? No, Monsieur usted no sabe de lo que habla.

-Asi como me conoces yo te conozco, no te trates de engañarme, yo soy un convicto como tu.

-Y por eso debe pagar el precio Monsieur-la pareja Thenardier se iba se acercando poco a poco a Valjean cuando escucharon a su hija gritar.

-¡Es la policía, desaparezcan todos ahí viene Javert!

-¡Cosette!-gritó Valjean y aprovechando la distracción y preocupación de los hombres logró zafarse de ellos y corrió hacia donde estaba su hija tomándola de ambos brazos protegiéndola dándole la espalda a la policía.

-¿Ahora cuál es el incidente?-preguntó la voz potente del inspector Javert- Si hay algún testigo venga a hablar conmigo y me encargaré de que la justicia se haga; es increíble que las calles ya no sean seguras.

Valjean sintió un escalofrío al escuchar de nuevo la voz de Javert a sus espaldas; sentía que en cualquier momento podría oler su miedo y tomarlo preso en plena calle. Al ver a las personas que se encontraban en la escena del crimen frunció un poco el ceño y prosiguió:

-Pero miren que fina colección de haraganes tenemos aquí; conozco a este hombre y conozco su nombre y yo mismo me encargaré de que pague- le dijo mirando a Thenardier de arriba hacia abajo el cual estaba temblando de pies a cabeza; Éponine se dio cuenta de esto y sintió una pequeña pizca de satisfacción al ver a su padre tambalearse así por la presencia del inspector. Cuando Javert se dio vuelta para escuchar el testimonio de Valjean, éste y Cosette ya habían desaparecido. -¿Pero a donde ha ido el caballero y por qué huyó de esa manera?

-Verá inspector-habló Thenardier prácticamente tartamudeando- usted tiene un trabajo que hacer, es a ese hombre al que debe atrapar; él también es un convicto, tiene la marca en su muñeca. Además la chica que lo acompaña fue la niña que nos robaron hace mucho tiempo.

A Javert se le heló la sangre al escuchar esa declaración, varios recuerdos del pasado atravesaron su memoria una vez más.

¿Puede ser posible?-se preguntó a sí mismo en sus pensamientos- ¿Será posible que el destino nos haya encarado de nuevo? ¿Será ese Jean Valjean? Es lo más lógico ya que escapó al escuchar mi nombre, debo encontrarlo y hacer que pague su crimen.

-¿Inspector?-preguntó Thenardier algo inseguro y acercándose poco a poco a Javert- En ausencia de una víctima, ¿Será posible…que me vaya? Y….recuerde que cuando logre atraparlo, fui yo quien le confesó la verdad.

Javert se dio la vuelta tan rápido y tan serio que dejó a Thenardier contra la pared volviendo a temblar.

-Dejemos que el caballero siga huyendo-comentó en un susurro que espantó a Thenardier-siempre le pisaré los talones y no podrá huir…nunca más.- Dicho esto se alejó del hombre asustado y regresó son sus tropas no sin antes correr a los demás aldeanos.

-¡Muy bien señores todos a sus labores! El show ha terminado y no hay nada más que ver.- Se subió a su caballo y cabalgando tan majestuosamente se fue alejando del mercado. Thenardier regresó al local con su mujer empapado en sudor; era cierto que Javert conocía todos sus malos trabajos pero cada vez que se encontraban, realmente temía que no tuviera piedad y que de una vez por todas lo encarcelara. La única que se quedó a fuera fue Éponine, quien se había quedado petrificada al escuchar toda esa historia de la cual había sido testigo hace diez años.

-Cosette…-susurró- ahora lo recuerdo, fui muy mala con ella cuando éramos niñas, ahora ella es hermosa y rica y yo…sólo una rata callejera. ¿Cómo es posible que haya regresado después de tantos años?- la chica calló cuando vio que su amigo se acercaba con una sonrisa estúpida en su rostro. A Éponine le hervía la sangre al saber que la razón de esa sonrisa era Cosette, si cuando eran niñas le tenía envidia por su belleza, ahora se sentía peor.

-Éponine-comenzó Marius- ¿Quién era esa chica?

Éponine pensó al principio en darle la respuesta, pero decidió que haría sufrir un poco a Marius dejándolo con la duda.

-Sólo una burguesa que no vale nada-respondió en ese tono seco y duro que la caracterizaba.

-´Ponine, encuéntrala por mi ¿sí?- a Éponine le cayó como un balde de agua fría el favor que Marius le pedía; realmente el hacer favores era su fuerte pero esta vez quería ver fijamente a Marius y negarse a esa cruel tarea; así que en vez de dar una respuesta enseguida, prefirió retarlo.

-¿Y qué me daría a cambio Monsieur?-preguntó a punto de salirse de quicio; Marius ignoró su ánimo por completo y le respondió con una voz muy segura de sí mismo.

-Lo que sea, lo que tú prefieras-respondió felizmente al sentir que su amiga estaría dispuesta a encontrar a su amada; pero Éponine era astuta, tal vez era una chiquilla sin educación pero era difícil de persuadir cuando a ella le tocaba hacer una elección.

-Realmente estás muy exaltado, pero…sabrá dios lo que ves en ella, solo estás deleitado y…¡no!-exclamó deteniendo a su amigo al ver que éste estaba esculcando en sus bolsillos para sacar algunos francos- No quiero su dinero señor.- Sintiéndose ofendida por tal acción Éponine se dio la vuelta y empezó a avanzar hasta que la mano de Marius sostuvo su brazo deteniéndola.

-Éponine- dijo suavemente al ver lo que había hecho y el efecto que eso había puesto en su amiga-Por favor has esto por mí, descubre dónde vive pero se muy cuidadosa, no dejes que tu padre se entere…´Ponine…estoy perdido hasta que ella aparezca.- Éponine era muy fuerte y sin emociones ante muchas personas, pero Marius no estaba entre ellas, su corazón se ablandó al ver la tierna y desesperada mirada de su amigo que no tuvo más elección que acceder ante su petición.

-Eso es lo que no has entendido sobre mí-comentó la chica suavizando su tono-te sorprenderían todas las cosas que sé, cuenta conmigo- Marius sonrió de un modo que Éponine jamás había visto y se sintió tan mal y rota por dentro de que su pesadilla se había hecho realidad, Marius se había enamorado de alguien que no era ella; el joven le dio un beso en la mejilla y se fue sin decir una palabra más.

-Éponine…-dijo ella cuando Marius ya se había alejado lo suficiente-…sabe cómo arreglárselas…por si misma.- La joven se dio vuelta y comenzó su tarea de buscar a la hermosa chica rubia.