Habían pasado dos horas desde que Marius le encargó a Éponine que buscara a la chica que le había robado el aliento; el joven estudiante ahora se encontraba en el café ABC donde sus compañeros discutían sobre dónde y cuándo debían alzar sus barricadas para la revolución.

-Muy bien compañeros-comenzó a hablar Enjolras; aparte de Éponine, Enjolras era el mejor amigo de Marius, se conocieron en la universidad y a Marius le impactaba la seguridad, confianza y espíritu de lucha que su amigo tenía por dentro además de su capacidad para guiar y convencer a las personas- Como bien sabemos, el general Lamarque se está desvaneciendo y rápido, lo que nosotros necesitamos es una señal, algo que nos indique que el momento de atacar ha llegado pero debemos ser muy cuidadosos al poner en marcha nuestra estrategia , debemos llamar a más hombres y atraerlos a las líneas de batalla y Francia ¡Será libre al fin!- Los demás estudiantes estallaron en aplausos y gritos de victoria excepto Marius, que aún no se sacaba de la mente aquellos ojos azules.

-Marius despierta- dijo Joly mirando extrañamente a su compañero-¿Qué te sucede el día de hoy? Parece como si hubieras visto un fantasma.

-Toma un poco de vino y dinos que sucede-comentó Courfeyrac sirviendo un poco de vino en una copa y ofreciéndosela a Marius, la cual aceptó gustoso.

-¿Un fantasma dices? Tal vez así fue-dijo Marius con poco ánimo- ella realmente fue como un fantasma para mí, un minuto cerca y al otro ya se había ido.

-¡Oh por dios!- exclamó Grantaire- ahora sí que lo he visto todo, al fin, nuestro pequeño Marius se ha enamorado, jamás lo había visto suspirar y desesperarse tanto por una chica…¡JA¡-rio victoriosamente- tu mi amigo-dijo señalando a Enjolras- hablando de batallas y de pronto aparece Marius como Don Juan, esto es muchísimo mejor que una ópera ¿no creen?- Los demás rieron ante el comentario de su compañero haciendo que Marius perdiera el poco ánimo que le quedaba; varios sintieron la mirada seria de Enjolras y callaron al instante al ver que éste se acercaba a Marius poniéndose en cuclillas a lado de él.

-Este es el momento de decidir quiénes somos realmente-comentó en un tono lleno de seriedad y coraje-¿Estamos peleando por una libertad merecida o por una estúpida noche de ópera?-eso ultimo lo dijo dirigiéndose a Grantaire para que se ahorrara su comentarios, reincorporándose, Enjolras continuó hablando- ¿Se han preguntado cuál es el precio que probablemente paguemos? Los colores del mundo están cambiando día con día... ¡Rojo! como la sangre de los hombres enfurecidos… ¡Negro! La oscuridad de las eras pasadas… ¡Rojo! Un mundo apunto de renacer… ¡Negro! ¡La oscuridad que al fin se termina!- una vez más los estudiantes estallaron en aplausos por las palabras que había dicho Enjolras con tanta sabiduría, comprendieron que ese no era el momento preciso para hacer bromas y que era hora de ser unos hombre de verdad para defender sus derechos.

Enjolras se dio la vuelta seguido de Marius que lo detuvo poniéndose frente a él.

-Si hubieras estado en mi lugar, sabrías de lo que hablo, estar conmovido hasta los huesos por solo una pizca de alegría. Si hubieras estado ahí, también sabrías que el mundo puede ser cambiado con tan sólo un pequeño rayo de luz y que todo lo que era correcto parece malo y que todo lo que era malo parece correcto.

-¡Rojo!- gritó Grantaire

-Siento mi alma quemándose

-¡Negro!

-Asi es mi mundo si ella no está ahí

-¡Rojo!

-El color del deseo

-¡Negro!

-¡El color de la desesperación!

-Marius, ya basta -dijo Enjolras suave pero decididamente-tú ya no eres un niño; no dudo que tus intenciones y sentimientos sean buenos pero ahora tenemos una llamada más importante, ¿A quién le importa tu alma solitaria? Nosotros peleamos por una meta mayor, nuestras vidas son las que menos importan ahora ¿está claro?- Marius dudó un momento pero después solo asintió enérgicamente con la cabeza.

-Te pido…-continuó Enjolras-…que mantengas todo tu potencial en esto, además de mi amigo puedo decirte que eres uno de los mejores estudiantes que he visto y tu empeño realmente puede darnos la gloria, asi que…¿lo harás?

-Lo haré, lo prometo-respondió con determinación.

-Muy bien, Courfeyrac, revisa que todas las armas estén ordenadas y en buen estado, Combeferre ayúdalo, nuestro tiempo es oro…Grantaire…! Ya baja esa botella! Haz algo productivo como los demás, díganme ¿Tenemos todas las armas que necesitamos?

-Así es Enjolras-respondió Courfeyrac desde la pequeña bodega- Todo está listo y en buen estado, al parecer tenemos lo necesario para combatir a esos inútiles.

-Esa es una noticia excelente-exclamó Enjolras victorioso- ahora lo único que necesitamos es…

-¡Escuchen todos!-gritó Grantaire desde el pie de la escalera, Marius volteo y pudo distinguir que su compañero estaba parado junto a el pequeño hermano de Éponine, Gavroche.

-¿Qué sucede Gavroche?-preguntó Enjolras mirando fijamente al pequeño esperando a que éste hablara.

-El general Lamarque murió hace una horas- Todos se quedaron sorprendidos ante esta declaración, sabían que Lamarque estaba gravemente enfermo pero jamás pensaron que moriría tan repentinamente, la gente apostaba a que terminaría la semana con vida, pero al parecer no fue así.

-Lamarque murió-dijo Enjolras en voz baja moviéndose al centro de las mesas atrayendo la atención de sus colegas- El hombre del pueblo ha caído, su muerte era la señal que estábamos esperando compañeros-se detuvo un momento mirando a cada uno de sus colegas, soltó un suspiro y contunuó-la policía y sus tropas no tardarán mucho en atacar, tal vez no podamos estar presentes en el funeral de nuestro respetado general, pero les prometo, a él y a ustedes que honraremos su nombre en la batalla, debemos actuar rápido y como niños buscando caramelos, los enemigos vendrán rápidamente ¡hacia donde nosotros estemos!

Todos los presentes estuvieron de acuerdo y rápidamente todos se reunieron en la mesa de centro ubicándose alrededor de un mapa del pueblo para tener en sus manos una buena estrategia que los ayudara a salir victoriosos de la guerra, o al menos con vida, Marius estaba a punto de integrarse con sus demás compañeros cuando vio que su amiga se encontraba en la planta baja buscándolo con la mirada; Marius sintió una mezcla de alegría y nervio al saber que en ese momento Éponine le diría si había dado con el paradero de su amada, antes de bajar con ella se acercó a Enjolras tomándolo del hombro.

-¿Qué sucede?-preguntó Enjolras

-Tengo que irme temprano esta tarde pero mañana prometo que pasaré todo el día con ustedes, ésta es la primera y última vez que me retiro antes.- Marius vio la mirada de decepción de Enjolras y éste solo asintió dándole una palmada en el hombro.

-Te quiero aquí mañana a primera hora ¿entendiste?-Esta vez lo dijo en tono más amistoso pero aun así autoritario, Marius asintió con un ademán y una pequeña sonrisa y de inmediato bajó para encontrarse con su amiga.

-¿La encontraste?-preguntó en tono desesperado, Éponine, sintiéndose ofendida por no haber ni recibido un "hola" por parte de su amigo, solo lo miró seriamente asintiendo, se dio la vuelta comenzando a correr y Marius, como un niño pequeño, corrió tras ella; cuando llegaron a un callejón bajaron un poco el paso caminando más lento.

-'Ponine, al fin en mi vida he encontrado a alguien que me llena de una manera especial y… y jamás pensé que mi mundo se podría paralizar por alguien como ella, con solo una mirada y supe que es ella con la que debo estar el resto de mi vida…¿Alguna vez te has sentido así?

Sí, todos los días desde hace diez años-pensó Éponine- Si tan sólo supieras que cada palabra que dices es una daga en mi corazón.

-Realmente jamás lo he sentido, sabes que eso no es para mí-mintió conteniendo las lágrimas

-Algún día lo sentirás 'Ponine-comentó Marius sin salirse de ese aire soñador-y sé que cuando llegue ese día, ese hombre será muy afortunado de tenerte.

-Si…bueno…¿Qué puedo decirle Monsieur? Muchas gracias por pensar así sobre mí.-Marius sonrió ante esa respuesta y siguió caminando junto a su amiga la cuál seguía hundida en sus pensamientos.

En mi vida, jamás ha habido alguien como tú en ningún lugar que he visto, si me lo pidieras…con gusto sería tuya. Pero si te amo…debo dejar que sigas tu camino con alguien que jamás seré yo.

Después de unos pocos minutos más de camino, Éponine se detuvo al fin frente a una linda casa que se encontraba escondida entre las calles del pueblo.

-Muy bien, es aquí…acércate- Marius sin pensarlo dos veces se acercó mientras que Éponine se escondía atrás de un árbol que estaba a lado de la casa; la entrada empezaba con una gran reja negra que daba vista al hermoso jardín frontal, las luces seguían encendidas y eso fue un gran alivio para Marius, y como si hubiera sido una señal del cielo, la puerta se abrió dejando ver a Cosette, la chica había salido solo a dar un pequeño paseo en los matorrales a la luz de una luna que ya estaba haciendo su majestuosa entrada, tardó un momento pero cuando volteo hacia la reja, el corazón de ambos jóvenes se detuvo por un instante; por inercia, Cosette se fue acercando poco a poco a la reja y conforme lo hacía, la sonrisa de Marius crecía. Cuando por fin estuvieron frente a frente Marius se sintió más nervioso que nunca pero aun así comenzó a hablar.

-Mademoiselle, permítame decirle que usted es muy bella y…y que…oh por dios-comentó riendo y bajando la cabeza por la pena que sentía-estoy haciendo todo mal…dios mío que vergüenza, ni siquiera sé su nombre…bella Mademoiselle ¿podría decírmelo por favor?

-Por favor Monsieur no sientas miedo-comentó Cosette por primera vez, incluso el suave y dulce tono de su voz había que Éponine se sintiera cada vez más inferior a ella-No sientas pena.

-Mi nombre es Marius Pontmercy-dijo más relajado

-Y el mío es Cosette

-Cosette-repitió Marius con suavidad y alegría-no sé qué decir Mademoiselle, tienes un nombre muy bello.

-Muchas gracias, Marius-la forma en que repetía su nombre era lo más bello que él había visto y oído en toda su vida.

-Cosette, tal vez pienses que esto es inapropiado… pero debo confesarte que desde que te vi hace unas horas en el mercado sentí algo muy intenso aquí adentro-dijo llevando una mano hacia su pecho, donde se econtraba su corazón-jamás me había sentido así.

Mientras escuchaba, Éponine seguía luchando por no sacar las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos.

Él nunca fue mío como para perderlo-se dijo a si misma de una forma muy hiriente para su persona.

-Marius, yo sentí lo mismo, ya no me siento perdida ni vacía por dentro-respondió con cariño y poco a poco sus manos se fueron entrelazando a través de la reja.

-Oh Cosette prométeme que nunca te vas a ir de mi lado ahora que por fin tuve la dicha de encontrarte.

¿Por qué lamentar lo que nunca ocurrió? Esas son palabras que él nunca me dirá…no a mí ni para mí.

-Lo prometo-respondió Cosette mirando intensa y amorosamente a Marius- esta es una cadena que jamás romperemos.

-A partir de hora, hoy y todos los días de nuestras vidas.-dijo Marius besando la delicada mano de Cosette- Esto ya dejó ser un sueño lejano.

-Y por fin, después de vario tiempo, logró hacerse realidad…a pesar de todo.- Marius asintió delicadamente y acercándose poco a poco a Cosette aprovechando el poco espacio entre ellos, logró que sus labios se unieran en su primer beso; al ver esto, Éponine no pudo resistir más y cerrando fuertemente los ojos, dejó caer una lágrima en la cual se veía reflejada todo el dolor que estaba sintiendo en ese momento.

Cuando se separaron, Cosette y Marius se miraron fijamente sonriéndose el uno al otro hasta que escucharon el ruido de la puerta y Marius apenas y tuvo la oportunidad de esconderse antes de ser visto por el padre de Cosette.

-Cosette-la llamó Valjean-te pedí que te quedarás adentro, sabes que no puedes estar fuera de la casa a estas horas.

-Ya voy papá-respondió Cosette y dirigiéndole una mirada tierna a Marius, se dio la vuelta y entró sin decir ni una palabra más; Valjean poco confiado, se acercó a la reja para cerciorarse de que no hubiera nadie sospechoso, al ver que no encontraba nada, se dio por vencido y regresó al interior de la casa con su hija. Al escuchar la puerta que se cerraba, Marius salió de su escondite y volvió a acercarse a la reja para tomar un pañuelo de fina y dulce seda que su amada había dejado caer por accidente, lo tomó entre sus manos y lo acarició tiernamente, avanzando poco a poco se alejó de la casa con una gran sonrisa en los labios sin siquiera darle las gracias a su amiga, es más, ni siquiera se percató de que ella aún seguía ahí.

Viendo cómo se alejaba, Éponine por una lado agradeció que se olvidara de ella porque así no se daría cuenta de que estaba llorando, cuando estaba a punto de irse, la chica escuchó varios pasos acercándose y cuando escuchó la primera voz, sintió un frio inmenso.

-¿Quién anda ahí?-preguntó Thenardier seguido por sus secuaces.

-Es tu hija Éponine-respondió Brujon- ¿Qué acaso no reconoces a tu propia hija?

Thenardier se acercó a ella y la tomó del brazo- Éponine sal de aquí y regresa a casa, ya somos suficientes aquí sin ti.- Éponine no tardó en comprender que su padre y los demás estaban ahí para robar la casa de Cosette y su padre, tal vez se sentía deshecha por dentro pero si Marius amaba a Cosette, eso implicaba que ella también tenía que protegerla.

-Se lo que tramas padre- dijo mirándolo fijamente pero sin alzar la voz-pero créeme cuando te digo que conozco bien esta casa y te aseguro que no hay nada para ustedes, aquí solo viven el viejo y la chica viviendo vidas normales.

-No me interesa lo que pienses Éponine-respondió su padre con frialdad-aun así sacaremos ventaja de esto.

-Voy a gritar-advirtió la chica-les avisaré que están aquí, lo juro.

-Un grito mi querida niña y te prometo que lo lamentarás un año entero.- Sabiendo el precio que iba a pagar, Éponine gritó con todas sus fuerzas cuando su padre intentaba abrir el cerrojo de la reja. Las luces que ya estaban apagadas se encendieron de inmediato.

-Volviste a arruinar todo Éponine, te juro que lo lamentarás ¿Quieres gritar?- la chica no respondió, lo único que hizo fue escupirle con todas sus fuerzas directamente en la cara haciendo que la furia de su padre creciera más.- ¡Ahora si te haré gritar¡-y dicho esto le dio un gran golpe a su hija volviéndola a tirar, antes de que pasara algo más y los dueños de la casa salieran, los hombres corrieron a toda prisa y desaparecieron más rápidos que la luz mientras que Éponine se reincorporaba y se escondía bajo un puente que daba al otro lado del pueblo.

-Debe ser Javert-dijo Valjean desde el interior de la casa-Debe haber encontrado mi escondite y ahora querrá quitarme a Cosette, pero no lo permitiré, la seguridad de mi hija va primero-Rápidamente salió de su cuarto y se dirigió al de Cosette muy exaltado.

-Papá ¿Qué sucede?-preguntó la chica rubia muy preocupada al ver la reacción de su padre.

-Cosette, hija mía debemos irnos y rápido, por favor prepara tus cosas, nos iremos esta noche a nuestro apartamento en Calais y después tomaremos un barco de regreso a Londres.

-¿Qué? ¡No papá por favor…!

-¡Haz lo que te digo Cosette!-la interrumpió Valjean- Es hora de cerrar otra puerta e iniciar de nuevo, vístete y no digas más.-Sin decir más, Valjean abandonó la habitación dejando a una Cosette bastante consternada y confundida, sabía que no podía desobedecer la orden de su padre, así que lo primero que hizo fue ir a su mesa de noche, tomar un pedazo de pergamino, una pluma y una tinta y empezó a escribir una carta para Marius, aunque le doliera en lo más profundo de su alma tenía que despedirse de él; cuando terminó la carta, se vistió de nuevo y rápidamente salió hacia la reja y dejó la carta entre dos barrotes teniendo la esperanza de que Marius volviera y la encontrara ahí; la chica regresó a su casa y minutos después un carruaje apareció frente a la casa y Valjean junto con Cosette lo abordaron dejando atrás el que había sido su hogar, una vez más.

Cuando el carruaje por fin desapareció; Éponine salió de su escondite y se acercó a la reja y tomó la carta que Cosette había dejado ahí; en el sobre, con una delicada y hermosa letra venía escrito el nombre de Marius, la chica abrió el sobre y comenzó a leer la nota que venía dentro de él:

Querido Marius

El haberte conocido el día de hoy realmente fue lo más hermoso que me pasó en mi vida, a pesar de tener el cariño incondicional de mi padre, siempre sentí un vació dentro de mi hasta el día de hoy, tú y solo tú llenaste ese vacío y es por eso que me duele despedirme de ti, la razón de esto es que tengo varios problemas personales que me obligan a regresar a Londres y a alejarme de ti. Antes de irme me quedaré en mi casa en Rue Lepic número 7 por un tiempo, después será mi despedida. Prometo tenerte en mi mente hasta el día en que volvamos a encontrarnos; ruego a dios que eso sea muy pronto.

Te amo, por siempre tuya

Cosette.

Cuando acabó de leer la carta, Éponine sintió varios sentimientos encontrados dentro de su mente: por un lado se sentía feliz de que Cosette se alejara de la vida de Marius pero por el otro, sabía que al enterarse de esto, Marius sufriría y eso no podría soportarlo; cegada por su amor, lo único que hizo fue ir a buscar a Marius y avisarle de que Cosette se había ido pero decidió mantener la carta en su poder. Al llegar a la casa de Marius tocó la puerta e inmediatamente la señora Beaumont la recibió.

-Éponine, que gusto verte- comentó la señora con mucha amabilidad tal como siempre lo hacía cada vez que llagaba a encontrarse con la chica-pasa por favor.

-Muchas gracias señora Beaumont, con permiso-la chica entró lenta y nerviosamente dirigiéndose al centro de la sala.

-Le avisaré a Marius que estás aquí, un momento, no me tardó- la señora Beaumont subió las escaleras dirigiéndose al cuarto del joven y después de varios segundos que parecieron años, al fin Marius bajó con una sonrisa.

-'Ponine, me alegra que estés aquí-comentó el joven dirigiéndose hacia su amiga e inesperadamente la levantó en sus brazos dándole vueltas en el aire, cuando por fin la bajó le besó la mejilla y continuó hablando-es gracias a ti que mi vida al fin ha cambiado, es por ti que al fin encontré al amor de mi vida y créeme que siempre estaré agradecido y… ¿Qué sucede? –El joven dejó de hablar al notar la tez pálida y el raro comportamiento de su amiga-¿Estás bien?

La chica tardó un poco en responder sintiendo que en cualquier momento se desmayaría preguntándose si lo que estaba haciendo estaba bien, al fin tomó un poco de aire y habló.

-Tengo algo que decirte…-comenzó muy despacio- hace unas horas un carruaje se estacionó frente a la casa de Cosette y ella y su padre lo abordaron, llevaban unas maletas y…no creo que vayan a volver.- El joven cambió su expresión de alegría a una de desorientación y dolor, sentía que que el aire se iba de sus pulmones.

-No, eso no puede ser cierto…ella…ella prometió que jamás se iría, eso no es verdad ¡Me estás mintiendo!-Marius, al borde del llanto, salió de su casa corriendo dejando a una Éponine desconsolada y llorando, el que Marius se hubiera enamorado de otra chica le dolía, pero el hecho de que le haya hablado así la destrozaba, sabiendo que ir detrás de Marius sería en vano, lo único que hizo fue despedirse de la señora Beaumont y regresó lentamente a su casa bajo la fría y cruel lluvia.

-Una vez más, completamente sola, finjo que él está a mi lado y sintiendo sus brazos alrededor de mí –de pronto una imagen falsa de Marius abrazándola tierna y cálidamente apareció en su mente- cuando pierdo mi camino abro mis ojos y como siempre…él me ha encontrado, y aunque sé que ahora está cegado aún sigo pensando…que hay un camino para nosotros-esto último lo dijo abriendo paso a más lágrimas de dolor- lo amo, pero todos los días aprendo que toda mi vida he estado solo fingiendo…sin mí, su mundo seguirá girando….un mundo que está lleno de felicidad que nunca he conocido. Lo amo…lo amo, pero siempre estaré sola.

Cuando llegó a su casa para su suerte sus padres ya estaban dormidos, lentamente se acercó al ropero de su padre y sacó una camisa, un pantalón, un abrigo y una boina que hacía juego con aquel viejo traje. Salió inmediatamente de ahí y se dirigió al cuarto de Gavroche y sus nervios se pusieron de punta cuando vio que su hermano no se encontraba ahí, fue entonces que se dio cuenta de que su hermano había ido con Marius y los demás estudiantes para irse a la batalla, con mayor razón Éponine tenía que hacer lo tenía en mente; se fue rápidamente a su cuarto dejando todas las prendas en su cama, se agachó sacando una caja debajo de la cama y lo que sacó de ella fue una venda que una vez utilizó cuando su padre realmente la hirió por los golpes, ella supo que en algún momento le sería útil y ese momento era ese, se despojó de sus prendas de la cintura para arriba y con mucho cuidado se empezó a poner la venda alrededor de la cintura hasta llegar al busto, después se puso la camisa y así siguió hasta tener la apariencia de un muchacho, lentamente se fue al espejo y recogiendo su largo y negro cabello colocó la boina y al fin su identidad estaba oculta.

Mientras tanto, Marius iba corriendo a toda velocidad hasta llegar a la casa de Cosette, en un acto de inercia saltó la reja y fue a la puerta principal tocando de una manera tan fuerte que varias luces cercanas volvieron a encenderse.

-¡Cosette!-gritaba el joven-¡Cosette abre por favor!- cuando descubrió que lo que Éponine le había dicho era cierto, se alejó con lágrimas en los ojos y con el ánimo por los suelos, no podía creer que en ese día el amor había llegado de repente y así como llegó se fue, recordó cuando sus padres murieron, un día los tenía a su lado y al otro se habían ido repentinamente. En ese momento grandes preguntas invadieron su mente.

-¿Qué se supone que debo hacer? ¿Debo ir detrás de ella o me uno a mis hermanos en la batalla?- mientras caminaba de regreso iba meditando sobre lo que era mejor para todos llegando a la conclusión que lo mejor era ir a la batalla y afrontar las consecuencias, además de habérselo prometido a Enjolras, tenía que terminar lo que hace tiempo había comenzado. Le llevó unos minutos ir de regreso hacia el café ABC, cuando subió las escaleras todos sus compañeros y alrededor de cinco personas más estaban reunidas juntando municiones y un poco de comida, dedujo que la batalla se había recorrido bastante.

-Marius-lo llamó Enjolras- ¿Qué haces aquí?

-Este es mi lugar, pelearé contigo como lo prometí-Enjolras le dio unas palmadas a Marius en el hombro y juntos ayudaron a empacar las armas necesarias; incluso habían conseguido unas cuantas camillas para colocarlas en la taberna, la cual se encontraba a lado del café, para ocuparlas en caso de que tuvieran heridos.

-Necesito a alguien que vaya pasando estas cajas a ese extremo-dijo Marius sacando las cajas llenas de pólvora y municiones de la bodega.

-Yo puedo ayudarlo Monsieur-dijo una voz un poco ronca a sus espaldas que a Marius le resultó bastante conocida, volteó y vio a un muchacho con no más de dieciocho años vestido con un abrigo largo y una boina. Marius lo observó por un instante con ojos entrecerrados preguntándose a sí mismo dónde había visto a ese chico antes; cuando no encontró respuesta aceptó la ayuda que le ofrecía el muchacho y fue pasándole las cajas. Cuando todo el mundo acabó con sus deberes y las armas, municiones y comida estaban empacadas correctamente,los estudiantes descansaron un poco preparándose para el gran día que los esperaba.