Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Veridis Quo: El Pañuelo
– Ilumina bien el camino, casi no veo–ella rió un poco al estar ebria.
– ¡No hagas ruido, o despertarás a alguien! –respondió al guiar sus pasos con un candelabro.
Para algunos la enorme mansión por las noches causaba algo de miedo, tantas pinturas de personas ya fallecidas, y aquellas cabezas de animales convertidas en trofeos daban esa impresión. Pero una sirvienta en particular solía disfrutar de las noches, ella junto con su acompañante se divertían secretamente en la bodega de licores de su amo.
– No me imagino la cara del amo si nos viera.
No era la primera vez que se metían a beber a escondidas, en varias ocasiones estuvieron a punto de ser atrapados, pero el peligro sólo avivó las llamas. Era más de medianoche, y sus murmullos resonaban por todo el pasillo. Ella lo esperaba en las noches y lo dejaba entrar en la mansión, hacían de las suyas por unas horas antes de marcharse.
– ¿De verdad cumplirás tu promesa? –le dijo al oído estando reclinada en la puerta de su recámara.
– Sí preciosa, muy pronto te sacaré de aquí–él le susurró al abrazarla–y ya no tendrás que estar llevándoles el desayuno a la cama a esos ricachones.
– ¿Pero cómo viviremos?
– Ya te dije que nos irá bien–la silenció con un beso–intenta robar todo lo valioso que veas, como las joyas de ella, de seguro son muy costosas.
– ¡Pero y si nos atrapan!
– ¡Todo saldrá bien!
Ella se dejó llevar por las atrevidas caricias de su amante, tal vez sea una simple sirvienta pero eso no la hace ser menos mujer que otra más adinerada que ella. Él pronto festejó mentalmente al sentir como ella le respondía, tanto así, que empezó a considerar la idea de pasar la noche juntos, aún sabiendo que si los atrapaban, todo se terminaría para ambos.
Con sus manos exploró su espalda, tocando con sus dedos las sogas del corsé que llevaba. Cómo podían usar las mujeres tal cosa, a él le dolía la espalda con sólo preguntárselo. Cuando las cosas comenzaron a sobrepasarse, un ruido los obligó a separarse. Ella entró apresurada no sin antes despedirse con un último beso, y con aquella caricia buscó la salida más cercana.
A causa de sus acelerados pasos, las llamas de las velas comenzaron a apagarse. Con la poca iluminación se vio enceguecido, así que al escuchar como alguien se aproximaba sopló apagando por completo el candelabro. Tanteando con las manos tocó una mesa, al esconderse debajo de ella oyó como alguien caminaba a su lado por el oscuro corredor.
Esperó hasta que ya no escuchó nada, y caminó hasta salir de la mansión por donde entró. Una vez afuera, gracias a la luz de las lámparas del jardín vio un pañuelo tirado. Al tomarlo vio que aquel pedazo de tela estaba repleto de sangre, y bordadas en una esquina, se podían apreciar las iníciales V. S.
Continuará…
