Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Veridis Quo: Cuando las tinieblas me envolvieron
¿Cómo había terminado en ese maldito lugar?
– ¿No irás a tomar otra copa verdad?
Aquellas habían sido las últimas palabras que escuchó de su esposa, ella se las dijo cuando él intentó levantarse de su cama lo más suave y silenciosamente posible, pero ella fácilmente lo descubrió. Derrotado respondió con un llano sí, y con la promesa de volver pronto a la cama ella lo dejó marcharse.
Tomó una vela y salió de su alcoba para continuar por el pasillo, la noche estaba tranquila y peculiarmente silenciosa. La silueta de su sombra cubría las pinturas de su familia, sobre la gran chimenea que calienta su mansión, yace el retrato de su esposa e hija junto a él. Sonrió satisfecho, su hija Videl estaba de paseo fuera de la ciudad, en unos días volvería para finalizar los detalles de su futuro matrimonio.
Mr. Satán al terminar de admirar la pintura, reanudó su camino a su bodega privada de licores. En los últimos meses había notado la desaparición de ciertas botellas, al principio creyó estar equivocado pero la cantidad de botellas perdidas aumentaba cada semana, llegando a sospechar de alguno de sus criados.
En una mano sostenía su candelabro y en la otra llevaba una copa junto a una botella de vino, maniobrando todo eso logró entrar en su oficina. Ya habían pasado más de diez minutos, su esposa de seguro ya estaba dormida así que se quedó para disfrutar un par de copas más. Cuando se servía otra copa, vio una leve luz pasar por debajo de su puerta.
– No me imagino la cara del amo si nos viera–escuchó una voz femenina susurrando.
– ¿Qué?
Molesto al escuchar tal cosa salió de improviso de su oficina, al hacerlo, vio a la tenue luz diluirse entre los oscuros corredores de su majestuosa mansión. Sin perder tiempo persiguió aquella luz, risas y susurros inundaron sus oídos, pero pronto todo se sumergió en la paranoia. Sus pies se detuvieron y sus ojos miraron de soslayo, por un instante le pareció mirar una sombra pasar detrás de él.
– Creo que bebí demasiado–dijo para él mismo–ya estoy escuchando y viendo cosas.
El acaudalado caballero creyó que ya era tiempo de regresar con su esposa, al retornar se percató de otro detalle. La puerta de su despacho privado estaba abierta, él recordaba muy claramente que la había cerrado al salir, intrigado entró sólo para averiguar que no había nadie a excepción de él.
Deseoso de un último trago, se sentó en su silla favorita sirviéndose otra copa más. Un sorbo a la vez la fue consumiendo, pero una sensación de mareo lo abrumó, su visión se nubló, y ante sus ojos una fantasmagórica silueta apareció en su puerta. Luego todo se volvió una pesadilla. Y ahora, al estar encarcelado y encadenado, miró cabizbajo como sus carceleros entraron en su celda.
– Tienes visita.
Y unos ojos azules lo observaron.
Continuará…
