Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Veridis Quo: Un silbato solitario resonó en la noche
– ¡Detengan a los culpables!
– ¿Por qué no hacen algo al respecto?
– Mantengan la calma, la situación está controlada–afirmó un policía en la escena.
Otro homicidio, las muertes estaban en aumento en la ciudad, una ola de crímenes como nunca antes vista se desató. Los dueños de burdeles y cantinas; prestamistas y banqueros, todos estaban cayendo uno a la vez. Ante el nivel de violencia en los homicidios, el inspector Krilin ordenó que las rondas de patrullaje se intensificaran.
Los policías recorrían los oscuros y húmedos callejones en la noche, la tenue luz de una lámpara de queroseno ahuyentaba a las tinieblas circundantes. Durante las frías noches, aquella ciudad se tornaba sombría. Los hombres de la ley vigilaban cada rincón, a la menor sospecha usaban sus silbatos para solicitar ayuda, sin embargo, las muertes parecían no aminorar su fuerza.
Además de los asesinatos, los robos también proliferaron. No se sabía quién o quiénes eran los culpables, haciendo más difícil la labor policial. Fue gracias a esa incertidumbre, que él pudo moverse con relativa libertad entre la gente sin levantar sospecha alguna. Con ese exceso de confianza, prosiguió con sus acciones creyendo que nunca sería atrapado.
Pero un silbato solitario resonó en la noche.
– ¡Maldición!
Mientras terminaba su más reciente acto delictivo, un policía lo avistó en medio de un callejón dando inicio a una persecución. El oficial usó su silbato alertando a los demás policías en el área, haciendo que las posibilidades de escapar del delincuente se desvanecieran a cada segundo. Era un criminal astuto, seleccionaba detalladamente a sus víctimas, les robaba y para evitar su identificación los asesinaba muy metódica y limpiamente…con un único disparo silenciaba para siempre sus vidas.
– ¡Demonios!
El policía lo perseguía sin detenerse, parecía que esta vez sí sería atrapado. Al salir del callejón llegó a la avenida principal de la ciudad, una espesa niebla descendía silentemente y a lo lejos se escuchan las voces de los oficiales acercándose. Acorralado giró su mirada en todas direcciones, la policía estaba a pocos metros de detenerle…pero sin que lo esperase un coche se detuvo frente a él.
– ¡Entra, no hay tiempo! –una voz desde el interior lo llamó– ¡rápido, muévete!
El criminal no dudó y se arrojó al choche, el cochero agitó las riendas y comenzó a alejarse de allí. Miró a través de las ventanas cubiertas, una docena de policías registraban cada rincón en su búsqueda. El choche pasó entre ellos tranquilamente, nadie sospecharía de un carruaje perteneciente a la policía.
Minutos después, el coche se detuvo frente a una lujosa casa. El ladrón y su salvador entraron en ella, una mujer elegantemente vestida los recibió.
– ¡Estúpido! –Ella lo abofeteó– ¡la próxima vez ten más cuidado!
– Calma hermana, todo salió bien gracias a tu marido–respondió–mientras él nos ayude no nos atraparán.
Él miró su insignia con vergüenza…un policía ocultando a un asesino.
Continuará…
