Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Veridis Quo: Es un misterio, incluso para mí
Era de noche, la niebla lentamente hacía su aparición cubriendo con su manto las calles y callejones. El murmullo de los transeúntes rebotaba en las paredes de piedra, no por nada era el distrito más poblado de Ciudad Satán. Era una metrópoli pequeña, pero con el paso del tiempo expandió su urbanismo y población.
El distrito Akuma se caracterizaba por sus tabernas, salones de juego y burdeles; sin duda era el lugar donde la gente desdichada florecía–como los llamaban los miembros de la burguesía–un nido de prostitutas y alcohólicos impíos. La policía de Ciudad Satán realizaba varias rondas nocturnas, donde los oficiales normalmente arrestaban a parejas que se sobrepasaban en la vía pública.
– ¡Será mejor que se retiren o los encarcelaré! –un joven policía se mostró firme ante una pareja, que hacía de las suyas bajo la sombra de los edificios.
El oficial Krilin, un hombre de estatura baja con piel pálida, veía con tristeza como las demás personas alcanzaban un tipo de felicidad que a él lo eludía: el matrimonio. Para muchos hombres las mujeres eran un misterio complejo, siéndolo aún más para Krilin. Él miraba con envidia a los caballeros elegantemente vestidos con trajes y sombreros de copa, que paseaban con sus esposas en costosos carruajes.
– ¡Oye cariño, ven te haré sentir bien! –una mujer se le insinuó, pero él sabía que como hombre de la ley debía mantener una imagen intachable.
Los años lo premiaron por su dedicación y esfuerzo, sus superiores lo fueron promoviendo de posición pasando de un policía patrullando en los callejones, hasta ser el inspector a cargo de la estación de policía. Su vida laboral era excelente, su nivel económico envidiable pero su vida personal…seguía igual de solitaria que años atrás.
Su juventud lo abandonó, el bigote y el cabello cubrieron su rostro. Deseando recordar sus años de joven, recorrió los mismos callejones y calles que solía patrullar, pero esta vez sin su uniforme azul. Sus oídos reconocieron las risas y voces de las mujeres del distrito Akuma, estando allí parado frente a un burdel hizo algo que en años anteriores rechazó: entrar.
Nadie lo reconoció, aliviado por eso se sentó en un sofá donde una mujer rubia se apoyó sobre sus piernas.
– ¿Eres nuevo aquí, verdad?
– Sí, es la primera vez que entro en un sitio así.
– Mi nombre es Rose Westinghouse–se presentó al jugar con su corbata– ¿te gustaría pasar la noche conmigo?
– Sí.
A la mañana siguiente ya no era el mismo de antes, era un hombre distinto. Sus visitas se hicieron más frecuentes, Rose siempre lo acompañaba a la habitación número dieciocho. Él logró sacarla de esa vida, la cubrió con vestidos nuevos y la llevó a su casa. Pronto los unió el sagrado matrimonio, aunque él siempre ocultó el pasado de Rose.
– Quiero presentarte a mi hermano.
Ese día conoció la otra vida de su esposa.
Continuará…
