Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.

Veridis Quo: Una ventana a la esperanza

Era una chica con dos facetas, una que mostraba al público y otra que sólo reservaba para ella misma. Desde su infancia su madre la educó con decoro, con la idea de formar en ella una señorita altamente refinada. La cual fuera una digna descendiente y heredera de la familia Satán, siendo esta su cara más conocida.

– ¡Exijo ver a mi padre!

La gran mayoría de las señoritas de su edad no podían ni siquiera ponerse sus ropas por sí mismas, demostrando su gran dependencia y su nula capacidad para realizar tareas. Desde niña ella se hartó de ese estilo de vida, desobedeciendo a su madre en varias ocasiones al realizar labores que usualmente harían sus sirvientas: como vestirse ella sola.

– ¿Dónde tienen a mi padre?

A su madre le desagradó tremendamente la actitud de su hija, pero con el pasar de los años comprendió que no importaba cuántas tutoras estrictas le impusiera, Videl no cambiaría su carácter. Por su parte, Videl no odiaba a su madre a pesar de sus directrices tan rigurosas. Por el contrario, ambas eran inseparables y buenas amigas.

– Sígame señorita, la guiaré a la celda de su padre.

Videl meses antes de su matrimonio, quiso salir un poco y recorrer el mundo antes de sumergirse en la vida de casada. Visitó varias ciudades, conociendo personas nuevas e inmortalizando tales eventos con un nuevo invento. Tradicionalmente en los viajes, la burguesía llevaba su propio pintor para que retratara todo, pero en sus viajes Videl optó por un fotógrafo.

– Tienes visita.

Sus azulados ojos vieron incrédulos la escena, su padre yacía encadenado de muñecas y tobillos. Su barba alguna vez finamente afeitada, se extendía por todo su rostro sin lograr cubrir su aspecto entristecido. Videl no sólo se vio estremecida por la noticia de la muerte de su madre, sino también, que miró horrorizada a su padre dentro de esa celda, cuya única compañía era la de una rata en una esquina.

– ¡Papá!

– ¡Videl, hija! –él intentó abrazarla, pero sus grilletes se lo impidieron al estar a pocos centímetros de lograrlo.

En medio de sus vacaciones, uno de los sirvientes de su padre le escribió informándole todo lo ocurrido. Videl sin creerlo tomó el primer ferrocarril disponible hacia Ciudad Satán, todo debía ser una vil broma. Pero lo que encontró cuando llegó a su hogar, le hizo comprender que era verdad. Su madre murió y como consecuencia, su padre era el principal sospechoso…sospecha que lo envió a una mazmorra.

– ¡Tienes que creerme Videl, yo no la maté!

– Lo sé papá, lo sé.

– ¡Sácame de aquí hija, por favor!

La visita no fue muy larga, los carceleros no los dejaron estar juntos más de dos minutos. Videl, convencida al cien por ciento de la inocencia de su padre le prometió sacarlo de allí, para él, ella es su última esperanza.

– ¡Quiero ver al inspector en jefe! –demandó furiosa la joven.

Continuará…