Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Veridis Quo: La sinfonía del engaño
– No puede ser, es él…
Rose estaba al tanto de la situación, al principio inició con todo solamente siguiendo las órdenes de su hermana, increíblemente para él las cosas resultaron más fáciles de lo que esperaba. Susan era por fuera la típica mujer casada de la aristocracia: organizaba fiestas elegantes invitando a personas de la más alta clase social, sin embargo; no tenía voz ni voto en cuanto a casi nada, al ser mujer estaba limitada por su género.
Su otra faceta estaba oculta, deseaba hacer y decir cosas que las normas morales de la sociedad condenaban sin clemencia alguna, por muy adinerada que fuese era un ser humano sobre todo una mujer como todas las demás. Con la ayuda de sus criadas educó a su única hija, quien pronto se casaría y le daría nietos como era usual, pero eso le traía el pensamiento de que era vieja.
– ¿Lo de siempre Edward?
– Lo de siempre.
Cuando comenzaba a aceptar la idea de ser una mujer que sólo servía para organizar fiestas, ese hombre que era varios años menor que ella le dio lo que por dentro ansiaba: pasión. Aquel día cuando él la besó sin avisar se sintió viva de nuevo, se sintió atractiva, creía que era capaz de seducir a cualquier hombre.
– Sírvame un brandy.
Edward miró de soslayo al hombre que se sentó a su lado en la cantina, al reconocerlo controló sus emociones, en caso de que algo pasara tenía un arma cargada y lista en el bolsillo, pero si todo salía bien Krilin lo protegería de nuevo.
– Me eres familiar–afirmó Gohan– ¿cómo te llamas?
– No me fastidies policía.
– ¿Cómo sabes que soy policía, yo nunca lo dije?
– Te conozco, así que lárgate, no he hecho nada malo–él se levantó apresuradamente.
Edward caminó entre las personas ebrias dentro de la taberna, Gohan al ser impulsado por una corazonada le siguió antes de perderlo de vista. Al verse perseguido Edward subió al segundo piso de la taberna encerrándose en una habitación, cuando miró la cama vacía recordó su segundo encuentro con Susan Marie.
Aquella tarde calurosa lo vio besar y amar su gloria desnuda, entretanto Mr. Satán salía de cacería. Fue allí mientras ambos se entregaban uno al otro que él lo entendió, no estaba con ella sólo por órdenes de Rose…estaba con ella porque la amaba. Sin embargo, su amorío no duró mucho en las sombras.
– ¡Pero qué es esto!
– ¡Shapner!
Inesperadamente el prometido de Videl regresó a la mansión, mientras buscaba a su suegro halló sin querer a los dos amantes comiéndose vivos. Desesperada Susan le suplicó a su yerno mantener el secreto, él aceptó de inmediato a cambio de cierta cantidad monetaria. Y ahora al escuchar varios pasos acercarse desenfundó su arma, y fue allí al sentir la adrenalina que las palabras de Rose regresaron a su memoria.
– Llegó el momento, mátala esta misma noche.
Continuará…
