Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Veridis Quo: Si estas paredes pudieran hablar
El tabaco entró por su boca hasta inundar su cuerpo, sintió como la nicotina calmó sus temblorosos nervios. Tenía todo preparado, un carruaje tirado por rápidos caballos lo estarían esperando en las sombras, un delgado pero afilado cuchillo reposaba en su bolsillo, y un pequeño frasco de opio le acompañaba.
Cuando terminó de fumar miró a la luna sobre su cabeza, había llegado el momento de actuar. La mansión durante la noche se iluminaba únicamente por unas débiles lámparas, haciendo muy difícil poder ver con claridad, sin embargo Edward no era ningún principiante, días antes cuando visitaba a escondidas a su amante, memorizó centímetro a centímetro cada rincón del edificio.
– ¿No irás a tomar otra copa verdad?
– Regresaré pronto, no tardaré.
Con gran destreza logró colarse dentro de la propiedad sin ser detectado, abrió con suavidad una de las ventanas colándose por medio de ella al interior. Caminó lo más despacio que pudo, pero el piso de madera lo traicionó al rechinar levemente, inmediatamente se mantuvo quieto respirando profundamente.
Al terminar de relajarse pretendía continuar, pero fue allí cuando se percató de algo: no estaba solo. Unas leves risas se escuchan en las paredes, y una tenue luz apareció a varios metros adelante de él por lo que se ocultó en una de las numerosas habitaciones.
– No me imagino la cara del amo si nos viera.
Aquellos inesperados individuos se alejaron rápidamente, Edward supuso que se trataban de algunos criados de la mansión, pero no estaba allí por ellos, sin embargo algo llamó su atención. Se movió veloz para ocultarse detrás de una cortina, a un metro y medio de distancia estaba Mr. Satán con un candelabro en la mano.
Demostrando tenacidad se alejó aprovechando un descuido de él, con su conocimiento memorizado logró entrar en la oficina del millonario. Una vela derritiéndose iluminaba con su luz, a su lado una botella de vino yacía tranquila. Sacó el opio de entre sus ropas y vertió su contenido en la botella, el licor y el narcótico formaron un único brebaje.
Salió de allí como un rayo, segundos después Mr. Satán ingresó y se sirvió otra copa. El opio hizo su magia y la lucidez lo abandonó. Edward confiado se paró frente a él, pero Mr. Satán intoxicado no lo reconoció y se desmayó instantes luego.
– Ya volviste–murmuró Susan Marie, al sentir como alguien se movía a su lado.
– Él no te ama como yo, esta debería ser nuestra cama.
– ¡Edward, eres tú!
– Sí, necesitaba verte.
– Mi esposo está en casa, si nos encuentra…
– Tranquila nadie nos molestará, no tengas miedo y bésame.
Cubiertos por la oscuridad absoluta, ambos se besaron con la misma fuerza que en sus encuentros privados. Él la acarició por completo, primero su espalda y luego sus senos, finalmente sus manos llegaron a su cuello y mientras la besaba aplicó cada vez más presión.
– Te amo–le susurró al oído.
Continuará…
