Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Veridis Quo: Algo más oscuro que la noche
Sus manos le temblaban mientras aumentaba la presión, sintió como los brazos de ella se movían sin control sobre su cuerpo por varios segundos antes de finalmente detenerse. Fue capaz de escuchar como el último suspiro de vida salió de ella, había muerto, el trabajo estaba hecho tal como Rose se lo ordenó.
Sabía que no tendría mucho tiempo, haberla asesinado sólo fue la primera etapa del plan, Rose le pidió que el homicidio fuera lo más brutal posible, así todos hablarían de este caso y condenarían sin dudar a Mr. Satán. Edward estaba destrozado, había asesinado a muchas personas antes pero esta era la primera vez que no deseaba hacerlo.
– Te amo–le susurró de nuevo al cuerpo sin vida, mientras lentamente sacaba de su chaqueta su cuchillo.
Encendió una vela en la mesa de noche al lado de la cama, admiró a su bella víctima por varios segundos antes de sujetar la cuchilla con su mano. Con un veloz y fuerte movimiento le cortó la garganta de un lado al otro, la sangre salpicó las almohadas cercanas y también lo impregnó a él. Respiró profundo por un momento, antes de reanudar con su sádica labor.
Colocó el cuchillo a un lado para poder desvestir un poco a su amada fallecida, le quitó el camisón que usaba para dormir exponiendo su abdomen completamente. La miró y la miró sin saber cuánto tiempo pasó, pero acumuló valor dentro de sí y sujetó de nuevo su navaja para enterrarla en el pecho de la mujer.
Manteniendo la hoja del cuchillo en ella, la deslizó desde allí hasta su ombligo abriendo por completo su cavidad abdominal. La sangre se derramaba como un río, y el blanco colchón de la cama comenzaba a teñirse de rojo. Continuó cortando de manera descontrolada, varios trozos de piel, carne y hueso quedaron esparcidos sobre las sábanas.
En su mente comenzó a crecer un odio iracundo contra Rose, por primera vez realmente amaba a una mujer, no le importaba que fuera mayor que él ni que estuviera casada, de verdad la quería pero se vio obligado a asesinarla.
– ¡Todo por dinero, siempre el maldito dinero!
Ya sin control alguno extirpó los intestinos y los ubicó en diferentes lugares de la habitación, la sangre cubría cada rincón de esa recámara. Le rasgó el rostro desfigurándolo, y continuó mutilándola hasta sentirse satisfecho. Cuando terminó, sacó el pañuelo que le había robado a Videl para limpiar sus manos y cuchillo.
Para concluir regresó con Mr. Satán, al cual llenó de sangre usando el pañuelo completamente ensangrentado. Como toque final, situó el cuchillo entre sus manos y así emprendió la huida. Al llegar al jardín de la mansión, no notó que su pañuelo bañado en sangre cayó al suelo silentemente. Finalmente al abordar su carruaje, agitó las riendas haciendo que los caballos galoparan de inmediato.
– ¿Está hecho?
– Sí–respondió sin voltearse para mirarla.
Continuará…
