Ni Hetalia ni sus personajes me pertenecen y blah blah blah.

Iguales

Cap. 3

Despertó cuando unos traviesos rayos de luz solar se colaron por la ventana, proyectándose directamente en su cama. Abrió los ojos lentamente y se estiró un poco, disponiéndose a levantarse cuando notó un bulto a su lado. Emil parpadeó, confundido, y al bajar un poco las sábanas descubrió una mata de cabello castaño revuelto, seguido del rostro de la persona a la que pertenecía, soltó un pequeño grito y asestó una patada al cuerpo del hongkonés, tirándole de la cama, evidentemente éste se despertó al verse en el suelo.

—¿Qué demonios pasa contigo? —Espetó en tono enfadado, sobándose un hombro. —No me gusta tu manera de dar los buenos días.

El albino pareció recordar lo sucedido la noche anterior al instante, y un fuerte sonrojo se apoderó de sus mejillas.

—Lo siento. —Dijo con un hilito de voz, claramente poco acostumbrado a formular esas palabras que salieron con dificultad de su boca. Bostezó y se frotó los ojos, ante la mirada fija de Xiang, que le observaba, pensando que se veía bastante tierno así. —... ¿Qué miras?

—A ti. —Respondió con naturalidad mientras se levantaba, había dormido con la ropa y ésta estaba un poco arrugada, tendría que ir a cambiarse antes de bajar a desayunar. —Supongo que nos vemos abajo.

Salió de la habitación de Emil sin esperar una respuesta, cerrando la puerta detrás de sí mismo. Inmediatamente cambió su expresión a una algo nerviosa, mientras caminaba a su habitación y comenzaba a cambiarse la ropa. Mientras tanto una vocecilla burlona en su cabeza le recordaba lo estúpido que se sentía: había caído, como un idiota, solo había aguantado dos semanas, y finalmente había caído. Ahora no podía evitar pensar si Emil realmente se había burlado de él, o qué ocurriría, ¿iban a llevarse mejor? Suspiró y se enfadó consigo mismo. No podía juzgarle así, precisamente le disgustaba la gente que hacía eso, tal vez ese chico realmente fuera así, y solo tenía que tener algo de paciencia y no meterse con él. Podía intentarlo, se convenció a sí mismo de que Emil no era tan malo como había pensado, le daría una oportunidad. Y es que unos sentimientos contradictorios le confundían, aunque él ignoró el que le delataba: le había encantado dormir con él.

Bajó al poco rato, todos iban bajando ya según se despertaban, cogían algo que llevarse a la boca, algunos desaparecían rápidamente aún con media tostada en la mano porque tenían cosas que hacer y otros desayunaban con tranquilidad y sin prisas.

Fue coger un panecillo y notó una presencia detrás de él.

—Xiang. —Vio a Lukas. —Más te vale no haberle hecho nada raro a mi hermano anoche.

Y de la misma manera en la que había aparecido, dio media vuelta y se alejó antes de que Xiang pudiera decir una sola palabra, simplemente se encogió de hombros y decidió ignorar eso, de todas formas no tenía nada de lo que preocuparse. Ni que hubieran hecho algo más que dormir y hablar, eso no era nada malo, supuso que Lukas no iba a descargar su furia de hermano mayor protector y celoso sobre él por eso.

Pudo ver casi en la otra punta del comedor a Emil, que acababa de bajar, se dedicó a observarle ya que al parecer no le había visto, y aprovechando que podía verle perfectamente desde allí. Se acercó para poder escuchar, sin intención de ser visto aún. Mei estaba con él.

—¿Qué demonios dices? —Emil frunció el ceño mientras miraba con desagrado a la chica, obviamente molesto por verse molestado. —Sigue soñando, no voy a grabar nada con una cosa rosa, estúpida y cursi como tú. Ahora déjame en paz y ve a hacer como que sabes cantar.

La taiwanesa puso una mueca de decepción y tristeza. Lo de la cosa rosa era entendible: Mei vestía completamente de ese color, incluso las pequeñas flores que adornaban su cabello eran rosas. Pero lo demás no, era cruel y con intención de dañar, Xiang no iba a dejar que su hermana aguantara eso. Se acercó a ellos, clavando sus ojos ámbar en los amatistas, que le devolvieron la mirada con un ligero fruncimiento de ceño.

—Disculpa nuestra gran inferioridad. —Se mofó. —No es culpa suya no poder ser tan perfectos como tú.

Emil dudó unos instantes, pero simplemente chasqueó la lengua y se giró para alejarse. Xiang le lanzó una mirada de advertencia a Mei, que asintió y no le siguió cuando fue detrás del islandés.

—Suéltame. —Ordenó fulminándole con sus ojos amatistas al notar el agarre en el brazo. —¿Por qué me sigues?

—Vamos, no seas así. —Dijo con tranquilidad, soltándole. —Anoche parecías otra persona, y era agradable. —Le vio sonrojarse un poco y apartar la mirada. —No voy a decirle nada a nadie si eso te preocupa, solo... intenta ser algo más amable.

Y, para su sorpresa, Emil asintió. Vale, eso si que no se lo esperaba... es decir, había esperado una negación, un comentario hiriente o un insulto, pero no ese pequeño gesto afirmativo.

—Como sea. Dile a la chica de rosa que esté en el estudio mañana a las cuatro en punto, ni un minuto más tarde, o no hay trato. —Masculló con tono malhumorado, luego parpadeó un par de veces, con expresión algo sorprendida incluso de sí mismo. —Su voz no suena tan mal.

Xiang esbozó una suave sonrisa, divertido. En realidad, la voz de Emil al cantar era más aguda y casi parecía la de una mujer, y era sorprendente el parecido que había entre las voces de Mei y Emil al cantar, aunque aún así el islandés seguía siendo mucho más profesional que ella, se lo tomaba más seriamente, y eso solo sucedía si él ponía la voz más aguda y ella más grave. Aún así, era curioso.

—¿Y ahora tienes algo que hacer?

Emil dudó unos segundos sobre qué responder.

—No, realmente, tengo tiempo libre estos días... no necesito practicar más para el concierto de la semana que viene. Ya sabes... me sale perfecto de todas formas. —Frunció un poco el ceño al ver que Xiang, en vez de parecer molesto por ese comentario arrogante, llegó a reír un poco. —Ejem... ¿por qué lo dices?

—Hay un parque de atracciones cerca de aquí, ¿verdad?

—Si, está a poca distancia en coche, aunque hace bastante que no puedo ir y... Espera. No creas que yo voy a malgastar mi valioso tiempo en... ¡Eh! —Xiang ya le había agarrado de la mano y se lo llevaba hacia la salida. —Esto es secuestro, que lo sepas.

Tardaron como diez minutos en coche hasta que llegaron, ya que Xiang tenía permiso para conducir; todo el camino el islandés se lo pasó mirando por la ventana y sin dirigirle la palabra con expresión enfadada, pero al parecer en cuanto llegaron se animó, porque casi parecía que le brillaban los ojos. Salieron del coche y entraron, dirigiéndose a la entrada para pagar.

—Emi... —El aludido fue a recordarle la ausencia de cierta letra al final de su nombre, pero antes de decir nada Xiang le puso unas gafas de sol. —Sería molesto si muchas chicas gritonas nos siguieran, ¿no crees?

—Lo es. —Tuvo que darle la razón, colocó las gafas y le observó desde detrás de éstas. —¿Y tú qué?

—No te preocupes por eso.

Pagaron las entradas, sin dudar antes de pagar el precio extra que se requería para las entradas VIP, que iban a librarles de esperar colas largas y aburridas. Emil miraba a un lado y otro y agarró la mano de Xiang para dar un par de pasos rápidos, cuando pareció darse cuenta de ello y la soltó rápidamente.

—Eh... ¡venga! Eres muy lento, ya que me has obligado a venir aquí, vamos a aprovecharlo.

Xiang sonrió un poco de manera burlona y asintió, dejando que el islandés se acercara a un cartel que mostraba un mapa detallado del parque. Emil pareció ponerse algo nervioso cuando un grupito de chicas adolescentes pasaron cerca, pero afortunadamente estas no parecieron reparar en él. Pero si en Xiang. Una de ellas pegó un gritito agudo y muchas lo siguieron, Xiang puso los ojos en blanco y tiró de la mano de Emil para salir corriendo, sin más.

—¡No vayas tan rápido! ¡Xiang! —Protestó a gritos para hacerse oir, al cabo de medio minuto miró hacia atrás, no había chicas gritonas a la vista. Tropezó al no ver por donde iba y cayó de bruces al suelo, quedándose quieto unos segundos. —Ugh...

—Emil. —Xiang se giró al notar que su mano solo agarraba el aire, agachándose rápidamente a su lado para comprobar que estaba bien. Al recibir una mirada fulminante, se dio por satisfecho y le ayudó a levantarse. —Lo siento, ¿te has hecho daño?

Emil negó con la cabeza y se sacudió un poco los pantalones, las gafas de sol habían salido volando y la cosa es que habían sido tragadas por la tierra o algo, porque no se veían. Suspiró un poco y miró a los lados, olvidando inmediatamente el pequeño accidente al ver aquella enorme estructura.

—¡La montaña rusa! —Exclamó con entusiasmo infantil, al darse cuenta de ello volvió a adoptar su expresión seria. —Eh... vamos, supongo. Ya es hora de que montemos en algo.

El asiático se encogió de hombros y subieron a las escaleras, una plataforma se dividía en dos escaleras distintas: una estaba llena de gente y en la otra apenas había un par de personas, subieron por esta última, recibiendo miradas de envidia y escuchando grititos de chicas que les reconocieron, pero que ya tenían imposible alcanzarles, por ahí solo subían los que tenían aquella pulserita roja que les identificaba como VIP, les permitían pasar de las colas y subirse los primeros por la cara. Llegaron arriba, la atracción casi había acabado esa ronda. Había dos chicos frente a ellos, rubios, solo les vieron de espaldas, pero les reconocieron inmediatamente al escucharles.

—¡Arthuuuur! ¡No pongas esa cara! —Exclamaba uno casi a gritos, riendo mientras daba suaves golpecitos en la mejilla del otro, que parecía a punto de soltarle un guantazo. —Si te da miedo siempre puedes abrazarte a mi, pero ya verás, no es para tanto... pf, no da nada de miedo, no hay de qué temer. —Y soltó una ruidosa carcajada. Era Alfred, obviamente.

Shut up, idiot. —Refunfuñó Arthur. —El único que chilla de terror aquí eres tú, no hables como si no hubiéramos subido nunca, eres TÚ el que me abraza a mi.

—... ¡Hahaha ~! ¡Pero eso ha cambiado, ya no me da miedo!

—Eso lo dijiste la última vez, y la anterior, y la anterior a la anterior.

En ese momento Alfred pareció darse cuenta de la presencia de los otros dos que acababan de unirse a la fila, para desgracia de Emil que no tardó en poner cara de malhumor y soltar la mano del agarre de Xiang.

—¡Oh, mira! ¡Pero si son Emil, y Xiang! ¿Qué hacéis vosotros aquí?

—Lo mismo que tú, supongo. —Contestó secamente Emil.

—Creía que no os soportabais.

—Ya, bueno, crees muchas cosas que no son ciertas. Aunque tampoco es como si fueramos amigos a algo... es que... es el único que estaba libre.

Alfred fue a decir algo, pero recibió un codazo por parte de Arthur que captó más rápido la situación y le hizo callar antes de que metiera la pata. En ese momento la atracción se detuvo y las personas eufóricas bajaban riendo y comentando la vuelta, mientras se abría el paso a los siguientes: ellos cuatro fueron los primeros en subir, Arthur y Alfred fueron a sentarse en una zona más alante, y ellos dos algo más atrás. Más gente desconocida se subió, afortunadamente ninguno reparó en ninguno y no montaron ninguna escena. Mejor así.

—Si tienes miedo puedes abrazarme. —Se burló Xiang imitando una de las cosas que había dicho Alfred anteriormente.

—No.

—Solo te informaba.

Esperaron a que la atracción empezara a moverse. Al principio no fue tan movida, hasta que llegaron a la típica y larga subida lenta en la que casi subes en línea recta. Emil empezó a removerse un poco, aferrándose a las manillas que había para sujetarse a ambos lados del aparato de seguridad que pasaba por encima de sus hombros. [N/A: No tengo ni la más mínima idea de como se llama. Los típicos asientos de una montaña rusa, imagínenlo.]

Xiang le miró de reojo, él tenía las manos tranquilamente apoyadas, por simple comodidad, no por miedo, en realidad apenas se agarraba. El islandés cerró los ojos, cogiendo aire lentamente. El hongkonés esbozó una sonrisilla burlona y, cuando estuvieron a punto de llegar al final, cogió una de las manos del islandés, consiguiendo que se soltara a duras penas, ignorando la mirada de terror y asesino que le lanzó éste.

—¿¡Qué demonios ha...!? ¡IAAAAAAH! —La atracción cayó en picado a toda velocidad, cerró los ojos con fuerza y le clavó las uñas en la mano. No pudo evitar soltar un par de grititos más cuando se vio boca abajo en un par de ocasiones en las que la atracción trazaba un círculo.

Cuando finalmente se detuvo, Emil seguía aferrado con toda sus fuerzas a las manillas, mirando al frente con cara de haber visto un fantasma. Xiang tuvo que tirar un poco de él para que se levantara y dejara paso.

Vio a Arthur y Alfred ir en otra dirección y entrar en una atracción que estaba casi al lado, una especie de túnel del terror, como si el estadounidense no estuviera ya temblando lo suficiente.

—Ha sido divertido. —Comentó tranquilamente mientras bajaban y continuaban caminando por el parque. Emil tardó un par de segundos en volver a la realidad, y soltó la mano del hongkonés. —Menos mal, creía que ibas a atravesarme la piel.

Alzó la mano, mostrando las marcas de las uñas de Emil en la piel, perfectamente visibles e incluso con pequeños puntitos rojos, escocía un poco, pero se dedicó a ignorarlo y enseguida dejó de notarlo, le daba igual.

—Vayamos a algo más tranquilo ahora. —Murmuró el menor, buscando algo con la mirada, tras unos minutos de andar dio con lo que encontraba. —¿Qué te parece eso?

Xiang miró en la dirección que señalaba, era una especie de río con canoas que obviamente iban sobre raíles, prometía ser un relajante paseo en canoa... o al menos eso pareció ver Emil. Xiang sonrió divertido y asintió, antes de que el islandés reparara en el nombre de la atracción: Los rápidos.

Eso iba a ser divertido.

Pasaron todo el rollo, al principio la barquita donde estaban solo ellos dos se movía con lentitud.

—Oye. —Emil se removió en el sitio, apoyándose en la barra de metal que impedía que cayeran al agua por cualquier motivo. —Hay algo que no entiendo, ¿por qué estás conmigo? ¿No me odiabas?

Xiang pensó unos segundos la respuesta, intentando buscar las palabras para explicárselo, pero le resultó algo difícil porque ni él mismo lo sabía con exactitud. Decidió ser directo, como siempre, y dijo lo que le salió.

—Eres mejor persona de lo que creí, y eres lindo.

Emil se quedó en silencio un par de segundos, completamente azorado, no tenía ni idea de qué decir, pero encontró un perfecto cambio de tema cuando vio que, a pocos metros de ellos, el agua parecía cortarse repentinamente... hacia abajo.

—¿Qué...?

—Hemos subido a los rápidos, Emi.

—... Mierda.

Se aferró a la barra de seguridad con ambas manos, preparado.

—No va a pasarte nada, relájate. Vamos... —Xiang cogió sus manos y las separó con suavidad, ya que él se dejó después de dudar unos instantes. —Es divertido, pero no tienes que tener miedo.

Suspiró y abrió los ojos, mirando a los ámbares de Xiang, y seguidamente desviándolos hacia la cascada. No le dio tiempo ni a parpadear, y ya estaban cayendo. Eran como pequeñas cascadas, cuestas, caían al agua y ésta salpicaba la barca, casi sin darse cuenta Emil empezó a reírse.

Cuando bajaron estaban algo mojados pero hacía calor y el sol brillaba con fuerza, así que no tardarían en secarse y no iban a pasar frío.

—¿Ves? Y estás adorable cuando ríes.

Emil decidió no contestar a eso.

Pasaron el día de atracción en atracción, ya que a partir de ese momento Emil llevaba a Xiang de un lado a otro, comprando cosas, montando en atracciones o jugando en casetas para ganar peluches, aunque no hubo demasiada suerte, Xiang consiguió ganar una vez y entregó el peluche en forma de oso panda que eligió, a Emil, aunque éste hizo como que el peluche no le interesaba; cuando quisieron darse cuenta el sol empezaba a ponerse y tenían que regresar.

Xiang aparcó el coche frente a la entrada de la enorme mansión, bajaron y caminaron en silencio y a paso lento hacia la puerta, pasando por el camino del jardín. El cielo estaba anaranjado en ese momento ya que el sol no acababa de ponerse, por lo que una cálida y agradable brisa movía un poco sus cabellos con el suave aire, aún hacía algo de calor, aunque pronto empezaría a refrescar.

—Ha sido divertido. —Confesó Emil, diciendo lo evidente. —Creía que eras un aburrido.

—Y yo que eras un niño estirado. Ambos nos equivocamos.

Emil rodó los ojos con desenfado, pero en cuanto llegaron a la puerta endureció su expresión, que volvió a recobrar la frialdad de siempre. Xiang le miró unos segundos, pensando que era mucho más hermoso como había estado durante toda esa tarde: contento, relajado, incluso le había visto sonreír y reír repetidas veces. Pero ahora de nuevo se cubría con esa máscara de frialdad, sabía que era un método para aislarse y protegerse, había más personas que hacían cosas así y lo sabía, él mismo era callado y frío con la gente, especialmente los desconocidos.

—Emi. —Cuando éste giró la cabeza hacia él, agachó la cabeza para depositar un pequeño beso en la frente del muchacho, que se sonrojó con aquel gesto, por vigésimo quinta vez en el mismo día.

El islandés quiso reaccionar, responder a eso, pero antes de poder hacerlo Xiang entró dentro, y él lo hizo pocos segundos después. Evadió a cualquiera que le dirigiera la palabra y se dirigió automáticamente a su habitación, con aquel oso panda de peluche entre los brazos. Lo dejó sobre su cama, entre los cojines y las almohadas, y esbozó una pequeña sonrisa sin poder evitarlo. Suspiró, hablando para si mismo en voz baja:

—¿En la frente? ¿En serio, solo eso? Maldito Xiang...

N/A:

LOVE IN THE AIR (?) Vale, ya, tenía que decirlo. Y no, no se van a besar todavía, MUAHAHAHA. (?) Cof cof... ignoren eso, por favor.

En fin, espero que les haya gustado. ;D