-Esperanza-

Antes del partido.

Iba a empezar el partido de baloncesto más importante de la temporada, el ganarlo suponía para nosotros un cambio radical, suponía para nosotros el ascenso a una categoría superior cosa que jamás se había conseguido en este colegio desde hacía más de veinte años. El entrenador y gran parte de mis compañeros habían depositado en mí sus esperanzas, confiaban en que en ese partido desplegaría todas mis armas y los llevaría a la victoria pero... lo cierto es que sentado ahora en el banquillo del vestuario siento que me tiemblan las piernas, estoy nervioso. Me quedan a penas diez minutos para conseguirlo todo o echar por tierra todas las esperanzas que tantas personas han depositado en mí. Me sujeto la cabeza con las manos intentando relajarme para poder concentrarme en el encuentro pero no acabo de conseguirlo. Todos los demás jugadores ya han salido a la cancha a calentar, todos menos yo, necesito unos minutos para pensar con claridad.

De repente, siento que una suave y pequeña mano se posa sobre mi hombro y sin necesidad de alzar la mirada para verla sé que es ella, mi mejor amiga, mi Kari. Se sienta a mi lado y hace que la mire y en el momento en que centro mis ojos en ella siento que se da cuenta del miedo atroz que siento en estos momentos a decepcionar a la gente. Dibuja una sonrisa, de esas que solo me regala a mí y con su voz dulce me dice lo que yo necesito oír en ese preciso instante. "No pierdas la Esperanza. Tú eres el que hace que la Esperanza surja en los corazones, si tú pierdes la Esperanza, ellos también la perderán." La miro con cariño porque siempre sabe decirme las palabras que necesito escuchar en el momento oportuno. Esperanza. Como portador en la Esperanza no puedo permitirme perderla, por supuesto que no, sería un gran error dejarme vencer antes de empezar a luchar. Entonces, me levanto con renovadas energías y tras despedirme de ella salgo a reunirme con el resto de compañeros. El entrenador se alegra de verme ya fuera y me pongo a correr juntos a los demás, el partido va a empezar.

Primer cuarto. Segundo cuarto. Pasa el tiempo.

El árbitro hace sonar el silbato y dos jugadores saltan para coger la pilota para su equipo. El chico que juega conmigo la coge y me la pasa tras darle un fuerte manotazo. Yo la paso a otro compañero y así vamos avanzando hacia la canasta donde metemos nuestros primeros dos puntos. El tiempo pasa y vamos sumando más y más canastas, tanto dobles como triples. La esperanza que llevamos en nuestros corazones que palpitan a un mismo ritmo es lo que nos está haciendo ganar, porque todos tenemos un sueño que cumplir y las ganas y la esperanza necesarias para llevarlo a cabo.

Hacemos un pequeño descanso y observamos el marcador que está un poco ajustado aunque nos sigue otorgando la victoria por el momento, queda media hora de sufrimiento. Paseo la mirada entre mis compañeros, están sudados y cansados pero en sus ojos veo determinación y decisión. Alzo la cabeza para buscar a Kari entre las gradas, veo la fila en la que están sentados mis amigos pero hay un sitio vacío entre Tai y Davis y ella no está. Siento que el miedo que antes me acosaba en los vestuarios vuelve a querer atraparme entre sus fauces pero sacudo la cabeza y me opongo a él. Vuelvo a mirar pero ella sigue sin estar en su sitio.

Tercer cuarto. Final del partido.

Respiro hondo, vuelvo a tener miedo y mis compañeros lo notan, empiezo a tener errores, malos pases, indecisión en las jugadas, fallo puntos. ¿Qué me pasa? Está claro, necesito que alguien arroje Luz sobre mi Esperanza, de lo contrario sé que voy a flaquear. Recibo un fuerte golpe de un jugador del equipo contrario y ruedo por el suelo de donde me levanto un poco aturdido. Alzo la cabeza una vez más y veo que Kari ha bajado al banquillo y está situada al lado del entrenador, me saluda con la mano y me anima. El solo oírla pronunciar mi nombre reaviva en mí la esperanza, una vez más. Las ganas de jugar crecen en mí y vuelvo a llevar a cabo mi mejor juego. Mis compañeros de equipo vuelve a contagiarse de esa misteriosa energía que emano y entre todos ganamos el partido. Ganamos el ascenso que tanto anhelábamos, por el que tanto hemos luchado. Incapaz de contener mi alegría, corro hacia Kari, la abrazo con tanta fuerza que casi la ahogo y luego bajo la cabeza para besarla, cosa que no había echo nunca pero que ahora con la euforia del momento me he animado a hacer. Ella me mira sorprendida al principio por lo inesperado de mi gesto pero luego me sonríe y me lanza los brazos al cuello.

"Gracias por hacer surgir la Esperanza en mí" al decirme eso yo me aparto y la miro sin entender.

"¿He hecho que surja la Esperanza en ti?" Ella sonríe y asiente y sigo sin comprender porque hoy ha sido ella la que ha hecho que la Esperanza surgiese en mi corazón y no se dejase ahogar por el miedo. Sin embargo, ella habla y me vuelve a sorprender.

"Has hecho que surja en mí la Esperanza de que mis sentimientos por ti son correspondidos."

Me deja perplejo con la frase porque eso significa que ella siente lo mismo que yo, es decir, que al igual que me pasa con ella, Kari me quiere como más que un amigo y con ese beso he hecho que en su corazón surja la Esperanza de que lo nuestro, nuestra gran amistad, puede llegar a ser algo más pues parecía que nunca íbamos a ser más que amigos. Pero ahora lo nuestro es real y ese gesto con Kari sé que va a otorgar Esperanza a los corazones de mis amigos como por ejemplo Tai que necesitan un empujón para lanzarse también en brazos del amor. Y quién dice Tai dice Matt, Sora, Mimi... todos mis amigos están esperando el momento oportuno para lanzarse a por la persona a la que aman y espero que verme ahora con Kari les valga de prueba para arriesgarse ellos también y tener esperanza de que les saldrá bien la jugada.

Porque nunca hay que perder la Esperanza, bajo ningún concepto, por muy mal que pinten las cosas y a veces hay que aferrarse a esa esperanza y arriesgarse por lo que uno quiere. Al fin y al cabo, la Esperanza es lo que nos da fuerzas para seguir adelante en la vida que en ocasiones puede ser muy complicada. Pero a pesar de todo yo seguiré teniendo esperanza y creyendo que la vida no es buena ni mala, simplemente la vida es maravillosa.

Takeru Takaishi