Fairy Tail le pertenece al genial Hiro Mashima, yo solo soy dueña de esta historia, aunque tampoco se puede decir asi ya que los personajes no son mios... en todo caso, queridas lectoras y lectores, les traigo el octavo capitulo de Fairy Prison.
Me pedís más GaLe. Y lo sé, ha sido muy débil en éstos primeros capitulo pero... la cosa va a cambiar cuando ambos acepten sus sentimientos y vayan más en serio entre ellos. ¿Y eso cuando ocurrirá? En el próximo capítulo.
FAIRY PRISON
La peliazul observó a Lucy. Estaba pálida, y volvía a observar el brote de hierba con suma sorpresa, pánico o terror. La pena para Levy, era que aquella chica se habia vuelto su distracción principal y, objetivamente hablando, su mejor amiga en aquel lugar. Debía ayudarla, suponía.
Se sentó a su lado en silencio, solamente observando el rostro sin color de su "amiga". No dijo nada. Creía que la rubia debía ser quién hablara primero, además de que no sabia como se suponía que debia tratar de consolar a alguien. Nunca antes lo habia hecho.
-Era mi padre...- Murmuró entonces Lucy.- El que ha llegado.
-Era algo que me imaginé al verle hablar contigo.- No era tan estúpida como para no suponerlo, se dijo. Entonces pensó en algunos libros que habia leido en los qu un personaje intentaba consolar a otro. No era habitual que usara esos métodos tan sumamente simles y ridículos en la vida real pero, de todos modos... podría provar a ver si funcionaba.- ¿Estás bien?
Ella levantó la mirada, vacía, hacia Levy. Ésta sintió una punzada de dolor en el pecho, y provó a poner su mano en la cabeza de la chica, para consolarla o mostrarle su apoyo.
-No puedo contarte lo que me hizo.- Murmuró la rubia.- Aún así, gracias, Levy.
-Hm... de nada.
Estuvieron un buen rato sentadas en el mismo banco sin nada que hacer, tan sólo viendo a los pocos familiares que habian reunido el valor necesario para visitar a sus hijos, hermanos, nietos, sobrinos... en el reformatorio más conocido de Fiore. No solía ocurrir, de aquello se habia dado cuenta recientemente la peliazul, que fueran allí voluntariamente. Porque en caso de ser así, el padre de Lucy no habría ido. Era solo una corazonada de la pequeña rata de biblioteca.
En esas, un par de altas figuras aparecieron en el campo de visión de ambas chicas. Levy bufó molesta, al identificarles.
Elfman y Mirajane Strauss.
-Oye, Lucy, creo que tenemos problemas.- Murmuró, tocando insistentemente el hombro de su compañera, que no parecía muy por la labor.- Creo que no fue buena idea involucrarte con Lissana...
Ambos hermanos estaban a apenas tres metros de ellas, y al dar unos pasos más se detuvieron en seco, provocando una mueca de desagrado en Levy. Nunca le habian gustado las complicaciones y, al parecer, Fairy Tail estaba lleno de ellas.
-Lucy Heartphilia.- Dijo Mirajane con un tono de voz frío.- Creo que tenemos algo que hablar.
Ella se limitó a levantar la cabeza con un rostro indiferente, como si realmente no le importara demasiado lo que la peligrosa peliblanca tuviera que decirle. A Levy casi le da un ataque de nervios al oler el terrible aroma a sudor que emanaba del cuerpo del chico, o hombre, que estaba al lado de Mirajane. Al parecer tenia la costumbre de fortalecer sus músculos, y el hedor lo confirmaba.
-No hay nada que hablar.
Se levantó indiferente, con la clara intención de dirigirse a un lugar con más gente dónde pudiera perderse en sus pensamientos sin verse amenazada por los hermanos de esa molesta y quisquillosa Lissana. Pero una mano firme la frenó, apretando quizás con demasiada fuerza su muñeca.
-¡Sé un hombre! ¡Un hombre no haría algo tan cruel a Lissana!
-Soy una mujer.- Dijo despectivamente, intentando zafarse del agarre de Elfman.
-Aún así, no puedo perdonarte por lo que le hiciste. ¿Seria divertido para ti perder a Natsu?- Mirajane lanzó a la muchacha una fría e hiriente mirada de desprecio, pero a la vez de diversión.- Dime, ¿por qué hiciste ese plan? ¿Tanto te molestaba mi hermanita en tu plan de conseguir a Natsu?
-Suéltame.- Exigió ella, evitando contestar a sus preguntas.
-Lo hará, cuando respondas a mis preguntas.
-¿No me importa herir a tu dichosa hermana si con ello le consigo? ¡Ja! ¡Claro que me importa bien poco!
Es valiente, al decir esto en su condición.pensó Levy, manteniendo las distancias, a sabiendas de que la situación no era asunto suyo... de momento.
Mirajane suspiró, y esbozó una sonrisa de extraña tranquilidad tras eso.
-Bueno, Natsu, supongo que tus respuestas se han visto confirmadas tras la confesión de la misma Lucy.
De repente, la rubia palideció. Dejó de forcejear con Elfman y observó como, de detrás de uno de los pilares cercanos, aparecía la figura de cierto pelirosado habitualmente alegre. Pero su cara, en ese momento, era de espanto. Parecía confundido, no entendía nada y, aunque era consciente de lo que significaba aquello que dijo su amiga, no podia concebirlo. Y sólo por ver su cara, Lucy se soltó de Elfman y hechó a córrer hacia un lugar sin especificar del reformatorio.
-Oye.- Mirajane se dirigió a Levy.- Has hecho bien en no interponerte.
El tono amenazante fue totalmente ignorado por la peliazul, que se limitó a dirigirse hacia la biblioteca completamente cansada por todo. Se sentía triste, y no tenia nada que ver con lo que habia sucedido con Lucy y Natsu hacia poco. Sólo era que los protagonistas de su historia favorita habian muerto.
No tiene nada que ver con ellos., se dijo interiormente.
Abrió la vieja puerta y encendió la luz, antes de perderse entre los viejos libros llenos de polvo y suciedad de aquella pequeña habitación.
Lo siento, ¡Lucy!
Ha sido una mala pasada por parte de Mirajane, me he sentido hasta triste y todo al escribirlo... en todo caso, esto ayudará a la pequeña calculadora de Lucy a darse cuenta de que al dar, se recibe.
Espero que haya sido de vuestro agrado! Y, en el próximo capítulo... ¡GALE! Definitivamente, mi fic se centraba inicialmente en esos dos y apenas han tenido un par de roces T3T...
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