Hola de nuevo! Muchas gracias por los reviews del capitulo anterior, me animan, como suelo repetir muchas veces, a continuar escribiendo.
Gracias, Juneli, por tus reviews. Me alegra saber que te gusta.
Advertencia: este capitulo es bastante melancólico. Escuchar canciones antiguas de la Oreja de Van Gogh relacionadas con mi infancia me hizo querer escribir éste capitulo. Si os interesa, es el CD "El viaje de copperpot".
Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, són de Hiro Mashima.
FAIRY PRISON
-Hay cosas en contra de las normas, Scarlet.- Dijo con su sonrisa maliciosa que hacia tiempo que no esbozaba, al deducir lo que habia sucedido. La mujer de rojos cabellos se quedó helada.
Un pesado silencio caía en el pasillo semi-vacío del reformatorio. Wendy Marvell se relamió, habiendo despertado en ella el ser sangriento y deseoso de sufrimiento que siglos llevaba sin ver la luz. Erza sentía la penetrante mirada de la joven.
-Marvell...
Por algún motivo, la Wendy malvada decidió dejarlo pasar, por el momento. Si bien podia sacar mucho provecho de aquella situación, ya sea por chantage o por cualquier otro método, prefirió hacer esperar a su víctima.
-No olvides esto, Scarlet.- Dijo, marchandose por el oscuro pasillo. Era divertido volver a sus andadas del pasado y tener una buena carta en su mano.- No lo olvides...
...
Lucy y Levy estaban hablando de temas triviales sentadas en la cama de la segunda. Temas tan triviales que llevaban nombre y apellidos, mas todos conocemos cuales són.
La rubia no soportaba que el equipo de Natsu hubiera ganado ese encuentro. Eso ya los situaba por encima de ellos y crispaba enormemente sus nervios. Sabia que Lisanna no era una mala persona, pero ella, por contra, sí lo era y no podia permitir que terminaran juntos. No lo soportaria. Nunca.
Por otro lado, Levy tenia la cabeza perdida en un mundo lejano, al pasado, en el que tenia cinco años. No sabia por qué motivo exactamente, pero le habia venido a la memoria el dia de su quinto cumpleaños. Toda su familia se encontraba alrededor de ella esperando con gran anhelo y alegria que soplara las cinco velas que adornaban un gran pastel de nata y chocolate, adornado con fresas por el borde. No habia mafia, ni malicia, ni pistolas ni organizaciones secretas que hicieran peligrar su vida a diario. Nada de todo eso existía aún, solo el pastel, las fresas, la vela y la felicidad.
-...¿¡Levy?!- El grito de la estafadora la sacó de sus pensamientos. Al parecer, llevaba un largo rato llamándola sin que ella contestara.- Dios mío, estás perdida, ¿eh?
-Estaba pensando.
-¿Pensando?- Lucy se tumbó con la cabeza colgando del borde de la cama y observó el mundo al revés que se extendía más allá de la ventana sellada con barrotes de hierro.- Hmm... supongo que hace un tiempo que yo no lo hago.
-No creo que nos refiramos al mismo "pensar"...
-Solo hay un pensar.- Sonrió, girando un poco la cabeza. En la cómoda de la habitación de Levy sobresalían un par de pantalones vaqueros que estaban mal doblados por uno de los cajones. No sabia por qué motivo, pero ella sintió nostálgia.- Tal vez te vaya mejor el verbo "recordar" que no el "pensar".
-Puede.- Levy miró por la ventana. El cielo anaranjado teñía del mismo color el aire, dándole un aspecto especial y único.- Pensando en mi infancia.
-Aaaah... ¿tuviste una buena infancia? Qué envidia.- Lo decía con pesadez, no con nostalgia.
-Hasta los siete años, la tuve. No me hagas contártela.
-Cuentamela.- Lucy sonrió satisfecha al escuchar com Levy se incorporaba para acomodarse mejor en la cama.- Por fabor, quiero escucharla.- La infancia de la estafadora habia estado marcada por múltiples abusos y maltratos por parte de su padre. Hasta tuvo que presenciar la muerte de su madre, motivo por el que la palabra "infancia" sólo le traía malos recuerdos.
La luz anaranjada se colaba por entre los barrotes de la ventana entrando en la estancia. Lucy seguía con la cabeza colgando, observando con nostálgia la cómoda de la peliazul. Aquel desorden común en cualquier lugar, aquel que se encontraba en ese mueble, nunca habia existido en su vida. Antes de ingresar en Fairy Tail, siempre habia mantenido una vida controlada, ordenada y minuciosamente preparada por su padre. Anhelaba escuchar historias de niños y niñas corriendo por los prados y los parques, jugando en un río en verano, en la playa, con la nieve en la montaña...
-Bueno.- Comenzó Levy. Si se trataba de Lucy, no le importaba tanto hablarle. Ella no habia tenido ninguna amiga en su vida. Siempre prefirió aislarse que juntarse con otra gente, motivo por el que habia terminado bastante sola.
No es como si recordaba demasiadas cosas, ¿sabes? Realmente estaba pensando en algo muy simple que empecé a echar de menos a los diez años.
El día de mi quinto cumpleaños... mi madre me levantó a las ocho para poder ir al colegio. Era un jueves, yo aún tenia un mal despertar y no tenia ganas de ir a un lugar repleto de gente que solo se fijaba en lo que queria. No tenia buena relación ni con alumnos ni con profesores. Me limitaba a escuchar las explicaciones, hacer los deberes y aprovar los exámenes. Lo demás me era indiferente.
Aquel dia, al entrar en classe, todos me miraron disimuladamente. ¿Sabes, Lucy? Aún ahora pienso que me hubiera gustado que me felicitaran. De acuerdo, no estoy sonando como si se tratara de mi.
Realmente no hice nada durante las classes. Mi mente vagaba emocionada en los libros que me regalaria mi madre aquel dia. Recientemente habia empezado a leer libros de más alto nivel que mis compañeros y prefería leer algo como La sombra del viento o alguna novela histórica a tragarme cuentos de principes y princesas y sirenas y hadas y brujas y héroes y dragones. Para mi era un desperdicio.
Cuando fue la hora de marcharme a casa, fui la primera en salir corriendo por la puerta. Ya era común que no me despidiera de mis compañeros y del profesor, pero aquel dia ni siquiera me molesté en dirigirles una mirada inquietante.
Llegué a casa sobre las seis de la tarde. Habia un atardecer tan parecido a éste, inundando en naranja todo a su paso, que no he podido recordarlo. Mi madre, Marlene, me recibió con una sonrisa amable, amplia y sincera. Me sacó con cariño la mochila y la chaqueta y me plantó un húmedo beso en la mejilla.
"Felicidades, cariño" me abrazó muy fuerte "tu quinto cumpleaños... ¡felicidades!"
Yo sonreí. Si tenía conmigo a mi madre y a mi padre, también a mis tíos y a mis primos... en definitiva, si tenia a mi familia me importaba bien poco lo que pensaran mis compañeros de classe de mi. No los necesitaba.
-¿No te importaba?- Interrumpió Lucy, quién habia decidido tumbarse, pero con la cabeza reposando en el grueso y duro cojín cuadrado que la peliazul habia dispuesto para ella.
-Para nada. No los necesitaba.
-¿Soy... tu primera amiga?- Los ojos de Lucy centelleaban bajo la luz anaranjada, cada vez más roja, que seguía colándose por la ventana.
Levy sonrió para sus adentros y, sin contestar a su pregunta, continuó con su relato.
Giovanni, Francis, Leyval, Hervia... mis tíos y mis dos primos estaban presentes. Aunque no habia mantenido un lazo especialmente estrecho con ellos, no podia negar que les respetaba.
Por el gran ventanal del salón se colaba una luz tan naranja como la de hoy, iluminando un hermoso pastel de nata y chocolate con la típica inscripción de "feliz cumpleaños" en ella. Mis ojos de niña veían con asombro y babeantes las fresas que reposaban en los bordes. Francis y Leyval se peleaban constantemente conmigo para conseguir un número mayor de fresas en cualquier celebración en la que hubieran, pero ese día me permitieron quedarme con una de más. Giovanni y Hervia, mis tiós, me entregaron unas deportivas que me puse al instante, dejando tiradas las mías.
Mi madre puso un CD de un grupo que nos gustaba a ambas y se escucharon risas hasta la hora de cenar, provinentes de Francis, Leyval... y de mi. No es conveniente que me mires de ese modo, eran otros tiempos. Podia reír.
En todo caso, ahora mismo, pienso en ese pastel. ¿Sabes lo que daria yo por poder volver al pasado en el que éramos felices? Antes de que yo pudiera darme cuenta, mi madre habia entrado en negocios peligrosos para poder pagar nuestra casa y nuestras necesidades. No volví a saber nada de mis primos y tíos, todos los días miraba a mi alrededor en busca de gente sospechosa que quisiera hacerme algo y, además, mi madre y yo pasamos a tener una relación más fría.
Nos distanciamos.
Me gustaria volver a escuchar ese CD de La oreja de van gogh, desearia volver a ver a mis risueños primos... pero mi madre también se fue. Me gustaria volver a verla. ¿Sabes, Lucy? Perdí mi infancia a los diez años. No volví a celebrar más mi cumpleaños desde ese día en el que reí. Nunca volví a provar una fresa, ni a pelearme por ellas.
Levy frenó su relato al sentir el tacto de los brazos de Lucy rodeando su cuerpo. Sin quererlo, se habia puesto a llorar. Y se quiso hacer la fuerte, pero el cariño de otra persona derrumbaba toda fortaleza. Levy nunca antes sintió la nostálgia, y mucho menos el amor de otra persona.
-Solo quiero ver a mi madre.- Dijo entre sollozos.- Quiero escuchar de nuevo ese CD, las risas, comer una mísera fresa.- Rompió a llorar, desconsolada, aferrándose a Lucy como si no hubiera un mañana.- Quiero... quiero... quiero ser feliz. Quiero volver a ver a mi madre como era antes. Quiero verla... y a Francis, y a Leyval, y a Giovanni, y a Hervia...- Los sollozos se hicieron más fuertes. No gritaba porque tampoco era su deseo que todos en el reformatorio se dieran cuenta de que se encontraba llorando.- Lucy... - Con un hilito de voz.- solo quiero ser feliz...
La rubia, a falta de palabras, la arropó. Habia oscurecido bastante y la peliazul estaba muy cansada y agotada. Le dió un beso en la frente y apretó su mano hasta que se durmió. Para que alguien como la Levy que conocía soltara todo eso, realmente debía de estar deseándolo con todas sus fuerzas.
Salió de la habitación en dirección a la cafetería para cenar algo y llevarle a su amiga al menos una pieza de fruta. Pero al girar, se topó con algo inesperado.
Gajeel, sentado apoyado en la pared del pasillo, tenía la mirada vacía puesta en las baldosas del suelo. Lucy sabia que habia estado escuchando, pues no habia otra explicación posible para que él se encontrara allí. Pero, por una vez, pudo distinguir el dolor en los ojos del pelinegro.
Solo quiero ser feliz... se repetían esas palabras en su mente. Si Levy queria ser feliz... él lograría hacerla feliz. Escucharla llorar habia sido una experiencia desgarradora para su corazón.
Tal vez terminó siendo demasiado triste... pero bueno, al menos se aclaran algunas cosas, espero. Levy no es de piedra. Todas las personas que són de piedra tienen mucho que ocultar, y queria mostrar como Gajeel no es como un tsundere, como muchos le pintan.
Bueno, espero sus criticas y opiniones y todo... :))
