De regreso, Cana Lawliet-san :) Bueno, como todos ya sabemos que Fairy Tail no me pertenece pasemos a otro punto: espero que os guste el capitulo 19 de Fairy Prison!

Ok, un aviso: Lamia Scale VS Fairy Tail no se dará en este capítulo. He decidido adelantar un par de cosas antes del partido, la revelación del pasado de Gray y su relación con Lyon. Lo lamento, tanto por la tardanza como por el retraso en este caso.

FAIRY PRISON

-Sigo preguntándome por qué motivo dejé que me ayudaras, cabeza rosada...- Maldecía Gajeel, sentado y atado a una silla.- Sigo preguntándome por qué no te maté cuando tuve la oportunidad...

-¡Silencio!- Bramó Erza Scarlet, aún con el látigo entre las manos.- ¡Es vuestra culpa!

Dada la situación, lo único que podía hacer el pelinegro frente a la segunda de Fairy Tail era guardarse sus palabras malsonantes para cuando tuviera tiempo de decirlas. En ese momento, su boca debería de permanecer cerrada por un tiempo. En concreto, toda la tarde...

Dos horas antes...

Natsu habia puesto el pastel en el horno y ambos chicos y Juvia se limitaban a mantener una pequeña y desinteresada charla sobre la comida del reformatorio. Los chicos opinaban que apenas habia variedad, que todo tenia el mismo gusto de siempre. Pero para cierta peliazul, eso dependía de los ojos con los que mirase a la comida.

-Por ejemplo, si ordeno mi comida con la cara de mi Gray-sama, ésta tiene un sabor mucho mejor.- Apuntó cual maestra de cocina.

-Eso debe de saber fatal.- Natsu se llevó el índice y el dedo del medio a la boca en señal de querer soltar todo lo que habia comido ese dia en una masa de color entre amarillo y verdoso. Gajeel le dió una colleja.

-Eso no lo decides tu, estúpido cabeza de flores.

-¿Qué has dicho?

-Cabeza de flores. Cabeza rosada. Es-tu-pi-do.

En ese punto, Natsu decidió recurrir a los puños, asestándole un golpe en la mejilla derecha al pelinegro, quien salió despedido contra un montón de platos y sartenes apilada en la gran y negra encimera de la cocina provocando un gran escándalo.

-Maldito cabello rosa...- Gruñó Gajeel, quien se levantó de golpe y corrió a asestarle un golpe en la barriga, mandando a Natsu contra la nevera, que se abrió por el impacto dejando caer kilos de comida. Llegados a ese momento, Erza entró en la cocina. Y, lamentablemente para el dúo de delincuentes, todo se volvió negro.

En la actualidad...

-Maldita Juvia...- Continuaba gruñendo Gajeel.- Me continuo preguntando dónde diablos se metió para escabullirse.

-Nah, eso no importa. No seas estúpido.

-¡Eso no es de ser estúpido!

-Pero lo eres de todas formas.- Natsu le sacó la lengua en señal de burla.- Y eso es todo.

-Maldito... un dia de estos te voy a patear el trasero.

-Oh, quiero verte intentarlo.

-Ni lo...- Un golpe seco de Erza le cerró la boca a Gajeel, y volvió pálido a Natsu, quien se decantó por la opción de permanecer en silencio hasta que terminara el castigo. Conocía a Erza lo suficiente como para saber lo malo que es meterse con ella... casi tanto como con Lucy.

Lucy... Natsu empezó a divagar sobre la chica rubia por el resto de la tarde.

...

Y dicha chica rubia se encontraba en esos mismos momentos tumbada en el césped que rodeaba el reformatorio, más concretamente, en la parte trasera. Habia perdido de vista a Gray y Levy se habia escabullido por algún lugar. Sólo Wendy se encontraba tumbada junto a ella, pero tampoco podían hablar de demasiadas cosas. Por lo que permanecían en silencio.

-Oye, Lucy.- Dijo Wendy.- ¿Qué clase de vida tuviste antes de ser estafadora?

En la mente de la rubia se le aparecieron imágenes desagradables, el recuerdo de una bola de arroz destrozada sobre el escritorio de su padre. Imágenes de ella llorando, recuedos que realmente nunca quiso que regresaran a su mente.

-Una infancia normal, supongo. ¿Y tú?

-Provablemente la misma que tu.

Y continuó el silencio, que se prolongó varios minutos hasta que el sonido de pisadas rompió su tranquilidad.

-Te esperaba, Levy.- Refunfuñó Lucy, incorporándose junto a la pequeña peliazul que habia permanecido a su lado todo ese rato.- ¿A dónde fuiste?

Levy recordó que de la mano unas manos le habian tapado la boca y la habian arrastrado hacia la puerta de una habitación oscura que no recordaba que existiera allí, poniéndole en la cara un pastel con nata y tres o cuatro fresas repartidas por la superficie. No supo como, pero supo que lo habia echo Gajeel.

Su secuestradora habia sido Juvia, que le contó todo lo ocurrido y se disculpó en nombre de su amigo asesino por haber escuchado su conversación. Le dijo, más como un secreto, que él quería animarla. No supo que contestar, estuvo charlando y comiendo pastel con Juvia y, tras llevarse el que sobraba hasta su habitación, regresó al césped trasero del reformatorio.

Sin embargo, eso no quiso contárselo a Lucy. O al menos, no delante de la pequeña Marvell del cielo que tantos escalofríos le habia causado desde su llegada a ese reformatorio lleno de locos, claro estaba, porque poco a poco iba confiando en la rubia que tenia como "amiga".

-A ningún lugar en especial.- Respondió naturalmente, sentándose entre ambas.- Quise revisar la biblioteca. Es todo.

-Ah...

-¿Encontraste algo de utilidad?- Preguntó la dueña de sus escalofríos y desconfianzas.

-Esto... no. Tan sólo revisaba que títulos habia para poderlos leer más tarde.- Dirigió una mirada al cielo de un color entre azul y gris y la dejó puesta en las nuves que paseaban por éste. Lo cierto era que sentía una incomodidad en el pecho. Queria ver a Gajeel, pero su mente no hacia más que replicárselo.

Si iba a verle por el motivo que fuera, éste aprovecharia para decirle algo sobre el partido, o sobre la apuesta que se suponía que habian hecho. Además... ¿para qué? Como si no fuera a tener oportunidades para verle estando encerrados en un mismo sitio.

-Bueno, lo siento Wendy pero... tengo que hablar de un tema con Levy.- Lucy se disculpó con una cara de tristeza y de lamentarlo mucho en realidad. Ésta sonrió, asintiendo con la cabeza y dirigiéndoe hacia su habitación desapareció del campo de visión de las jovenes.

-¿Y bien?

-¿Bien qué?

-¿Qué era lo que querias decirme?

Lucy se puso a caminar a paso lento y tranquilo por los pasillos del reformatorio seguida de cerca por la peliazul, que empezaba a frustrarse por el hecho de que la chica no dijera nada. Finalmente, llegaron a la habitación de la rubia y, cerrando la puerta tras de ellas, Lucy decidió comenzar a hablar.

-Ayer me hablaste sobre tu infancia.

Levy se puso tensa. Su rostro enrojeció por la vergüenza al recordar el espectáculo que hizo frente a esa chica y todo lo que le contó y lo que le dijo. Se maldijo por dentro.

-Así es.- Asintió mirando hacia otro lado, percatándose de que la habitación de la chica tenia menos personalidad que la suya propia, teniendo en cuenta que ella llevaba allí apenas algunas semanas y Lucy tal vez se habia pasado más de un año allí.- Bueno, si eso era todo lo que querias decirme...

-No es eso, tonta.- Lucy se dejó caer en su cama mientras señalaba una fotografía en su mesita de noche.- Esos somos yo, mi padre y mi madre.

Levy observó a una mujer bella, vestida con un hermoso vestido de un color entre verde azulado, rubia como la chica que señalaba la imagen y con una sonrisa en sus labios. A su lado, un hombre de porte alto, también rubio, pero con el rostro mucho más serio. Pudo reconocerlo como aquel que fue a visitar a su recién hecha amiga varios días atrás. Y luego, sentada en una silla con aspecto de valer mucho dinero, ella, Lucy, sonreía ampliamente a la camara.

Regresó la mirada hacia su compañera.

-Mi padre mató a mi madre.- Anunció ésta.- Y escapó conmigo una vez lo declararon inocente, creando así una organización con la que traficaban con dinero. Eso debió de pasar cuando yo tenía cinco años. Desde entonces estuve habitando la misma casa a la que acudían políticos corruptos, gente de la mafia y hasta incluso asesinos.

Intenté escapar de ese lugar varias veces, pero los subordinados de mi padre siempre me encontraban y me llevaban ante él, quién decidía mi castigo y un par de ayudantes me daban una paliza como castigo. Me encerraban en mi habitación durante días y, cuando volvía a salir, estaba lo suficientemente atemorizada como para no volverlo a hacer.

Pasaron los años. Poco a poco me fui convirtiendo en un peón de mi padre. Iba aquí y allá a recoger cosas y personas por las noches. Planeaba varios robos que nunca fueron frustrados y, durante el día, iba a clases como cualquier otra joven normal y corriente.

Me puse a estafar a gente como hobbie. Conseguía ayudar a mi padre en su negecio y solía conseguir beneficios considerables para mi. ¿Qué más podía pedir? Tenia dinero, talento, belleza y fuerza. Nunca pensé que me faltara algo.

Un día, de esos en que se te cae la venda de los ojos. Tu lo sabes Levy, seguro que te ha pasado. De esos días en que te aburres y recuerdas las cosas... bueno, fue antes de realizar un robo muy importante, y recordé a mi madre. Entonces me percaté de qué era lo que me faltaba realmente. Y era el amor y el cariño de esa madre que nunca tuve, claro, por culpa del egoísmo de mi padre. Desde la época de las palizas nunca me habia planteado hacer algo mal, o dejar que alguno de mis planes hubiera sido frustrado. Pero esa noche, cuando iba a hacer mi tarea, algo salió mal. Por mis dudas al respecto, saltaron todas las alarmas y, mientras me aseguraba de que todos escaparan, la policía llegó y me cogió. No desenmascaré a mi padre en ningún momento y él, al recibir la noticia por parte de la policia, fingió demasiado bien estar enfurecido, sorprendido y decepcionado conmigo. Y qué menos que eso, pues aunque a él lo investigaron, no encontraron nada.

-Por eso vino ese dia.- Apuntó la peliazul.

-Así es. Realmente, aunque sospechen que él lleva negocios muy sucios, nadie puede hacerle nada llegados a este punto. Lo investigaron una vez y no lograron encontrara nada en absoluto, de modo que aunque lo volvieran a hacer las cosas seguirian igual.

Ambas permanecieron varios segundos en silencio hasta que la puerta abriéndose de golpe las asustó.

-¡Maldita seas rubia!- Exclamó Gajeel, llevando a rastras a Natsu, quien en darse cuenta del lugar en el que se encontraban se quedó pálido.- ¿Dónde te habias metido? ¿Enana? ¿Está aquí la enana?

-¿Huh? ¡Largo de mi vista Gajeel Redfox! El que Levy esté o no aqui no es asunto tuyo.

Pero el pelinegro hizo caso omiso y, apartándola de un empujón, cargó a Levy como un saco de patatas y se la llevó pataleando de allí. Y Natsu, que se quedó estático bajo la puerta, se marchó a paso lento de ahí.

-Lo siento.- Murmuró.- Buena suerte en el partido de mañana.- Y cerró la puerta con cuidado, dejando a Lucy con las ganas de abalanzarse contra él. Pero se habia quedado sola y no pudo más que sonreir apenada.

En otro lugar, en la habitación del asesino del metal, Levy habia sido lanzada en la cama del muchacho, quien se quedó viéndola con los brazos cruzados.

-¿¡Qué se supone que estás haciendo?!- Bramó ella.

-¿Tu no has comido pastel, verdad?

Levy no entendió a qué se refería hasta pasados un par de segundos, dónde reaccionó volviéndose roja como un tomate. Gajeel lo interpretó a su modo y se avalanzó contra ella, cogiéndola del cuello y zarandeándola como si se tratara de un muñeco.

-¡Escúpelo! No quieres coger una enfermerdad, ¿verdad?

La peliazul logró deshacerse del agarre del chico y ella misma lo zarandeó (más o menos) a él, mientras le preguntaba a qué se refería con coger una enfermedad. Algo rojo por la vergüenza de tener que contarle que él lo habia hecho, que le habian castigado y que, muy provablemente, dicho pastel tendría mal sabor, se soltó de ella.

-Estaba bueno.- Dijo como toda respuesta, sonrojada.- No entiendo por qué motivo debería enfermarme.

-Gez... a veces haces que me preocupe por nada.

-Es imposible que realmente pudieras estar preocupado por una nimiedad como esa...

-Cállate.

Lo cierto es que estuvo buscandola por todo el reformatorio, hasta que se topó con Juvia y, tras haberla interrogado, se dirigió a la habitación de la rubia donde la encontró. Y ahora queria besarla, pero recordo su apuesta. Tendría tiempo de sobras de hacerlo, por lo que sonrió con suficiencia.

-¿Quál es tu problema ahora?- Preguntó Levy incórporandose en la cama. La mano de Gajeel se lo impidió, acercando sus bocas hasta que estaban a escasos milímetros.

-Cuando gane la apuesta, no voy a tener que besarte de este modo.- Y chocaron los labios.

Lamento la tardanza! A partir de ahora trataré de tener un capitulo cada semana :))