Gracias por los reviews! Ya se va terminando esta historia, espero que os siga gustando a partir de ahora en adelante tanto como lo hacía en los capítulos anteriores, y lamento la espera larga.

Disclaimer: Fairy Tail es propiedad de Hiro Mashima, a mi solo me pertenece esta historia en particular, pero no los personajes.

FAIRY PRISON

Se respiraba cierto aire de tensión en el ambiente aquella mañana. Por la tarde sería la esperada celebración del partido de voley entre ambos equipos y todo el reformatorio miraba alrededor como si en cualquier lugar fuera a estallar la pelea.

Pero, sin duda alguna, la que más esperaba que el partido empezara era Lucy Heartphilia, pues sin duda aquello era la lucha final para vencer a Lisanna y recuperar a Natsu, que desde un buen comienzo siempre debía de haber sido suyo.

Así pues, cuando fue el momento de finalizar las clases, y apenas quedaban un par de horas, todos pretendían no estar ansiosos. Y Mirajane lo notaba.

-¿Pasa algo?- Preguntó un peliverde que en ese instante caminaba tranquilo y en calma por la cafeteria, cerca de ella.

-No, n-nada.- Freed la hizo sonrojarse al instante, recordando el carrete que estaba guardado en un rincón de su habitación. Menos mal que, según le habia prometido la estafadora de Lucy, las fotos no saldrían a la luz por el momento, si hacía lo que ella le decía.

Por otro lado, Gajeel trataba de entablar conversación con Levy, pero no con demasiado éxito. La peliazul estaba inmersa en una de sus lecturas y no habia modo de sacarla de ella, aun cuando el chico lo había logrado en veces anteriores.

-Seguramente no quiere hablar contigo.- Convino Gray, que estaba al lado, abrazado por Juvia. No parecía molesto, casi al contrario, se dejaba hacer.- Después de todo, ésta tarde va a ser decisiva para muchos de los aqui presentes.

-Sólo quiero leer.

-Como quieras.- Y se marchó.

...

-Entonces me lo preparas para esta tarde.- Dijo con voz cantarina Wendy, en un oscuro calabozo que se encontraba justo por debajo de Fairy Tail, dónde varios criminales peligrosos perdían tiempo de sus vidas encadenados y dejado casi a su suerte. Apenas un par de comidas al dia no demasiado generosas cubrían la dieta de los prisioneros. Erza a veces solía escabullirse allí.

La peliroja bajo la cabeza, frustrada, porque aquello no encajaba en su idea de "justicia" ni de lejos. Era un horror imaginarlo pero, de todos modos, todos los prisioneros que se encontraban allí eran menores de veinte años. Y, la inmensa mayoria, habían sido arrastrados a ese mundo de oscuridad casi a la fuerza.

-Erza...- Esa voz, nuevamente, le provocó escalofríos. Sintió ganas de llorar por la situación en la que se encontraba.- No lo hagas por mí.

No, no lo haría por él. La justicia era la justicia, en todos lados del mundo la misma. O, teóricamente, así debería de ser. Los intereses que hubiera de por medio se interponían, y aquella vez había cometido un muy grave error al no tener en cuenta como debía de ser la justicia.

-No seas tonto.- Dijo con voz suave.- No lo haré por ti; lo haré por mi.

Wendy sonrió inocentemente, de oreja a oreja, como una niña a la que le felicitan por un buen dibujo de un conejito.

-Me alegra saber que puedo contar contigo.

La peliroja apretó los dientes, impotentes. Maldita justicia. Maldito mundo. ¿Por qué las cosas siempre salían mal?

...

El momento del partido llegó. Sin duda alguna, no había absolutamente nadie en todo el reformatorio que no se encontrara en esos mismos momentos observando el campo de voley, la cuerda, las pelotas que alguien había dejado caer ahí como quién no quiere la cosa, creando tensión. Droy las recogió con torpeza.

Y los participantes entraron. Levy miró algo encogida a Gajeel, al otro lado de la cuerda, su rival. No debía perder. Si lo hacía, el pelinegro ganaria y tendría el derecho de salir con ella. Y no le gustaba aquello en lo más mínimo. Además, si no daba lo mejor de sí, Lucy nunca se lo perdonaria.

-Va a empezar el equipo A.- Dijo Erza, la jueza. Por suerte, la justicia podría mantenerse la misma en un partido, no le afectaría. Apretó los dientes con mucha fuerza, pero al poco rato dejó de hacerlo, para disimular.

Lisanna miró, burlona, cómo la rubia estafadora la observaba hacer el primer saque. Lanzó la pelota con toda la fuerza de la que fue capaz, pero aún con esas Gray evitó que tocara el suelo. La lanzó al aire y Loke dió el golpe de gracia, marcando punto.

-Mi fuerza es grandiosa, ¿verdad, Lucy?- La pose de león grandilocuente se posó en su cuerpo y, disparando rosas con flechas a la rubia, alabó sus gráciles movimientos. La joven no supo como reaccionar, como de costumbre, y solamente le dió la razón.

Sacaron nuevamente los del equipo A. Natsu dió un golpe espectacular con el pase de Cana y logró empatar el marcador. Lucy soltó unas cuantas maldiciones mientras recogía la pelota para sacar.

Tuvieron que dar varios toques ésta vez para que el equipo de Lucy marcara. Las mismas jugadas se repitieron durante casi todo el partido y, finalmente se anunció un equipo ganador.

Lisanna miraba de reojo a Lucy, y viceversa. Ambas sabían que ninguna de la otra aceptaría dejar ir a Natsu, pero de todos modos, así habían ido las cosas.

-Bueno, ha sido un partido muy reñido.- Dijo Erza, bajando a felicitar a los ganadores y a dar un par de palmadas de consuelo a los perdedores.- Pero sin duda alguna, vuestro equipo ha sido el mejor.- La peliroja entregó un papel.- Dentro de unos días continuarán los partidos.- Erza no se creía lo qu estaba diciendo, conocedora de los planes de Wendy. Había abierto las celdas del subsuelo y en muy poco tiempo el plan daría comienzo. Estaba sudando de lo nerviosa que se encontraba, pero algunos lo atribuirían sólo al calor que hacía esos días.

Natsu se acercó algo cohibido a Lucy, recordando la apuesta que habían hecho.

Sin darle tiempo a la rubia de reaccionar, la besó con fuerza. Delante de todos, e incluso de Lisanna. No podía aguantar más, su corazón llevaba demasiado tiempo gritándole al pelirosado que amaba a esa estafadora calculadora.

-N-Natsu...- Dijo ella, cuando se separaron.

-Has ganado, ¿no?- Sonrió. La verdad era que tan sólo se trataba de una excusa para convencerse a sí mismo de que lo que hacía no era un acto injusto hacia Lisanna.

Así era, se dijo Gajeel, apretando con fuerza los puños, habían perdido. No tenía el derecho de reclamar a Levy, de besarla. No, ya no lo tenía.

-Ey.- El pelinegro alzó la cabeza, con el entrecejo fruncido y las ganas inmensas de partirle la cara a alguien. Pero su rostro cambió completamente cuando se encontró con su enana. Con Levy McGarden.- Podemos dejar de lado la apuesta.

Abrió los ojos. No entendía nada.

Hasta que Levy, con una fuerza poco común en ella, le hizo bajar la cabeza. Se puso de puntillas y lo besó. Que más daba, ahora que habían ganado no tenía que sentirse encadenada por la maldita apuesta. Actuaba así porque queria.

-E-enana...

Lo miró con indiferencia.

-Yo te a...- Pero un ruido de explosión proviniente de la torre central frenó la confesión de Levy. Todos giraron su cabeza. Erza bajó la mirada, apretó los dientes, y esperó a que Wendy hablara.

No tardó nada en hacerlo, puesto que no disponían de demasiado tiempo.

-¡Atención todos, Fairy Tail!- La pequeñaja, subida en la silla de árbrito, llamó la atención de todo el reformatorio. Sin duda alguna, aquella era la Marvell del Cielo de los Dragon Slayers.- ¡Hoy vamos a ser libres! ¡Escapad, huid, marchaos de esta cárcel! ¡Abrid caminos de libertad!- Cogió aire, potente, pàra liberarlo.- ¡ESCAPAOS AHORA QUE HAY TIEMPO!

Durante dos segundos, nadie dijo nada. Todo se volvió blanco. Eran libres, si querían.

Una exclamación dejó claro al mundo cuáles eran sus intenciones. La gran masa de prisioneros salieron huyendo por el agujero que había causado la explosión.

En la torre de control, Makarov abrió los ojos, con un tic en la ceja, furioso a más no poder. Observaba todo lo que ocurría y, por el megáfono, anunció lo que significaria aquella huida.

-¡Os encontraremos y os volveremos a encerrar a todos y cada uno de vosotros!

Pero más valía provar de huir que quedarse allí. Nadie hizo caso de la amenaza.