Para que (Puppyshipping POV Joey)

Para que

Me dices que lo sientes

Que lo pensaste mejor y vas a volver

Tú siempre te arrepientes

Joey estaba viendo la televisión sin verla en realidad, acostado en el cuarto de huéspedes de la casa que compartía con Kaiba. Estaba por quedarse dormido cuando el timbre terminó por sacarlo de su somnolencia. Aún estando grogui se levantó de la cama, pensando en quién sería el que lo interrumpiera.

Cuando llegó al living vio que quien había tocado la puerta tenía una llave de la misma. Todo su estupor se desvaneció al ver quién estaba parado ahora delante de él.

-¿No deberías estar con Mai? – le preguntó de la forma más despectiva que pudo.

-¿Cómo podría hacerlo si al único que amo es a ti?

-¡No me vengas con otra de tus mentiras Kaiba! – gritó exasperado, luchando porque su voz no se quebrara en ese momento.

-No es ninguna mentira Joey – dijo el castaño tratando de acercarse, más el rubio retrocedía.

-Esa es la misma frase que repites todas las condenadas veces que te encuentro con uno de tus amantes - ya se estaba desesperando.

-¿Qué tengo que hacer para que me creas?

-¡Nada! – gritó Joey al borde del llanto - ¡Nada, porque nada me hará cambiar de opinión! ¡Siempre es lo mismo contigo! ¡Me engañas en mi cara y luego vienes diciendo que te arrepientes! ¡Que lo pensaste y que cometiste una locura! ¡Así fue desde el primer día en que estuvimos juntos! ¡El primer día y ya me engañabas!

Para que

Me dices que me quieres

Si o negaste mil veces y me quedé

Hecho pedazos por ti, dime para que

POV's Joey

El destino me lo advirtió desde la primera vez que me dijiste "Te amo", antes de robarme un beso, mientras estábamos en el receso escolar. Fue extraño, aún nos comportábamos como enemigos mortales, pero ese contacto fue la clave para entender plenamente lo que en realidad sentía por ti.

Te ofreciste para llevarme a mi casa después del colegio, pero me negué ya que tenía que ir a buscar a Serenity, quien vivía conmigo en un departamento que logré mantener. Te despediste besando tus dedos y luego pasándolos por mis labios antes de subir a la limusina y marcharte.

Decidí ir por el camino largo, ya que tenia mucho en que pensar. Pasé por un parque, el cual era uno de mis favoritos por la variedad de hermosas flores que lo adornaban. La leve brisa desordenaba mi pelo con sutileza y cerré los ojos para sentir el sol en mi piel.

-Dime la verdad Seto - escuché la voz de Yami detrás de los árboles. Curioso, me asomé y descubrí al tricolor en brazos de mi ahora novio - ¿Amas a Joey?

-Idiota - le dijo dándole un rápido beso en los labios - Es a ti a quien amo. El perro será solo una máscara para ocultar lo nuestro.

No podía creer lo que mis ojos y oídos me transmitían. ¿Primero viene y me dice "Te amo", y luego va con otro diciendo que es una mentira?

Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas mientras trataba de evitarlo y comencé a correr rumbo a mi departamento. Le mandé un mensaje a Serenity diciendo que no podía recogerla y que viniera a casa en cuanto sus clases terminaran. Mis pies rebotaban en el asfalto creando un ruido sordo y los pulmones me dolían por la carrera, pero nada opacaba el dolor y la vergüenza que sentía en mi pecho.

Comenzó a llover; parecía que el cielo me acompañaba en mi tristeza. Dejé de correr; ya no tenía fuerzas para nada, y caí de rodillas en la calle, llorando con alma y vida.

/POV's Narrador/

Serenity se sacó la capucha en cuanto estuvo a resguardo de la lluvia. Había recibido el mensaje de su hermano y decidió apurarse para poder preparar la comida antes de que él llegara. Abrió la puerta y sacudió la capucha de plástico para que no goteara la entrada. La colgó en el perchero junto con su abrigo y encendió las luces.

-Joey - lo llamó - No tienes idea del temporal que hace ahí afuera - empezó a buscarlo por todo el departamento - ¿Joey? ¿Joey donde estas?

No recibió respuesta de su hermano. Revisó cada habitación del lugar pero tampoco encontró rastros de él. Ni siquiera había dejado una nota en la nevera como comúnmente lo hacía. Un trueno resonó a lo lejos, haciendo que Serenity se encogiera y se preocupara aún más. Joey no era de los que se iban sin avisar; tal vez estaba en la casa de alguno de sus amigos y se le había olvidado mencionarlo en el mensaje. Tomó su celular y marcó el número de su hermano, pero la línea estaba inhabilitada. Creyó que era por la tormenta, pero decidió llamar a sus amigos. Tal vez las líneas fijas todavía estaban funcionando.

Marcó los números de Ryou, Tristan y la casa-tienda. Sólo la última línea contestó.

-¿Joey no está contigo? - se escuchó a un Yugi bastante preocupado – Lo vi tomando el camino del parque, supuse que iba a buscarte.

-El me dijo que no podría ir, y que por eso viniera sola - dijo la castaña.

El menor trató de pensar en algún lugar en donde Joey pudiera estar cuando la puerta principal se abrió de golpe.

-¡Ya llegué Yugi! - dijo Yami mojado de pies a cabeza entrando en la sala - Me atrapó la lluvia de camino aquí.

-Que bueno que llegas - le contestó su hikari con una sonrisa - ¿Puedo preguntarte donde estuviste?

-En el parque que está cerca de la escuela - contestó el mayor extrañado - ¿Por qué?

-¿Y de casualidad no viste a Joey por ahí? Dijo que iría a buscar a su hermana por ese camino - le volvió a consultar.

-Lo siento Yugi pero no lo vi - dijo Yami con sinceridad - ¿Y a que se debe esta repentina preocupación?

-Joey aún no a llegado a su casa y no dijo nada sobre quedarse en algún lado. Además tampoco contesta su celular - le dijo el tricolor menor, pintando la preocupación el la cara del antiguo faraón.

-Dame el teléfono, creo que se quien puede saber dónde se encuentra.

/Con Serenity/

La menor de los Wheeler caminaba con impaciencia por el pequeño salón cuando sonó el timbre.

-¿Joey? - dijo esperanzada mientras habría la puerta.

-¿No está aquí? - dijo un castaño de ojos azules.

-Aún no - contestó a su ves, mientras se hacia a un lado para que Seto entrara – No tengo idea de dónde pudo haberse metido y con este clima me estoy preocupando

-No es necesario que te preocupes mas - una voz sumamente familiar la sacó de su ánimo decaído.

-¡Joey! - gritó emocionada, corriendo a abrazar a su hermano - Por todos los dioses estas empapado. Ven para que puedas secarte, sino vas a tomar un resfrío.

-Aún no Serenity - dijo el rubio, para luego dirigirse al CEO - Vamos afuera. Tú y yo tenemos que hablar.

El castaño no respondió, simplemente siguió a su cachorro fuera del apartamento. Cuando detuvieron seguros de que nadie los veía o escuchaba, Seto fue el primero en romper el silencio.

-¿Donde estabas cachorro? - le dijo abrazándolo por la espalda – Nos tenías a todos preocupados, en especial a mí.

Joey no esperaba esa reacción del castaño, y el abrazo por su espalda lo tomó con la guardia baja. Se quedó estático en su posición, tratando de analizar el porqué de esa actitud tan contradictoria a la que había visto en el parque. Al final, solo ocultó sus ojos con su flequillo y comenzó a reírse de lo irónico de la situación.

-¿Preocupado? - repitió con burla - Si, se notaba que estabas preocupado por mí mientras abrazabas a Yami.

Ahora fue el turno de Seto de quedarse estático. ¿Yami? No puede ser ¿Su cachorro lo había visto con Yami? Lo soltó de manera lenta y con cuidado, logrando que Joey se diera vuelta y lo mirara con unos ojos que reflejaban lo que su corazón sentía.

-Te escuché Seto - le dijo con indiferencia - Como le decías a Yami que no me amabas, que era solo una farsa.

-Eso no es cierto - se apresuró a aclarar el castaño, no quería perder al rubio.

-¡Entonces explícame que fue lo que pasó en el parque! - le exigió de manera brusca.

-Fue una apuesta - dijo el acusado - Mi equipo de fútbol perdió el partido de esa mañana y habíamos apostado a que el perdedor debía fingir estar enamorado del otro.

Joey se lo pensó por un momento. Al principio le creyó, dado que a ambos les fascinaba desafiarse el uno al otro, pero el precio a pagar le parecía demasiado alto y extravagante hasta para su gusto.

-Dame tu teléfono - pidió el rubio, cosa que el CEO le concedió de inmediato - Veremos si lo que dices es verdad.

Marcó el número de Yami en el móvil. Habló durante un momento con él antes de cortar. Tal parecía que la historia de Kaiba era cierta, pero aún así estaba ese sentimiento amargo en todo su cuerpo. El castaño vio la duda en los ojos del rubio, y se apresuró a abrazarlo antes de que cayera por completo en ella.

-Te amo Joey - murmuró en su oído - Sabes que es así, y nunca lo olvides.

-¿Vas a quedarte conmigo? - preguntó el rubio sobre el pecho del mas alto.

-Nunca me iré - le contestó separándose de el para mirarlo a los ojos - Permaneceré a tu lado para toda la eternidad.

Me dices que ya no te vas

Que nunca más

Me dejarás después de lo que me hiciste sufrir

No es justo que tú quieras regresar

Si ya me había olvidado de ti

POV's Joey

-¿Que tienes que decir a tu favor? - repetí inclinándome sobre la mesa en frente suyo.

-Eres mas astuto de lo que imaginé, cachorro - me alabó con una sonrisa, aunque en sus ojos todavía se lo notaba triste.

-Guarda esas palabras para tu amante - solté de la manera mas seria y fría que pude, mientras me alejaba para tomar mi mochila y fijar rumbo hacia la puerta - He soportado absolutamente todas tus infidelidades, Seto. ¡TODAS! y cada una de ellas - cerré los ojos y respiré profundamente antes de seguir; en verdad me dolía todo aquello, pero no podía soportarlo mas - Siempre mantuve la esperanza de que dejaras de hacerlo.

-Joey - murmuró con un deje ve dolor en su voz. Supongo que era justo verlo así, para pagar lo que me hizo. Me di la vuelta y lo miré a los ojos antes de continuar.

- Pero fui un verdadero idiota al suponer que por mi, un "sarnoso perro callejero", el gran Seto Kaiba, dejaría su fama de casanova - las lágrimas empezaban a llenar mis ojos, y el nudo que tenía en la garganta no me dejaba hablar - Pero nada cambió; tu seguiste con tu juego de siempre, teniendo aventuras para luego volver aquí y decirme "Lo siento cachorro, no volverá a suceder ¿Podrías perdonarme?"... siempre con la misma historia.

Aparté la vista para que él no viera como las lágrimas caían sin contención de mis ojos. Seto no dijo nada, solo se limitó a verme de la misma manera entre dolido y avergonzado.

-Adiós Seto - le dije antes de abrir la puerta y marcharme.

-¡Joey espera! - oí como me llamaba, y sentí como su mano sujetaba mi brazo - En verdad lo siento - su voz estaba cortada por el llanto - Lo siento tanto Joey, no se que es lo que me pasa. Como tu bien dijiste eh... estado con muchas parejas pero ninguna ha podido llegarme tanto al corazón como lo has echo tu Joey. Te amo, y no quiero perderte, menos por mi estupidez.

Lo miré con el corazón en mis manos, sintiendo como la vida se escapaba de mi cuerpo al pensar en las palabras que diría a continuación. Lo amaba, pero aquella situación era demasiado para que mi ya quebrantada alma lo soportara.

-Pues tus acciones me demuestran lo contrario Seto. Si me amaras no me habrías engañado, menos tantas veces. Si me amaras, no harías de mi vida... una constante pesadilla. Si me amaras... no me harías sentir como un juguete sexual, porque lo creas o no, solamente así me trataste. Lo siento, pero ya no puedo vivir así

El quedó en estado de shock al escuchar mis palabras, y aproveché esa distracción para librarme de su agarre y salir huyendo al que parecía un futuro mas prometedor...

Para que

Me dices que lo piense

que la costumbre no me va a romper

Que estaré contigo siempre

-Hola Mokuba - saludé al niño cuando lo vi al abrir la puerta - ¿qué haces aquí?

-Necesito hablar contigo - me dijo mientras entraba - ¿Sabes que le pasa a mi hermano? Acabo de llegar de mi viaje y no tuve tiempo de hablar con el más que para decirnos hola y despedirnos. Me preocupa, hoy lo vi muy deprimido.

Me entristecí cuando lo escuché, pero no podía dejarme vencer, no si me negaba a volver al mundo de pesadillas.

-Tu hermano y yo nos separamos - le dije mientras me sentaba en uno de los sillones, enfrente suyo - Fue por mi voluntad, supongo que Seto aún no se acostumbró a mi ausencia.

-Le advertí que esto pasaría - dijo el morenito en un suspiro - ¿Puedo saber hace cuanto están separados?

-Una semana - le dije tratando de sonar indiferente, aunque el rostro preocupado de Mokuba quebró mis defensas - ¿Que tienes?

-Seto ya ha pasado por esto antes, con otras parejas - me contó balanceando las piernas en un gesto inocente - Y créeme que nunca lo había visto tan infeliz. Con las otras estaba triste un par de días y luego se recuperaba.

-¿Estas defendiéndolo solo por que es tu hermano? - le pregunté desconfiado; ahí olía a trampa.

-Solo te digo lo que veo y lo que se Joey - Mokuba parecía muy preocupado - Tu sabrás como interpretarlo.

-Me a mentido miles de veces, Moki- murmuré - Ya no sabia si creerle o no.

-No creas que no te entiendo, pero deberías de pensártelo. Tal vez esta sea la primera vez que esta realmente arrepentido.

-Tal vez - me dije, no del todo convencido.

Lo invité a algo de tomar y luego él se fue para su contra turno en el colegio. Necesitaba despejar mi mente así que salí a dar una vuelta.

No prestaba atención a nada. Ni a la gente, ni al tráfico. Ni siquiera a la hora ni en dónde me encontraba. Para cuando quise volver, ya no sabía ni dónde estaba. La única luz que recibía era la de un farol a medio derrumbase por el óxido y el tiempo. No llevaba conmigo ni reloj ni celular, y aquella parte de la cuidad me era completamente desconocida.

Caminé por las veredas deshechas del barrio, buscando algún indicio que me resultara familia. Pero nada, todo era escuro, siniestro y no me sentía cómo a medida que seguía caminando. Hasta tenía la sensación de que varios ojos estaban clavados en mi espalda, pero al darme vuelta sólo veía el mismo camino por el que había pasado. Escuchaba pasos siguiéndome, así que hice memoria para recordar lo que sabía de defensa personal, mientras miraba a mi alrededor en busca de cualquier cosa que me sirviera de arma.

-¡Hey, tú! – gritaron a mi espalda.

Me volví con brusquedad, viendo a varios hombres yendo en mi dirección. Eran demasiados y aunque nunca huyo de ningún encuentro sí sabía cuando la situación escapaba de mis manos y podía resultar peligrosa. Salí corriendo por uno de los pasadizos que había visto con anterioridad, si usaba el diseño tipo laberinto del lugar tal vez podía perderlos de vista.

Parecía un alma que llevaba el diablo, mientras sentía las pisadas sobre el asfalto detrás de mí. Sólo me detuve cuando me aseguré de que nadie estaría siguiéndome. Tomé aire, apoyando mis manos en las rodillas cuando sentí un metal frío sobre mi sien.

-Eres escurridizo, pero no lo suficiente – una voz masculina me puso en alerta – Ahora vendrás conmigo ¿Quieres? Aunque la verdad, no tienes muchas opciones.

En cuanto escuché un "click" proveniente del objeto en mi sien, supe que el sujeto me estaba apuntando con un arma. Me incorporé lentamente para evitar alertarlo y traté de mirar su rostro para identificarle, pero la oscuridad y que el sujeto no me dejaba moverme más de lo necesario me hicieron imposible esa tarea. El arma apuntó ahora a mi espalda, empujándome con el tuvo para hacerme caminar. Correr no era una opción. Darme vuelta y encararle le daría tiempo de sobra para apretar el gatillo. Por ahora, solo me restaba seguirle la corriente.

No avanzamos mucho, cuando una luz brillante nos cegó por completo. Escuché el ruido de un motor y el de las gomas quemándose en un chirrido agudo. También el del hombre cayendo de espaldas para evitar que el auto lo atropellara.

-¡Sube! – gritó una voz conocida desde el auto, abriendo la puerta del acompañante.

Mi mente estaba en blanco así que hice lo que se me ordenó. En cuanto estuve dentro del vehículo este arrancó quemando aún más las llantas.

Para que

Me engañas y pretendes que se me olvide lo intenso de perseguir

Toda esta vida sin ti dime para que

-¿Acaso me estabas siguiendo? – pregunté luego de varias respiraciones profundas.

-Si no te hubiera visto tomar el camino hacia ese barrio seguramente ahora estarías muerto – contestó Kaiba apretando el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos - ¿Estás bien?

-Lo estoy, muchas gracias – respondí, agradeciendo el que me haya librado de esa situación.

-¡¿Ni siquiera el haberte salvado va a hacer que me perdones?! – gritó exasperado, yo trataba de mantenerme con clama.

-No tienes idea de lo difícil que es para mí aceptas tus disculpas – por poco creo que no le grité, mis nervios se estaban crispando más que de costumbre y quería mantener la compostura.

-¿Estás completamente seguro?

Dudé. No quise verlo a la cara porque sabía que me quebraría en ese mismo instante. Luche para que los sollozos no escaparan de mi pecho, pero las lágrimas salieron sin contención de mis ojos.

-Estoy… seguro – dije bajando la mirada, pero lo logré evitar que mi voz se quebrara.

Me dices que ya no te vas

Que nunca más

Me dejarás después de lo que me hiciste sufrir

No es justo que tú quieras regresar

Si ya me había olvidado de ti

-No podrás escapar de mi – sonaba tan seguro de si mismo – Siempre voy a estar contigo aunque tú no lo quieras. No puedes evitar alejar tus pensamientos de mí, ni siquiera controlas tus actos por pensar en mí. Acéptalo Joey: No puedes vivir sin mí y yo no voy a permitirme vivir sin ti.

Abrí de un golpe la puerta del auto deportivo; fue una suerte que ya hubiera aparcado en frente del departamento. Cerré con fuerza y no hice ademán alguno en volver a verlo. En el elevador, me apoyé contra la puerta de metal, y con una mano sobre mi boca dejé que los sollozos sacudieran mi cuerpo.

Entré tambaleando al departamento, y con furia arrojé lejos la fuente que estaba a la entrada de la puerta. Quería gritar, quería destrozar algo, quería liberar de una vez todo lo que sentía o sino iba a explotar. Sus palabras seguían perforando mis oídos como si de abejar rabiosas se tratasen. Justo cuando veía que podía manejar mi situación actual él se aparecía como si nada, y encima, me salvaba de ser secuestrado ¿Qué acaso ya no tenía suficiente con todo lo que me había hecho?

La mesa terminó dada vuelta, el cristal de la mesa ratona terminó hecho añicos. La biblioteca acabó en el piso y los libros repartidos por el suelo. Las figuritas de cerámica se rompieron en mil pedazos cuando las arrojé de sus estantes al igual que los cuadros, cuyos vidrios filosos hicieron cortes en el lienzo de las pinturas y en el papel de las fotografías. Sólo la cocina y los cuartos se salvaron de acabar como el comedor y el living, mientras que yo, agotado y sin fuerzas para nada más, me recosté en el sofá, llorando en silencio, sin abrigo, hasta que me dormí.

Quieres regresar dime para que

Si ya no es igual si ya te olvidé

Si te quedas lo se, no te perdonaré

Para que, dime para que.

Me dices que ya no te vas

Que nunca más

Me dejarás después de lo que me hiciste sufrir

No es justo que tú quieras regresar

Si ya me había olvidado de ti

En cuanto desperté parecía que había nacido un nuevo yo en mi interior. Con melancolía vi el desorden que ocasioné la noche pasada. Me dispuse a ordenarlo todo para que cuando Serenity llegara de su pillamada no tuviera que andarse preocupando por lo que había hecho.

Terminé mucho antes de lo que esperaba y no sabía que hacer. Había dormido toda la noche en el sillón en una postura muy incómoda y tenía todo el cuerpo contracturado. Decidí dormir mientras esperaba a que mi hermanita llegara, así que fui a mi cuarto y cerré la puerta.

Lo primero que ví fue una fotografía colgada en la pared. Fue una de las pocas que me permitiste sacar en nuestras citas, y yo la había encuadrado como si fuese un trofeo. La saqué del gancho, mientras recordaba lo que había hecho Yugi cuando se separó de Yami. Ambos estábamos ahora en las mismas condiciones, pero yo no tenía chimenea para poder quemar todos sus recuerdos, así que los metí en una caja. Todo fue a parar ahí: las fotos, las cartas, los regalos, alguna prenda ocasional que te dejabas cuando venías aquí. La cerré y encinté para que no se abriera, y con la caja sobre el hombro me dirigí a un descampado que utilizaban para juntar los residuos.

Dejé la caja junto con el resto de las bolsas de basura. De ahí en más ese era el lugar en donde debían estar esos objetos, y junto con ellos, los recuerdos que éstos evocaban.

Sin distracciones, ya era libre de olvidarlo de una buena vez. No me arrepentía de mi decisión, sabía que ese era el camino correcto. También sabía que no iba a poder perdonarlo si continuaba con lo mismo, pero al menos ahora reconocía que podía olvidarlo y poner los ojos en un futuro que prometía nuevas aventuras y un camino menos doloroso.

Antígona: Muy cambiado a comparación de la vez anterior.

Zinger: Esperamos que les haya gustado y nos vemos pronto!

Canción: Para qué

Artista: Anahí

Atte.

Los Hermanos Greenwood