El poeta (Yami X Hikari/ Puppyshipping POV Yami/Seto)

Nací para amarte

Yo te daría lo que quieras

Mi corazón, mi vida entera

Tu pide que yo te voy a complacer

-Maldita sea Bakura ¡YA LLÁMALO DE UNA P**TA VEZ! – gritó Marik desde el sillón - ¡Y ya deja de ir de un lado a otro si no quieres abrir una zanja en el piso!

Bakura estuvo tentado a romperle la cara de un buen puñetazo si no se callaba, pero se contuvo. Miró el objeto blanco entre sus manos sin evitar sentir un escalofrío recorriendo su columna vertebral. En su mente se imaginó arrojando el móvil al suelo y verlo hacerse añicos. Pero sin dudas eso era un acto de cobardía extrema y no, Bakura no era ningún cobarde, así que marcó el número y apretó la tecla verde con un sentimiento extraño de so saber lo que estaba haciendo. El sonido de la línea sonando un par de veces lo hizo medir las consecuencias, pero ya era tarde para colgar antes de que alguien contestara.

-¿Hola? – ahí estaba esa cantarina voz…

-Hola Ryou, soy yo, Bakura – su garganta se secó por los nervios y no pude agregar algo más. Maldita vergüenza.

-Hola Bakura ¿Necesitas algo? Es raro que me llames.

"Si, porque mis nervios me traicionarían cada vez que lo hiciera" pensó.

-No es por nada malo, es solo que… quería saber si tenías algún plan para esta noche jeje – se sintió como un idiota al reír de esa manera y de milagro consiguió decir una frase sin tartamudear.

-Pues… Yugi nos invitó a mí y a Malik a una cena – dijo un poco… ¿Apenado? Al menos eso era lo que quería creer.

-¿Una cena con Yugi y Malik? – sonrió divertido cuando Marik prestó atención al escuchar el nombre de su amado.

-Me encantaría que vinieras, de verdad – sus mejillas de seguro le estarían traicionando por la risa mal disimulada del joven sentado en el sillón - Pero Yugi dijo que tenía que hablarnos de un asunto de verdad urgente e importante y no quiero que se sienta incómodo ¿Entiendes?

-Entiendo – "¡MALDITO ENANO DEL DEMONIO!" – Bueno, no importa ¿Qué te parece si te invito a una cita la próxima semana?

-Me… gustaría mucho – Bakura pudo percibir un sonrojo en el timbre de su voz.

-Entonces te espero el próximo sábado en mi casa.

-De acuerdo. Hasta entonces – dijo antes de colgar.

-¿Y? ¿Qué te dijo? – "¿Puede alguien ser tan chismoso?"

-Dijo que el enano tenía algo urgente que tratar con ellos así que no habrá salida esta noche – contestó arrojándole el teléfono.

-Oh no, por supuesto que habrá salida esta noche – dijo Marik atrapando al vuelo el objeto - ¿El enano del que hablas no es de casualidad el amor no declarado de Yami?

-El mismo – respondió, acostándose en uno de los sofás libres y sin entender a dónde quería llegar.

Marik no agregó ningún comentario, simplemente se limitó a marcar un número en el teléfono, aumentando las dudas y la curiosidad de Bakura. El albino se sentó en el sillón, estirando su cuerpo en dirección al moreno, tratando de escuchar a quién estaba dirigida la llamada y de qué estarían por hablar.

-¿Yami? ¿Tienes algo que hacer a la noche que no sea fantasear con tu "amor imposible"?

Un sonido salió del parlante del aparato, proveniente del otro lado de la línea. Bakura sonrió al imaginar el rostro del faraón ante las palabras del egipcio y la cantidad de insultos indescifrables salidas del aparato. Carcajeó con ganas al ver como Marik se masajeaba sus adoloridos oídos manteniendo lo más alejado posible el aparato de la sensible zona.

-Te propongo… - comenzó, antes de mirar al albino y corregirse – Les propongo una misión de espionaje

"Esto va a ser tan divertido" se Bakura dijo en cuanto llegaron al restaurante donde ellos cenarían.

Iban los tres disfrazados para que nadie los reconociera y pidieron una mesa alejada de todos, pero desde donde podía verse el lugar completo.

-¿Y ahora qué? – Preguntó Yami, asfixiado por el traje negro que lo obligaron a llevar – Sabes, no se ni por qué te pregunto esto, ustedes dos son los que tienen a sus chicos en una cena, no yo.

-Pediremos una comida y estaremos aquí como si nada viendo lo que ellos hacen – respondió Marik, ladeando la cabeza hacia la mesa donde estaban para que entendieran mi mensaje – Y en cuanto a lo segundo, vamos, todo el mundo sabe que estás hasta el cuello por Yugi.

Vio como en faraón llenaba sus pulmones para gritarme en la cara otra vez que no estaba enamorado de Yugi, pero se calmó al caer en la cuenta del lugar en donde se encontraban y sin duda no quería armar una escena semejante.

-¿Sólo eso? ¿Solo vamos a estar aquí como idiotas espiando lo que hacen?– Bakura tenía dibujado en su rostro un cartel que decía "¿Y para esto nos hiciste venir así?"

-¿Qué prefieres? – le increpó el moreno - ¿Ver otra de las tantas películas aburridas que pasan por televisión o ver lo que está haciendo tu amorcito?

Marik debía admitirlo, le fascinaba hacer rabiar a sus amigos con el tema del amor. Se reía a carcajadas en su interior al ver la expresión de rabia y vergüenza mezcladas que ambos ponían ante frases referentes a sus sentimientos.

La camarera llegó en ese momento y tomó sus órdenes antes de volver a marcharse, dándoles un poco de tranquilidad y seriedad al asunto. Bakura le pidió una revista cualquiera antes de que se fuera, y cinco minutos después fingía que leía un interesante artículo sobre cómo cultivar tomates en una huerta casera.

-Hey Bakura – Yami le había quitado la revista de las manos en cuanto comenzó realmente a leer el artículo - ¿Por qué no le prestas más atención a "tu ángel" que a esa revista?

El albino lo maldijo entre dientes. Ya suficiente tenía con Marik, ahora Yami se había sumado. Iba a gritarle varias verdades a la cara, cuando él señaló con el dedo en dirección a Ryou y esas verdades murieron antes de ser pronunciadas.

En la mesa donde estaba Ryou, la camarera se le insinuaba de una forma que francamente nadie desearía ver ¿Acaso esa mujer no conocía el significado de la palabra "discreción"? Bakura vio como Ryou se sonrojaba por las constantes sonrisas e incontables guiños de esa zorra y no pudo evitar doblar el tenedor que tenía entre sus manos para descargar tensiones. Francamente hubiera deseado que fuese un cuchillo para así poder arrojárselo a esa rubia mal teñida. Pero cuando ella acarició "accidentalmente" la mano de Ryou, su paciencia terminó por explotar.

-Listo, a ésa yo la mato – dijo antes de ponerme de pie bruscamente.

Mientras, Yami y Marik habían visto divertidos los celos de Bakura hacia la camarera. Marik incluso había sacado una videocámara para captar aquella imagen nunca antes vista por los mortales. Yami tapó su boca al verlo doblar el tenedor, de seguro imaginando que era el cuello de la mujer, pero al ver ese brillo asesino que no había visto en mucho tiempo y la frase de que iba a matar a la camarera le advirtieron que la cosa iba en serio. Marik también notó el cambio de actitud del albino, así que dejando de lado la cámara y con ayuda del faraón tomaron al ex ladrón para evitar que cometiera alguna locura.

-Tranquilízate Bakura – le decía Marik, obligándole a tomar asiento.

-¿Acaso quieres que nos descubran? Te recuerdo que espiarlos fue idea vuestra.

Bakura se libró del agarre de sus amigos y se acomodé el saco, en parte molesto por no haber matado a esa zorra y en parte feliz de que no le hubieran descubierto. Lo cierto es que se le hacía muy difícil no mandar al Reino de las Sombras a cada persona que se acercaba a Ryou con "esas" intenciones. Estaba celoso, había pasado mucho tiempo para que pudiera reconocerlo abiertamente y ahora que lo sabía, no iba a permitir que nada ni nadie se interpusiera entre él y Ryou. Cuando un ladrón clava la vista en una joya no descansa hasta verla entre sus manos.

Quiero recordarte

Que yo soy tuyo cuando quieras

Que yo te amo a mi manera

Quisiera que algún día tú fueras mi mujer

Y así juntos poder algún día

Vivir la alegría

De darnos placer

La razón de esta sutil melodía

De una poesía que te quise hacer

Marik despertó en su estudio luego de la noche de espionaje. Se desperezó en la silla que tenía frente al escritorio, diciéndose a si mismo que fue una pésima idea salir esa noche ya que a la mañana siguiente lo esperaba su estudio con una pila de relatos que necesitaban su edición. Aunque en el fondo no se arrepentía, fue divertido ver como Bakura ideaba formas de cometer un homicidio en primer grado sin resultar sospechoso.

Ya había tomado un lápiz negro y una de los manuscritos cuando sonó el timbre de la puerta principal. Con un suspiro salió del estudio y bajó las escaleras mientras trataba de peinar su rebelde cabello.

-¿Si, diga? – abrió la puerta para ver quién era, y se sorprendió gratamente al darse cuanta de quién era – Malik…

-Hola Marik – saludó el nombrado con una mano – Perdona que viviera sin avisar, pero mi familia está de viaje de vuelta a Egipto y estar en una casa enorme y solo realmente me pone los pelos de punta.

-Ni me lo imagino- dijo haciéndose a un lado – Ven pasa.

-¿Estabas ocupado antes de que llegara? – preguntó el menor viendo los muebles de la sala.

-Tratando de volver a la rutina del trabajo – dije mientras subía las escaleras - ¿Vienes? Hay algunos manuscritos terminados que creo que te gustarán.

Ambos subieron las escaleras hasta llegar a la puerta de madera del estudio. Marik le señaló una pila ordenada de hojas sobre una mesa, para que la viera a su gusto sin desacomodarla. El moreno menor tomó las hojas agrupadas en folios grandes y comenzó a leerlas, mientras que el mayor volvía al manuscrito que tenía que corregir antes de mandarlo a la editorial.

-Vaya, esto sí que es lindo – dijo Malik mientras ojeaba unas hojas sueltas que había encontrado justo detrás de la pila de manuscritos - ¿De qué autor son? Es raro que no estén junto con el resto, son muy bonitas

Marik se volvió para aclarar su duda. Seguramente eran esas páginas que había decido quitar de ciertas historias ya que solo servían como relleno innecesario. Pero no eran las hojas que el tenía en mente. Al contrario de lo que había pensado en un principio, Malik había dado con una colección de papeles que él mismo aseguraba haber escondido con extremo cuidado. Su boca se secó en señal de nerviosismo al ver como la lectura del menor iba avanzando, y su mente estaba atrofiada por el hecho, haciéndole imposible pensar en una forma de salir de su aprieto.

-Son… mías… - contestó Marik sin pensarlo lo suficiente, y cuando recobró la compostura se maldijo internamente.

Malik abrió los ojos sorprendido, en parte por el extraño tono en la voz del mayor y en parte porque fuera él el autor de tan bellas poesías. Volvió a leerlas con entusiasmo y curiosidad, pero para alivio de Marik y para decepción del menor, en ninguna poesía se hallaba el nombre de la chica a la que eran dirigidas.

-Esta persona… - comenzó Malik, sin despegar sus ojos de las hojas antes de devolvérselas – Tu musa, debería sentirse orgullosa de tener a tan buen poeta escribiendo para ella.

El mayor tomó las hojas, sin dejar de ver a Malik. Tragó en seco al pensar en si algún día él tendría el valor suficiente como para revelar que la musa de la que estaba hablando era en realidad su persona.

Por ti me he vuelto un poeta

Hago rimas en mi vieja libreta

Miro al cielo esperando un cometa

Para pedirle un deseo y es que te traiga hasta aquí

2: 30 am

Y aún seguía despierto. Despierto y con una pluma y un lápiz en sus manos.

Con una sonrisa, Yami pasó con cuidado una a una las hojas de aquella vieja libreta que llevaba consigo desde que consiguió un cuerpo propio. Una suerte de diario lo llamarían algunos, pero él prefería decirles una simple y vieja libreta llena de poesías.

-Yugi… - ese nombre escapó de sus labios en un susurro débil, mientras cerraba la libreta y abría la ventana de su cuarto.

Se quedó en esa posición durante un tiempo indeterminado, a la espera de una estrella fugaz que cumpliera su deseo de por fin estar entre los brazos de su adorada luz.

Por ti me he vuelto un poeta

Ya yo tengo mil hojas repletas

Un armario de páginas completas

Que escribo cuando te veo y eso me hace feliz

Era un día de limpieza en Kaiba Corp. O al menos eso era lo que su hermano Mokuba había intentado hacerle creer. El CEO estaba sentado en su escritorio sin poder decidirse si hacer el traba él mismo o llamar a los hombres de mantenimiento y así irse a su mansión por un buen merecido descanso. Casi al instante desterró la idea de su mente. En esos archiveros podía haber registros de negociaciones valiosas y estrategias de negocios sumamente importantes que de ningún modo podían caer en manos de la competencia.

Abrió y revisó minuciosamente cada hoja que llegaba a sus manos, acomodándola en el escritorio si era de utilidad o tirándola en el piso si ya no le servía. Estuvo así durante toda la mañana, salvando y desechando todos esos papeles. Ya creía haber terminado su trabajo cuando se dio cuenta de que faltaba un armario. Tratando de hacer memoria para recordar qué tipo de archivos almacenaba ahí, abrió una de las puertas, sorprendiéndose de lo que encontró dentro.

Tomó uno de los cuadernos que estaban ubicados ahí y leyó su interior. Una minúscula sonrisa apareció en su semblante comúnmente serio al ver que eran versos, ésos que había escrito su último año en la preparatoria al darse cuanta abiertamente de sus sentimientos.

-¡Mokuba! ¡Ya llegué! – escuchó aquella voz, aquella que en el pasado hubiera considerado repelente a causa de su inmadurez, y que ahora podía dejarlo en vela durante toda la noche.

Se acercó a la ventana, cuidando de que no lo vieran. Pudo reconocerlo a la perfección: postura orgullosa, su paso firme y seguro, su inusual gusto por ropas de segunda mano y su cabello rebelde como los rayos del sol que se negaban a seguir un peinado estructurado.

Seto se mantuvo oculto por las cortinas de la ventana, volviendo a admirar a ese cachorro que ahora se reunía con su hermano. En la preparatoria ambos habían sido como perro y gato, incluso ahora, ya mayores y más maduros, sus discusiones sin sentido seguían siendo motivo de risa para Mokuba. Suspiró al darse cuenta que con su madurez había venido también el tiempo de aceptar que estaba enamorado. Total y perdidamente enamorado de Joey Wheeler.

Sobre el vidrio, apoyó su antebrazo y sobre éste su frente, pensando en si es que había una mínima posibilidad que Joey sintiera lo mismo que él.

Me hace feliz tenerte

Y es que me imagino al lado tuyo hasta la muerte

Siempre que me asomo a mi venta es para verte

Quiero que la siguiente mañana traiga suerte

Bakura volvía a recorrer su recámara en círculos mientras miraba la fotografía de Ryou entre sus manos. Una sonrisa perversa se formó en su rostro al recordad cómo había gritado esa zorra la noche anterior.

Se había escapado de la casa cuando consideró que Marik estaba roncando en su cuarto y no se percataría de su ausencia.

Esperó a la mujer hasta que terminara su turno para emboscarla en un callejón. Sin preámbulos ni dudas la envió directamente al Reino de las Sombras, riéndose de sus actos de forma sádica. Nunca más se acercaría a su propiedad.

"Ding-dong"

El sonido del timbre lo sacó de ese estremecedor recuerdo. De inmediato, como si fuese un resorte, giró hacia la ventana, esperando ver al dueño de sus sueños. Abrió la ventana casi de un tirón, y por primera vez temió romperla, ya que si lo hacía tendría que pagarla.

-Hola Bakura – le saludó una voz desde la puerta de abajo. Sus ilusiones se fueron al piso al ver que no era Ryou, sino Malik, el objetivo de Marik.

-Hola – saludó de forma seca y bastante decepcionado.

-Oye… ¿Marik está en casa? –preguntó algo apenado. Bakura se rió para sus adentros, y dando media vuelta gritó con toda la fuerza de sus pulmones, mientras se reía a carcajadas en su fuero interno

-¡MARIK! ¡YA LLEGO TU NOVIO! – el albino decidió correr por su vida antes de que su moreno amigo le diera caza y lo despellejara vivo para final del día.

Para convertirme en el dueño de tu corazón

Parar ser realidad lo que paso como ilusión

Una sensación, la falta de razón

La combinación de amor con atracción

-¡BAKURA! ¡MAS TE VALE QUE PREPARES TU ACTA DE DEFUNCIÓN! – gritó a su compañero de piso justo antes de salir a la vereda – Perdónalo, espero que no te haya incomodado.

Malik se sonrojó ante el comentario halagador. Su sonrojo se incrementó cuando Marik extendió su mano detrás de su espalda, obsequiándole una rosa. El menor la tomó con cuidado y le regaló una sonrisa en forma de agradecimiento.

-¿Nos vamos? – preguntó Malik; el mayor se avergonzó internamente por no tener nada planeado

-Claro – dijo haciendo tiempo para pensar en algo rápido - ¿Qué tal a los bolos? – se dio pena de sí mismo ¿A quién se le ocurre en su primera cita invitar a alguien a jugar a los bolos?

En su mente aparecía la imagen de mi mismo golpeando mi cabeza contra una pared. Tan ensimismado estaba que no se dio cuenta de que su compañero se había entusiasmado con la idea hasta que lo llamó.

-¡Marik! ¿Qué no querías ir a los bolos?

Salió rápidamente de su estupor agitando la cabeza a ambo lados y lo siguió hasta el lugar donde podrían jugar. Marik le dio al encargado sus talles de zapatos y él nos entregó los calzados y la llave de un casillero para guardar sus zapatillas.

-Te informo que no sé jugar muy bien – le dijo el menor mientras su acompañante guardaba los zapatos.

-No te preocupes, yo te enseño – le contestó cerrando el casillero y dedicándole una mirada.

Malik estaba por contestar a esa mirada cuando un hombre abrió bruscamente la puerta de su casillero, que estaba a sus espaldas. El acto hizo que la puerta le golpeara, y para no perder el equilibrio se tambaleó y tomó la cazadora de Marik entre tus manos, sujetándose y quedando abrazado a él y a pocos centímetros de su rostro.

Estaban avergonzados. Se podía percibir el ligero sonrojo que lucían las mejillas de ambos y sus pulsos aumentaron considerablemente.

-¡LO SIENTO MUCHO! – gritó Malik cuando se dio cuenta de la posición en la que acabaron, mientras su rostro estaba completamente rojo y se alejaba rápidamente de su compañero.

Marik se rió para sus adentros, adorando su expresión. Le volvió a abrazar y acarició su espalda en un roce sutil.

-¿Qué-qué estas haciendo?- dijo el menor con los nervios a flor de piel.

-¿Estás bien? – preguntó, sorprendiéndose a si mismo de lo calmado que se escuchaba - Solo me aseguro de que tu espalda no esté lastimada.

-¿Eh? – lo veía tan adorable confundido – Ah si, estoy bien...

Cómo deseó poder besarlo en este mismo instante, pero temía que luego de eso, Malik empezara a verle con otros ojos y se alejara paulatinamente de su lado. Debía tranquilizarse, respirar profundamente y calmar sus impulsos. Aún no era el momento, debía ser paciente. Aunque, con él tan cerca, eso se le antoja algo imposible.

Tú me gustas, como negarlo

No me asusta, solo hay que demostrarlo

Estoy buscando una oportunidad para expresarlo

Por lo que veo yo voy a amarte por un rato largo

-Veamos – se dijo abriendo su casillero – Hoy tengo Física, Geografía...

-Hola Yami – lo saludó y a la vez interrumpió Bakura, apoyándose en la puerta del casillero y viendo dentro del mismo como gato curioso- ¿Qué tenemos aquí? ¿Una foto?

"¡Qué estúpido! Debí haberla ocultado mejor"

-¡Oye devuélveme eso! – exclamó, pero ya era tarde, ese bastardo que Yami llamaba "amigo" ya se había apoderado de la foto.

-No me digas que tu… - le dijo el albino con cara de medio en broma, medio en serio.

-Solo dame la foto ¿Quieres? – respondió de la forma más fría que pudo dado el nerviosimo.

-Te la doy si me dices que yo tenía razón – contraatacó.

-¡Esta bien Bakura! Si, tenías razón. Ahora ¿Me devuelves la foto?

Se quedó mirando la foto, poniendo su mano en su barbilla y exclamando un "mmm" de pensador. Algo le decía al antiguo faraón que si esperaba la respuesta no le quitaba la foto en ese momento, algo realmente MALO iba a pasar.

Vio con temor como bajaba la foto y llenaba sus pulmones de golpe después de dedicarle una sonrisa que se le antojó maléfica.

-¡YUUUUUUGIIIIIIIIIIIII! – gritó el muy idiota, corriendo por el pasillo - ¡TENGO QUE DECIRTE ALGO IMPORTANTE!

-¡*%$/#=°|%&$! ¡Bakura! – Salió a perseguirlo "¡¿Por qué no le quité la condenada foto cuando tuve la oportunidad?!"

Comenzó a correrlo, pero el muy cabrón era más rápido que él. Al poco tiempo de perseguirlo y perderlo de vista un par de veces lo encontró. Estaba rodeado de gente, con la foto en la mano y tenía a Yugi justo en frente de él, en el medio del círculo que conformaban todos los estudiantes curiosos.

-¿Qué querías decirme Bakura? – preguntó Yugi con inocencia.

-Este… - vio como se rascaba la nuca.

Yami dio unos pasos más para ver mejor, lo justo para que el albino lo ubicara. Con rapidez le tomó de la chaqueta y jaló de ella hasta dejarlo al lado suyo y en medio del círculo de cotillas.

-Él tiene que decirte algo importante – dijo mientras lo señalaba para luego salir corriendo de ahí, dejando a medio instituto y a Yugi pendiente de lo que Yami dijera.

-¿Podrías decirme a que va todo esto Yami? – preguntó, y como si de un partido de tenis se tratara, todo el mundo volteó para escuchar la respuesta.

"Piensa rápido, piensa rápido" se dijo, respirando hondo antes de contestar.

-¿Podrías ayudarme con el último tema de Biología? Falte esa clase y no queda mucho para el examen – "Por Ra, qué escusa más patética"

Yugi abrió los ojos, sorprendido por lo raro de la pregunta. Escucharon varios comentarios desilusionados sobre aquella situación, viendo como todos se retiraban. De seguro que se esperaban otra clase de información. Yami hubiera querido confesárselo, gritar a los cuatro vientos que lo amaba. Pero no, no era el momento adecuado ni tampoco era la situación adecuada el tener a media Universidad observándote.

Tan ensimismado estaba en el hilo de sus pensamientos que no pudo percibir su presencia hasta que estuvo frente suyo.

-¿Y cuando quieres que nos veamos para ver el tema?

¿Querer? ¿Juntarnos? Su mente atrofiada luchaba por colocar ambas ideas en una oración coherente ¡Por supuesto que si! Al fin un poco de tiempo a solas con Yugi, al fin la oportunidad que estaba esperando. "Gracias Ra"

-¿Qué tal esta tarde, después clases, en mi casa? Tengo una biblioteca, podríamos buscar algo de ahí.

-¡Perfecto! – dijo Yugi, regalándole esa sonrisa de ángel que le quitaba la respiración. Ya no podía esperar a que terminen las clases de este día, estaría contando los segundos.

Por ti me he vuelto un poeta

Hago rimas en mi vieja libreta

Miro al cielo esperando un cometa

Para pedirle un deseo y es que te traiga hasta aquí

Seto decidió salir de la ventana antes de que Joey notara su presencia y se delatara solo.

-Ok, veamos esto – se dije volviendo la vista al enorme montículo de papeles que habían quedado esparcidos por todo el piso luego de revisar todos los armarios.

Después de juntar todo lo inservible en un solo lugar, se dispuso a revisar de nueva cuenta el último armario, el que estaba lleno de poesías. Las tomó una por una, con un cuidado excesivo para ser simples hojas de papel. Pero sabía que aquello no era cierto, sabía que esas "simples hojas de papel" eran una parte muy importante de si mismo. Las leía de vistazo, recordando como si fuera ayer la razón por la cual escribió cada una de ellas.

Unos ligeros golpes en su puerta le despertaron de su sueño despierto. Era Mokuba.

-¿Seto? – preguntó su hermano abriendo la puerta, con la mano aún en el pomo.

-¿Si Moki? – le llamó cariñosamente.

-¿Qué es eso? – le dijo, viendo con detenimiento la pila de papeles y tomando uno de ellos.

-La poesía con la información que me sacaste a la fuerza – contesté algo serio, pero sin dejar de ser un poquitín divertido. Ahora podía permitirme ese lujo en frente de mi hermano.

-Hablando de información… - dijo haciéndose para atrás, sacando medio cuerpo del cuarto – Creo que ustedes dos… – vio como jalaba a alguien que estaba a su izquierda; abrió sus ojos sorprendido al ver que se trataba de Joey – Tienen algo de que hablar.

Empujó al cachorro de una patada a su cuarto y cerró la puerta con llave, para que no pudieran salir. Joey recorrió con la vista la espaciosa habitación, sintiéndose incomodado por la mirada penetrante del CEO. Decidió concentrar la vista en sus pies, creyendo que de ese modo podía evitar la incomodidad

-Mokuba dijo que teníamos algo sobre lo cual discutir perro – dijo Seto yendo en su dirección y colocándose entre él y los papeles que de seguro le delatarían.

Joey estuvo entado a responderle, pero decidió hacer caso omiso del insulto, y en vez de enfurecerte como normalmente lo hace, tomó una de las libretas que tenía sobre la mesa al lado de la puerta.

-¿Qué es esto? – preguntó abriéndola.

-Mis cosas personales no son algo de tu incumbencia perro – dijo el castaño de forma ácida, arrebatándole la libreta de las manos "¿Cómo podría verte a la cara luego de que lo supieras"

-¡Oye yo quiero leer! – gritó como un niño haciendo berrinche y se abalanzó sobre él, en un intento de recuperarla.

Forcejearos un rato; Kaiba se sorprendió con la cantidad de fuerza que poseía. En un intento de tomar el brazo con el que el castaño sujetaba la libreta, su mochila se desprendió, cayendo al piso y desparramando su contenido.

Cuando Joey se diste cuenta, se apresuró a recoger todo, como si tuviera miedo de que Seto pudiera ver algo que no debería. Esa actitud le causó curiosidad, y antes de que el rubio pudiera reaccionar, tomó algunos de los papeles que se encontraban más próximos a sus pies. La mayoría eran prácticos o evaluaciones reprobadas, así que no les dio mucha importancia. Pero al leer la última hoja, se quedó estático.

Era una poesía. Vaga, con muy pocas rimas, pero bonita al fin de cuentas. La leyó con detenimiento, y apenas me percaté de que Joey tomó ese momento para quitarle la libreta. No le importó, después de leer ese pequeño poema donde figuraba su nombre como el destinatario secreto e imposible ya nada más le importaba.

-Lo que aquí dice… - preguntó Joey; Kaiba alzó la vista, apreciando el brillo de sus ojos y el carmín de sus mejillas - ¿Es verdad?

Volví a mirar la hoja que el rubio escribió, antes de responder caminando y tomándole de la cintura para darle un suave beso en los labios, esos labios con sabor a miel.

-¿Tu que crees? – le dije sin separase de sus labios, de la forma más tierna que pudo, consiguiendo una sonrisa de parte del joven y que lo volviera a besar ahí, en ese momento, en su cuarto y con esas hojas aferradas a sus manos que reflejaban todo lo que no se habían podido decir con palabras.

Por ti me he vuelto un poeta

Ya yo tengo mil hojas repletas

Un armario de paginas completas

Que escribo cuando te veo y eso me hace feliz

-¡Yugi¡ ¡Yugi! – le llamó sin obtener alguna respuesta. Ya habían acabado las clases del día y tenían que ir a la casa de Yami a que le "explique" el tema de Biología que él "no entendía".

No lo encontró en el campus, así que supuso que estaría por alguno de los caminos que salen de la universidad. Decidió ir al estacionamiento, en el auto sería más fácil y rápido encontrarlo. Se sorprendió y alegró a la vez el encontrarle justo al lado de su auto, esperándolo para irse.

-Yugi, te estuve buscando – le dijo sonriendo; el mas bajo contestó con otra similar.

-Pensé que sería mejor encontrarte en el estacionamiento – dijo, apartándose un poco del coche - ¿Nos vamos?

Yami le quitó la alarma al auto y le abrió la puerta para que subiera. Manejó con cuidado hasta llegar a su casa, un departamento ubicado en uno de los edificios que estaban en la zona céntrica de la ciudad.

-Wow,¿Esta es tu casa? – preguntó Yugi al entrar en el departamento. Tal parece que el pequeño lujo que poseía le sorprendió bastante – Es bellísima.

-No es para tanto – trató de quitarle importancia – Recuerda que Mokuba convenció a Seto de que me diera un lugar para vivir, así que no me ha costado mucho trabajo.

-Aún así es muy linda – dijo yendo a la sala de estar.

-Puedes dejar tu mochila en el sillón y tu abrigo en el perchero – dijo el mayor sacándose de encima el bolso – La segunda puerta por el pasillo de la derecha es la de la biblioteca. Si quieres, puedes ir buscando algo de información mientras yo preparo algo para comer.

-Ok – respondió, antes de desaparecer y que Yami entrara a la cocina. Decidió que lo mejor era preparar un chocolate caliente para Yugi, sabía de antemano lo mucho que le gustaba, y para él sería un cappuchino. Todo acompañado de unas buenas medialunas. Colocó todo en una bandeja y la llevó de vuelta a la sala.

-Yugi la merienda ya esta… - se interrumpió al ver que no solo estaba ya sentado en la mesa, sino que tenía consigo unos papeles que yo conocía muy bien y me maldecía por no haberlos cambiado de lugar - …lista

Había descubierto sus poesías. Las leía con detenimiento a la vez que se sonrojaba. Levantó la vista en cuanto lo llamaron, sonrojándose aún más de lo que ya estaba. Yami sentía que de seguro compartía su condición, su rostro sonrojado, con un aditivo de pulso acelerado y un extra de miedo terrible a ser rechazado.

-Yami, tu… - dijo el menor, levantándose de la silla para encararlo con las hojas aún en sus manos - ¿En serio sientes esto… por mí?

El faraón respiró hondo y dejó la bandeja sobre la mesa. Ya se había metido solo en aquel lío y no tenía vuelta atrás. Con un poco de esfuerzo trató de mirarle el lado positivo: al fin tenía una oportunidad para declararse, sin nadie más que él para cuestionarle u opinar. Estaban los dos solos, en una casa tranquila, sin nada que los interrumpiera.

-Yugi… - dijo, acercándose hacia el nombrado, poniéndose de rodillas en frente suyo y tomando su mano libre –¿Recuerdas… que una ves preguntaste por qué me quedé, cuando podría haber elegido estar con los míos? – el menor asintió débilmente - Hoy voy a responder esa pregunta: Porque te amo. Es por eso que decidí quedarme en esta época, porque sabía que sin ti, jamás podría vivir, ni siquiera como espíritu. Descubrí… que mi verdadero lugar está donde tú estés.

Lágrimas de cristal surcaban las mejillas de Yugi para luego morir en sus labios. Se arrodilló para estar a su altura y en un movimiento rodeó mi cuello y fundió su boca con la del mayor en un beso corto, pero cargado de emoción.

-Yo también te amo – murmuraste con la respiración acelerada, sin separarse más de lo necesario – Más de lo que puedes imaginar.

Desde aquel entonces el ex faraón supo que no se había equivocado en elegirle a él en vez de su pasado, en vez de las cadenas de su antigua vida. Ya nada de lo que ocurriera podía alejarle de su lado, NADA.

Por ti me he vuelto un poeta

Hago rimas en mi vieja libreta

Miro al cielo esperando un cometa

Para pedirle un deseo y es que te traiga hasta aquí

-Bakura ¿Puedo pedirte un favor? – le preguntó una voz a sus espaldas que provocó un disparo en su ritmo cardíaco.

-Por supuesto Ryou – dijo volteándose - ¿Qué es lo que necesitas?

-¿Me prestarías la información de tu tema para estudiarlo? – que adorable lucía con esa sonrisa.

-Toma – le entregó las hojas recién sacadas de su casillero. Se sonrojó al darme cuenta de que en todo ese tiempo no había dejado de verle como un completo idiota. Que patético.

-Gracias – las tomó a todas salvo a una que cayó a sus pies.

Te agachaste a recogerla, cosa que el mayor imitó, haciendo que los dos tomaran la hoja al mismo tiempo. Ryou la miró por un momento; Bakura solo le veía a el. Las mejillas del menor enrojecieron y lo miró con sorpresa. Confundido por esa reacción, Bakura miró la hoja que antes había llamado su atención.

Mierda. Ahora entendía esa reacción: era un poema que había escrito ayer en la última hora y que por algún descuido había terminado en ese lugar.

El mayor se puso de pie de golpe, negándose a reunir la mirada con la de su compañero. Ryou también se puso de pie, sonriendo tiernamente mientras volvía a leer las rimas escritas en el papel cuadriculado. Vio como Bakura cerraba con fuerza su casillero seguía esquivando sus ojos, incluso al realizarle una pregunta.

-¿Qué tienes que decir al respecto? – su tono de voz volvía a ser frío, como no lo había escuchado hace ya varios años.

No supo que responderle, solo volvió a ver la doblada hoja con emoción. Harto del silencio de Ryou, Bakura lo empujó contra los casilleros mientras le robaba un beso de por sí demandante. El menor cerró los ojos, reponiéndose del golpe y pasando los brazos alrededor del cuello de Bakura.

-¿Y bien? – volvió a preguntar, esta vez apoyando la frente en la contraria.

Ryou simplemente volvió a besarlo, atrayéndolo más hacia su cuerpo si era posible.

-¿Esto contesta tu pregunta?

-Completamente – dijo el mayor, tomándolo por la cintura y asegurándose de ese modo que nunca se alejara de su lado.

Por ti me he vuelto un poeta

Ya yo tengo mil hojas repletas

Un armario de paginas completas

Que escribo cuando te veo y eso me hace feliz

/POV Marik/

Al final, Malik no era tan malo como lo hacía creer. Le ganó justamente en todas las rondas que jugaron, y encima, le reprochaba a Marik por "dejarle" ganar.

-La próxima vez juega Marik –dijo con una sonrisa – Aunque igual estuvo divertido.

-Si, fue divertido – contestó, al tiempo que miraba la hora – Se nos hizo tarde ¿Me dejas invitarte a algo?

-Mmm – lo pensó por un momento – De acuerdo, me parece bien.

Salieron del complejo, se subieron al auto del mayor, y éste lo llevó a un restaurante ubicado en el centro de la cuidad. Vio la sorpresa en sus ojos al llegar, de seguro no se esperabas algo como esto. Pero claro, meterse en una deuda, que haría que la mitad de su sueldo de los próximos siete meses acabara en ella, es algo que valía la pena para Marik por ver su sonrisa.

Había reservado con anticipación una mesa para dos ubicada en una esquina del lugar. Un ambiente cálido, íntimo, solo Malik y él.

-¿No crees que exageraste un poco? – dijo mientras agitaba la copa de vino tinto entre sus manos - Quiero decir, hubiésemos ido a algún puesto de comida rápida, encargado unas pizzas y comérnoslas viendo alguna película.

Marik tragó el pedazo de carne de ternera que estaba masticando. El menor continuó observando el patrón de las lágrimas del vino sobre la copa.

-¿Te sientes más a gusto en un restaurante de comida rápida? – preguntó, esperando una respuesta.

-Cualquier lugar me gusta – contestó, desviando la mirada hacia un costado. Aún así pudo notar el rubor de sus mejillas - … mientras esté contigo.

Aquella última frase fue apenas murmurada por sus labios, como si estuviera hablando consigo mismo. Le observó, y vio que no había vuelto a mirarle. Algo en su interior le decía que debía contestarle con alguna leve insinuación; otra que no debía arriesgarse.

Optó por la primera.

-¿Recuerdas… el trabajo de las hojas sueltas en mi estudio? – dijo Marik, atento a sus movimientos.

-Claro – sonrió – Eres un escritor nato. No hay duda de que si presentas tu trabajo en la editorial no dudarán en aceptarlo.

-No me importa que la editorial se fije en mis poesías – trató de sonar lo más informal que pudo – La persona por la que hice esas poesías… Creo que solo ella tiene el derecho de leerlas.

-¿A sí? - ¿Acaso es desilusión lo que se notaba en sus ojos? ¿Acaso es un timbre molesto el que se filtraba en su voz? ¿Le desilusionaba que estuviera enamorado de alguien y que no lo sepa? ¿Será acaso que creía que no era el destinatario de los sentimientos de Marik? Pobre iluso.

-Sí – la voz del mayor sonaba firme, decidida, y Malik agachó un poco la mirada al ver que hablaba en serio – Solo esa persona podrá leerlas… y solo esa persona las leyó.

Aún tenía la cabeza gacha cuando sus ojos violetas se abrieron sorprendidos. La sangre subió a sus mejillas y Marik notó que le costaba verlo a la cara. Al final lo hizo, y el calor de su rostro le indicó que estaba sonrojado.

-¿Acaso tu… - el moreno mayor no dejó que terminara su oración. Simplemente se levantó, se arrodilló en frente suyo, y plantó un pequeño beso en sus labios, tan delicado como si temiera romperle.

-Sí Malik – le dijo, sin separarse más de lo necesario para verlo a los ojos– Te amo.

Esta vez fue Malik quien comenzó el beso, rodeando su cuello con sus manos. La increíble sensación de su boca sobre la suya le recordó que, aunque no fuese un amor perfecto, mientras el sentimiento sea verdadero no habrá fuerza en el mundo que lo separe de su lado.

Antígona: Espero que les hayan gustado las mejoras.

Zinger: Nos vemos en la próxima canción

Canción: El Poeta

Autor: Chino y Nacho

Atte

Los Hermanos Greenwood