Capítulo 4: Una Promesa Ante la Tumba de Fantine

Luego de que Javert perdiera el conocimiento tras el enorme esfuerzo que había hecho para llegar hasta el puente estando aún enfermo, Jean Valjean alquiló un carruaje en donde colocó suavemente al enfermo sobre uno de los asientos mientras él se sentaba en el otro, dedicándose a observarlo detenidamente, pensando en el sorprendente pedido que Javert le había hecho.

Tras llegar a casa, alzó en brazos al policía y lo regresó a su habitación para que descansara, luego, Jean le contó a su ansiosa hija todo lo que había ocurrido y también sobre el sorprendente pedido de Javert de visitar la tumba de su madre.

Cosette se quedó callada un largo rato después de esa revelación, sumida en profundos y tristes pensamientos acerca de su madre fallecida, de quien apenas tenía algún recuerdo borroso.

—Cosette —su padre la volvió a la realidad.

—¿Sí, papá?

Le sonrió dulcemente.

—¿No quieres venir con nosotros a visitar a tu madre? Es una tumba muy triste, pero quizás no te importe…

—No, no me importa, papá —respondió con premura, dirigiéndose hacia él para tomarlo de las manos y mirarlo a los ojos con un cariño tan profundo que sólo una hija devota puede dar—. Quiero conocer el lugar en donde descansa mamá. Quiero contarle lo feliz que soy gracias a ti y a mi amado Marius y dejarle un ramo de flores para que ella también sea tan dichosa como yo.

—Te aseguro, hija mía, que tu querida madre te mira desde el cielo y es tan feliz como tú lo estás ahora.

—¡Oh, papá! — lo abrazó con todas sus fuerzas, llorando de tristeza por la madre que casi ni recordaba y llorando de alegría por el padre que Dios le había dado.

Jean la abrazó también, posando su barbilla sobre la temblorosa coronilla castaña, sintiéndose dichoso por la hija que tenía y el nuevo amigo que muy pronto iba a tener.

"¿Nos estás viendo ahora, mi amada Fantine? —pensó, atrapado entre la felicidad y la tristeza al igual que Cosette porque en su corazón anidaban tanto las ganancias como las pérdidas de la vida—. Somos felices, y tu hija tendrá la dicha de conocer el amor de un marido devoto y el cariño de su propia familia, tal y como seguramente anhelaste para ella… ¡Oh, Fantine! ¡Nuestro tiempo juntos fue tan efímero!".

Javert sufrió otra recaída aquella noche, pero las pesadillas que tanto lo habían atormentado no volvieron nunca más, dando paso a una mano amiga que jamás lo abandonaría a su suerte.

XOX

Pasaron tres semanas hasta que el inspector Javert estuvo lo suficientemente fuerte como para hacer el viaje hacia Vigo y poder visitar la tumba de la mujer que Jean Valjean tanto había amado y que él había sido el responsable de su precipitada muerte.

A pesar de las protestas de Cosette y su padre, Marius, ya más o menos recuperado de su herida de bala, también había declarado sus deseos de visitar la tumba de la madre de su prometida para poder presentarle sus respetos, así que también su poco equipaje pasó a engrosar el de sus demás compañeros de viaje a bordo del carruaje que los llevaría desde la ciudad de París hacia el pueblo de Vigo.

El trayecto duró varios días y tanto Valjean como su hija se esmeraron para hacer de aquel viaje más llevadero para los convalecientes. Marius se dejaba llevar por las tiernas atenciones de su amada, pero Javert, arisco como era, apartaba a su nuevo amigo con una mirada de puñal, cruzándose de brazos y piernas para finalmente contemplar el horizonte que se extendía por la ventanilla lateral del carruaje. Lejos de sentirse agraviado, a Jean le causaba mucha gracia aquella reacción muy propia de su ex cazador porque, a pesar de ello, Javert estaba allí con él, compartiendo el mismo coche, de igual a igual.

Pero lo que más disfrutaba el ex presidiario, eran las noches en que paraban en alguna posada para poder comer y dormir con más comodidad. Cenar con todos sus seres queridos era el sueño hecho realidad para él. Javert no hablaba gran cosa, pero Jean esperaba que con el tiempo y la confianza mutua, por fin soltara la lengua. El inspector, a pesar de una rudeza muy bien escondida bajo unos modales impuestos tardíamente, parecía tener una gran inteligencia al igual que él. Si la amistad entre ellos dos evolucionaba para bien, pasarían tardes muy agradables conversando sobre cualquier tema que les apeteciera.

Jean Valjean estaba tan sumido en aquellos agradables pensamientos que la voz de Javert lo sobresaltó.

—Pronto llegaremos a Vigo —anunció el inspector con voz neutra.

Tanto Cosette como Marius se apresuraron a otear por las ventanillas con curiosidad juvenil. A pesar de que sus padres habían vivido allí, Cosette no tenía ningún recuerdo de aquel pueblo que había sido el lugar del ocaso en la vida de su madre. Los Thenardier, la detestable pareja que la había criado un tiempo antes de que su padre la adoptara, jamás habían siquiera hecho el intento de llevarla hacia el pueblo para visitar a su madre.

Muy por el contrario de los dos jóvenes, los viejos sí anidaban inolvidables recuerdos de aquel lugar, la mayoría siendo triste y solitaria y muy pocos momentos felices. Pero el recuerdo que realmente les había dejado una marca imborrable en sus almas y corazones, era el fatídico y violento encuentro entre Jean Valjean y Javert en el cuarto de la agonizante Fantine, quien, al presenciar la fuerte discusión entre aquel ser diabólico y su salvador, falleció presa del horror y la desesperación, anticipándose el final que le había esperado desde un principio al contraer la mortal tuberculosis, dejando a su hija Fantine en las manos de un destino incierto.

Sí, Jean Valjean y Javert se habían odiado mutuamente durante muchos años después de aquel incidente, pero el noble corazón del primero se había ablandado con el tiempo hasta que terminó perdonando las feas acciones del inspector de policía. Ahora sólo éste último necesitaba disculparse con la fallecida para poder perdonarse a sí mismo y dar inicio a una nueva etapa en su vida.

No perdieron el tiempo paseando por el pueblo porque no tenían ningún buen recuerdo qué rescatar de allí, sencillamente se dirigieron directamente hacia el lugar en donde supuestamente Fantine había sido enterrada ya que ninguno de los dos sabía con certeza qué había sido de su cadáver cuando ambos abandonaron precipitadamente el pueblo cuando toda la verdad salió a la luz en cuanto a la verdadera identidad del amable alcalde de Vigo.

Luego de dar algunas vueltas por el pueblo buscando el lugar en cuestión, por fin lo encontraron: era un sitio sobrio y llano en donde enterraban a los sin nombre y a aquellos cuyas familias no tenían un centavo como para otorgarles un entierro decente a sus seres queridos. En definitiva, era un lugar deprimente y abandonado a su suerte en donde no se tenía ninguna certeza del sitio en donde estaría enterrada Fantine.

Sintiéndose horrorizada e inmensamente apenada por la suerte que su madre había tenido, Cosette se aferró fuertemente al brazo de su prometido cuando comenzaron a caminar por detrás de su padre y el inspector. Jean Valjean también se sentía muy dolido por ello, pero para él el sentimiento era mucho mayor que el de su hija porque poseía muchos recuerdos de la mujer que tanto había amado a pesar del poco tiempo que habían pasado juntos. Estar en Vigo, buscando la tumba de Fantine, era de por sí una tarea angustiantemente dolorosa.

—Después de tantos años es una pérdida de tiempo buscar alguna seña —declaró el aparentemente impasible Javert, deteniendo todo pensamiento de sus compañeros, quienes alzaron la vista hacia él con el rostro descompuesto por el dolor.

El inspector se volvió hacia ellos, manteniendo su sangre fría ante la mirada de reproche de los otros tres.

—Propongo que, como no sabemos en dónde está enterrada la mártir Fantine, recemos por el descanso de su alma en el centro de este detestable cementerio.

Padre e hija se miraron consternados. Después de todo, él tenía razón, no harían más que perder el tiempo buscando algo que jamás encontrarían.

Y así, los cuatro se arrodillaron luego de que Cosette dejara un ramo de petunias en el centro. Jean Valjean, con voz quebrada, comenzó a recitar una oración en memoria de la muerta mientras que los demás, con las cabezas gachas, guardaban respetuoso silencio.

Mientras Valjean oraba, Javert comenzó a sentir cada vez más la pesadez de sus pecados sobre su corazón, sobre todo el pecado de la crueldad que lo había hecho actuar como un demonio despiadado en contra de los que merecían la piedad de una segunda oportunidad, y Fantine había sido una de sus víctimas, una joven mujer que necesitaba ayuda desesperadamente de algún buen samaritano. Él había sido muy cruel con ella hasta el final de sus días, pero, afortunadamente, la pobre chica había obtenido alguna especie de consuelo y seguridad en el noble corazón de su peor enemigo: Jean Valjean. En un principio había pensado que, al ser los dos delincuentes, se entendían, pero ahora comprendía que tan sólo la vida y la sociedad habían sido terriblemente injustas con ellos. El peso de su propia culpa le carcomía el alma, pero la esperanza de liberación que Valjean le proponía le abría las puertas hacia una nueva vida, una vida en la que la soledad, la rigidez de pensamiento y la culpa estarían lejos de él.

Javert apretó aún más los dedos sobre las manos y hundió aún más la barbilla sobre su pecho. ¿Había realmente vivido una vida? No. Nunca había vivido, sólo la monotonía y las reglas habían regido su vida sin siquiera permitirse el lujo de variarla con borracheras o mujeres, en el peor de los casos, o formar una familia y tener amigos, en el mejor de los casos. Sí, quería vivir, quería sentir el gozo de la vida aunque ya fuera el ocaso de su vida. Jean Valjean le ayudaría, sí, pero necesitaba el perdón de Fantine para seguir adelante.

Estaba sumido en esos pensamientos cuando escuchó que su amigo terminaba de rezar.

Jean observó a Javert por el rabillo del ojo, preguntándose si él tendría el valor y el arrepentimiento necesarios como para pedir perdón y si lo estaba haciendo ya. Grande fue su sorpresa cuando el inspector por fin se animó a murmurar unas cuantas palabras:

—Perdóneme, mi señora Fantine —fue todo lo que dijo, siempre con la frente baja, tratando de ocultar sus lágrimas de arrepentimiento y el temblor de sus manos.

Cosette levantó la vista, sorprendida; quiso decir algo pero su padre la contuvo poniéndole la mano sobre su hombro.

Un cuarto de hora más tarde, luego de que Cosette y su padre se despidieran de Fantine, Marius presentara sus respetos y el estoico Javert contemplara todo el lugar sin moverse de donde estaba, el carruaje volvió a partir hacia París con sus tres pasajeros a bordo sumidos en profundas cavilaciones y sentimientos encontrados. Pero pronto, como era de esperarse en los tiernos corazones de los enamorados, los jóvenes recobraron sus ánimos y volvieron a sonreír al contemplar el hermoso futuro que les deparaba su ya cercano compromiso matrimonial. Viendo a su hija adoptiva tan feliz, Jean Valjean no pudo evitar volver al presente y regocijarse con su dicha. Sólo el inspector Javert permaneció en el más completo mutismo, contemplando el casi llano paisaje a través de la ventanilla del carruaje. El ex presidiario no tenía idea de lo que su nuevo amigo estaba pensando, pero esperaba que por fin su alma se hubiera aligerado tan sólo un poco del profundo dolor que lo aquejaba.

Tres días después, los cuatro viajeros llegaron a casa, ya de noche, y, luego de una ligera cena preparada por madame Toussaint, todos se fueron a la cama en sus respectivas habitaciones del primer piso.

—Buenas noches, papá —le deseó Cosette, besándolo en le mejilla con todo el cariño que una hija amorosa podía profesar hacia su dedicado padre.

—Buenas noches, hija.

La chica se dio media vuelta para retirarse a su cuarto, pero enseguida se volvió, con los ojos brillantes y las manos jugando nerviosamente entre ellas.

—Papá…

—¿Sí, hija? Dime —alejó la mano del picaporte de la puerta, volviéndose hacia ella con todo su corazón.

—Gracias por todo lo que hiciste por nosotras… —y volvió a besarlo, pero esta vez en la frente, como señal de profundo respeto filial.

Rápidamente la joven Cosette se escabulló en el interior de su cuarto, dejando a su padre con la dicha más grande que jamás hubiera podido imaginar. Se volvió pues, lleno de alegría dispuesto a regalarse con un buen sueño cuando sus ojos se toparon con los de Javert, fríos y sin sentimientos, casi muertos, borrándosele la sonrisa en un segundo.

—Debo admitir, Jean Valjean —dijo, mientras posaba su mano sobre el picaporte del cuarto que le había sido asignado, justo al lado del de su antiguo enemigo—, que después de todo, tiene razón. Debo darle otro sentido a mi vida.

—No sabe lo feliz que me hace escucharle decir eso, Javert.

Una imperceptible sonrisa se dibujó en los labios del policía.

—Sí, claro… Feliz… —se dispuso a ingresar a su cuarto, pero Jean aún tenía algo más que decir.

—Javert, estoy seguro que Fantine lo perdonó.

El aludido se quedó petrificado unos instantes, con la mano cerrada sobre el picaporte y con la mirada clavada sobre la puerta y, sin decir una sola palabra, entró rápidamente a la habitación y cerró la puerta tras de sí, dejando a su salvador un tanto consternado con su actitud. Finalmente sonrió, Javert era así, poco afecto a las demostraciones pero estaba seguro de que era eso lo que justamente hubiera deseado escuchar de sus labios.

Con una sonrisa más amplia que la anterior, Jean Valjen se retiró a su cuarto a descansar y a dedicar su corazón a los recuerdos que atesoraba en él sobre su amada Fantine.

Con el alma un tanto aliviada por las palabras de Valjean pero con el corazón agobiado por el peso de sus pecados y la convalecencia de su enfermedad, Javert se acercó a la ventana y se quedó contemplando la tranquila lluvia que caía sobre las empedradas calles de París. Luego de estarse allí un buen tiempo, soltó un profundo suspiro y decidió que ya era tiempo de acostarse porque el viaje lo había agotado más de lo que había pensado. De pronto, cuando apenas se volvió, creyó ver por el rabillo del ojo una sobra sospechosa en la acera del frente que lo obligó a volverse inmediatamente hacia el cristal, encontrándose con nada. Frunció el entrecejo, su instinto policial le decía que alguien había estado allí, pero su sentido común le decía que todo era fruto de su debilidad y su recién abandonada condición febril.

Se alzó de hombros inclinándose por aquella última opción y cerró las cortinas para mudarse de ropas y meterse finalmente a la cama. Lejos estaba de sospechar que efectivamente una ser cruel y malvado había descubierto su último paradero, regocijándose con la fantasía de ponerle las manos encima.

Notas de Una Autora Descuidada:

¡Hola de nuevo! Perdón por la tardanza XD espero que el capi les haya gustado porque pronto vendrán más ^^ El inspector a tenido la fortaleza de pedír perdón y Jean a tenido la bondad de ofrecerle su bondad ^_^ ¿Lograrán llevarse bien al final? ¡Pierre LaBlanc encontró a Javert! ¿Qué pasará ahora? ¡Muy pronto lo sabrán! :)

Querida Tavata: Sorry por la tardanza, el estar acostándome tarde me está costando caro… : ( ¡Es tan difícil sacarse una mala costumbre de encima! Pero haré el esfuerzo y haré la vista gorda a las pelis que pasan por Fox o FX… XD Mil gracias por seguir siendo fiel a esta historia, amiga, trataré de seguirla tan intensa como va ^_^ Vos tranqui con los reviews, a como voy, te dará tiempo para ponerlos XD ¿Y? ¿Qué tal estuvo la peli de Los Miserables? Linda, ¿no? Yo también la veré en estos días ^_^ No me canso de verla al igual que vos XD Javert nos ha dado un par de sorpresitas, ¿no? ¿Será por la santa mano de Jean? ^^

Bueno, como escribí más arriba, tengo la terrible mala costumbre de ver películas después de la medianoche… No recuerdo ahora sus nombres, pero todas son de acción y suspenso ^_^ Lo que sí recuerdo (sería el colmo si no), es que estoy leyendo el manga de YuYu Hakusho, Vivir la Historia en la Antigua Grecia y las Aventuras de Tom Sawyer. También estoy viendo el anime de Mujercitas y Las Aventuras de Tintín ^_^ Y claro, sigo jugando La Leyenda de Zelda: La Ocarina del Tiempo en mi vieja Nintendo 64 XD Bueno, espero poder subir son más rapidez los siguientes capítulos de este fic que muy pronto se pondrá muy interesante ^^

¡Nos leemos en el próximo capítulo!

¡Cuídense y gracias por leer!

Sayounara Bye Bye!

Gabriella Yu