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La línea que no cruzaré

Hermione había abandonado a Ginny hacia unas horas, le había prometido antes de irse que se tomaría la poción que le entregó la medimaga, Madame Pomfrey para el mareo y para dejarle abandonar la enfermería. La verdad es que ya se sentía mejor, y se alegraba de no estar ya en esa cama y en ese lugar. Detestaba los hospitales, cualquiera de ellos, magos o muggles.

Mientras iba a ver a McGonagall recordó la pelea con Bellatrix y se recriminó a sí misma por su falta de habilidad, casi la asesinaba y ella no pudo ni seguirle el paso. Fue esa furia ciega la que casi acabó con ella, y Bellatrix casi ganó.

Con un movimiento de cabeza, despejó esos sentimientos deprimentes de su cabeza. No podía sentir lástima por sí misma, tenía que levantarse el ánimo. No dejaría que la próxima vez que se enfrentase a ella la tomara desprevenida.

Iba con esos pensamientos en su cabeza cuando, distraída no notó a un joven que caminaba hacia ella, pero sin verla directamente. Así que la sangresucia había despertado por fin, se dijo desde adentro.

Al darse cuenta que venía sumida en sus pensamientos, la miró, no lo notaría hasta que casi se cruzaran.

Hoy tenían que patrullar en la noche, se lo había dicho Snape, y se preguntó si ella lo sabría ya. A simple vista parecía que no, puesto venía con un rostro indescifrable. El cual por alguna razón llamó demasiada su atención, tanto que ella empezó a alzar la vista y él ni siquiera volteó el rostro. Se dio cuenta tarde.

Ella pareció oír sus pasos y miró a Draco Malfoy mirándola con mucho interés, lo cual al principio la dejó perpleja y segundos después compuso su rostro a uno más duro, levantando una coraza hacia él. Protegiéndose de su estupidez.

- Granger…- dijo con una sonrisa de autocomplacencia. – Ya te habías tardado en despertar. McGonagall ya estaba hasta buscando a tu reemplazo de ser su sabelotodo insufrible favorita.

- Tus insultos están perdiendo potencia, ¿eh, Malfoy? – dijo, ácida y siguió su paso.

- Tal vez sea la falta de práctica...- contestó él con una sonrisa maliciosa.

- Tal vez practique contigo, Malfoy, unos cuantos hechizos. – dijo ella empezando a desesperarse. – empezando por la transfiguración a hurón, que se te fascina.

Se miraron por un rato y el rubio empezó a preguntarse si podría hacer las rondas con ella, si podría tan siquiera convivir con ella. Pero tenía que hacerlo si no quería que el Ministerio le hiciera un expediente para él solo. Investigándole por su pasado incómodo.

- Supongo entonces que tendré que tener cuidado, ¿eh? - dijo burlonamente mientras se iba.

Ella lo vio irse con una expresión incomprensible, que raro estaba últimamente.

Mientras que él se marchaba con aquella frase en su cabeza, tener cuidado de Granger…no lo dijo solo por decirlo. En verdad debía tener cuidado con ella, era peligroso involucrarse con una sangresucia, aunque sea solo como un trabajo escolar tan sencillo como la prefectura, especialmente con ella, por mucho que él pensara en lo malo que era asesinar a alguien y en lo mucho que significara para él la pureza de la sangre.

Últimamente pensaba mucho en ella, de una forma u otra, no sabía porque y eso le molestaba, desde que la había visto en aquel momento, que fue como verla sin el velo con el que siempre la veía, aquel velo que la ocultaba, recordándole lo distinta que era ella a él. Lo prohibida que era ella….

Un momento…prohibida…¿de qué? No era como si pensara en ella como mujer, no, no, no, él solo pensaba en ella como ser humana, eso era todo. Prohibida a él como persona y nada más.

McGonagall vió entrar a Hermione y la miró con cierta preocupación en su anciana mirada y la castaña supo de inmediato que algo no iba bien. La mujer se encaminó hacia ella y le sonrió.

- Me alegra verla repuesta. – dijo ella con una voz maternal, difícilmente oída en ella. – Y debo decirle, señorita Granger, que estoy totalmente orgullosa que usted pertenezca a Gryffindor y de ser yo su jefa de casa. – a la castaña se le subió un calorcillo por las mejillas, de vergüenza pero a la vez de orgullo y agradecimiento. – Ha demostrado usted, mucho valor en ese vagón.

- No tiene que agradecerme, profesora. – dijo ella sinceramente, - Si Harry no hubiese llegado, con los demás,…probablemente yo…

- Pero no sucedió, Granger, - dijo con una voz distinta, dando por hecho que algo así jamás podría haber sucedido. – Esta aquí y completa. Una digna estudiante mía. – dijo con una sonrisa de orgullo. – Y ahora, debo pedirle un gran favor, señorita Granger.

Hermione supo entonces que algo si ocultaba la profesora, lo veía en su mirada y en como movía mucho las manos, sabía lo que iba a pedirle no le iba a gustar, la conocía a la perfección.

- Debo pedirle, señorita Granger, su entera dedicación a esta tardea…

- ¿Qué puede ser, profesora McGonagall, que usted no puede decírmelo directamente?

- El profesor Dumbledore ha pedido un intercambio de prefecturas. – dijo mirándola, intentando que se diera cuenta de lo que quería decirle, y conociendo bien a su alumna, entendió de inmediato.

- ¿con quién…- empezó ella con voz seria, rogando internamente que estuviera equivocada. – me ha emparejado..? – Melón, no podía tener tan mala suerte.

- Con Draco Malfoy.

- ¿profesora está usted demente? – dijo sin pensarlo con un rostro de indignación.

- ¿Qué ha dicho?...- cuestionó arqueando una ceja.

- Perdóneme, es decir….- dijo ella sonrojada y sonriendo levemente. – Profesora, por favor, no me empareje con él, suficiente tengo con aguantarlo en la clase de Pociones.

- No es decisión mía, esa la ha dado Dumbledore. El quiere…- se interrumpió a media frase, sopesando lo que iba a decirle, queriendo notase cuán importante era esa decisión del director. – Hermione, el profesor Dumbledore desea…que se pueda dar a el señor Malfoy una segunda oportunidad. – dijo esta última frase con una voz más suave.

La chica la miró ahora ya sin ceño, tratando de entender lo que la anciana profesora quería decir.

- ¿Una segunda oportunidad? – preguntó, curiosa.

- Así es, verá, señorita Granger. Ha de entender la situación del joven Malfoy. – se sentó detrás de su escritorio mirando sin ver un sobre su escritorio y la castaña miró el sobre que tenía un emblema del Ministerio. – Lucius Malfoy es un mortífago confeso y Draco mismo ha visto en su casa cosas que incriminan a su familia, ligada a esta….secta. Y es un potencial futuro mortífago, y ahora mismo inclusive puede este tomando ese camino sin proponérselo, tratando de mantener un bajo perfil por el acoso del Ministerio en él no sabemos lo que él realmente esté pensando o sintiendo...

Hubo un momento de silencio y Hermione pensaba en Draco y si extraño comportamiento, ¿podría ser que solo sea una pantalla? ¿Qué realmente siga siendo el mismo ser malvado y sádico que antes? O tal vez podría ser distinto…y se imaginó por un instante a Draco, como cualquier otro muchacho, con la máxima preocupación de su vida que debe ser, la escuela, sus amigos, todo menos ser querer un asesino.

- Y aquí, lejos de Lucius y su veneno, pero cerca a la vez de absorber esos rencores que quedan, por haber sido un hijo de seres como "ellos", del repudio de parte del alumnado, pueda perderse. …él, tal vez simplemente…necesita ayuda. – dijo ella poniendo su petición delante de Hermione, esperando ser aceptada por ella. – Una dirección que sea buena. Tal vez aun tenga un futuro.

La joven guardó silencio y entonces la miró, y supo que McGonagall sabía su respuesta, mucho antes que la castaña misma la encontrara, y suspiró con resignación.

- No diré que me guste tener que cambiar de compañero de Prefecto, profesora. Pero lo acepto solo por la fe que usted deposita en mí. Pero no creo lograr que Malfoy deje de ser un Malfoy.

- No podría esperar menos de usted, señorita Granger. Sé que será paciente…o almenas tratará de serlo.

Hermione sonrió dentro de sí, al ver a la maestra, resignada a tener que lidiar con aquellos dos, así como supo que aceptaría, sabía que tendría muchos problemas para que Malfoy se reformara….muchos muchos problemas. Y ambos, simplemente eran como agua y aceite.

Hermione pasó el día en los deberes sin pensar mucho en él, realmente ella pensaba que era una batalla perdida, nada podría hacer ella por Malfoy. Algo inculcado desde la infancia, por tu familia, no puede cambiarse en un año y menos si lo trata de inculcar tu peor enemigo sobretodo una extraña.

No quiso decirle las verdaderas razones de Dumbledore de quererla emparejar con Malfoy, a Harry o a Ron, en especial a este último, que se sentía indignado por haber sido cambiado por Malfoy, y ahora tendría que soportar al pedante de Ernie McMillan, prefecto de Huffelpuff.

- No te sientas así, Ron. Tienes suerte, al menos puedes llevarte bien con Ernie. –dijo ella con amabilidad.

- Si, pero tú no tendrás que soportarlo oír sus discursos sobre cómo fue mejor que nadie en algo. En serio, Hermione, lo vez y parece que ni el suelo lo merece. – dijo mientras jugaba con Harry a ajedrez mágico.

Harry y Hermione rieron por la indignación del pelirrojo, pasaron las horas así, entre risas y jugando. Como los extraño ella, a ellos dos, sus casi hermanos. Lo que quedaba de su familia.

Pasaron las manecillas a la doceava hora de la noche, y la castaña supo que era hora del patrullaje.

- En fin, hoy toca a Slytherin patrullar. – dijo ella con total abatimiento.

- Ten cuidado, Hermione. – mencionó el moreno con preocupación. – simplemente haz tu trabajo sin prestarle atención.

Ella sonrió a los dos jóvenes antes de desaparecer detrás del retrato de la señora gorda. Al salir se encontró con nada menos que con el rubio, con una expresión de total aburrimiento.

- Vaya, Malfoy, que detallista. – dijo ella inspirada. – has venido a por mí. No vaya ser que me pierda.

- Patrañas, Granger, estoy aquí para recordarte que no solo yo tendré que hacer este trabajo.

- Bien, entonces – dijo ella sacando su varita que al momento se iluminó,- andando.

Los dos iban caminando silenciosamente. Sin hablar, por las escaleras y por pasillos; en tal silencio que a Hermione le parecía eterno tan siquiera 5 minutos a solas con él. Le sorprendió que el rubio no dijera sus típicas tonterías todo el tiempo y eso la extrañó.

Pero por más que tratara de mostrar indiferencia el joven, por más lejano que quisiera sentirse de la castaña algo lo jalaba hacia ella, como una gravedad dentro de él, que no sabía explicar.

Sentía un enojo irracional contra ella, por sentirse así. Por todo el tiempo tener que pensar qué clase de persona sería ella en verdad, dejando de verla como un ser que no debía existir, sino como…¿Cómo qué?...ni él mismo lo sabía, tal vez como un ser igual a él. Pero al minuto se recriminaba esto, pensándolo irracional y estúpido. Los sangresucia jamás serían como los sangre limpia.

Eso era anti natura.

De reojo la miró, sin que se diera cuenta, tratando de imaginar lo que estaba sucediendo dentro de su mente. Preguntándose, si ella también sentía curiosidad por él…

Ante ese pensamiento, fue suficiente para él. Se detuvo en seco.

- Sabes que, es estúpido vayamos donde mismo pudiendo verificar cada quien un ala del castillo. – dijo sin preguntarle ni esperando una respuesta. – Además, - agregó con todo el veneno que pudo reunir. – es insoportable tener que pasar un segundo más contigo.

Se dio la media vuelta y caminó lo mas rápido que pudo, tratando de esperar que si alejándose de ella podría también alejarse de aquél estúpido pensamiento que lo estaba acosando.

Recordó el momento que Granger quedó inconsciente en el vagón, y entonces recordó lo que ella murmuraba.

Era una súplica, para el perdón de la vida de sus padres hacia quienes los habían asesinado, las palabras de ella habían impresionado al rubio, al ver cómo podía ser valiente y fuerte cuándo lo requería, y cuando podía ser tan frágil, cuando sus seres queridos peligraban. Había visto su inteligencia en la escuela, y su fortaleza contra él mismo,...si, Granger era todo un enigma, no era como las demás…ella tenía habilidades más complejas e indescifrables, que las demás.

Pero…mirarla, pensarla, eso era más de lo que debía hacer un Malfoy. No sabía qué extraña sensación estaba tratando de empujar la puerta que había dentro de él. Una enferma sensación, no... El no podía cruzar esa línea.

Hermione lo vio irse y pensó que sería mejor para ella, y siguió su camino, sin mirar atrás, y siguió su patrullaje en completa paz. Entonces algo extraño empezó a sentir cuando estuvo completamente sola, y había pasado una hora desde que Malfoy se fue... El silencio se había vuelto pesado y alarmante al llegar a un pasillo que daba al jardín, se detuvo en seco…un murmuro inhumano la dejó paralizada…algo había entre las sombras, aparte de ella misma. Y ese no era Malfoy.