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La amenaza de Lucius Malfoy
La anciana profesora entró a la enfermería con el corazón desbocado de preocupación, al enterarse por el joven Malfoy que nada menos una mantícora había atacado a su alumna preferida, como ella sentía muy en el fondo de su ser.
Probablemente en este momento estaría Snape encargándose de aquella bestia, y ella sin saber lo cerca que estuvo el peligro de Hogwarts, de lo fácil que había sido. ¿Quiénes podrían haber sido los responsables de aquél acto cruel y arriesgado?
Llegó a donde se encontraba la joven, sentada en la cama con una venda en la herida, y al ver venir a su profesora esbozó una sonrisa honesta, siempre le agradaba ver a la profesora, sea cual sea la situación. Ella sin duda, era como una madre para ella por mucho que le avergonzara tal idea, incluso jamás lo diría en voz alta.
- Profesora…- empezó ella. – Yo….
- Descuide, señorita Granger. – dijo la profesora con un rostro sereno, miró su pierna vendada y la miró con algo de preocupación maternal que hizo la joven se sonrojara. – Tiene usted un ángel en algún lugar o una tremenda suerte. Si el muchacho Malfoy no hubiera llegado a tiempo…
- Si, es de las pocas veces que me alegra haberle visto… sino la única. – dijo ella con una sonrisa. - Malfoy…
- Ya me ha explicado él todo, Granger. – dijo ella interrumpiéndola de pronto educadamente.
- ¿A si? – dijo ella con extrañeza.
- Si. Lo que quiero ahora saber, es como un monstruo como ese pudo haber llegado hasta aquí, adentro. – dijo lo ultimo con verdadera sorpresa. - ¿Qué alumnos podrían haber hecho algo así?... se me ocurren unos cuantos nombres en la cabeza en este momento. No puedo creer, que unos estudiantes hayan planeado esto o lo hayan introducido por su propia cuenta. Hablaré con el jovencito de Slytherin que escuchó tales comentarios, esto merece expulsión. Aunque me temo el Ministerio tendrá que enterarse de esto, y creo que Draco Malfoy podría quedar involucrado. – dijo esto con pesar. – Ante sus ojos, él será el mejor sospechoso que puedan encontrar.
La Gryffindor sin darse cuenta apretó la sábana que le cubría la pierna buena, y sintió una pena por Malfoy, pues la había salvado y no quería que le involucrasen por algo que ella creía no era capaz, no ahora.
- Pero, profesora, es injusto. – Minerva McGonagall la miró con atención, el tono que utilizó ella, irónicamente parecido al que empleaba cuando defendía cosas como la esclavitud de los elfos o sobre el racismo con las criaturas semihumanas, ahora lo empleaba para defender a un chico que la maltrató durante los últimos seis años, un chico con quien ni tan solo habían hablado civilizadamente; que sorpresa se llevaba de ambos. – Malfoy me salvó, él mismo me trajo aquí….bueno si, él fue quien en primer momento me abandonó - dijo con voz indignada y ¿dolida? - pero tampoco era como si estuviéramos en el bosque prohibido, él sabía que nada podría pasarme…Hablaré con Kingsley si es necesario.
La profesora tardó un rato en entenderla y asentir. Si Hermione Granger pensaba que había algo que se podía hacer por Malfoy entonces confiaba en ella. Vaya sorpresa que se estaba llevando, primero el señor Malfoy con aquél extraño discurso de auto culpa, que un año antes no se lo creería ni su abuela, y ahora Hermione Granger, la mejor alumna de todos, la que estaba dispuesta a defender aquél que era oprimido, a hacer frente a personas como el joven Slyhterin, ahora lo defendía y creía en su inocencia.
Tal vez Dumbledore no estaba equivocado y realmente Malfoy obtendría su segunda oportunidad. Solo que ahora…estaba el Ministerio de por medio.
- ¿Profesora…? – Hermione pareció notar el semblante contrariado de Minerva, que sopesaba las cosas en la cabeza.
- Perdóneme, señorita Granger. – dijo ella con aquél tono que usaba cuando en verdad deseaba salieran las cosas bien, pero simplemente no había remedio. – Pero no está en mis manos, si el Ministerio decide poner el dedo sobre el joven Malfoy, lo único que podremos hacer por él será aportar evidencia de su inocencia. Pero por favor, deje de pensar tales cosas, solo plantee la posibilidad, que la verdad veo muy próxima, dado el curriculúm del joven Malfoy. Pero aún no ha sucedido nada. – dijo tranquilizando a la mente de la chica.
La profesora se despidió y deseó su pronta recuperación y se marchó. Hermione miró sus vendajes con cierta molestia y cierta melancolía. Malfoy muy a su pesar, muy en contra de su naturaleza, la ayudó, y eso no lo olvidaría. Aunque no tenía porqué decírselo.
- Hermione – dijo una voz preocupada, y se dio cuenta que tres jóvenes entraron a verla apresurados.
Ginny, Ron y Harry. Sonrió al verles, aunque los tres tenían sendas caras de preocupación.
- Por favor, dime que no te está gustando ser Harry. – dijo Ron con su típico humor, lo cual fue respondido con una mirada de reproche del moreno.
La castaña rió con verdadera gracia ante la comparación.
- Oh, Ron…no, de hecho detesto volver. Una media hora y por fin podré irme.
- ¿Es cierto que Malfoy te trajo aquí en brazos? – dijo Ginny con curiosidad.
La castaña se sonrojó ante el modo en que ella lo decía, pues parecía estar preguntándolo como si ella y Malfoy…
- Solo porque no podía caminar, y de hecho se fue en cuanto me trajo aquí. El muy patán solo me "aventó" aquí. – dijo indignada.
- No te aventó, Hermione. Ni siquiera se fue. – dijo ella con voz de confidencia aunque Ron exigía saber los detalles, pero ni ella ni Ginny le prestaban atención a sus reclamos. – Hanna Abbott lo vio afuera de la enfermería cuando iba temprano al Gran Comedor, dijo que parecía preocupado por algo, no le tomó importancia hasta que casi todo Hogwarts se enteró de la Mantícora.
- ¿¡Todo Hogwarts? – exclamó ella. – Pensé que lo de la mantícora estaba siendo discreto…
Ella rió, burlándose.
- Claro Hermione, aquí nunca se esparcen los chismes, es de mala educación. – dijo irónicamente, que hasta Harry sonrió ante esa ocurrencia.
Una aplastante sensación la recorrió al escucharla. No la dejó como ella pensó, aunque si, obvio el jamás se quedaría a su lado, tomándole la mano. No, pero al menos que se quedara a ver si al menos sobreviviría. Ella tomándole por un ser frío, y resulta que el muy discreto estuvo todo el tiempo afuera. Esperando.
Una sonrisa nació en su rostro sin pensarlo, y le pareció gracioso que el huroncito botador no era tan frío después de todo.
Un Slytherin caminaba a prisa hacia su sala común, con evidente cansancio pues no había dejado a Granger con Madame Pomfrey hasta ver que ella estaba totalmente repuesta, y el cielo estaba aclarándose en ese preciso momento, no se había quedado a que McGonagall entrara con ella. Se había marchado antes que la castaña se diera cuenta que él aun seguía ahí.
Se había preocupado demasiado por ella, y eso le aterró. Se desconoció desde el momento en que corrió buscándola. ¿En qué estaba pensando? Ahora…ahora si su familia se enterara, oh, por Merlín. ¿Qué excusa podría inventar?
Podría decir que solo quería que no lo involucraran con el asesinato de una sangresucia, y menos siendo la sangresucia favorita de Potter.
Tragó pesado, pensando en su madre, de lo que Bellatrix podría querer hacer para que él se mantuviera unido a los mortífagos. La palabra le asqueó, ya estaba harto, harto de ellos, de fingir. Él no era ningún asesino, podría ser un patán, un interesado, un pre juicioso, pero jamás un asesino.
No notó el momento en que llegó a la sala común y vio a Pansy, Nott y a Blaise, todos en el mismo lugar cerca de la chimenea, y sintió sus miradas taladrándolo. Seguramente Nott habrá abierto la bocaza, como es de costumbre.
- Draco…Por Merlín, ¿Cómo pudiste ir a por la sangresucia? – empezó Parkinson. – ¿Acaso valía la pena ser el traidor para los mortífagos? Si Bellatrix se entera…
- Me vale una mierda si se entera o no. – se cansó de eso, y fue directamente a ellos hecho una furia. – La verdad, es que se puede meter su varita donde más le quepa.
Los tres se quedaron de piedra al oírle, Nott cambió su rostro a uno con una sonrisa, le alegraba ver que al menos no era insensible ante la Gryffindor, que él jamás creyó en la importancia de la sangre y le alegraba ver a su mejor amigo con ese cambio de parecer.
- Draco…
- No, Blaise, no. Estoy cansado de ser etiquetado, de ser señalado de ser el "hijo de mortífagos", un asesino. No soy yo, ése no soy yo, y no voy a permitir que me obliguen a elegir un futuro que no es el mío. No seré su títere, como lo fue mi padre.
Al mencionar a su padre los tres se quedaron en silencio, hasta Nott miró hacia otro lugar, la verdad, es que en Hogwarts los chismes se transportaban más rápido que la red Flú. Draco los miró y supo que algo no cuadraba ahí.
- ¿Qué? – espetó.
Nott fue el único capaz de hablar.
- Draco…hasta parece echo adrede. – dijo enseñándole una carta. – Ha llegado hacía tan solo media hora. - De nada más y nada menos que su propio padre.
Draco sintió que la sangre se le iba a los pies. Se dirigió a un espacio entre la chimenea y la vista al lago negro por aquél extraño acuario. Se sentía en una pesadilla, sosteniendo aquella carta tan inofensiva pero con un contexto aterrador.
La luz verde mortecina no ayudaba y el silencio le estallaba en los oídos, y él solo deseaba que ese día terminara ya.
Draco:
No tengo mucho tiempo, así que solo tengo que decirte que me han llegado unos rumores muy increíbles para mí, si no te conociera como creo concerté pensaría que estás perdiendo la razón o a ti mismo. Colaron a una mantícora para asesinar sangresucias, y de ser posible a Potter, y me he enterado por tu tía Bellatrix, que has salvado la vida no solo de una sangresucia, sino de la mejor amiga de Potter.
Entra en razón antes de que sea demasiado tarde. Si no…simplemente dejarás de ser un hijo para mí, y serás uno más de los cadáveres por los que tendremos que pasar para llegar a Potter y a Dumbledore. Si esto no te convence, entonces déjame decirte que la misma Bellatrix ha amenazado con lastimar a Narcisa, tu madre.
¿Qué es más importante, Draco?
L. Malfoy
- Ni mi razón ni yo somos ya de tu incumbencia…Padre. – murmuró con ira apretando la carta y haciéndola bolita y lanzándola con ira hacia la chimenea ante la mirada de sus amigos.
Pero la verdad era que realmente le importaba, le importaba que estuviera perdiendo a su familia, por mucho que le avergonzara, la única familia que le quedaba y deshecha. Equivocada, si pero aun así era su familia.
Mamá…pensó con amargura. Ella le importaba, le importaba muchísimo. Aunque fría y bella, Narcisa Malfoy, siempre fue una buena madre para él. Lo amó aun con sus defectos, como toda buena madre, le defendía de la ira ciega de su padre y le tranquilizó cuando el Señor Oscuro acudía a su casa y le miraba con esos ojos asesinos que Draco sentía que le quitarían el alma.
Si…lo único de verdad ahí era su madre. No podía exponerla, por mucho que sintiera contra su padre, por mucho que empezara a aflorar aquél extraño enigma hacia su compañera prefecta, él no podía dejar a su madre sufrir.
Aunque tuviese que fingirle un odio a Granger, aunque tuviera que repudiarla públicamente, no dejaría que aquella mujer lastimara a su madre.
