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Mentiras

La chica caminaba junto a sus amigos, quienes reían, bromeaban y contaban las últimas novedades del quidditch, mientras ella sentía dentro de sí una extraña sensación, agradable y extraña. Le daban ganas de querer reír y de gritar. No sabía qué causaba tales sensaciones incomodas para ella pues no sabía de donde provenían, solo sentía una emoción fuerte al recordar a cierto Slytherin, en sus ojos, fríos y su extraño proceder.

Se le hacía imposible sus acciones hacia ella de cómo había cambiado él y también estaba tan asustada de pensarle tanto que creía se volvería loca por tantas cosas que rodaban en su cabeza, dándole vueltas y tratando de encontrarle la lógica a todo aquello.

No entendía porque sentía ese torbellino de confusión y de emoción a la vez, nunca lo sintió porque jamás pensó que podría pasar, tal vez por eso tardó mucho en darse cuenta que Draco Malfoy la emocionaba.

Ese pensamiento la dejó fría, dejó de caminar y sus amigos enfrascados como estaban en su conversación no lo notaron, ella giró sobre sus pasos y corrió. Corrió con el corazón desbocado, afiebrado de emoción y de miedo. Miedo al rubio que despertó en ella unas emociones que no podía controlar y que sinceramente no quería sentir.

Snape caminaba a lado de su estudiante más querido para él, ambos iban en silencio. Acababa de hablarle sobre la carta que había recibido y de lo que él pensaba sobre ello, no dijo nada sobre el incidente de Granger, no podría confesárselo ni siquiera era capaz de aceptarlo él mismo.

No sabía qué cosas estaban sucediéndole, estaban dañándole, porque por más puras y sinceras que estas sean no podía permitirles entrar a su corazón. Esas emociones, débiles como su padre les llamaba, desconocidas como las llamaba su madre, no podía permitirles invadirle y desterrar aquello que él siempre creyó.

Aunque ahora era diferente, si, es verdad. Pero una cosa no iba con la otra, no podía sentir esto, no podía…no solo por él sino que la sola idea de que Granger lo supiera le alteraba, ella solo se burlaría y pensaría que le estaba tomando el pelo. Jamás pasaría, así que no debía sentirse mal de lo que sabía que haría.

Proteger a su madre, alejando a la persona que estaba haciéndolo una buena persona, que le daba valor con su propio valor. Aquella que lo hacía ver lo equivocado que había estado viviendo, de lo muerto que estaba hasta que realmente se permitió conocerla.

El joven temió que su profesor pudiera darse cuenta de aquél inmenso sentir que sentía en aquél momento por la sangresucia mas detestable del colegio, la empollona que tantas molestias le causaba. Le asustó que pudiese oír el sonido de su corazón esperanzado en aquellas frías y silenciosas mazmorras.

Pero era imposible, no podía oírle, solo él. Solo Draco oía a su corazón protestar en sus oídos, pidiéndole lo escuchara por primera vez, que se diera cuenta que sufría cada vez que lo ignoraba.

Por eso sentía pesar al saber que haría lo fuese por alejar a Granger, porque no solo le haría daño a ella, sino a sí mismo.

- El ministro vendrá, para hablar sobre ti y sobre lo que pasó con Granger en aquél pasillo. No creo que suceda nada, ya que tienes a Nott de testigo…- dijo el moreno con su voz fría.

- Y a ella también. – dijo con seguridad.

- ¿Estás seguro? Ella no creo que tenga inconveniente alguno de entregarte. – dijo con malicia. – después de todo lo que han pasado ustedes dos en estos años…sería ingenuo de su parte…

Draco se volvió a mirarle por primera vez y Severus Snape por primera vez guardó silencio. Vio determinación en su ahijado, y parte de Severus se alegró de eso.

- Ella no lo haría…- dijo Draco, sin darse cuenta que estaba defendiéndola. – no es así…sabe que no fui yo…- entonces se dio cuenta de lo mucho que subrayaba ese tono en su voz, la manera en que dijo ella fue casi una confesión e inmediatamente se volvió, tratando de aparentar neutralidad.

- ¿Cómo lo sabes? – el hombre se acercó al rubio, mirándole desde su altura, a un lado de él perforándole con la mirada. – ¿Porqué confías en que no lo hará, acaso poco te he enseñado sobre la realidad de tu situación, muchacho? Sobre la naturaleza de las sangresucias….

Draco le devolvió la mirada, tratando de ocultar su enojo por aquél termino. ¿Pero porqué se enojaba? ¿Acaso él mismo no la había llamado así tantas veces? ¿Qué era diferente ahora?

Temía saber la respuesta y más que su profesor y padrino se diera cuenta primero que él así que hizo lo que mejor sabía hacer.

Mentir.

- La sangresucia sabe lo que le conviene…- expresó en palabras todo el veneno que pudo encontrar, todo lo sucio en él, todo lo malvado que él sabía aun residía aun en él, pero ahora sin ella, sabía que eso podría consumirle - Sabe que si habla, le pasará algo muy malo a Potter…y a ella misma si se va de la boca….

Sin darle tiempo a nada caminó tan aprisa como pudo, apretando los puños con la boca seca y asqueado de sí mismo. Nunca una mentira había sido tan difícil.

Se encontraron en el despacho de Dumbledore, parecía un deja vù. Kingsley los miraba con total seriedad. Draco Malfoy se encontraba de frente a él, y Hermione se encontraba a su izquierda y McGonagall con Dumbledore a la derecha.

Había cinco aurores que esperaban al fondo, como simples sombras, de espectadores.

- …es todo lo que sucedió. – dijo Malfoy con frialdad al terminar su relato. – Después regresé a mi sala común al ver que Granger estaba en buenas manos.

No parecía alegrarse, ni sentirse bien por su buena acción. No contó nada sobre su conversación con McGonagall ni sobre como esperó tanto tiempo a que la joven Gryffindor se recuperara.

- Hermione me ha contado su versión y no puedo no creerle. – dijo él mirándola, después dirigir una mirada al bolsillo del rubio, donde se encontraba la varita de este. – A menos que sea todo parte de un hechizo. – Dame tu varita.

Malfoy frunció el ceño, preocupado, si le entregaba la varita vería las maldiciones imperdonables lanzadas hacia la mantícora, pero pensarían que fueron lanzadas hacia Granger, y asumirían estaba bajo un imperius.

Ella pensó lo mismo así que dio un paso adelante, si ella lo decía, no sonaría a mentira. Si ella lo decía lo perdonarían, y ella jamás permitiría mandaran a un inocente a Azkaban, menos si se trataba de él.

- Por favor, Señor Kingsley, - dijo ella, acercándose al hombre de color, sin mirar a Malfoy. – No piense mal, de Draco. – sin pensar dijo su nombre, para sonar más convincente, solo que a ella y al rubio les causó un gran impacto esta simplicidad. - él…solo trató de protegerme. Él usó la maldición imperdonable…

Kingsley miró a Draco con sorpresa y recelo a la vez. El rubio miró a Granger, preguntándose qué estaría haciendo.

- Pero no en mí. – dijo ella mirando a Kingsley, sin mirar de nuevo a el rubio. – Hizo lo que pudo para salvarme y no me molesta que inclusive haya quebrado la ley para hacerlo. Por favor no lo castigue.

Malfoy la miró por más tiempo, viéndola así con ese rostro de ángel que antes no notó, con esa compasión tan suya que tenía por aquellos que injustamente sufrían, que injustamente debían pagar.

- Él hizo solo lo que tenía que hacer…No lo castigue por hacer lo correcto.

El ministro la miró y sonrió. Sería una buena litigante, una buena aurora también. Tenía talento y sabía que ella jamás mentía. Por eso, ciegamente, le creyó.

- Creeré en tu palabra, jovencito. – dijo de pronto mirándolo con recelo. – Pero sé por experiencia propia…que los Malfoy tienen un gusto por las mentiras. Solo es cuestión de tiempo, muchacho.

- ¿Porqué no me dice algo nuevo? – dijo él, defendiéndose por su prejuicio, bien fundado, pero aún él se negaba ser etiquetado, se negaba a seguir el patrón Malfoy muy dentro de él.

Hermione se entristeció al oír a Kingsley hablar sobre las mentiras y los Malfoy. Tenía fe en que con Draco Malfoy se equivocara.

Había pasado una semana y ni ella ni él se habían acercado siquiera ni una palabra, ella sentía culpa por no poder agradecer lo que pasó. Y quería decirle pero no encontraba el tiempo indicado ni el momento justo donde estuviera solo, no quería tampoco meterlo en chismes ni en problemas con sus compañeros que sabía eran poco afectos a ella.

Entonces en un día cualquiera lo vio en un pasillo, ella se dirigía a la biblioteca y se lo encontró. Iba con su capa negra, y un aspecto de desolación, con la vista hacia abajo y seriedad en sus facciones.

Hermione lo vio venir y quiso acercarse, quería tenía que decirle al menos gracias por salvarle su vida….de nuevo. Quería decirle lo sorprendida que estaba de su valor inesperado, de su cambio.

Pero sentía que algo en su interior la jalaba hacia atrás, y las palabras se negaban a subir por su garganta. ¿Cómo algo tan sencillo podía ser tan difícil?

Él estaba a punto de llegar hasta ella y sintió que no podría hacerlo, no podría decir una mentira y menos a ella. Ahora que sabía que era la causante de su tormento, de la tortura que ejercía en él, al saberla imposible, al saberla ajena a él.

Ella era una buena muchacha, no merecía que le causara tristeza con su comportamiento, aunque fuera su madre la que estaba de por medio, se le hacía un abuso siquiera mirarla mal. P

Maldita Granger con sus malditos sentimientos. Apretaba los puños que la fuerza le empalideció sus nudillos, Merlín su corazón no podría, estaba desbocado.

- Malfoy…- empezó ella con aquella voz que tanto odiaba él, por hacer que su corazón se rindiera tan fácil. – Lo que hiciste por mí…

Tragó duro. Se odiaría, se odiaría bastante….

- Jamás sucederá de nuevo, sangresucia. – dijo él mirándola con indiferencia, sacada de no sabía dónde. – Cada quién se cuida como puede.

Ella se sorprendió de eso, y caminó a su ritmo, parecía querer escapar de ella.

- ¿Qué te sucede? – dijo ella, sin afectarle el sobrenombre, estaba acostumbrada que viniera de él. – No pareces el mismo Malfoy de hace unos días.

- Así es, Granger. No soy yo porque nunca fui el de esa noche. No quería problemas así que por eso regresé por ti cuando Theodore me contó. – trataba evitar mirarla, sería imposible si la miraba.

- Tratas de hacerte el duro pero ya no te sale el jueguito, Malfoy. – dijo ella, presionándole para que realmente se le cayera la máscara que él siempre trataba de tener con mucho cuidado. – La verdad es que te has estado ablandando, y estoy segura no piensas como los demás Slyhterin…sé que eso ya no te importa.

- ¿Y a ti que te importa? ¿Qué sabes tú de mí? – le espetó y apretó el paso.

- Simplemente lo sé…- dijo ella sonrojándose, asombrándose de su propio valor.

- ¡No me conoces! – dijo parándose un momento y mirándola, después siguió su camino al darse cuenta el daño que le había causado ver su rostro preocupado por él. - ¡No te atrevas a dártelas de que me conoces!

- ¡Te conozco lo suficiente! – dijo ella con obstinación y en un momento de apasionamiento se puso delante de él con rapidez, mirándole, el joven casi pierde su papel que trataba de obtener al verla tomar aquella actitud. – Te conozco desde que tengo once años, y sí, se de dónde vienes, de que familia y de que valores. Sé que eres lo suficientemente cobarde para afrontar tus propias decisiones y para haber hecho lo que hiciste esa noche. Conozco tu peor lado, conocí tu oscuridad y ahora quiero conocer el mejor lado de ti, Malfoy.

Draco se quedó de piedra al oír a Granger decir todo esto, no sabía que decir.

- Si conocí todo lo que fuiste y puedo perdonarte, entonces puedo aceptarte. Puedo aceptar quien eres sin juzgarte, Malfoy. No quiero te vuelvas como ellos. Tienes una oportunidad, y puedes aprovecharla, - recordó las palabras de McGonagall y ahora las sintieron suyas. – puedes tener un futuro.

Draco la miró, viendo todo aquello en sus ojos. Viendo la esperanza que tenía ella en él, y le dolieron, le dolía ella. En ese momento, lo supo…supo lo que significaba ella para él, y eso lo acabó de destruir, ella tenía razón. Le aterraba afrontar sus decisiones, y esta lo hacía sufrir.

El adoptó una mirada fría y maliciosa, su sonrisa se volvió cruel y Hermione sintió que algo dentro de ella se hacía pequeño. Draco puso sus manos sobre los hombros de ella, y acercó su rostro a ella, luchó fuerte contra sí mismo para no arrepentirse, para hallar la fuerza para decir lo que tenía que decir y total frialdad para ignorar aquél hermoso sentimiento que sintió al tocarla, al sentirla así de cerca…solo podía acercarse un poco mas y podría besarla, pero no…esos pensamientos debía olvidarlos, debía aplastarlos.

Pensar en el daño a su madre le dio fuerzas y el pensamiento de también pudieran dañarla a ella también renovaron sus intenciones. Si se enteraban de los sentimientos que guardaba él para con ella la matarían, la torturarían frente a él y después la matarían, inclusive, pensaba él con espanto, lo obligarían a matarla él mismo. Jamás podría con eso.

No se lo perdonaría nunca, jamás lo olvidaría.

Así que por esto, pudo sacar las fuerzas necesarias, la mejor actuación de su vida al romperle el corazón a la chica que creyó en él. La chica que lo defendió ante el mismo ministro de magia.

- Crees conocerme, pero estas equivocada, Sangresucia. – dijo susurrándolo en forma fría, dolía su voz, dolían sus ojos. - ¿Qué es una sangresucia menos en el mundo? Lo hice para salvarme el pellejo, y asegurar mi lugar aquí. Pero tu vida me importa nada, no puedo siquiera respirar el mismo aire que tú. Eres insoportable. Insufrible. No sé de donde saqué fuerzas para no vomitar cuando te llevé hasta Pomfrey, - dijo esto con una burla en sus ojos, soltándola y mirando desde su altura el dolor que le causaba a Granger.- pero tu actuación con Kingsley, fue lo mejor, quien lo diría. Casi me haces llorar. – dijo sonriéndole de manera cruel. – Merlín, si que eres patética…

Y se fue riendo, alejándose de ella. Dejándola en ese pasillo sola, como una insignificancia. Hermione se llevó las manos a sus hombros, abrazándose.. Y cerró los ojos que sintió húmedos…y su corazón llenándose de una infinita amargura.

Él cada vez más caminaba más rápido, y al doblar la esquina sabiéndose lejos de ella, corrió, con una furia ciega dentro de sí, sintiendo que se perdía a sí mismo tratando de ignorar aquellos sentimientos que lo estaban despedazando, por aquella joven que dejó en el pasillo, completamente sola.

Un Malfoy jamás se enamora. Y menos de alguien que está prohibido.

Gracias por sus reviews n.n

Gracias Danny por tu buena opinión acerca de la historia y a sailor mercuri por su fe en Draco, que sé que encontrará el valor para luchar.

Ana.